Noelia Castillo Ramos recibió la eutanasia el jueves en la habitación del que ha sido su hogar en los últimos tiempos: Sant Camil, una residencia sociosanitaria de Sant Pere de Ribes, 40 kilómetros al sur de Barcelona. Ese santo, Camilo, es el patrón de los enfermos, pero también de los médicos, que han estado en la diana de grupos ultras poco menos que como responsables de la muerte de la joven parapléjica a los 25 años. El señalamiento de los profesionales vinculados al caso es solo una de las consecuencias que deja la traumática eutanasia de Noelia, que ha tenido que batallar contra su padre y superar hasta cinco filtros judiciales antes de ver cumplido, casi dos años después, su derecho.
La muerte de la joven parapléjica de 25 años ha servido de ariete a los grupos que se oponen al derecho a la muerte digna y ha revelado algunas fragilidades de la ley
Noelia Castillo Ramos recibió la eutanasia el jueves en la habitación del que ha sido su hogar en los últimos tiempos: Sant Camil, una residencia sociosanitaria de Sant Pere de Ribes, 40 kilómetros al sur de Barcelona. Ese santo, Camilo, es el patrón de los enfermos, pero también de los médicos, que han estado en la diana de grupos ultras poco menos que como responsables de la muerte de la joven parapléjica a los 25 años. El señalamiento de los profesionales vinculados al caso es solo una de las consecuencias que deja la traumática eutanasia de Noelia, que ha tenido que batallar contra su padre y superar hasta cinco filtros judiciales antes de ver cumplido, casi dos años después, su derecho.
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