
En el amanecer de esta década, sobre todo a partir de 2022, España vivió un bum renovable que disparó la instalación de paneles fotovoltaicos y, en menor medida, de aerogeneradores. Sirvió, aunque menos de lo deseable, para atenuar algo el impacto de la crisis energética desatada por la invasión rusa de Ucrania. Y está sirviendo, ahora sí a gran escala, como escudo protector frente a las consecuencias de la guerra en Oriente Próximo y el peligrosísimo cierre del estrecho de Ormuz, que solo hoy parece tocar a su fin.
Si los precios de la electricidad siguieran tan vinculados a los del gas como en 2021, un hogar típico con la tarifa regulada habría pagado al mes casi un 20%. El clima también ha ayudado 
En el amanecer de esta década, sobre todo a partir de 2022, España vivió un bum renovable que disparó la instalación de paneles fotovoltaicos y, en menor medida, de aerogeneradores. Sirvió, aunque menos de lo deseable, para atenuar algo el impacto de la crisis energética desatada por la invasión rusa de Ucrania. Y está sirviendo, ahora sí a gran escala, como escudo protector frente a las consecuencias de la guerra en Oriente Próximo y el peligrosísimo cierre del estrecho de Ormuz, que solo hoy parece tocar a su fin.
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