«Los bichos que nacen de los claveles, somos Los Delinqüentes. Escucha lo que te digo…« Y las 18.000 personas que llenaban el Palau Sant Jordi de Barcelona vaya si escucharon. Incluso bailaron y saltaron y dieron palmas y garrapatearon sin parar en el esperado regreso de la banda jerezana. 25 años han pasado desde que su disco de debut volviera patas arriba la industria musical con su juventud, desparpajo y esa mezcla heterogénea de rumba, flamenco, blues, rock, funk y lo que haga falta. Y 14 desde la última vez que saltaran a los escenarios. Pero parece que el tiempo que ha pasado no importa en absoluto, porque la fiesta, la furia y la alegría contagiosa de aquellos adolescentes sigue viva, aunque ahora sus protagonistas lleguen a la cuarentena.Con ‘Bichos’ , esa mezcla de Sixto Rodríguez y guitarras rumberas, arrancaron un concierto que quería ir mucho más allá de la nostalgia y volver a corear unas canciones que ya son parte integral del canon del rock andaluz. Desde el principio, intercalaron su actuación en directo con las imágenes de Migue, el genio compositor detrás de la banda que murió tristemente a los 21 años. Pero aquí no había espacio para la tristeza, sólo para la celebración, y su presencia sólo despertó entusiasmo y ganas de entregarse a la banda.No había tiempo para introducciones, pero con ‘Lorenzo’, el Ratón, que hace de cantante, se atrevió a chapurrear el catalán, mal, pero de muy buen rollo, en el primero de los momentos felices y delirantes de su actuación. Superado, eso sí, por ‘Duende garrapata’ , con las imágenes y la voz de Migue perfectamente intercaladas con el directo y ‘Aire calle’, uno de los momentos más emotivos del arranque del concierto, con todo el público acompañando la voz de Migue. «No quiero amores, soy vagabundo de la noche», cantaba el malogrado músico, «yo nunca lloro porque vivo los carnavales me pongo la careta y me lanzo a la calle», concluyó y el público parecía llevar puesta la propia careta de Migue y cantar con él. Los homenajes no se quedaron allí y en ‘Tabanquero’ , sinfonía de rock andaluz de pura cepa, quisieron recordar también a Davide Santos, coautor de algunos de los himnos de la banda, fallecido en enero de este año a los 50 años de edad. «Ese Davide, bueno, cuanto te queremos, hermano», rezó el Ratón.Noticia relacionada reportaje No No PORTADA El ‘dream-team’ que está reformulando la música clásica Clara Molla PagánEl concierto seguía a un ritmo trepidante. Con ‘Nube pegatina’ volvieron a la rumba canalla, con la percusión como protagonista. dispuesta a contagiar su ritmo loco y desenfrenado hasta a los muertos. ‘Palestina libre y no a la guerra, hijo’, exclamó el Ratón antes de interpretar ‘Mis condiciones”, con Albertucho, voz invitada principal. Su desgarradora voz no deja indiferente. «Tengo mi cama para no dormir», decía antes de dar paso a la juguetona ‘Tartarichi’, una pirueta flamenca con toques chirigotescos.No se puede negar la entrega y el esfuerzo de un grupo que se atrevió a hacer de todo, con una banda compacta y bien engrasada que cogió al público de la mano y lo llevó donde quiso sin soltarla en ningún momento. ‘Bache’ , otra de esas canciones híbridas cien por cien Delinqüentes, con voces rumberas, guitarras blueseras y espíritu punk, aceleró los corazones. «Últimamente, entre tanta gente, me siento un delincuente», gritó Albertucho, y así se sentía el público, delincuente, porque el gran don de estos músicos es hacer partícipes a todos de su fiesta hasta hacerles creer que son parte de la banda.La banda jerezana rinde homenaje a Migue y Davide Santos en un concierto inolvidableEn ‘Fumata’ cayó un poco en ritmo del concierto, pero es que era imposible sostenerlo tan alto sin una combustión espontánea general. Incluso hubo una referencia a la banda sonora de la Pantera Rosa a través de sus icónicos pitos amplificados. El Migue volvió a la siguiente canción, con su particular rapsodia de las calles jerezanas. No es un acento, ni un timbre especial, es una conjunción perfecta entre la voz, la melodía y lo que se expresa, como si fuese imposible imaginar a otro decir eso mismo. Un acierto incontestable recuperarlo, aunque fuera sólo en vídeo.«La gente de Madrid está enfadada con nosotros porque hemos hecho el primer concierto aquí», reconocieron, asegurando que no podía ser de otra manera porque fue en Barcelona donde triunfaron por primera vez fuera de Jerez. «Veo muchos jóvenes, ¿cuantos habéis venido por primera vez a un concierto de Delinqüentes?», preguntó el Canijo. «Todos», bromeó el Ratón. «Que sepáis que vuestros padres y madres vinieron antes», insistió el Canijo. «Sobre todo los padres», recordó con guasa el Ratón. Entonces apareció un nuevo invitado, Lolo Morilla, vestido de bombero en una mezcla de ragtime y farsa cabaretera, antes de ponerse realmente psicodélicos y acelerados con ‘Calle molleja’ y ‘Garrapata mulata’ .Así se dio por concluida la primera parte del espectáculo, que volvió a arrancar con el jaleo de unas marionetas que introdujeron el set acústico que llegaría a continuación. «¡Garrapateo!» coreaba el público para que salieran otra vez cuanto antes. El acústico comenzó con ellos sentados con sus guitarras en el centro del escenario, así como un cajón. Sacaron su lado más poético, tranquilo y flamenco con un set que incluyó éxitos como ‘Poeta encadenado’ o ‘Matorrales’. «El concierto se ha acabado», dijo entonces el Ratón y al público casi le da un colapso. Volvieron, por supuesto, esa era siempre su intención, pero siempre está bien que te supliquen un poco para tu ego.Regresaron con la vacilona ‘Los Delinqüentes y la banda del ratón’, con su fanfarria a lo ‘Sgt. Pepper’s’ y con el público bailando la conga más larga del mundo. Con ‘ No llevamos na’ volvieron a la rumba catalana. «Nos llaman los Delinqüentes, no sé por qué será, si no nos llevamos na», cantan. «Que no llevamos na na na» coreó el público. ¿En serio han pasado 14 años de la última vez que actuaron en directo? Quizá sí. Al menor, en la frescura y las ganas de agradar, se notaba.Migue, presente en el showPorque pocas veces el Palau Sant Jordi ha visto caras más felices cuando las enfocaban en las pantallas gigantes. «Le le le le le le le eh», cantaban. «Olé la gente bonita, gracias», les contestaba el Migue desde el más acá. Con ‘Telescopio’ y ‘Rey regaliz ‘ empezó la recta final de un ‘show’ de dos horas largas, con un juego constante con el público. «Nos quedamos para abajo», chilló el Ratón y consiguió que todo el público se sentase en el suelo, en su momento Freddy Mercury de la noche. «Familia, escolta, una miqueta para aquí, una miqueta para aca», aullaba en catalán, hablando de acabar con Trump y Netanyahu en medio de una ensordecedora fiesta psicodélica llena de una percusión infinita que apenas dejaba oír a las guitarras.Hay que ser valientes, amigos. Así canta uno de los primeros versos de ‘Después’, otro de esos himnos que el público decidió que ya cantaban ellos mejor, oye. La banda se dedicó a homenajear al mejor rock andaluz de los 70 y primeros 80. Y con ‘Primavera trompetera’ ya llegó el delirio definitivo, en una noche memorable que cerró el reggae de ‘Pirata’, con la aparición sorpresa de Muchachito Bombo Infierno y el rap, vía vídeo, de La Excepción. «No venderemos discos ni ganaremos premios de la música, pero éste es nuestro legado», dijeron orgullosos, antes de dedicar ‘El abuelo Frederick’ a Peret, «una de nuestras máximas inspiraciones» y sacar a un abuelo al escenario con un porro gigante. ‘Chinchetas’ y ‘Trabubulandia’ pusieron la traca final a una fiesta rumbera excepcional, llena de magia y color. Ala, y ahora a garrapatear solos. La próxima parada, el 24 de abril en Madrid «Los bichos que nacen de los claveles, somos Los Delinqüentes. Escucha lo que te digo…« Y las 18.000 personas que llenaban el Palau Sant Jordi de Barcelona vaya si escucharon. Incluso bailaron y saltaron y dieron palmas y garrapatearon sin parar en el esperado regreso de la banda jerezana. 25 años han pasado desde que su disco de debut volviera patas arriba la industria musical con su juventud, desparpajo y esa mezcla heterogénea de rumba, flamenco, blues, rock, funk y lo que haga falta. Y 14 desde la última vez que saltaran a los escenarios. Pero parece que el tiempo que ha pasado no importa en absoluto, porque la fiesta, la furia y la alegría contagiosa de aquellos adolescentes sigue viva, aunque ahora sus protagonistas lleguen a la cuarentena.Con ‘Bichos’ , esa mezcla de Sixto Rodríguez y guitarras rumberas, arrancaron un concierto que quería ir mucho más allá de la nostalgia y volver a corear unas canciones que ya son parte integral del canon del rock andaluz. Desde el principio, intercalaron su actuación en directo con las imágenes de Migue, el genio compositor detrás de la banda que murió tristemente a los 21 años. Pero aquí no había espacio para la tristeza, sólo para la celebración, y su presencia sólo despertó entusiasmo y ganas de entregarse a la banda.No había tiempo para introducciones, pero con ‘Lorenzo’, el Ratón, que hace de cantante, se atrevió a chapurrear el catalán, mal, pero de muy buen rollo, en el primero de los momentos felices y delirantes de su actuación. Superado, eso sí, por ‘Duende garrapata’ , con las imágenes y la voz de Migue perfectamente intercaladas con el directo y ‘Aire calle’, uno de los momentos más emotivos del arranque del concierto, con todo el público acompañando la voz de Migue. «No quiero amores, soy vagabundo de la noche», cantaba el malogrado músico, «yo nunca lloro porque vivo los carnavales me pongo la careta y me lanzo a la calle», concluyó y el público parecía llevar puesta la propia careta de Migue y cantar con él. Los homenajes no se quedaron allí y en ‘Tabanquero’ , sinfonía de rock andaluz de pura cepa, quisieron recordar también a Davide Santos, coautor de algunos de los himnos de la banda, fallecido en enero de este año a los 50 años de edad. «Ese Davide, bueno, cuanto te queremos, hermano», rezó el Ratón.Noticia relacionada reportaje No No PORTADA El ‘dream-team’ que está reformulando la música clásica Clara Molla PagánEl concierto seguía a un ritmo trepidante. Con ‘Nube pegatina’ volvieron a la rumba canalla, con la percusión como protagonista. dispuesta a contagiar su ritmo loco y desenfrenado hasta a los muertos. ‘Palestina libre y no a la guerra, hijo’, exclamó el Ratón antes de interpretar ‘Mis condiciones”, con Albertucho, voz invitada principal. Su desgarradora voz no deja indiferente. «Tengo mi cama para no dormir», decía antes de dar paso a la juguetona ‘Tartarichi’, una pirueta flamenca con toques chirigotescos.No se puede negar la entrega y el esfuerzo de un grupo que se atrevió a hacer de todo, con una banda compacta y bien engrasada que cogió al público de la mano y lo llevó donde quiso sin soltarla en ningún momento. ‘Bache’ , otra de esas canciones híbridas cien por cien Delinqüentes, con voces rumberas, guitarras blueseras y espíritu punk, aceleró los corazones. «Últimamente, entre tanta gente, me siento un delincuente», gritó Albertucho, y así se sentía el público, delincuente, porque el gran don de estos músicos es hacer partícipes a todos de su fiesta hasta hacerles creer que son parte de la banda.La banda jerezana rinde homenaje a Migue y Davide Santos en un concierto inolvidableEn ‘Fumata’ cayó un poco en ritmo del concierto, pero es que era imposible sostenerlo tan alto sin una combustión espontánea general. Incluso hubo una referencia a la banda sonora de la Pantera Rosa a través de sus icónicos pitos amplificados. El Migue volvió a la siguiente canción, con su particular rapsodia de las calles jerezanas. No es un acento, ni un timbre especial, es una conjunción perfecta entre la voz, la melodía y lo que se expresa, como si fuese imposible imaginar a otro decir eso mismo. Un acierto incontestable recuperarlo, aunque fuera sólo en vídeo.«La gente de Madrid está enfadada con nosotros porque hemos hecho el primer concierto aquí», reconocieron, asegurando que no podía ser de otra manera porque fue en Barcelona donde triunfaron por primera vez fuera de Jerez. «Veo muchos jóvenes, ¿cuantos habéis venido por primera vez a un concierto de Delinqüentes?», preguntó el Canijo. «Todos», bromeó el Ratón. «Que sepáis que vuestros padres y madres vinieron antes», insistió el Canijo. «Sobre todo los padres», recordó con guasa el Ratón. Entonces apareció un nuevo invitado, Lolo Morilla, vestido de bombero en una mezcla de ragtime y farsa cabaretera, antes de ponerse realmente psicodélicos y acelerados con ‘Calle molleja’ y ‘Garrapata mulata’ .Así se dio por concluida la primera parte del espectáculo, que volvió a arrancar con el jaleo de unas marionetas que introdujeron el set acústico que llegaría a continuación. «¡Garrapateo!» coreaba el público para que salieran otra vez cuanto antes. El acústico comenzó con ellos sentados con sus guitarras en el centro del escenario, así como un cajón. Sacaron su lado más poético, tranquilo y flamenco con un set que incluyó éxitos como ‘Poeta encadenado’ o ‘Matorrales’. «El concierto se ha acabado», dijo entonces el Ratón y al público casi le da un colapso. Volvieron, por supuesto, esa era siempre su intención, pero siempre está bien que te supliquen un poco para tu ego.Regresaron con la vacilona ‘Los Delinqüentes y la banda del ratón’, con su fanfarria a lo ‘Sgt. Pepper’s’ y con el público bailando la conga más larga del mundo. Con ‘ No llevamos na’ volvieron a la rumba catalana. «Nos llaman los Delinqüentes, no sé por qué será, si no nos llevamos na», cantan. «Que no llevamos na na na» coreó el público. ¿En serio han pasado 14 años de la última vez que actuaron en directo? Quizá sí. Al menor, en la frescura y las ganas de agradar, se notaba.Migue, presente en el showPorque pocas veces el Palau Sant Jordi ha visto caras más felices cuando las enfocaban en las pantallas gigantes. «Le le le le le le le eh», cantaban. «Olé la gente bonita, gracias», les contestaba el Migue desde el más acá. Con ‘Telescopio’ y ‘Rey regaliz ‘ empezó la recta final de un ‘show’ de dos horas largas, con un juego constante con el público. «Nos quedamos para abajo», chilló el Ratón y consiguió que todo el público se sentase en el suelo, en su momento Freddy Mercury de la noche. «Familia, escolta, una miqueta para aquí, una miqueta para aca», aullaba en catalán, hablando de acabar con Trump y Netanyahu en medio de una ensordecedora fiesta psicodélica llena de una percusión infinita que apenas dejaba oír a las guitarras.Hay que ser valientes, amigos. Así canta uno de los primeros versos de ‘Después’, otro de esos himnos que el público decidió que ya cantaban ellos mejor, oye. La banda se dedicó a homenajear al mejor rock andaluz de los 70 y primeros 80. Y con ‘Primavera trompetera’ ya llegó el delirio definitivo, en una noche memorable que cerró el reggae de ‘Pirata’, con la aparición sorpresa de Muchachito Bombo Infierno y el rap, vía vídeo, de La Excepción. «No venderemos discos ni ganaremos premios de la música, pero éste es nuestro legado», dijeron orgullosos, antes de dedicar ‘El abuelo Frederick’ a Peret, «una de nuestras máximas inspiraciones» y sacar a un abuelo al escenario con un porro gigante. ‘Chinchetas’ y ‘Trabubulandia’ pusieron la traca final a una fiesta rumbera excepcional, llena de magia y color. Ala, y ahora a garrapatear solos. La próxima parada, el 24 de abril en Madrid «Los bichos que nacen de los claveles, somos Los Delinqüentes. Escucha lo que te digo…« Y las 18.000 personas que llenaban el Palau Sant Jordi de Barcelona vaya si escucharon. Incluso bailaron y saltaron y dieron palmas y garrapatearon sin parar en el esperado regreso de la banda jerezana. 25 años han pasado desde que su disco de debut volviera patas arriba la industria musical con su juventud, desparpajo y esa mezcla heterogénea de rumba, flamenco, blues, rock, funk y lo que haga falta. Y 14 desde la última vez que saltaran a los escenarios. Pero parece que el tiempo que ha pasado no importa en absoluto, porque la fiesta, la furia y la alegría contagiosa de aquellos adolescentes sigue viva, aunque ahora sus protagonistas lleguen a la cuarentena.Con ‘Bichos’ , esa mezcla de Sixto Rodríguez y guitarras rumberas, arrancaron un concierto que quería ir mucho más allá de la nostalgia y volver a corear unas canciones que ya son parte integral del canon del rock andaluz. Desde el principio, intercalaron su actuación en directo con las imágenes de Migue, el genio compositor detrás de la banda que murió tristemente a los 21 años. Pero aquí no había espacio para la tristeza, sólo para la celebración, y su presencia sólo despertó entusiasmo y ganas de entregarse a la banda.No había tiempo para introducciones, pero con ‘Lorenzo’, el Ratón, que hace de cantante, se atrevió a chapurrear el catalán, mal, pero de muy buen rollo, en el primero de los momentos felices y delirantes de su actuación. Superado, eso sí, por ‘Duende garrapata’ , con las imágenes y la voz de Migue perfectamente intercaladas con el directo y ‘Aire calle’, uno de los momentos más emotivos del arranque del concierto, con todo el público acompañando la voz de Migue. «No quiero amores, soy vagabundo de la noche», cantaba el malogrado músico, «yo nunca lloro porque vivo los carnavales me pongo la careta y me lanzo a la calle», concluyó y el público parecía llevar puesta la propia careta de Migue y cantar con él. Los homenajes no se quedaron allí y en ‘Tabanquero’ , sinfonía de rock andaluz de pura cepa, quisieron recordar también a Davide Santos, coautor de algunos de los himnos de la banda, fallecido en enero de este año a los 50 años de edad. «Ese Davide, bueno, cuanto te queremos, hermano», rezó el Ratón.Noticia relacionada reportaje No No PORTADA El ‘dream-team’ que está reformulando la música clásica Clara Molla PagánEl concierto seguía a un ritmo trepidante. Con ‘Nube pegatina’ volvieron a la rumba canalla, con la percusión como protagonista. dispuesta a contagiar su ritmo loco y desenfrenado hasta a los muertos. ‘Palestina libre y no a la guerra, hijo’, exclamó el Ratón antes de interpretar ‘Mis condiciones”, con Albertucho, voz invitada principal. Su desgarradora voz no deja indiferente. «Tengo mi cama para no dormir», decía antes de dar paso a la juguetona ‘Tartarichi’, una pirueta flamenca con toques chirigotescos.No se puede negar la entrega y el esfuerzo de un grupo que se atrevió a hacer de todo, con una banda compacta y bien engrasada que cogió al público de la mano y lo llevó donde quiso sin soltarla en ningún momento. ‘Bache’ , otra de esas canciones híbridas cien por cien Delinqüentes, con voces rumberas, guitarras blueseras y espíritu punk, aceleró los corazones. «Últimamente, entre tanta gente, me siento un delincuente», gritó Albertucho, y así se sentía el público, delincuente, porque el gran don de estos músicos es hacer partícipes a todos de su fiesta hasta hacerles creer que son parte de la banda.La banda jerezana rinde homenaje a Migue y Davide Santos en un concierto inolvidableEn ‘Fumata’ cayó un poco en ritmo del concierto, pero es que era imposible sostenerlo tan alto sin una combustión espontánea general. Incluso hubo una referencia a la banda sonora de la Pantera Rosa a través de sus icónicos pitos amplificados. El Migue volvió a la siguiente canción, con su particular rapsodia de las calles jerezanas. No es un acento, ni un timbre especial, es una conjunción perfecta entre la voz, la melodía y lo que se expresa, como si fuese imposible imaginar a otro decir eso mismo. Un acierto incontestable recuperarlo, aunque fuera sólo en vídeo.«La gente de Madrid está enfadada con nosotros porque hemos hecho el primer concierto aquí», reconocieron, asegurando que no podía ser de otra manera porque fue en Barcelona donde triunfaron por primera vez fuera de Jerez. «Veo muchos jóvenes, ¿cuantos habéis venido por primera vez a un concierto de Delinqüentes?», preguntó el Canijo. «Todos», bromeó el Ratón. «Que sepáis que vuestros padres y madres vinieron antes», insistió el Canijo. «Sobre todo los padres», recordó con guasa el Ratón. Entonces apareció un nuevo invitado, Lolo Morilla, vestido de bombero en una mezcla de ragtime y farsa cabaretera, antes de ponerse realmente psicodélicos y acelerados con ‘Calle molleja’ y ‘Garrapata mulata’ .Así se dio por concluida la primera parte del espectáculo, que volvió a arrancar con el jaleo de unas marionetas que introdujeron el set acústico que llegaría a continuación. «¡Garrapateo!» coreaba el público para que salieran otra vez cuanto antes. El acústico comenzó con ellos sentados con sus guitarras en el centro del escenario, así como un cajón. Sacaron su lado más poético, tranquilo y flamenco con un set que incluyó éxitos como ‘Poeta encadenado’ o ‘Matorrales’. «El concierto se ha acabado», dijo entonces el Ratón y al público casi le da un colapso. Volvieron, por supuesto, esa era siempre su intención, pero siempre está bien que te supliquen un poco para tu ego.Regresaron con la vacilona ‘Los Delinqüentes y la banda del ratón’, con su fanfarria a lo ‘Sgt. Pepper’s’ y con el público bailando la conga más larga del mundo. Con ‘ No llevamos na’ volvieron a la rumba catalana. «Nos llaman los Delinqüentes, no sé por qué será, si no nos llevamos na», cantan. «Que no llevamos na na na» coreó el público. ¿En serio han pasado 14 años de la última vez que actuaron en directo? Quizá sí. Al menor, en la frescura y las ganas de agradar, se notaba.Migue, presente en el showPorque pocas veces el Palau Sant Jordi ha visto caras más felices cuando las enfocaban en las pantallas gigantes. «Le le le le le le le eh», cantaban. «Olé la gente bonita, gracias», les contestaba el Migue desde el más acá. Con ‘Telescopio’ y ‘Rey regaliz ‘ empezó la recta final de un ‘show’ de dos horas largas, con un juego constante con el público. «Nos quedamos para abajo», chilló el Ratón y consiguió que todo el público se sentase en el suelo, en su momento Freddy Mercury de la noche. «Familia, escolta, una miqueta para aquí, una miqueta para aca», aullaba en catalán, hablando de acabar con Trump y Netanyahu en medio de una ensordecedora fiesta psicodélica llena de una percusión infinita que apenas dejaba oír a las guitarras.Hay que ser valientes, amigos. Así canta uno de los primeros versos de ‘Después’, otro de esos himnos que el público decidió que ya cantaban ellos mejor, oye. La banda se dedicó a homenajear al mejor rock andaluz de los 70 y primeros 80. Y con ‘Primavera trompetera’ ya llegó el delirio definitivo, en una noche memorable que cerró el reggae de ‘Pirata’, con la aparición sorpresa de Muchachito Bombo Infierno y el rap, vía vídeo, de La Excepción. «No venderemos discos ni ganaremos premios de la música, pero éste es nuestro legado», dijeron orgullosos, antes de dedicar ‘El abuelo Frederick’ a Peret, «una de nuestras máximas inspiraciones» y sacar a un abuelo al escenario con un porro gigante. ‘Chinchetas’ y ‘Trabubulandia’ pusieron la traca final a una fiesta rumbera excepcional, llena de magia y color. Ala, y ahora a garrapatear solos. La próxima parada, el 24 de abril en Madrid RSS de noticias de cultura
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