El histórico disidente cubano Oswaldo Payá solía decir que vivía en un fuego cruzado. En mayo de 2002 logró el hito de entregar al Parlamento más de 11.000 firmas para exigir, ley en mano, la realización de un referendo para democratizar la isla. El gran apoyo popular que logró el llamado Proyecto Varela descolocó a La Habana y obligó a Fidel Castro a añadir, de forma exprés, una cláusula en la Constitución para que el socialismo sea irrevocable. Pero mientras Payá desafiaba al castrismo desde dentro –como pocos– usando sus propias normas, en las radios de Miami le llovían críticas por “legitimar” al sistema.
El cainismo histórico entre las distintas almas de la disidencia complican un plan que logre el consenso entre los críticos del régimen
El histórico disidente cubano Oswaldo Payá solía decir que vivía en un fuego cruzado. En mayo de 2002 logró el hito de entregar al Parlamento más de 11.000 firmas para exigir, ley en mano, la realización de un referendo para democratizar la isla. El gran apoyo popular que logró el llamado Proyecto Varela descolocó a La Habana y obligó a Fidel Castro a añadir, de forma exprés, una cláusula en la Constitución para que el socialismo sea irrevocable. Pero mientras Payá desafiaba al castrismo desde dentro –como pocos– usando sus propias normas, en las radios de Miami le llovían críticas por “legitimar” al sistema.
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