Es muy habitual que cuando se produce una bajada de deseo sexual se busque la causa en la propia relación de pareja, en la edad o en los cambios hormonales. Sin embargo, los especialistas en el asunto inciden en que cada vez es más evidente que el deseo no se apaga de forma aislada . «El cuerpo y la mente funcionan como un sistema interconectado y factores como el estrés crónico, la falta de sueño o una alimentación desequilibrada tienen un impacto directo y, a menudo infravalorado, sobre la sexualidad», apunta ABC Bárbara Montes, especialista en sexología clínica y terapia de pareja de Diversual . -¿De qué manera inciden el estrés, el sueño y la alimentación en el deseo sexual?-El deseo sexual necesita unas condiciones mínimas para activarse: energía física, disponibilidad mental y un sistema hormonal relativamente equilibrado. El estrés sostenido eleva el cortisol, una hormona que, en exceso, inhibe la producción de testosterona y estrógenos, fundamentales para el deseo tanto en hombres como en mujeres. Además, mantiene al organismo en un estado de alerta constante, dejando poco espacio para el placer.El sueño cumple una función reguladora esencial. Dormir poco o mal altera los ritmos circadianos, afecta a la producción hormonal y reduce la sensibilidad al placer. En hombres, la falta de descanso se asocia a descensos significativos de testosterona; en mujeres, a mayor fatiga, irritabilidad y a una mayor desconexión corporal y emocional.Noticia relacionada general No No Ciara Molina, psicóloga «Para amar sin cicatrices hay que curar las heridas emocionales» Laura PeraitaLa alimentación, por su parte, no actúa de forma inmediata, pero sí acumulativa. Dietas pobres en nutrientes, exceso de ultraprocesados o déficits de hierro, zinc, omega 3 o vitaminas del grupo B influyen negativamente en la energía, el estado de ánimo y la respuesta sexual.-¿Afectan por igual a hombres y mujeres?-No exactamente, aunque el resultado, que es menos deseo, pueda parecer similar. En los hombres, el impacto suele reflejarse de forma más directa en la respuesta sexual: menor deseo espontáneo, dificultades de erección o menor intensidad orgásmica. La testosterona es especialmente sensible al estrés y al déficit de sueño.En las mujeres, el deseo sexual es más sensible al contexto vital y emocional. El cansancio mental, la sobrecarga emocional y la desconexión corporal influyen tanto o más que las hormonas. Muchas mujeres no pierden el deseo, sino que dejan de sentir espacio interno para él.-¿Cómo se puede saber si la falta de deseo se debe a estos factores y no a la pareja, la edad, la menopausia…?- Esta es una de las dudas más frecuentes. Algunas señales orientativas son:El deseo reaparece, aunque sea de forma puntual, durante vacaciones o periodos de descanso Existe atracción hacia la pareja, pero falta energía o iniciativa sexual La persona se siente agotada incluso antes de que aparezca cualquier estímulo erótico El problema surge de forma progresiva, coincidiendo con etapas de mayor exigencia vital o estrésCuando la causa es principalmente relacional, suele haber un conflicto no resuelto o evitación del contacto íntimo. Y en etapas como la menopausia, el deseo no desaparece, sino que se transforma cambiando de expresión, ritmo o tipo de estimulación necesaria. Comprender esto evita conclusiones precipitadas y reduce una gran carga de culpa y ansiedad innecesarias.-¿Cómo empezar a adoptar hábitos que favorezcan el deseo?-Uno de los errores más comunes es intentar reactivar el deseo directamente. El deseo no se fuerza: se cultiva creando las condiciones adecuadas para que aparezca. Algunas claves realistas son las siguientes:Regular el descanso, entendiendo que dormir bien es una necesidad fisiológica, no un capricho Aprender a gestionar el estrés, introduciendo pausas reales, revisando la autoexigencia y poniendo límites Cuidar la alimentación, sin dietas extremas, priorizando comida real y equilibrada Reconectar con el cuerpo, a través del movimiento, el autocuidado y el placer no genitalEn este punto, muchas personas descubren que explorar nuevas formas de estimulación, desde la curiosidad y sin objetivos, puede ayudar a recuperar la conexión corporal. -Si se cumplen esta serie de recomendaciones, ¿cuánto tiempo se puede tarda en notar cambios en el deseo?-No es inmediato, pero tampoco indefinido. En general, los primeros cambios en energía, descanso y estado de ánimo suelen aparecer entre tres y seis semanas después de mejorar los hábitos. Los efectos más estables sobre el deseo sexual suelen consolidarse a partir de los dos o tres meses.MÁS INFORMACIÓN noticia Si «Lo que anhelamos no es vivir para siempre, sino la juventud eterna» noticia No «Si apagas el sufrimiento con pastillas no conocerás el mensaje de tu malestar emocional» noticia No «Podemos lograr 10.000 millones de personas felices en 2050» noticia Si Freno a la sequedad vaginal con tratamiento local y alimentaciónEs importante entender que el deseo no siempre vuelve como antes. A veces regresa de una forma distinta: más sensible, menos impulsivo, más conectado al cuerpo y al contexto. Y eso no es una pérdida, sino una evolución natural de la sexualidad adulta. El deseo no se pierde: se ve condicionado. No responde a fórmulas rápidas, sino a contextos amables donde el cuerpo se siente seguro y disponible para el placer. Rara vez desaparece sin motivo, en la mayoría de los casos está agotado, saturado o mal acompañado por el ritmo de vida. Por eso, antes de pensar que ‘ya no me apetece’ o que ‘algo falla en la relación’ conviene preguntarse lo siguiente: ¿Cómo estoy durmiendo?, ¿cómo estoy viviendo?, ¿qué lugar ocupa el placer en mi día a día? Cuidar el deseo sexual no empieza en el dormitorio, sino mucho antes. Y, a menudo, pasa por algo tan poco romántico (y tan necesario) como descansar mejor, comer mejor y vivir con menos presión. Es muy habitual que cuando se produce una bajada de deseo sexual se busque la causa en la propia relación de pareja, en la edad o en los cambios hormonales. Sin embargo, los especialistas en el asunto inciden en que cada vez es más evidente que el deseo no se apaga de forma aislada . «El cuerpo y la mente funcionan como un sistema interconectado y factores como el estrés crónico, la falta de sueño o una alimentación desequilibrada tienen un impacto directo y, a menudo infravalorado, sobre la sexualidad», apunta ABC Bárbara Montes, especialista en sexología clínica y terapia de pareja de Diversual . -¿De qué manera inciden el estrés, el sueño y la alimentación en el deseo sexual?-El deseo sexual necesita unas condiciones mínimas para activarse: energía física, disponibilidad mental y un sistema hormonal relativamente equilibrado. El estrés sostenido eleva el cortisol, una hormona que, en exceso, inhibe la producción de testosterona y estrógenos, fundamentales para el deseo tanto en hombres como en mujeres. Además, mantiene al organismo en un estado de alerta constante, dejando poco espacio para el placer.El sueño cumple una función reguladora esencial. Dormir poco o mal altera los ritmos circadianos, afecta a la producción hormonal y reduce la sensibilidad al placer. En hombres, la falta de descanso se asocia a descensos significativos de testosterona; en mujeres, a mayor fatiga, irritabilidad y a una mayor desconexión corporal y emocional.Noticia relacionada general No No Ciara Molina, psicóloga «Para amar sin cicatrices hay que curar las heridas emocionales» Laura PeraitaLa alimentación, por su parte, no actúa de forma inmediata, pero sí acumulativa. Dietas pobres en nutrientes, exceso de ultraprocesados o déficits de hierro, zinc, omega 3 o vitaminas del grupo B influyen negativamente en la energía, el estado de ánimo y la respuesta sexual.-¿Afectan por igual a hombres y mujeres?-No exactamente, aunque el resultado, que es menos deseo, pueda parecer similar. En los hombres, el impacto suele reflejarse de forma más directa en la respuesta sexual: menor deseo espontáneo, dificultades de erección o menor intensidad orgásmica. La testosterona es especialmente sensible al estrés y al déficit de sueño.En las mujeres, el deseo sexual es más sensible al contexto vital y emocional. El cansancio mental, la sobrecarga emocional y la desconexión corporal influyen tanto o más que las hormonas. Muchas mujeres no pierden el deseo, sino que dejan de sentir espacio interno para él.-¿Cómo se puede saber si la falta de deseo se debe a estos factores y no a la pareja, la edad, la menopausia…?- Esta es una de las dudas más frecuentes. Algunas señales orientativas son:El deseo reaparece, aunque sea de forma puntual, durante vacaciones o periodos de descanso Existe atracción hacia la pareja, pero falta energía o iniciativa sexual La persona se siente agotada incluso antes de que aparezca cualquier estímulo erótico El problema surge de forma progresiva, coincidiendo con etapas de mayor exigencia vital o estrésCuando la causa es principalmente relacional, suele haber un conflicto no resuelto o evitación del contacto íntimo. Y en etapas como la menopausia, el deseo no desaparece, sino que se transforma cambiando de expresión, ritmo o tipo de estimulación necesaria. Comprender esto evita conclusiones precipitadas y reduce una gran carga de culpa y ansiedad innecesarias.-¿Cómo empezar a adoptar hábitos que favorezcan el deseo?-Uno de los errores más comunes es intentar reactivar el deseo directamente. El deseo no se fuerza: se cultiva creando las condiciones adecuadas para que aparezca. Algunas claves realistas son las siguientes:Regular el descanso, entendiendo que dormir bien es una necesidad fisiológica, no un capricho Aprender a gestionar el estrés, introduciendo pausas reales, revisando la autoexigencia y poniendo límites Cuidar la alimentación, sin dietas extremas, priorizando comida real y equilibrada Reconectar con el cuerpo, a través del movimiento, el autocuidado y el placer no genitalEn este punto, muchas personas descubren que explorar nuevas formas de estimulación, desde la curiosidad y sin objetivos, puede ayudar a recuperar la conexión corporal. -Si se cumplen esta serie de recomendaciones, ¿cuánto tiempo se puede tarda en notar cambios en el deseo?-No es inmediato, pero tampoco indefinido. En general, los primeros cambios en energía, descanso y estado de ánimo suelen aparecer entre tres y seis semanas después de mejorar los hábitos. Los efectos más estables sobre el deseo sexual suelen consolidarse a partir de los dos o tres meses.MÁS INFORMACIÓN noticia Si «Lo que anhelamos no es vivir para siempre, sino la juventud eterna» noticia No «Si apagas el sufrimiento con pastillas no conocerás el mensaje de tu malestar emocional» noticia No «Podemos lograr 10.000 millones de personas felices en 2050» noticia Si Freno a la sequedad vaginal con tratamiento local y alimentaciónEs importante entender que el deseo no siempre vuelve como antes. A veces regresa de una forma distinta: más sensible, menos impulsivo, más conectado al cuerpo y al contexto. Y eso no es una pérdida, sino una evolución natural de la sexualidad adulta. El deseo no se pierde: se ve condicionado. No responde a fórmulas rápidas, sino a contextos amables donde el cuerpo se siente seguro y disponible para el placer. Rara vez desaparece sin motivo, en la mayoría de los casos está agotado, saturado o mal acompañado por el ritmo de vida. Por eso, antes de pensar que ‘ya no me apetece’ o que ‘algo falla en la relación’ conviene preguntarse lo siguiente: ¿Cómo estoy durmiendo?, ¿cómo estoy viviendo?, ¿qué lugar ocupa el placer en mi día a día? Cuidar el deseo sexual no empieza en el dormitorio, sino mucho antes. Y, a menudo, pasa por algo tan poco romántico (y tan necesario) como descansar mejor, comer mejor y vivir con menos presión. Es muy habitual que cuando se produce una bajada de deseo sexual se busque la causa en la propia relación de pareja, en la edad o en los cambios hormonales. Sin embargo, los especialistas en el asunto inciden en que cada vez es más evidente que el deseo no se apaga de forma aislada . «El cuerpo y la mente funcionan como un sistema interconectado y factores como el estrés crónico, la falta de sueño o una alimentación desequilibrada tienen un impacto directo y, a menudo infravalorado, sobre la sexualidad», apunta ABC Bárbara Montes, especialista en sexología clínica y terapia de pareja de Diversual . -¿De qué manera inciden el estrés, el sueño y la alimentación en el deseo sexual?-El deseo sexual necesita unas condiciones mínimas para activarse: energía física, disponibilidad mental y un sistema hormonal relativamente equilibrado. El estrés sostenido eleva el cortisol, una hormona que, en exceso, inhibe la producción de testosterona y estrógenos, fundamentales para el deseo tanto en hombres como en mujeres. Además, mantiene al organismo en un estado de alerta constante, dejando poco espacio para el placer.El sueño cumple una función reguladora esencial. Dormir poco o mal altera los ritmos circadianos, afecta a la producción hormonal y reduce la sensibilidad al placer. En hombres, la falta de descanso se asocia a descensos significativos de testosterona; en mujeres, a mayor fatiga, irritabilidad y a una mayor desconexión corporal y emocional.Noticia relacionada general No No Ciara Molina, psicóloga «Para amar sin cicatrices hay que curar las heridas emocionales» Laura PeraitaLa alimentación, por su parte, no actúa de forma inmediata, pero sí acumulativa. Dietas pobres en nutrientes, exceso de ultraprocesados o déficits de hierro, zinc, omega 3 o vitaminas del grupo B influyen negativamente en la energía, el estado de ánimo y la respuesta sexual.-¿Afectan por igual a hombres y mujeres?-No exactamente, aunque el resultado, que es menos deseo, pueda parecer similar. En los hombres, el impacto suele reflejarse de forma más directa en la respuesta sexual: menor deseo espontáneo, dificultades de erección o menor intensidad orgásmica. La testosterona es especialmente sensible al estrés y al déficit de sueño.En las mujeres, el deseo sexual es más sensible al contexto vital y emocional. El cansancio mental, la sobrecarga emocional y la desconexión corporal influyen tanto o más que las hormonas. Muchas mujeres no pierden el deseo, sino que dejan de sentir espacio interno para él.-¿Cómo se puede saber si la falta de deseo se debe a estos factores y no a la pareja, la edad, la menopausia…?- Esta es una de las dudas más frecuentes. Algunas señales orientativas son:El deseo reaparece, aunque sea de forma puntual, durante vacaciones o periodos de descanso Existe atracción hacia la pareja, pero falta energía o iniciativa sexual La persona se siente agotada incluso antes de que aparezca cualquier estímulo erótico El problema surge de forma progresiva, coincidiendo con etapas de mayor exigencia vital o estrésCuando la causa es principalmente relacional, suele haber un conflicto no resuelto o evitación del contacto íntimo. Y en etapas como la menopausia, el deseo no desaparece, sino que se transforma cambiando de expresión, ritmo o tipo de estimulación necesaria. Comprender esto evita conclusiones precipitadas y reduce una gran carga de culpa y ansiedad innecesarias.-¿Cómo empezar a adoptar hábitos que favorezcan el deseo?-Uno de los errores más comunes es intentar reactivar el deseo directamente. El deseo no se fuerza: se cultiva creando las condiciones adecuadas para que aparezca. Algunas claves realistas son las siguientes:Regular el descanso, entendiendo que dormir bien es una necesidad fisiológica, no un capricho Aprender a gestionar el estrés, introduciendo pausas reales, revisando la autoexigencia y poniendo límites Cuidar la alimentación, sin dietas extremas, priorizando comida real y equilibrada Reconectar con el cuerpo, a través del movimiento, el autocuidado y el placer no genitalEn este punto, muchas personas descubren que explorar nuevas formas de estimulación, desde la curiosidad y sin objetivos, puede ayudar a recuperar la conexión corporal. -Si se cumplen esta serie de recomendaciones, ¿cuánto tiempo se puede tarda en notar cambios en el deseo?-No es inmediato, pero tampoco indefinido. En general, los primeros cambios en energía, descanso y estado de ánimo suelen aparecer entre tres y seis semanas después de mejorar los hábitos. Los efectos más estables sobre el deseo sexual suelen consolidarse a partir de los dos o tres meses.MÁS INFORMACIÓN noticia Si «Lo que anhelamos no es vivir para siempre, sino la juventud eterna» noticia No «Si apagas el sufrimiento con pastillas no conocerás el mensaje de tu malestar emocional» noticia No «Podemos lograr 10.000 millones de personas felices en 2050» noticia Si Freno a la sequedad vaginal con tratamiento local y alimentaciónEs importante entender que el deseo no siempre vuelve como antes. A veces regresa de una forma distinta: más sensible, menos impulsivo, más conectado al cuerpo y al contexto. Y eso no es una pérdida, sino una evolución natural de la sexualidad adulta. El deseo no se pierde: se ve condicionado. No responde a fórmulas rápidas, sino a contextos amables donde el cuerpo se siente seguro y disponible para el placer. Rara vez desaparece sin motivo, en la mayoría de los casos está agotado, saturado o mal acompañado por el ritmo de vida. Por eso, antes de pensar que ‘ya no me apetece’ o que ‘algo falla en la relación’ conviene preguntarse lo siguiente: ¿Cómo estoy durmiendo?, ¿cómo estoy viviendo?, ¿qué lugar ocupa el placer en mi día a día? Cuidar el deseo sexual no empieza en el dormitorio, sino mucho antes. Y, a menudo, pasa por algo tan poco romántico (y tan necesario) como descansar mejor, comer mejor y vivir con menos presión. RSS de noticias de bienestar
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