De todas las imágenes que he visto por el 50 aniversario del Reina Sofía , me quedo con una que refleja lo que es en su máximo exponente: una fábrica de vida. Es de 1989 -y publicada este domingo en un reportaje de ABC sobre los pioneros de este centro-. Se ve a Arantxa , una niña de ocho años trasplantada de corazón . Está en el complejo sanitario con una expresión divertida, la propia para esa edad. Lo impropio, sobre todo cuando aún se debe disfrutar de la niñez, la adolescencia, la juventud, la madurez y la vejez, lo sufrió antes: una enfermedad amenazó trágicamente su porvenir. Una operación en el Reina Sofía la salvó. Le extirparon un destino adverso para implantarle toda una vida por delante.En la instantánea, se dirige risueña al doctor Manuel Concha , quien guió este tipo de operaciones durante lustros en este hospital y el que protagonizó en 1986 en Córdoba el primer injerto de corazón en Andalucía. En la foto, hay un detalle que eleva la emoción. Concha charla con ella mientras una de sus manos , que tantas existencias arrebataron a la muerte, toma una de las de la pequeña . Decía House: «¿Prefiere un médico que le coja la mano mientras muere o uno que le ignore mientras mejora?». Imagino que los doctores de la tele se parecen como un huevo a una castaña a los de verdad. Sí tengo claro que en nuestro hospital hay profesionales que te salvan y al mismo tiempo te arropan.Este centro no se ciñó a brillar con constantes hitos. Quiso ser también el de todos los cordobeses . Ha definido muy bien la filosofía con la que se gestó con éxito el Reina Sofía Gabriel Pérez, su director gerente de 1984 a 1994: «Deseábamos ser el hospital de las apendicitis de Cañero, de los esguinces del Brillante… Y queríamos hacer trasplantes ».Viene bien una efeméride como ésta para valorar en su justa medida la excelencia en la calidad asistencial y en la investigación de este centro. El contacto cotidiano con él hace que no siempre tengamos en cuenta el extraordinario complejo sanitario del que gozamos. Es cierto que tiene sus achaques, comunes a la sanidad pública, como las listas de espera. Es labor del SAS redoblar esfuerzos para sanarlos y tarea nuestra felicitar a todos los profesionales que forjaron y sostienen un hospital de referencia , que es un orgullo para los cordobeses . De todas las imágenes que he visto por el 50 aniversario del Reina Sofía , me quedo con una que refleja lo que es en su máximo exponente: una fábrica de vida. Es de 1989 -y publicada este domingo en un reportaje de ABC sobre los pioneros de este centro-. Se ve a Arantxa , una niña de ocho años trasplantada de corazón . Está en el complejo sanitario con una expresión divertida, la propia para esa edad. Lo impropio, sobre todo cuando aún se debe disfrutar de la niñez, la adolescencia, la juventud, la madurez y la vejez, lo sufrió antes: una enfermedad amenazó trágicamente su porvenir. Una operación en el Reina Sofía la salvó. Le extirparon un destino adverso para implantarle toda una vida por delante.En la instantánea, se dirige risueña al doctor Manuel Concha , quien guió este tipo de operaciones durante lustros en este hospital y el que protagonizó en 1986 en Córdoba el primer injerto de corazón en Andalucía. En la foto, hay un detalle que eleva la emoción. Concha charla con ella mientras una de sus manos , que tantas existencias arrebataron a la muerte, toma una de las de la pequeña . Decía House: «¿Prefiere un médico que le coja la mano mientras muere o uno que le ignore mientras mejora?». Imagino que los doctores de la tele se parecen como un huevo a una castaña a los de verdad. Sí tengo claro que en nuestro hospital hay profesionales que te salvan y al mismo tiempo te arropan.Este centro no se ciñó a brillar con constantes hitos. Quiso ser también el de todos los cordobeses . Ha definido muy bien la filosofía con la que se gestó con éxito el Reina Sofía Gabriel Pérez, su director gerente de 1984 a 1994: «Deseábamos ser el hospital de las apendicitis de Cañero, de los esguinces del Brillante… Y queríamos hacer trasplantes ».Viene bien una efeméride como ésta para valorar en su justa medida la excelencia en la calidad asistencial y en la investigación de este centro. El contacto cotidiano con él hace que no siempre tengamos en cuenta el extraordinario complejo sanitario del que gozamos. Es cierto que tiene sus achaques, comunes a la sanidad pública, como las listas de espera. Es labor del SAS redoblar esfuerzos para sanarlos y tarea nuestra felicitar a todos los profesionales que forjaron y sostienen un hospital de referencia , que es un orgullo para los cordobeses . De todas las imágenes que he visto por el 50 aniversario del Reina Sofía , me quedo con una que refleja lo que es en su máximo exponente: una fábrica de vida. Es de 1989 -y publicada este domingo en un reportaje de ABC sobre los pioneros de este centro-. Se ve a Arantxa , una niña de ocho años trasplantada de corazón . Está en el complejo sanitario con una expresión divertida, la propia para esa edad. Lo impropio, sobre todo cuando aún se debe disfrutar de la niñez, la adolescencia, la juventud, la madurez y la vejez, lo sufrió antes: una enfermedad amenazó trágicamente su porvenir. Una operación en el Reina Sofía la salvó. Le extirparon un destino adverso para implantarle toda una vida por delante.En la instantánea, se dirige risueña al doctor Manuel Concha , quien guió este tipo de operaciones durante lustros en este hospital y el que protagonizó en 1986 en Córdoba el primer injerto de corazón en Andalucía. En la foto, hay un detalle que eleva la emoción. Concha charla con ella mientras una de sus manos , que tantas existencias arrebataron a la muerte, toma una de las de la pequeña . Decía House: «¿Prefiere un médico que le coja la mano mientras muere o uno que le ignore mientras mejora?». Imagino que los doctores de la tele se parecen como un huevo a una castaña a los de verdad. Sí tengo claro que en nuestro hospital hay profesionales que te salvan y al mismo tiempo te arropan.Este centro no se ciñó a brillar con constantes hitos. Quiso ser también el de todos los cordobeses . Ha definido muy bien la filosofía con la que se gestó con éxito el Reina Sofía Gabriel Pérez, su director gerente de 1984 a 1994: «Deseábamos ser el hospital de las apendicitis de Cañero, de los esguinces del Brillante… Y queríamos hacer trasplantes ».Viene bien una efeméride como ésta para valorar en su justa medida la excelencia en la calidad asistencial y en la investigación de este centro. El contacto cotidiano con él hace que no siempre tengamos en cuenta el extraordinario complejo sanitario del que gozamos. Es cierto que tiene sus achaques, comunes a la sanidad pública, como las listas de espera. Es labor del SAS redoblar esfuerzos para sanarlos y tarea nuestra felicitar a todos los profesionales que forjaron y sostienen un hospital de referencia , que es un orgullo para los cordobeses . RSS de noticias de espana/andalucia
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