No era fácil ser alcalde en la primera corporación de la democracia. Y en Sevilla, menos. Mil ojos puestos en lo que iba a ocurrir, después de que las urnas arrojaran un resultado poco claro, que podía tirar lo mismo para la derecha que para la izquierda. Y acaso a un centro andalucista, que estaba por inventar, pero que anidaba en el pensamiento profundo de Uruñuela. Así al menos me lo pareció, por su gestión política de aquellos cuatro años difíciles (1979–1983), en los que tuvimos que inventarlo todo. Incluso un gobierno tripartito de izquierda. (Entonces los andalucistas se consideraban de este signo político). Lo nunca visto en la peligrosa ciudad del Betis.
En aquellos cuatro años difíciles (1979–1983) tuvimos que inventarlo todo. Incluso un gobierno tripartito de izquierda
No era fácil ser alcalde en la primera corporación de la democracia. Y en Sevilla, menos. Mil ojos puestos en lo que iba a ocurrir, después de que las urnas arrojaran un resultado poco claro, que podía tirar lo mismo para la derecha que para la izquierda. Y acaso a un centro andalucista, que estaba por inventar, pero que anidaba en el pensamiento profundo de Uruñuela. Así al menos me lo pareció, por su gestión política de aquellos cuatro años difíciles (1979–1983), en los que tuvimos que inventarlo todo. Incluso un gobierno tripartito de izquierda. (Entonces los andalucistas se consideraban de este signo político). Lo nunca visto en la peligrosa ciudad del Betis.
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