Arde Uruguay, ahogados en lágrimas los aficionados charrúas a la salida del Estadio Akron de Guadalajara después de confirmarse que, por segundo Mundial consecutivo, su selección abandonaba el torneo en la fase de grupos. Envueltos en celeste y con cuatro estrellas sobre sus corazones pedían «corazón», «cojones», una forma atropellada de decir que el hacer de los suyos había sido un auténtico desastre tras haber caído contra España y haber cosechado tan solo dos puntos de nueve posibles. A Uruguay le pasa como a Italia, sufre una crisis futbolística tan profunda que necesita una refundación, y el primer paso será el despido de Bielsa, incapaz el Loco de exprimir una generación no rebosante de talento pero sí con mimbres suficientes para competir sobre el césped y no desvirtuar la herencia de sus ancestros a base de patadas violentas y a destiempo .Y, en medio de este crepúsculo uruguayo, los focos apuntan a Fede Valverde, un jugador que ha sido endiosado en Chamartín en los últimos años pero que, en territorio mexicano, culminó una de las peores temporadas imaginables. Porque el último recuerdo que tendrán los hinchas charrúas de esta Copa del Mundo, o al menos el más hiriente, será el que provocó el centrocampista cuando fue sustituido en el minuto 57 para tener «más peso en el área rival», como aseguró su entrenador ante esos micrófonos, flashes y objetivos que tanto detesta. El madridista se fue directo al banquillo sin cruzar palabra con Bielsa, en su trono de plástico, para más tarde incumplir la ‘ley Prestianni’ si esta contemplase el fuego amigo, pues Valverde se tapó la boca con la camiseta para enloquecer en el plano dialéctico con sus compañeros, una batería de salivazos que, suponemos, iban dirigidos al técnico argentino. Capitán y estrella del combinado sudamericano, Valverde ha convertido al torneo internacional en una extensión de lo que ha sido su temporada con el Real Madrid. Al menos, con los blancos, pudo tapar tanta polémica con su obra maestra ante el Manchester City , tres latigazos que clasificaron a los de Arbeloa a los cuartos de final de la Champions, vida extra de un proyecto destinado a acabar bajo tierra. Sin embargo, su soso fútbol en el Mundial, en especial ante España (solo completó una decena de pases), le ha condenado en esta ocasión y ha sido el futbolista problemático y poco comprometido, quizás demasiado egoísta, el que se ha expuesto ante el gran hermano del fútbol. Noticia relacionada general No No El camino de España a la final: el calendario y todos los posibles cruces y rivales María AlbertPorque con Bielsa es hasta normal tener roces, pero si morder al argentino viene precedido de un enfrentamiento público y abierto con Xabi Alonso, una pelea en el vestuario con Tchouaméni y el enésimo ensañamiento con Baena, igual el culpable está más cerca de lo que uno piensa. Al técnico vasco le cogió manía porque lo quería de lateral derecho durante un tramo del curso plagado de lesiones en esa posición, una brecha que acabó con el uruguayo, junto con Vinicius y compañía, abanderando un cambio en el banquillo; a su compañero francés lo calentó tanto en un entrenamiento que la situación se volvió «tóxica», como explicó este periódico , y la sangre del centrocampista acabó rociando el suelo de los vestuarios de Valdebebas; Por último, a Baena lo cazó en el último derbi del curso contra el Atlético con una patada quizás no muy lesiva pero que sí encerraba maldad, inmerso el uruguayo en una guerra en la que ya participa él solo. «Se ha ido a por él», fue lo más repetido aquel día en la tribuna de prensa del Bernabéu. Conspiró contra Xabi, agredió a Baena, se pegó con Tchouaméni y se amotinó contra Bielsa, al que desairó al ser sustituidoEl muro se hizo más grande el pasado lunes después del empate ante Cabo Verde, cuando Valverde, acompañado de Rochet, Ugarte y Bentancur, pidieron a Bielsa aligerar la carga física de los entrenamientos y jugar con un bloque más bajo, esperando al contrataque, dijo la ‘ESPN’. Demasiadas aristas para un jugador que hasta hace poco ha gozado de fama de niño bueno, ojos saltones e introvertido, con una voz de pito que le regaló su ya memorable apodo, el pajarito. Al menos, así se le recuerda en La Coruña, donde jugó cedido después de su fichaje por el Madrid en 2016, cuando solo tenía 18 años. En el noroeste se ubicó en la banda izquierda y fue el ojito derecho de la afición, extensas las colas que formaban las abuelas gallegas para tirarle de los mofletes y hacerle carantoñas, Valverde se pelea con BaenaAhora, al pajarito le han engullido las sombras, y está por ver si lanzar tanto picotazo acabará por pasarle factura. Los susurros dicen que el Madrid y Mourinho quieren a Enzo Fernández , pretoriano de Messi en Argentina y líder hastiado en el Chelsea, un jugador que requeriría un buen desembolso económico y, por ende, la venta de algún futbolista de renombre. Y si ya hay debate con la permanencia de Vinicius, que ha aprovechado el Mundial para sacarse brillo, con Valverde la escena debe ser aún más densa. Arde Uruguay, ahogados en lágrimas los aficionados charrúas a la salida del Estadio Akron de Guadalajara después de confirmarse que, por segundo Mundial consecutivo, su selección abandonaba el torneo en la fase de grupos. Envueltos en celeste y con cuatro estrellas sobre sus corazones pedían «corazón», «cojones», una forma atropellada de decir que el hacer de los suyos había sido un auténtico desastre tras haber caído contra España y haber cosechado tan solo dos puntos de nueve posibles. A Uruguay le pasa como a Italia, sufre una crisis futbolística tan profunda que necesita una refundación, y el primer paso será el despido de Bielsa, incapaz el Loco de exprimir una generación no rebosante de talento pero sí con mimbres suficientes para competir sobre el césped y no desvirtuar la herencia de sus ancestros a base de patadas violentas y a destiempo .Y, en medio de este crepúsculo uruguayo, los focos apuntan a Fede Valverde, un jugador que ha sido endiosado en Chamartín en los últimos años pero que, en territorio mexicano, culminó una de las peores temporadas imaginables. Porque el último recuerdo que tendrán los hinchas charrúas de esta Copa del Mundo, o al menos el más hiriente, será el que provocó el centrocampista cuando fue sustituido en el minuto 57 para tener «más peso en el área rival», como aseguró su entrenador ante esos micrófonos, flashes y objetivos que tanto detesta. El madridista se fue directo al banquillo sin cruzar palabra con Bielsa, en su trono de plástico, para más tarde incumplir la ‘ley Prestianni’ si esta contemplase el fuego amigo, pues Valverde se tapó la boca con la camiseta para enloquecer en el plano dialéctico con sus compañeros, una batería de salivazos que, suponemos, iban dirigidos al técnico argentino. Capitán y estrella del combinado sudamericano, Valverde ha convertido al torneo internacional en una extensión de lo que ha sido su temporada con el Real Madrid. Al menos, con los blancos, pudo tapar tanta polémica con su obra maestra ante el Manchester City , tres latigazos que clasificaron a los de Arbeloa a los cuartos de final de la Champions, vida extra de un proyecto destinado a acabar bajo tierra. Sin embargo, su soso fútbol en el Mundial, en especial ante España (solo completó una decena de pases), le ha condenado en esta ocasión y ha sido el futbolista problemático y poco comprometido, quizás demasiado egoísta, el que se ha expuesto ante el gran hermano del fútbol. Noticia relacionada general No No El camino de España a la final: el calendario y todos los posibles cruces y rivales María AlbertPorque con Bielsa es hasta normal tener roces, pero si morder al argentino viene precedido de un enfrentamiento público y abierto con Xabi Alonso, una pelea en el vestuario con Tchouaméni y el enésimo ensañamiento con Baena, igual el culpable está más cerca de lo que uno piensa. Al técnico vasco le cogió manía porque lo quería de lateral derecho durante un tramo del curso plagado de lesiones en esa posición, una brecha que acabó con el uruguayo, junto con Vinicius y compañía, abanderando un cambio en el banquillo; a su compañero francés lo calentó tanto en un entrenamiento que la situación se volvió «tóxica», como explicó este periódico , y la sangre del centrocampista acabó rociando el suelo de los vestuarios de Valdebebas; Por último, a Baena lo cazó en el último derbi del curso contra el Atlético con una patada quizás no muy lesiva pero que sí encerraba maldad, inmerso el uruguayo en una guerra en la que ya participa él solo. «Se ha ido a por él», fue lo más repetido aquel día en la tribuna de prensa del Bernabéu. Conspiró contra Xabi, agredió a Baena, se pegó con Tchouaméni y se amotinó contra Bielsa, al que desairó al ser sustituidoEl muro se hizo más grande el pasado lunes después del empate ante Cabo Verde, cuando Valverde, acompañado de Rochet, Ugarte y Bentancur, pidieron a Bielsa aligerar la carga física de los entrenamientos y jugar con un bloque más bajo, esperando al contrataque, dijo la ‘ESPN’. Demasiadas aristas para un jugador que hasta hace poco ha gozado de fama de niño bueno, ojos saltones e introvertido, con una voz de pito que le regaló su ya memorable apodo, el pajarito. Al menos, así se le recuerda en La Coruña, donde jugó cedido después de su fichaje por el Madrid en 2016, cuando solo tenía 18 años. En el noroeste se ubicó en la banda izquierda y fue el ojito derecho de la afición, extensas las colas que formaban las abuelas gallegas para tirarle de los mofletes y hacerle carantoñas, Valverde se pelea con BaenaAhora, al pajarito le han engullido las sombras, y está por ver si lanzar tanto picotazo acabará por pasarle factura. Los susurros dicen que el Madrid y Mourinho quieren a Enzo Fernández , pretoriano de Messi en Argentina y líder hastiado en el Chelsea, un jugador que requeriría un buen desembolso económico y, por ende, la venta de algún futbolista de renombre. Y si ya hay debate con la permanencia de Vinicius, que ha aprovechado el Mundial para sacarse brillo, con Valverde la escena debe ser aún más densa. Arde Uruguay, ahogados en lágrimas los aficionados charrúas a la salida del Estadio Akron de Guadalajara después de confirmarse que, por segundo Mundial consecutivo, su selección abandonaba el torneo en la fase de grupos. Envueltos en celeste y con cuatro estrellas sobre sus corazones pedían «corazón», «cojones», una forma atropellada de decir que el hacer de los suyos había sido un auténtico desastre tras haber caído contra España y haber cosechado tan solo dos puntos de nueve posibles. A Uruguay le pasa como a Italia, sufre una crisis futbolística tan profunda que necesita una refundación, y el primer paso será el despido de Bielsa, incapaz el Loco de exprimir una generación no rebosante de talento pero sí con mimbres suficientes para competir sobre el césped y no desvirtuar la herencia de sus ancestros a base de patadas violentas y a destiempo .Y, en medio de este crepúsculo uruguayo, los focos apuntan a Fede Valverde, un jugador que ha sido endiosado en Chamartín en los últimos años pero que, en territorio mexicano, culminó una de las peores temporadas imaginables. Porque el último recuerdo que tendrán los hinchas charrúas de esta Copa del Mundo, o al menos el más hiriente, será el que provocó el centrocampista cuando fue sustituido en el minuto 57 para tener «más peso en el área rival», como aseguró su entrenador ante esos micrófonos, flashes y objetivos que tanto detesta. El madridista se fue directo al banquillo sin cruzar palabra con Bielsa, en su trono de plástico, para más tarde incumplir la ‘ley Prestianni’ si esta contemplase el fuego amigo, pues Valverde se tapó la boca con la camiseta para enloquecer en el plano dialéctico con sus compañeros, una batería de salivazos que, suponemos, iban dirigidos al técnico argentino. Capitán y estrella del combinado sudamericano, Valverde ha convertido al torneo internacional en una extensión de lo que ha sido su temporada con el Real Madrid. Al menos, con los blancos, pudo tapar tanta polémica con su obra maestra ante el Manchester City , tres latigazos que clasificaron a los de Arbeloa a los cuartos de final de la Champions, vida extra de un proyecto destinado a acabar bajo tierra. Sin embargo, su soso fútbol en el Mundial, en especial ante España (solo completó una decena de pases), le ha condenado en esta ocasión y ha sido el futbolista problemático y poco comprometido, quizás demasiado egoísta, el que se ha expuesto ante el gran hermano del fútbol. Noticia relacionada general No No El camino de España a la final: el calendario y todos los posibles cruces y rivales María AlbertPorque con Bielsa es hasta normal tener roces, pero si morder al argentino viene precedido de un enfrentamiento público y abierto con Xabi Alonso, una pelea en el vestuario con Tchouaméni y el enésimo ensañamiento con Baena, igual el culpable está más cerca de lo que uno piensa. Al técnico vasco le cogió manía porque lo quería de lateral derecho durante un tramo del curso plagado de lesiones en esa posición, una brecha que acabó con el uruguayo, junto con Vinicius y compañía, abanderando un cambio en el banquillo; a su compañero francés lo calentó tanto en un entrenamiento que la situación se volvió «tóxica», como explicó este periódico , y la sangre del centrocampista acabó rociando el suelo de los vestuarios de Valdebebas; Por último, a Baena lo cazó en el último derbi del curso contra el Atlético con una patada quizás no muy lesiva pero que sí encerraba maldad, inmerso el uruguayo en una guerra en la que ya participa él solo. «Se ha ido a por él», fue lo más repetido aquel día en la tribuna de prensa del Bernabéu. Conspiró contra Xabi, agredió a Baena, se pegó con Tchouaméni y se amotinó contra Bielsa, al que desairó al ser sustituidoEl muro se hizo más grande el pasado lunes después del empate ante Cabo Verde, cuando Valverde, acompañado de Rochet, Ugarte y Bentancur, pidieron a Bielsa aligerar la carga física de los entrenamientos y jugar con un bloque más bajo, esperando al contrataque, dijo la ‘ESPN’. Demasiadas aristas para un jugador que hasta hace poco ha gozado de fama de niño bueno, ojos saltones e introvertido, con una voz de pito que le regaló su ya memorable apodo, el pajarito. Al menos, así se le recuerda en La Coruña, donde jugó cedido después de su fichaje por el Madrid en 2016, cuando solo tenía 18 años. En el noroeste se ubicó en la banda izquierda y fue el ojito derecho de la afición, extensas las colas que formaban las abuelas gallegas para tirarle de los mofletes y hacerle carantoñas, Valverde se pelea con BaenaAhora, al pajarito le han engullido las sombras, y está por ver si lanzar tanto picotazo acabará por pasarle factura. Los susurros dicen que el Madrid y Mourinho quieren a Enzo Fernández , pretoriano de Messi en Argentina y líder hastiado en el Chelsea, un jugador que requeriría un buen desembolso económico y, por ende, la venta de algún futbolista de renombre. Y si ya hay debate con la permanencia de Vinicius, que ha aprovechado el Mundial para sacarse brillo, con Valverde la escena debe ser aún más densa. RSS de noticias de deportes
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