Llama la atención que la última recopilación de artículos de Slavoj Zizek, titulada ‘Una izquierda que se atreva a decir su nombre’ (Anagrama), haya llevado al filósofo a un volatín intelectual tan repugnante. Promueve desde la primera página que la izquierda abrace el autoritarismo. ¿Por qué? ¿Para salvar la democracia? ¡No!, ¡para salvar al mundo! Mejor nuestra dictadura que la de los otros, parece ordenar. Y va con variaciones: para evitar la pérdida de derechos, que amenaza la extrema derecha, nos rendimos a un autoritarismo molón, «colectivo»; para impedir el triunfo del liberalismo, vaya exceso, nos arrodillamos; para curar a la democracia inane, la reventamos; o para salvarnos de la destrucción del planeta (sic)… Debe ser que ya no conviene recordar la infame represión de Lubianka y Gulag, que creó escuela, ni el estado de la ecología en las dictaduras comunistas, sin balances ni controles, del Vístula contaminando Gdansk al desastre de Chernóbil. ¿Ser de izquierdas es siempre salvífico, señor Zizek? En su libro es la respuesta a todos los problemas, el mundo dejaría de estar en peligro si aceptamos el autoritarismo que defiende hasta la última página, la imposición del poder de veras, «de los nuestros», sin límites, porque «a menudo necesitamos la figura de un Amo para que nos saque de nuestra inercia y nos obligue a ser libres». Ya lo hemos visto antes. Libres a palos, camaradas sin ojos en la cara, súbditos con indigestión. Desgraciadamente, la teoría llega tarde, sus resultados se han visto recientemente en Argentina y Colombia. ¡Lo mejor para parar a la derecha! ¡Qué cantamañanas! Llama la atención que la última recopilación de artículos de Slavoj Zizek, titulada ‘Una izquierda que se atreva a decir su nombre’ (Anagrama), haya llevado al filósofo a un volatín intelectual tan repugnante. Promueve desde la primera página que la izquierda abrace el autoritarismo. ¿Por qué? ¿Para salvar la democracia? ¡No!, ¡para salvar al mundo! Mejor nuestra dictadura que la de los otros, parece ordenar. Y va con variaciones: para evitar la pérdida de derechos, que amenaza la extrema derecha, nos rendimos a un autoritarismo molón, «colectivo»; para impedir el triunfo del liberalismo, vaya exceso, nos arrodillamos; para curar a la democracia inane, la reventamos; o para salvarnos de la destrucción del planeta (sic)… Debe ser que ya no conviene recordar la infame represión de Lubianka y Gulag, que creó escuela, ni el estado de la ecología en las dictaduras comunistas, sin balances ni controles, del Vístula contaminando Gdansk al desastre de Chernóbil. ¿Ser de izquierdas es siempre salvífico, señor Zizek? En su libro es la respuesta a todos los problemas, el mundo dejaría de estar en peligro si aceptamos el autoritarismo que defiende hasta la última página, la imposición del poder de veras, «de los nuestros», sin límites, porque «a menudo necesitamos la figura de un Amo para que nos saque de nuestra inercia y nos obligue a ser libres». Ya lo hemos visto antes. Libres a palos, camaradas sin ojos en la cara, súbditos con indigestión. Desgraciadamente, la teoría llega tarde, sus resultados se han visto recientemente en Argentina y Colombia. ¡Lo mejor para parar a la derecha! ¡Qué cantamañanas! Llama la atención que la última recopilación de artículos de Slavoj Zizek, titulada ‘Una izquierda que se atreva a decir su nombre’ (Anagrama), haya llevado al filósofo a un volatín intelectual tan repugnante. Promueve desde la primera página que la izquierda abrace el autoritarismo. ¿Por qué? ¿Para salvar la democracia? ¡No!, ¡para salvar al mundo! Mejor nuestra dictadura que la de los otros, parece ordenar. Y va con variaciones: para evitar la pérdida de derechos, que amenaza la extrema derecha, nos rendimos a un autoritarismo molón, «colectivo»; para impedir el triunfo del liberalismo, vaya exceso, nos arrodillamos; para curar a la democracia inane, la reventamos; o para salvarnos de la destrucción del planeta (sic)… Debe ser que ya no conviene recordar la infame represión de Lubianka y Gulag, que creó escuela, ni el estado de la ecología en las dictaduras comunistas, sin balances ni controles, del Vístula contaminando Gdansk al desastre de Chernóbil. ¿Ser de izquierdas es siempre salvífico, señor Zizek? En su libro es la respuesta a todos los problemas, el mundo dejaría de estar en peligro si aceptamos el autoritarismo que defiende hasta la última página, la imposición del poder de veras, «de los nuestros», sin límites, porque «a menudo necesitamos la figura de un Amo para que nos saque de nuestra inercia y nos obligue a ser libres». Ya lo hemos visto antes. Libres a palos, camaradas sin ojos en la cara, súbditos con indigestión. Desgraciadamente, la teoría llega tarde, sus resultados se han visto recientemente en Argentina y Colombia. ¡Lo mejor para parar a la derecha! ¡Qué cantamañanas! RSS de noticias de cultura
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