Barcelona se ha pensado a menudo como una isla de urbanismo ejemplar, un laboratorio en el que el espacio público ha priorizado la calidad de vida de quienes lo residen. Llevamos años trabajando para consolidar y ampliar espacios de estancia y garantizar la movilidad sostenible, pero esto no puede hacerse al margen de la realidad de las personas que entran y salen cada día. Reurbanizar la Meridiana o crear ejes verdes como el de Consell de Cent son proyectos necesarios, pero si no abordamos los flujos metropolitanos con la misma valentía, las mejoras serán insuficientes. No sirve de mucho reducir el tráfico en una calle si no se reduce también en el conjunto de la ciudad.
El éxito de nuestro modelo urbano pasa también por nuestra capacidad de ser una ciudad abierta y accesible
Barcelona se ha pensado a menudo como una isla de urbanismo ejemplar, un laboratorio en el que el espacio público ha priorizado la calidad de vida de quienes lo residen. Llevamos años trabajando para consolidar y ampliar espacios de estancia y garantizar la movilidad sostenible, pero esto no puede hacerse al margen de la realidad de las personas que entran y salen cada día. Reurbanizar la Meridiana o crear ejes verdes como el de Consell de Cent son proyectos necesarios, pero si no abordamos los flujos metropolitanos con la misma valentía, las mejoras serán insuficientes. No sirve de mucho reducir el tráfico en una calle si no se reduce también en el conjunto de la ciudad.
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