Viajar durante el verano no siempre exige tomar un avión. También puede comenzar al sentarse a una mesa, pedir un cóctel refrescante o un coco natural abierto con una cañita y dejar que los aromas de la hierba limón, el anís, la canela y las carnes a la barbacoa trasladen al comensal hasta el sudeste asiático. Esa es la experiencia que propone Madame Saigon, el nuevo restaurante vietnamita abierto en el número 238 de la calle Aragón de Barcelona, de ambiente acogedor y colorista por sus techos repletos de farolillos y con un personal de trato cercano encabezado por la catalana Lucia de rasgos orientales.El establecimiento llega al Eixample después del éxito del primer Madame Saigon en Rotterdam, impulsado por Son, un cocinero de origen vietnamita que ha construido el proyecto a partir de recetas familiares transmitidas durante generaciones . La apertura barcelonesa evita así tener que desplazarse hasta los Países Bajos para descubrir una cocina que tiene su punto de partida mucho más lejos, en el antiguo Saigón, la actual Ho Chi Minh City, la ciudad más poblada de Vietnam y su principal motor económico frente a Hanoi, la capital política y administrativa, situada al norte y menos poblada.Madame Saigon amplía el mapa vietnamita de Barcelona con una propuesta centrada en el sur del país, menos representado hasta ahora en la restauración de la ciudad que la tradición de Hanoi y del norte. Su carta, profusamente ilustrada con fotografías de los platos, busca reproducir el equilibrio entre frescura, perfume, texturas y cocciones pacientes que caracteriza las recetas familiares de Saigón. La experiencia sorprende por lo refrescante de sus propuestas, no solo las líquidas. La relación calidad precio está muy equilibrada y el ticket medio ronda los 25 euros, pero el establecimiento también dispone de un menú los días laborables por 15,80 euros compuesto de entrante, plato principal, postre y bebida.La distinción regional no es una simple cuestión geográfica . Vietnam posee tradiciones culinarias diferentes en el norte, el centro y el sur. En torno a Hanoi predominan sabores generalmente más sutiles, equilibrados y contenidos, con un uso menos acusado del azúcar y del picante. De esta zona proceden preparaciones tan conocidas como el bún chả, el bánh cuốn o algunas de las versiones más clásicas del pho.Por su parte, la cocina meridional, favorecida por un clima cálido y una mayor abundancia de frutas, verduras y hierbas , tiende a incorporar sabores algo más dulces y ácidos, abundante vegetación fresca, ajo, chalota, coco y contrastes más pronunciados. También recoge aportaciones chinas, camboyanas y de otras culturas del sudeste asiático.El verano en un cuencoAunque el pho es un plato caliente, la ligereza de sus caldos y la presencia de hierbas frescas lo convierten en una elaboración apta incluso para los meses estivales. En Madame Saigon, los fondos de ternera o pollo se cocinan durante horas para extraer el sabor sin obtener sopas pesadas ni excesivamente grasas. El restaurante asegura disponer de una de las cartas de pho más amplias de Barcelona , con distintas versiones y niveles de picante. El resultado son caldos claros y aromáticos acompañados de fideos de arroz, carne, brotes y hierbas que cada comensal puede ajustar a su gusto.El tiempo es uno de los principales ingredientes de esta cocina. Las especias —canela, anís, nuez moscada o cúrcuma— aportan profundidad, pero no enmascaran el producto. El lemongrass o hierba limón, presente en numerosas recetas , proporciona el perfume cítrico que identifica muchos de los platos del sudeste asiático.Sin embargo, el principal atractivo veraniego aparece en las preparaciones más frescas y fáciles de compartir . Las ensaladas, los rollitos vietnamitas y los bún (finos fideos de arroz acompañados de verduras, hierbas, carne y salsa de pescado) componen platos ligeros en los que se mezclan elementos crujientes, ácidos y aromáticos.Crepes que se comen con las manosLa carta incluye también el bánh xèo, una crepe crujiente preparada con harina de arroz y cúrcuma . Se sirve acompañada de hojas de lechuga, que se utilizan para envolver los fragmentos de la crepe antes de mojarlos en la salsa. El cronista probó el relleno de gambones con cerdo con un resultado realmente refrescante.La elaboración resume buena parte del espíritu vietnamita: comer con las manos, combinar temperaturas y texturas y conseguir que un bocado sea simultáneamente crujiente, vegetal, ácido y aromático. En Saigón y Hanoi, la cocina se vive en las calles, los mercados y los pequeños establecimientos donde las recetas se preparan ante el cliente. El bánh xèo forma parte de ese repertorio popular del sur vietnamita .El ágape puede comenzar con cualquiera de las shrimp ensaladas vietnamitas con mango, zanahoria, cebolla, cilantro y menta, con pollo, gambas o tofu, que llegan a la mesa con unas tortitas a modo de cuencos comestibles donde depositar los refrescantes bocados. Hay que seguir con un Bánh Xèo Chay, la tortita vietnamita crujiente ya reseñada a la que se añade brotes de soja, zanahoria, cebollino, ternera y gambas, que se sazona con una salsa de pescado muy sutil y refrescante antes de introducir los bocados en una gran hoja de lechuga, para conferir varias capas al platillo.También hay que probar los rollitos frescos de ternera envueltos en papel de arroz o Gói Cuon Tôm con dos tipos de salsa. O los buns como el de gambas a la parrilla en bowls de fideos que incluyen los de arroz vermicelli aderezados con cebolleta, brotes de soja, pepino, lechuga, hierbas, cacahuetes y salsa de pescado casera. Y, de postre, antes del café vietnamita, es recomendable entregarse a la experiencia de una propuesta a base de gelatinas de castaña, judía y agua de pandan con leche de coco , todo ello con hielo picado que, después de mezclarlo, se puede comer con cuchara o con una cañita ancha por la que pasan las gelatinas como si fueran fideos gordos. Exquisito.Resultan apropiadas para las noches de calor las carnes marinadas con hierba limón y las brochetas de ternera cocinadas a la barbacoa . El fuego aporta el contrapunto tostado a una cocina donde las hojas frescas, los encurtidos y las salsas sirven para aligerar cada bocado. También se ofrecen unidades limitadas de cordero a la brasa.Los cócteles prolongan el viaje desde la mesa hasta las noches tropicales de Saigón. Sus perfiles cítricos, frutales y refrescantes encajan con una carta que busca jugar con el contraste entre lo dulce, lo ácido, lo especiado y lo fresco. Muy recomendable, aunque con unidades limitadas, es el coco natural que se presenta en mesa tallado y con una hendidura por la que sorber su jugo con una cañita para, posteriormente, comer la pulpa una vez lo pide el comensal para que se lo abran.Un bocadillo entre Francia y VietnamEntre los platos más representativos de Madame Saigon se encuentra el bánh mì, posiblemente la huella más popular del encuentro entre Francia y Vietnam. Los colonizadores franceses introdujeron la baguette, el paté, el café, la mantequilla y otros productos europeos, que la cocina local terminó adaptando a sus ingredientes y costumbres.La baguette se convirtió en un pan más ligero y crujiente, relleno con carnes, paté, encurtidos, pepino, cilantro, guindilla y salsas vietnamitas . Aunque hoy se encuentra en todo el país, el bánh mì adquirió su identidad contemporánea como comida callejera especialmente vinculada a Saigón durante el siglo XX.La influencia francesa no debe interpretarse como una imitación de la cocina europea, sino como una apropiación creativa. Vietnam incorporó la baguette, el café, el paté o las ensaladas a una despensa dominada por arroz, salsa de pescado, hierbas aromáticas, verduras encurtidas y especias. El resultado constituye una cocina propia, reconocible y profundamente popular . Resulta espectacular cualquiera de las propuestas de café, que es más amargo de lo habitual pero que en el establecimiento se prepara de distintas formas y la que recomienda el cronista es con nata salada y caramelo también salado, además de notable presencia de hielo, convirtiendo el trago en un granizado o frappé .Gran parte de las propuestas de Madame Saigon son además naturalmente aptas para personas que siguen una alimentación sin gluten , ya que los fideos, las obleas, las crepes y otras elaboraciones se preparan con arroz. Conviene, no obstante, consultar cada plato y las posibles contaminaciones cruzadas con el restaurante. El restaurante no pretende ofrecer una visión enciclopédica de todo Vietnam. Su interés reside precisamente en acotar el viaje y concentrarse en la tradición culinaria del sur, más exuberante, tropical y mestiza.Barcelona incorpora así, de lunes a domingo, de 13h a 16h y de 19h a 23h un nuevo destino gastronómico donde alternar un cuenco de pho con una ensalada, unas brochetas a la parrilla, un bánh mì o unos rollitos. Una posibilidad de viajar hasta Saigón sin abandonar el Eixample y, de paso, sin tener que pasar primero por Rotterdam. Viajar durante el verano no siempre exige tomar un avión. También puede comenzar al sentarse a una mesa, pedir un cóctel refrescante o un coco natural abierto con una cañita y dejar que los aromas de la hierba limón, el anís, la canela y las carnes a la barbacoa trasladen al comensal hasta el sudeste asiático. Esa es la experiencia que propone Madame Saigon, el nuevo restaurante vietnamita abierto en el número 238 de la calle Aragón de Barcelona, de ambiente acogedor y colorista por sus techos repletos de farolillos y con un personal de trato cercano encabezado por la catalana Lucia de rasgos orientales.El establecimiento llega al Eixample después del éxito del primer Madame Saigon en Rotterdam, impulsado por Son, un cocinero de origen vietnamita que ha construido el proyecto a partir de recetas familiares transmitidas durante generaciones . La apertura barcelonesa evita así tener que desplazarse hasta los Países Bajos para descubrir una cocina que tiene su punto de partida mucho más lejos, en el antiguo Saigón, la actual Ho Chi Minh City, la ciudad más poblada de Vietnam y su principal motor económico frente a Hanoi, la capital política y administrativa, situada al norte y menos poblada.Madame Saigon amplía el mapa vietnamita de Barcelona con una propuesta centrada en el sur del país, menos representado hasta ahora en la restauración de la ciudad que la tradición de Hanoi y del norte. Su carta, profusamente ilustrada con fotografías de los platos, busca reproducir el equilibrio entre frescura, perfume, texturas y cocciones pacientes que caracteriza las recetas familiares de Saigón. La experiencia sorprende por lo refrescante de sus propuestas, no solo las líquidas. La relación calidad precio está muy equilibrada y el ticket medio ronda los 25 euros, pero el establecimiento también dispone de un menú los días laborables por 15,80 euros compuesto de entrante, plato principal, postre y bebida.La distinción regional no es una simple cuestión geográfica . Vietnam posee tradiciones culinarias diferentes en el norte, el centro y el sur. En torno a Hanoi predominan sabores generalmente más sutiles, equilibrados y contenidos, con un uso menos acusado del azúcar y del picante. De esta zona proceden preparaciones tan conocidas como el bún chả, el bánh cuốn o algunas de las versiones más clásicas del pho.Por su parte, la cocina meridional, favorecida por un clima cálido y una mayor abundancia de frutas, verduras y hierbas , tiende a incorporar sabores algo más dulces y ácidos, abundante vegetación fresca, ajo, chalota, coco y contrastes más pronunciados. También recoge aportaciones chinas, camboyanas y de otras culturas del sudeste asiático.El verano en un cuencoAunque el pho es un plato caliente, la ligereza de sus caldos y la presencia de hierbas frescas lo convierten en una elaboración apta incluso para los meses estivales. En Madame Saigon, los fondos de ternera o pollo se cocinan durante horas para extraer el sabor sin obtener sopas pesadas ni excesivamente grasas. El restaurante asegura disponer de una de las cartas de pho más amplias de Barcelona , con distintas versiones y niveles de picante. El resultado son caldos claros y aromáticos acompañados de fideos de arroz, carne, brotes y hierbas que cada comensal puede ajustar a su gusto.El tiempo es uno de los principales ingredientes de esta cocina. Las especias —canela, anís, nuez moscada o cúrcuma— aportan profundidad, pero no enmascaran el producto. El lemongrass o hierba limón, presente en numerosas recetas , proporciona el perfume cítrico que identifica muchos de los platos del sudeste asiático.Sin embargo, el principal atractivo veraniego aparece en las preparaciones más frescas y fáciles de compartir . Las ensaladas, los rollitos vietnamitas y los bún (finos fideos de arroz acompañados de verduras, hierbas, carne y salsa de pescado) componen platos ligeros en los que se mezclan elementos crujientes, ácidos y aromáticos.Crepes que se comen con las manosLa carta incluye también el bánh xèo, una crepe crujiente preparada con harina de arroz y cúrcuma . Se sirve acompañada de hojas de lechuga, que se utilizan para envolver los fragmentos de la crepe antes de mojarlos en la salsa. El cronista probó el relleno de gambones con cerdo con un resultado realmente refrescante.La elaboración resume buena parte del espíritu vietnamita: comer con las manos, combinar temperaturas y texturas y conseguir que un bocado sea simultáneamente crujiente, vegetal, ácido y aromático. En Saigón y Hanoi, la cocina se vive en las calles, los mercados y los pequeños establecimientos donde las recetas se preparan ante el cliente. El bánh xèo forma parte de ese repertorio popular del sur vietnamita .El ágape puede comenzar con cualquiera de las shrimp ensaladas vietnamitas con mango, zanahoria, cebolla, cilantro y menta, con pollo, gambas o tofu, que llegan a la mesa con unas tortitas a modo de cuencos comestibles donde depositar los refrescantes bocados. Hay que seguir con un Bánh Xèo Chay, la tortita vietnamita crujiente ya reseñada a la que se añade brotes de soja, zanahoria, cebollino, ternera y gambas, que se sazona con una salsa de pescado muy sutil y refrescante antes de introducir los bocados en una gran hoja de lechuga, para conferir varias capas al platillo.También hay que probar los rollitos frescos de ternera envueltos en papel de arroz o Gói Cuon Tôm con dos tipos de salsa. O los buns como el de gambas a la parrilla en bowls de fideos que incluyen los de arroz vermicelli aderezados con cebolleta, brotes de soja, pepino, lechuga, hierbas, cacahuetes y salsa de pescado casera. Y, de postre, antes del café vietnamita, es recomendable entregarse a la experiencia de una propuesta a base de gelatinas de castaña, judía y agua de pandan con leche de coco , todo ello con hielo picado que, después de mezclarlo, se puede comer con cuchara o con una cañita ancha por la que pasan las gelatinas como si fueran fideos gordos. Exquisito.Resultan apropiadas para las noches de calor las carnes marinadas con hierba limón y las brochetas de ternera cocinadas a la barbacoa . El fuego aporta el contrapunto tostado a una cocina donde las hojas frescas, los encurtidos y las salsas sirven para aligerar cada bocado. También se ofrecen unidades limitadas de cordero a la brasa.Los cócteles prolongan el viaje desde la mesa hasta las noches tropicales de Saigón. Sus perfiles cítricos, frutales y refrescantes encajan con una carta que busca jugar con el contraste entre lo dulce, lo ácido, lo especiado y lo fresco. Muy recomendable, aunque con unidades limitadas, es el coco natural que se presenta en mesa tallado y con una hendidura por la que sorber su jugo con una cañita para, posteriormente, comer la pulpa una vez lo pide el comensal para que se lo abran.Un bocadillo entre Francia y VietnamEntre los platos más representativos de Madame Saigon se encuentra el bánh mì, posiblemente la huella más popular del encuentro entre Francia y Vietnam. Los colonizadores franceses introdujeron la baguette, el paté, el café, la mantequilla y otros productos europeos, que la cocina local terminó adaptando a sus ingredientes y costumbres.La baguette se convirtió en un pan más ligero y crujiente, relleno con carnes, paté, encurtidos, pepino, cilantro, guindilla y salsas vietnamitas . Aunque hoy se encuentra en todo el país, el bánh mì adquirió su identidad contemporánea como comida callejera especialmente vinculada a Saigón durante el siglo XX.La influencia francesa no debe interpretarse como una imitación de la cocina europea, sino como una apropiación creativa. Vietnam incorporó la baguette, el café, el paté o las ensaladas a una despensa dominada por arroz, salsa de pescado, hierbas aromáticas, verduras encurtidas y especias. El resultado constituye una cocina propia, reconocible y profundamente popular . Resulta espectacular cualquiera de las propuestas de café, que es más amargo de lo habitual pero que en el establecimiento se prepara de distintas formas y la que recomienda el cronista es con nata salada y caramelo también salado, además de notable presencia de hielo, convirtiendo el trago en un granizado o frappé .Gran parte de las propuestas de Madame Saigon son además naturalmente aptas para personas que siguen una alimentación sin gluten , ya que los fideos, las obleas, las crepes y otras elaboraciones se preparan con arroz. Conviene, no obstante, consultar cada plato y las posibles contaminaciones cruzadas con el restaurante. El restaurante no pretende ofrecer una visión enciclopédica de todo Vietnam. Su interés reside precisamente en acotar el viaje y concentrarse en la tradición culinaria del sur, más exuberante, tropical y mestiza.Barcelona incorpora así, de lunes a domingo, de 13h a 16h y de 19h a 23h un nuevo destino gastronómico donde alternar un cuenco de pho con una ensalada, unas brochetas a la parrilla, un bánh mì o unos rollitos. Una posibilidad de viajar hasta Saigón sin abandonar el Eixample y, de paso, sin tener que pasar primero por Rotterdam. Viajar durante el verano no siempre exige tomar un avión. También puede comenzar al sentarse a una mesa, pedir un cóctel refrescante o un coco natural abierto con una cañita y dejar que los aromas de la hierba limón, el anís, la canela y las carnes a la barbacoa trasladen al comensal hasta el sudeste asiático. Esa es la experiencia que propone Madame Saigon, el nuevo restaurante vietnamita abierto en el número 238 de la calle Aragón de Barcelona, de ambiente acogedor y colorista por sus techos repletos de farolillos y con un personal de trato cercano encabezado por la catalana Lucia de rasgos orientales.El establecimiento llega al Eixample después del éxito del primer Madame Saigon en Rotterdam, impulsado por Son, un cocinero de origen vietnamita que ha construido el proyecto a partir de recetas familiares transmitidas durante generaciones . La apertura barcelonesa evita así tener que desplazarse hasta los Países Bajos para descubrir una cocina que tiene su punto de partida mucho más lejos, en el antiguo Saigón, la actual Ho Chi Minh City, la ciudad más poblada de Vietnam y su principal motor económico frente a Hanoi, la capital política y administrativa, situada al norte y menos poblada.Madame Saigon amplía el mapa vietnamita de Barcelona con una propuesta centrada en el sur del país, menos representado hasta ahora en la restauración de la ciudad que la tradición de Hanoi y del norte. Su carta, profusamente ilustrada con fotografías de los platos, busca reproducir el equilibrio entre frescura, perfume, texturas y cocciones pacientes que caracteriza las recetas familiares de Saigón. La experiencia sorprende por lo refrescante de sus propuestas, no solo las líquidas. La relación calidad precio está muy equilibrada y el ticket medio ronda los 25 euros, pero el establecimiento también dispone de un menú los días laborables por 15,80 euros compuesto de entrante, plato principal, postre y bebida.La distinción regional no es una simple cuestión geográfica . Vietnam posee tradiciones culinarias diferentes en el norte, el centro y el sur. En torno a Hanoi predominan sabores generalmente más sutiles, equilibrados y contenidos, con un uso menos acusado del azúcar y del picante. De esta zona proceden preparaciones tan conocidas como el bún chả, el bánh cuốn o algunas de las versiones más clásicas del pho.Por su parte, la cocina meridional, favorecida por un clima cálido y una mayor abundancia de frutas, verduras y hierbas , tiende a incorporar sabores algo más dulces y ácidos, abundante vegetación fresca, ajo, chalota, coco y contrastes más pronunciados. También recoge aportaciones chinas, camboyanas y de otras culturas del sudeste asiático.El verano en un cuencoAunque el pho es un plato caliente, la ligereza de sus caldos y la presencia de hierbas frescas lo convierten en una elaboración apta incluso para los meses estivales. En Madame Saigon, los fondos de ternera o pollo se cocinan durante horas para extraer el sabor sin obtener sopas pesadas ni excesivamente grasas. El restaurante asegura disponer de una de las cartas de pho más amplias de Barcelona , con distintas versiones y niveles de picante. El resultado son caldos claros y aromáticos acompañados de fideos de arroz, carne, brotes y hierbas que cada comensal puede ajustar a su gusto.El tiempo es uno de los principales ingredientes de esta cocina. Las especias —canela, anís, nuez moscada o cúrcuma— aportan profundidad, pero no enmascaran el producto. El lemongrass o hierba limón, presente en numerosas recetas , proporciona el perfume cítrico que identifica muchos de los platos del sudeste asiático.Sin embargo, el principal atractivo veraniego aparece en las preparaciones más frescas y fáciles de compartir . Las ensaladas, los rollitos vietnamitas y los bún (finos fideos de arroz acompañados de verduras, hierbas, carne y salsa de pescado) componen platos ligeros en los que se mezclan elementos crujientes, ácidos y aromáticos.Crepes que se comen con las manosLa carta incluye también el bánh xèo, una crepe crujiente preparada con harina de arroz y cúrcuma . Se sirve acompañada de hojas de lechuga, que se utilizan para envolver los fragmentos de la crepe antes de mojarlos en la salsa. El cronista probó el relleno de gambones con cerdo con un resultado realmente refrescante.La elaboración resume buena parte del espíritu vietnamita: comer con las manos, combinar temperaturas y texturas y conseguir que un bocado sea simultáneamente crujiente, vegetal, ácido y aromático. En Saigón y Hanoi, la cocina se vive en las calles, los mercados y los pequeños establecimientos donde las recetas se preparan ante el cliente. El bánh xèo forma parte de ese repertorio popular del sur vietnamita .El ágape puede comenzar con cualquiera de las shrimp ensaladas vietnamitas con mango, zanahoria, cebolla, cilantro y menta, con pollo, gambas o tofu, que llegan a la mesa con unas tortitas a modo de cuencos comestibles donde depositar los refrescantes bocados. Hay que seguir con un Bánh Xèo Chay, la tortita vietnamita crujiente ya reseñada a la que se añade brotes de soja, zanahoria, cebollino, ternera y gambas, que se sazona con una salsa de pescado muy sutil y refrescante antes de introducir los bocados en una gran hoja de lechuga, para conferir varias capas al platillo.También hay que probar los rollitos frescos de ternera envueltos en papel de arroz o Gói Cuon Tôm con dos tipos de salsa. O los buns como el de gambas a la parrilla en bowls de fideos que incluyen los de arroz vermicelli aderezados con cebolleta, brotes de soja, pepino, lechuga, hierbas, cacahuetes y salsa de pescado casera. Y, de postre, antes del café vietnamita, es recomendable entregarse a la experiencia de una propuesta a base de gelatinas de castaña, judía y agua de pandan con leche de coco , todo ello con hielo picado que, después de mezclarlo, se puede comer con cuchara o con una cañita ancha por la que pasan las gelatinas como si fueran fideos gordos. Exquisito.Resultan apropiadas para las noches de calor las carnes marinadas con hierba limón y las brochetas de ternera cocinadas a la barbacoa . El fuego aporta el contrapunto tostado a una cocina donde las hojas frescas, los encurtidos y las salsas sirven para aligerar cada bocado. También se ofrecen unidades limitadas de cordero a la brasa.Los cócteles prolongan el viaje desde la mesa hasta las noches tropicales de Saigón. Sus perfiles cítricos, frutales y refrescantes encajan con una carta que busca jugar con el contraste entre lo dulce, lo ácido, lo especiado y lo fresco. Muy recomendable, aunque con unidades limitadas, es el coco natural que se presenta en mesa tallado y con una hendidura por la que sorber su jugo con una cañita para, posteriormente, comer la pulpa una vez lo pide el comensal para que se lo abran.Un bocadillo entre Francia y VietnamEntre los platos más representativos de Madame Saigon se encuentra el bánh mì, posiblemente la huella más popular del encuentro entre Francia y Vietnam. Los colonizadores franceses introdujeron la baguette, el paté, el café, la mantequilla y otros productos europeos, que la cocina local terminó adaptando a sus ingredientes y costumbres.La baguette se convirtió en un pan más ligero y crujiente, relleno con carnes, paté, encurtidos, pepino, cilantro, guindilla y salsas vietnamitas . Aunque hoy se encuentra en todo el país, el bánh mì adquirió su identidad contemporánea como comida callejera especialmente vinculada a Saigón durante el siglo XX.La influencia francesa no debe interpretarse como una imitación de la cocina europea, sino como una apropiación creativa. Vietnam incorporó la baguette, el café, el paté o las ensaladas a una despensa dominada por arroz, salsa de pescado, hierbas aromáticas, verduras encurtidas y especias. El resultado constituye una cocina propia, reconocible y profundamente popular . Resulta espectacular cualquiera de las propuestas de café, que es más amargo de lo habitual pero que en el establecimiento se prepara de distintas formas y la que recomienda el cronista es con nata salada y caramelo también salado, además de notable presencia de hielo, convirtiendo el trago en un granizado o frappé .Gran parte de las propuestas de Madame Saigon son además naturalmente aptas para personas que siguen una alimentación sin gluten , ya que los fideos, las obleas, las crepes y otras elaboraciones se preparan con arroz. Conviene, no obstante, consultar cada plato y las posibles contaminaciones cruzadas con el restaurante. El restaurante no pretende ofrecer una visión enciclopédica de todo Vietnam. Su interés reside precisamente en acotar el viaje y concentrarse en la tradición culinaria del sur, más exuberante, tropical y mestiza.Barcelona incorpora así, de lunes a domingo, de 13h a 16h y de 19h a 23h un nuevo destino gastronómico donde alternar un cuenco de pho con una ensalada, unas brochetas a la parrilla, un bánh mì o unos rollitos. Una posibilidad de viajar hasta Saigón sin abandonar el Eixample y, de paso, sin tener que pasar primero por Rotterdam. RSS de noticias de espana
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