Diego Romero no sospechaba que en una de sus visitas al antiguo convento de San Francisco de Lebrija iba a descubrir el primer testimonio de la diosa Venus que se ha encontrado en esta ciudad sevillana que, precisamente, recibió el nombre de ‘Nabrissa Veneria ‘ en la antigüedad, en referencia a esta divinidad romana. Aquel bloque de mármol arrinconado en el claustro, cubierto de verdín y con restos de cemento, llamó la atención de este profesor del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla en 2024. Intrigado, le dio la vuelta y se dio cuenta que se trataba de un fragmento de una escultura romana que siglos después habría sido utilizada como mampuesto en un muro del antiguo cenobio franciscano y acabó olvidada en su claustro.El investigador lebrijano contactó con el Ayuntamiento de esta localidad de la antigua Bética para que trasladara la pieza a un emplazamiento más seguro y una vez ubicada en la cripta arqueológica de la Casa de la Juventud, comprobó que se trataba del abdomen y el inicio de las extremidades inferiores de una escultura femenina, muy mutilada, concebida para ser contemplada desde el frente. Sus rasgos encajaban con los de un tipo escultórico «muy particular»: la Afrodita o Venus del tipo Louvre-Nápoles . Este modelo de escultura, cuyos mejores exponentes se encuentran en el Museo del Louvre y el Arqueológico Nacional de Nápoles, alcanzó gran difusión en el mundo romano, aunque en el ámbito hispano sólo se conocen otros dos ejemplares conservados en el Museo Arqueológico de Córdoba y un tercero similar en la villa de Paulenca (Granada). Representa a la deidad con una túnica larga, fina y casi transparente (‘chiton’) que cae hasta los pies y realza los contornos del cuerpo femenino, un seno descubierto y una pierna adelantada. En una mano sostiene un mantón (‘himation’) y en la otra suele portar una manzana, en alusión al juicio de Paris, o una granada, símbolos ambos de fertilidad y abundancia.Mármol de CarraraLos análisis petrográficos y químicos, elaborados en la Universidad de Málaga con el patrocinio del Ayuntamiento de Lebrija y coordinados por Daniel Becerra (Universidad Complutense de Madrid), revelaron, además, que había sido esculpida con ‘marmor Lunense’, «el célebre mármol de Carrara, uno de los materiales más prestigiosos empleados en el mundo romano», destaca Romero. El dato revela que quien encargó la pieza gozaba de capacidad adquisitiva para sufragar su alto coste y apunta a la existencia de un cierto nivel económico en la ciudad en época romana.Recreación de la escultura de Venus, con el fragmento hallado destacado Diego RomeroAunque quizá «lo más llamativo» de esta escultura de tamaño algo menor que el natural (alcanzaría en torno al metro y medio de altura) sea, a juicio del investigador, la singular vinculación de la imagen representada de Venus con Lebrija. En su ‘Historia natural’, Plinio se refiere a la ciudad bética de ‘Nabrissa’ como ‘ Veneria ‘, en alusión a la diosa, y, según recuerda Romero, el poeta e historiador Rodrigo Caro ya planteó en el siglo XVII que en ella debieron de existir templos dedicados a Venus. Sin embargo, hasta ahora no existía ningún testimonio arqueológico que corroborara la trascendencia del culto a Venus en la ciudad.En Lebrija, habitada desde época prerromana hasta la actualidad, se han realizado algunas excavaciones de urgencia -«quizás una decena», apunta el profesor de la US-, pero la mayoría de los vestigios han sido hallados fuera de contexto y de forma fortuita, como en el caso de esta pieza escultórica de Venus que probablemente lucía en una hornacina o ante una pared en un espacio público local, como un teatro, el foro, o un templo.«Ha pasado de ser un simple ‘trozo de mármol’ olvidado en una esquina a convertirse en la única representación conocida de la divinidad tutelar de la Lebrija romana, su ‘patrona’ , salvando las distancias», comenta a ABC el arqueólogo, que publicará el estudio que ha realizado con Daniel Becerra en el próximo número de la revista científica ‘Archivo Español de Arqueología’ (CSIC).La investigación también se dará a conocer en el marco de unas jornadas científicas en Lebrija, que se celebrarán entre este viernes y el próximo 23 de octubre, con participación de especialistas como José Beltrán Fortes o José Luis Escacena, de la Universidad de Sevilla. Diego Romero no sospechaba que en una de sus visitas al antiguo convento de San Francisco de Lebrija iba a descubrir el primer testimonio de la diosa Venus que se ha encontrado en esta ciudad sevillana que, precisamente, recibió el nombre de ‘Nabrissa Veneria ‘ en la antigüedad, en referencia a esta divinidad romana. Aquel bloque de mármol arrinconado en el claustro, cubierto de verdín y con restos de cemento, llamó la atención de este profesor del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla en 2024. Intrigado, le dio la vuelta y se dio cuenta que se trataba de un fragmento de una escultura romana que siglos después habría sido utilizada como mampuesto en un muro del antiguo cenobio franciscano y acabó olvidada en su claustro.El investigador lebrijano contactó con el Ayuntamiento de esta localidad de la antigua Bética para que trasladara la pieza a un emplazamiento más seguro y una vez ubicada en la cripta arqueológica de la Casa de la Juventud, comprobó que se trataba del abdomen y el inicio de las extremidades inferiores de una escultura femenina, muy mutilada, concebida para ser contemplada desde el frente. Sus rasgos encajaban con los de un tipo escultórico «muy particular»: la Afrodita o Venus del tipo Louvre-Nápoles . Este modelo de escultura, cuyos mejores exponentes se encuentran en el Museo del Louvre y el Arqueológico Nacional de Nápoles, alcanzó gran difusión en el mundo romano, aunque en el ámbito hispano sólo se conocen otros dos ejemplares conservados en el Museo Arqueológico de Córdoba y un tercero similar en la villa de Paulenca (Granada). Representa a la deidad con una túnica larga, fina y casi transparente (‘chiton’) que cae hasta los pies y realza los contornos del cuerpo femenino, un seno descubierto y una pierna adelantada. En una mano sostiene un mantón (‘himation’) y en la otra suele portar una manzana, en alusión al juicio de Paris, o una granada, símbolos ambos de fertilidad y abundancia.Mármol de CarraraLos análisis petrográficos y químicos, elaborados en la Universidad de Málaga con el patrocinio del Ayuntamiento de Lebrija y coordinados por Daniel Becerra (Universidad Complutense de Madrid), revelaron, además, que había sido esculpida con ‘marmor Lunense’, «el célebre mármol de Carrara, uno de los materiales más prestigiosos empleados en el mundo romano», destaca Romero. El dato revela que quien encargó la pieza gozaba de capacidad adquisitiva para sufragar su alto coste y apunta a la existencia de un cierto nivel económico en la ciudad en época romana.Recreación de la escultura de Venus, con el fragmento hallado destacado Diego RomeroAunque quizá «lo más llamativo» de esta escultura de tamaño algo menor que el natural (alcanzaría en torno al metro y medio de altura) sea, a juicio del investigador, la singular vinculación de la imagen representada de Venus con Lebrija. En su ‘Historia natural’, Plinio se refiere a la ciudad bética de ‘Nabrissa’ como ‘ Veneria ‘, en alusión a la diosa, y, según recuerda Romero, el poeta e historiador Rodrigo Caro ya planteó en el siglo XVII que en ella debieron de existir templos dedicados a Venus. Sin embargo, hasta ahora no existía ningún testimonio arqueológico que corroborara la trascendencia del culto a Venus en la ciudad.En Lebrija, habitada desde época prerromana hasta la actualidad, se han realizado algunas excavaciones de urgencia -«quizás una decena», apunta el profesor de la US-, pero la mayoría de los vestigios han sido hallados fuera de contexto y de forma fortuita, como en el caso de esta pieza escultórica de Venus que probablemente lucía en una hornacina o ante una pared en un espacio público local, como un teatro, el foro, o un templo.«Ha pasado de ser un simple ‘trozo de mármol’ olvidado en una esquina a convertirse en la única representación conocida de la divinidad tutelar de la Lebrija romana, su ‘patrona’ , salvando las distancias», comenta a ABC el arqueólogo, que publicará el estudio que ha realizado con Daniel Becerra en el próximo número de la revista científica ‘Archivo Español de Arqueología’ (CSIC).La investigación también se dará a conocer en el marco de unas jornadas científicas en Lebrija, que se celebrarán entre este viernes y el próximo 23 de octubre, con participación de especialistas como José Beltrán Fortes o José Luis Escacena, de la Universidad de Sevilla. Diego Romero no sospechaba que en una de sus visitas al antiguo convento de San Francisco de Lebrija iba a descubrir el primer testimonio de la diosa Venus que se ha encontrado en esta ciudad sevillana que, precisamente, recibió el nombre de ‘Nabrissa Veneria ‘ en la antigüedad, en referencia a esta divinidad romana. Aquel bloque de mármol arrinconado en el claustro, cubierto de verdín y con restos de cemento, llamó la atención de este profesor del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla en 2024. Intrigado, le dio la vuelta y se dio cuenta que se trataba de un fragmento de una escultura romana que siglos después habría sido utilizada como mampuesto en un muro del antiguo cenobio franciscano y acabó olvidada en su claustro.El investigador lebrijano contactó con el Ayuntamiento de esta localidad de la antigua Bética para que trasladara la pieza a un emplazamiento más seguro y una vez ubicada en la cripta arqueológica de la Casa de la Juventud, comprobó que se trataba del abdomen y el inicio de las extremidades inferiores de una escultura femenina, muy mutilada, concebida para ser contemplada desde el frente. Sus rasgos encajaban con los de un tipo escultórico «muy particular»: la Afrodita o Venus del tipo Louvre-Nápoles . Este modelo de escultura, cuyos mejores exponentes se encuentran en el Museo del Louvre y el Arqueológico Nacional de Nápoles, alcanzó gran difusión en el mundo romano, aunque en el ámbito hispano sólo se conocen otros dos ejemplares conservados en el Museo Arqueológico de Córdoba y un tercero similar en la villa de Paulenca (Granada). Representa a la deidad con una túnica larga, fina y casi transparente (‘chiton’) que cae hasta los pies y realza los contornos del cuerpo femenino, un seno descubierto y una pierna adelantada. En una mano sostiene un mantón (‘himation’) y en la otra suele portar una manzana, en alusión al juicio de Paris, o una granada, símbolos ambos de fertilidad y abundancia.Mármol de CarraraLos análisis petrográficos y químicos, elaborados en la Universidad de Málaga con el patrocinio del Ayuntamiento de Lebrija y coordinados por Daniel Becerra (Universidad Complutense de Madrid), revelaron, además, que había sido esculpida con ‘marmor Lunense’, «el célebre mármol de Carrara, uno de los materiales más prestigiosos empleados en el mundo romano», destaca Romero. El dato revela que quien encargó la pieza gozaba de capacidad adquisitiva para sufragar su alto coste y apunta a la existencia de un cierto nivel económico en la ciudad en época romana.Recreación de la escultura de Venus, con el fragmento hallado destacado Diego RomeroAunque quizá «lo más llamativo» de esta escultura de tamaño algo menor que el natural (alcanzaría en torno al metro y medio de altura) sea, a juicio del investigador, la singular vinculación de la imagen representada de Venus con Lebrija. En su ‘Historia natural’, Plinio se refiere a la ciudad bética de ‘Nabrissa’ como ‘ Veneria ‘, en alusión a la diosa, y, según recuerda Romero, el poeta e historiador Rodrigo Caro ya planteó en el siglo XVII que en ella debieron de existir templos dedicados a Venus. Sin embargo, hasta ahora no existía ningún testimonio arqueológico que corroborara la trascendencia del culto a Venus en la ciudad.En Lebrija, habitada desde época prerromana hasta la actualidad, se han realizado algunas excavaciones de urgencia -«quizás una decena», apunta el profesor de la US-, pero la mayoría de los vestigios han sido hallados fuera de contexto y de forma fortuita, como en el caso de esta pieza escultórica de Venus que probablemente lucía en una hornacina o ante una pared en un espacio público local, como un teatro, el foro, o un templo.«Ha pasado de ser un simple ‘trozo de mármol’ olvidado en una esquina a convertirse en la única representación conocida de la divinidad tutelar de la Lebrija romana, su ‘patrona’ , salvando las distancias», comenta a ABC el arqueólogo, que publicará el estudio que ha realizado con Daniel Becerra en el próximo número de la revista científica ‘Archivo Español de Arqueología’ (CSIC).La investigación también se dará a conocer en el marco de unas jornadas científicas en Lebrija, que se celebrarán entre este viernes y el próximo 23 de octubre, con participación de especialistas como José Beltrán Fortes o José Luis Escacena, de la Universidad de Sevilla. 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