<p>No nos engañemos. Los caballeros las prefieren más bajas y ellas, más altos. Aunque el hombre haya inventado el datáfono y la <i>airfryer</i>, en las relaciones erótico-afectivas sigue persistiendo el llamado mal de alturas. Nos quedamos sin oxígeno si nuestro posible <i>partenaire</i> no cumple los requisitos de la pareja canónica, y nosotras, oigan ustedes y qué casualidad, siempre por debajo. <strong>En el amor seguimos calculando poder con la cinta métrica bajo el brazo.</strong></p>
Pese a las sucesivas deconstrucciones del hombre heterosexual y el carro del feminismo empujando, la preferencia permanece. Nadie quiere ser Tom Cruise y Nicole Kidman en el 99 y escuchar las risitas
<p>No nos engañemos. Los caballeros las prefieren más bajas y ellas, más altos. Aunque el hombre haya inventado el datáfono y la <i>airfryer</i>, en las relaciones erótico-afectivas sigue persistiendo el llamado mal de alturas. Nos quedamos sin oxígeno si nuestro posible <i>partenaire</i> no cumple los requisitos de la pareja canónica, y nosotras, oigan ustedes y qué casualidad, siempre por debajo. <strong>En el amor seguimos calculando poder con la cinta métrica bajo el brazo.</strong></p>
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