Es sabido que la Fórmula 1 es mucho más que un deporte en la acepción puramente atlética y humana de la palabra. Algunos, los más críticos o desinteresados, niegan incluso la condición deportiva a cualquier modalidad de motor. Ciertamente, no se puede negar la enorme importancia de la máquina en cualquiera de esas competiciones, pero cuando esos vehículos de alta tecnología y supremo rendimiento tienen que rodar sobre un circuito como el de Sepang, su influencia en el resultado decae en la misma proporción que crece la relevancia del hombre que maneja el volante.Cuando el fin de semana se vuelve raro y peliagudo, los viejos rockeros disfrutan sobre el asfalto. Ya es extraño participar en un gran premio que se llama «Baréin» y se disputa en Malasia, a 6.000 kilómetros del país original (así se decidió debido a la crisis política y bélica que se vive en Oriente Medio), pero lo que de verdad sorprende en el Mundial más impoluto del deporte internacional es encontrarse con un asfalto a la antigua.La pista de Sepang tan pronto hierve a 60 grados de temperatura como se enfría con rapidez cuando descarga una de esas tormentas tropicales tan frecuentes allí. Y claro, esa esquizofrenia meteorológica degrada sobremanera los materiales del asfalto. Y es ahí donde comienza la pesadilla para algunos y se abre la esperanza para otros.Los pilotos llegaron a la sesión de clasificación del GP de Malasia sabiendo que tocaba remangarse y tirar de manos. Porque, según lo visto en las tres sesiones de entrenamientos libres, la pista estaba, y está, juguetona y peligrosa. Poco agarre y muchas piedrecitas saltando y destrozando los protectores de los espejos retrovisores. Un caramelo para tipos como Verstappen, Alonso y Hamilton.La diferencia es que el tetracampeón mundial alemán maneja un Red Bull más que decente y competitivo mientras que el bicampeón español va sentado en un Aston Martin infumable. Aún así, Alonso hizo con cierta soltura el 14º mejor tiempo en la Q1 y afrontó con todo la Q2, una proeza visto sus paupérrimos resultados en sesiones de clasificación anteriores. A partir de ahí, se acabó. Esperó hasta el último suspiro de la Q2, salió a pista, fue amonestado por ir demasiado lento y cuando lanzó el ataque definitivo el coche inglés y, sobre todo, el penoso motor Honda que esconde bajo su chasis no dieron más de sí. Acabó 12º y ahí concluyó su buen trabajo sabatino. Algo parecido hizo Carlos Sainz a bordo de su Williams, otra tartana de época. El madrileño también despachó con profesionalidad impecable la Q1, fue 13º, e igualmente intentó la gesta de clasificarse para la Q3 definitiva. No coló. Acabó 13º, justo detrás de Alonso y, como el asturiano, quedó eliminado.Parrilla de salida del GP de Baréin. @F1Y en esa Q3, Verstappen confirmó el dominio que había exhibido desde el primer minuto de la sesión de clasificación. Firmó su primera pole del año, la primera que obtiene un motor diferente a Mercedes en lo que va de temporada 2026, por delante de Hamilton, que saldrá segundo. Lewis, otro veterano de mil guerras, también disfrutó y rindió como nunca en condiciones tan peculiares. Exprimió su Ferrari y en un postrero giro a Sepang pilotando al límite fue capaz de colarse por delante de Hadjar, el compañero de Verstappen en Red Bull. Es sabido que la Fórmula 1 es mucho más que un deporte en la acepción puramente atlética y humana de la palabra. Algunos, los más críticos o desinteresados, niegan incluso la condición deportiva a cualquier modalidad de motor. Ciertamente, no se puede negar la enorme importancia de la máquina en cualquiera de esas competiciones, pero cuando esos vehículos de alta tecnología y supremo rendimiento tienen que rodar sobre un circuito como el de Sepang, su influencia en el resultado decae en la misma proporción que crece la relevancia del hombre que maneja el volante.Cuando el fin de semana se vuelve raro y peliagudo, los viejos rockeros disfrutan sobre el asfalto. Ya es extraño participar en un gran premio que se llama «Baréin» y se disputa en Malasia, a 6.000 kilómetros del país original (así se decidió debido a la crisis política y bélica que se vive en Oriente Medio), pero lo que de verdad sorprende en el Mundial más impoluto del deporte internacional es encontrarse con un asfalto a la antigua.La pista de Sepang tan pronto hierve a 60 grados de temperatura como se enfría con rapidez cuando descarga una de esas tormentas tropicales tan frecuentes allí. Y claro, esa esquizofrenia meteorológica degrada sobremanera los materiales del asfalto. Y es ahí donde comienza la pesadilla para algunos y se abre la esperanza para otros.Los pilotos llegaron a la sesión de clasificación del GP de Malasia sabiendo que tocaba remangarse y tirar de manos. Porque, según lo visto en las tres sesiones de entrenamientos libres, la pista estaba, y está, juguetona y peligrosa. Poco agarre y muchas piedrecitas saltando y destrozando los protectores de los espejos retrovisores. Un caramelo para tipos como Verstappen, Alonso y Hamilton.La diferencia es que el tetracampeón mundial alemán maneja un Red Bull más que decente y competitivo mientras que el bicampeón español va sentado en un Aston Martin infumable. Aún así, Alonso hizo con cierta soltura el 14º mejor tiempo en la Q1 y afrontó con todo la Q2, una proeza visto sus paupérrimos resultados en sesiones de clasificación anteriores. A partir de ahí, se acabó. Esperó hasta el último suspiro de la Q2, salió a pista, fue amonestado por ir demasiado lento y cuando lanzó el ataque definitivo el coche inglés y, sobre todo, el penoso motor Honda que esconde bajo su chasis no dieron más de sí. Acabó 12º y ahí concluyó su buen trabajo sabatino. Algo parecido hizo Carlos Sainz a bordo de su Williams, otra tartana de época. El madrileño también despachó con profesionalidad impecable la Q1, fue 13º, e igualmente intentó la gesta de clasificarse para la Q3 definitiva. No coló. Acabó 13º, justo detrás de Alonso y, como el asturiano, quedó eliminado.Parrilla de salida del GP de Baréin. @F1Y en esa Q3, Verstappen confirmó el dominio que había exhibido desde el primer minuto de la sesión de clasificación. Firmó su primera pole del año, la primera que obtiene un motor diferente a Mercedes en lo que va de temporada 2026, por delante de Hamilton, que saldrá segundo. Lewis, otro veterano de mil guerras, también disfrutó y rindió como nunca en condiciones tan peculiares. Exprimió su Ferrari y en un postrero giro a Sepang pilotando al límite fue capaz de colarse por delante de Hadjar, el compañero de Verstappen en Red Bull. Es sabido que la Fórmula 1 es mucho más que un deporte en la acepción puramente atlética y humana de la palabra. Algunos, los más críticos o desinteresados, niegan incluso la condición deportiva a cualquier modalidad de motor. Ciertamente, no se puede negar la enorme importancia de la máquina en cualquiera de esas competiciones, pero cuando esos vehículos de alta tecnología y supremo rendimiento tienen que rodar sobre un circuito como el de Sepang, su influencia en el resultado decae en la misma proporción que crece la relevancia del hombre que maneja el volante.Cuando el fin de semana se vuelve raro y peliagudo, los viejos rockeros disfrutan sobre el asfalto. Ya es extraño participar en un gran premio que se llama «Baréin» y se disputa en Malasia, a 6.000 kilómetros del país original (así se decidió debido a la crisis política y bélica que se vive en Oriente Medio), pero lo que de verdad sorprende en el Mundial más impoluto del deporte internacional es encontrarse con un asfalto a la antigua.La pista de Sepang tan pronto hierve a 60 grados de temperatura como se enfría con rapidez cuando descarga una de esas tormentas tropicales tan frecuentes allí. Y claro, esa esquizofrenia meteorológica degrada sobremanera los materiales del asfalto. Y es ahí donde comienza la pesadilla para algunos y se abre la esperanza para otros.Los pilotos llegaron a la sesión de clasificación del GP de Malasia sabiendo que tocaba remangarse y tirar de manos. Porque, según lo visto en las tres sesiones de entrenamientos libres, la pista estaba, y está, juguetona y peligrosa. Poco agarre y muchas piedrecitas saltando y destrozando los protectores de los espejos retrovisores. Un caramelo para tipos como Verstappen, Alonso y Hamilton.La diferencia es que el tetracampeón mundial alemán maneja un Red Bull más que decente y competitivo mientras que el bicampeón español va sentado en un Aston Martin infumable. Aún así, Alonso hizo con cierta soltura el 14º mejor tiempo en la Q1 y afrontó con todo la Q2, una proeza visto sus paupérrimos resultados en sesiones de clasificación anteriores. A partir de ahí, se acabó. Esperó hasta el último suspiro de la Q2, salió a pista, fue amonestado por ir demasiado lento y cuando lanzó el ataque definitivo el coche inglés y, sobre todo, el penoso motor Honda que esconde bajo su chasis no dieron más de sí. Acabó 12º y ahí concluyó su buen trabajo sabatino. Algo parecido hizo Carlos Sainz a bordo de su Williams, otra tartana de época. El madrileño también despachó con profesionalidad impecable la Q1, fue 13º, e igualmente intentó la gesta de clasificarse para la Q3 definitiva. No coló. Acabó 13º, justo detrás de Alonso y, como el asturiano, quedó eliminado.Parrilla de salida del GP de Baréin. @F1Y en esa Q3, Verstappen confirmó el dominio que había exhibido desde el primer minuto de la sesión de clasificación. Firmó su primera pole del año, la primera que obtiene un motor diferente a Mercedes en lo que va de temporada 2026, por delante de Hamilton, que saldrá segundo. Lewis, otro veterano de mil guerras, también disfrutó y rindió como nunca en condiciones tan peculiares. Exprimió su Ferrari y en un postrero giro a Sepang pilotando al límite fue capaz de colarse por delante de Hadjar, el compañero de Verstappen en Red Bull. RSS de noticias de deportes
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