El número de referencias que aparecen en Google cuando se teclea su nombre es muy elevado. Mucho más de los años que lleva en activo María Jesús Montero (Sevilla 1966). Aunque la candidata del PSOE a la Junta de Andalucía es licenciada en Medicina y Cirugía no ha ejercido como galeno ya que prácticamente desde sus inicios, se ha dedicado a la gestión. Primero de los hospitales y luego de las consejerías y ministerios por los que ha ido pasando desde hace 22 años.«Prácticamente no ha pisado un quirófano» , dice un antiguo compañero de la Universidad de Sevilla de aquellos años en los que aquella estudiante de Medicina ya estaba en los sitios donde había polémica. Participaba en las protestas estudiantiles de los ochenta en la Hispalense y se dio a conocer en esa etapa en el campus como delegada de curso. Montero nació en Sevilla, más concretamente en el barrio de Triana, hace 60 años. La segunda de cuatro hermanos, sus padres, Manuel y Conchita, se dedicaban ambos a la docencia en la escuela pública, algo de lo que sigue presumiendo. «Me siguen parando por la calle porque se acuerdan de ellos», decía hace poco. De su etapa juvenil conserva las creencias cristianas. Perteneció al Movimiento Juvenil de Acción Católica y, posteriormente a la Hermandad Obrera de Acción Católica, centrada en la defensa de los derechos de los trabajadores y vinculada, por tanto, al ámbito de los sindicatos. « Soy creyente en Jesús de Nazareth» , recordaba hace unos días apuntando también el dato de cuando se mudó a un piso compartido con el grupo cristiano de su parroquia, una «casa abierta», de la que se siente orgullosa. A Montero le han puesto muchos sobrenombres: De Chiqui a ‘Mopongo’ pasando también por ‘La faraona’ Lo mismo que destaca el hecho de que sus dos hijas también estudiaran tanto en colegios como universidades publicas. «Busqué debajo de las piedras un colegio público», admitía en una entrevista. De ahí quizás le venga esa manía persecutoria contra todo lo que lleve la palabra privada, sea la enseñanza, la universidad o la sanidad. Puede decirse que no hay intervención en la que no acabe hablando de la supuesta privatización de los servicios públicos.Cuando se le pregunta por sus orígenes, a la secretaria general del PSOE-A le sale la vena feminista recordando el hecho de que su madre trabajara y llevara siempre «una actividad frenética» porque era «imposible llegar a todo en una sociedad como aquella, en la que las mujeres tenían el peso de la responsabilidad en casa». Como política sigue teniendo la igualdad entre sus principales leit motiv. No hay mitin en el que no hable de ello.De su origen trianero conserva un característico acento andaluz que no oculta sino todo lo contrario. Se muestra orgullosa de él pese a que más de una vez le haya valido numerosas críticas. Siempre se defiende criticando que el andaluz se asocie al analfabetismo y la incultura. Aunque a veces en esa defensa le haya salido el tiro por la culata. Como cuando anunció una «ley de lenguas andaluzas» parar protegerla, olvidando que el andaluz es un habla pero no una lengua.Su particular forma de expresarse o su forma de gesticular cuando defiende sus ideas ha dado siempre mucho juego. «Soy tocona», admitía. O aquella famosa frase pronunciada en 2018 cuando era ministra de Hacienda: «Chiqui, 1.200 millones es poco», dijo en los pasillos del Congreso. Desde entonces hay quien la llama así.Ese no es el único sobrenombre que tiene Montero. A la socialista le sobran los apodos. Desde aquel «la chándal» con la que la bautizaron algunas de sus compañeras universitarias por su afición por esa prenda de ropa en sus tiempos de estudiante a «Mopongo», en alusión a aquella vez que se refirió de esa forma a Alberto Núñez Feijóo. «La faraona» la han llamado otros. Y eso sin olvidar los que la apodan «Marisu».Sin embargo, Montero prefiere referirse a ella misma como «la mujer con más poder de la democracia» , como hizo en tercera persona cuando aterrizó en la calle San Vicente de Sevilla, sede del PSOE-A, tras dejar el cargo de vicepresidenta y ministra de Hacienda. Una forma de autodefinirse que le valió más de una crítica y que parece indicar que la socialista no anda mal despachada de autoestima. Montero ocupo muchos otros cargos antes de llegar a La Moncloa que acaba de dejar para volver a su tierra. Tras su paso por la universidad se especializó en la gestión hospitalaria. Fue presidenta de la Comisión de Marginación del Consejo de la Juventud de Andalucía entre 1986 y 1988, y, posteriormente, secretaria general del mismo hasta 1990. Desde 1994 es técnico de función administrativa en el SAS, es decir, personal no sanitario.En 1995 accedió al cargo de subdirectora médica del Hospital Universitario Virgen de Valme de Sevilla. Desempeñó este puesto hasta que en 1998 se incorporó al complejo sanitario Virgen del Rocío, también en Sevilla, primero como subdirectora médica y posteriormente como subdirectora gerente. En septiembre de 2002 fue nombrada viceconsejera de Salud de la Junta, que no abandonaría hasta 2018 encadenando un cargo tras otro.Así Montero fue nombrada por Manuel Chaves consejera de Salud, en 2004, cargo en el que siguió con José Antonio Griñán hasta que en septiembre de 2013 la entonces presidenta Susana Díaz la nombró titular de Hacienda y Administración Pública.Madre de dos hijas y casada por la iglesia A María Jesús Montero no le gusta hablar de su vida personal. Sin embargo, hay algunos datos que se conocen de su esfera privada. Como el hecho de que tiene dos hijas ya mayores, que se acercó a la iglesia gracias a un «cura rojo y muy comprometido», que iba a misa todos lo domingos y cantaba las canciones de ‘Palacagüina’. También que se casó por la iglesia pese a que su marido, el exdiputado y miembro de IU, Rafael Ibáñez, no era creyente. «Me casé por la iglesia con el padre de mis hijos que no era cristiano y allí canté el pueblo unido jamás será vencido», confesó recientemente. Hoy está separada del padre de sus hijas aunque en su declaración del Congreso sigue apareciendo de estado civil casada. De ahí daría el salto a la política nacional poco antes de que el PSOE fuera desalojado de la Junta de Andalucía. En junio de 2018 Pedro Sánchez la llamó para formar parte de su primer gobierno tras la moción de censura contra Rajoy. Fue nombrada ministra de Hacienda y se trasladó a Madrid, donde fue escalando posiciones hasta llegar a vicepresidenta primera del Gobierno, un puesto que abandonó cuando no tenía mas remedio porque Juanma Moreno había convocado las elecciones.En cuanto a su forma de vestir, es aficionada a los trajes de chaqueta y pantalón y le gustan los colores fuertes, los denominados «vitamina» . Lo mismo se viste de morado que de rojo, algo que casi siempre hace cuando le toca mitin. O se coloca un camiseta con rosas , seguramente en alusión a la flor del logo del PSOE para coger la pancarta. También suele calzarse zapatos de llamativos colores, los mismos tonos que eligió, rojo y amarillo (como la bandera de España) para uno de sus recientes paseos por la Feria de Sevilla. Cuando tiene tiempo se escapa a la playa de Regla. En Chipiona, la localidad costera a la que va desde pequeña , no es raro encontrársela tomando sardinas en un chiringuito.Es vox populi que la sevillana prefería seguir en la política nacional en lugar de volver a Andalucía como candidata a la Junta del PSOE, un partido que ha ido en los últimos tiempos de mal en peor. Montero, cuya formación en Andalucía parte con las encuestas en contra, no ha cerrado su etapa en el Congreso de los Diputados. De momento no dejará el acta en la cámara baja. Con la excusa de que podría perder su plaza en el hospital Virgen del Rocío de Sevilla, la socialista tiene el billete de vuelta abierto. Se verá que hace tras el 17-M. El número de referencias que aparecen en Google cuando se teclea su nombre es muy elevado. Mucho más de los años que lleva en activo María Jesús Montero (Sevilla 1966). Aunque la candidata del PSOE a la Junta de Andalucía es licenciada en Medicina y Cirugía no ha ejercido como galeno ya que prácticamente desde sus inicios, se ha dedicado a la gestión. Primero de los hospitales y luego de las consejerías y ministerios por los que ha ido pasando desde hace 22 años.«Prácticamente no ha pisado un quirófano» , dice un antiguo compañero de la Universidad de Sevilla de aquellos años en los que aquella estudiante de Medicina ya estaba en los sitios donde había polémica. Participaba en las protestas estudiantiles de los ochenta en la Hispalense y se dio a conocer en esa etapa en el campus como delegada de curso. Montero nació en Sevilla, más concretamente en el barrio de Triana, hace 60 años. La segunda de cuatro hermanos, sus padres, Manuel y Conchita, se dedicaban ambos a la docencia en la escuela pública, algo de lo que sigue presumiendo. «Me siguen parando por la calle porque se acuerdan de ellos», decía hace poco. De su etapa juvenil conserva las creencias cristianas. Perteneció al Movimiento Juvenil de Acción Católica y, posteriormente a la Hermandad Obrera de Acción Católica, centrada en la defensa de los derechos de los trabajadores y vinculada, por tanto, al ámbito de los sindicatos. « Soy creyente en Jesús de Nazareth» , recordaba hace unos días apuntando también el dato de cuando se mudó a un piso compartido con el grupo cristiano de su parroquia, una «casa abierta», de la que se siente orgullosa. A Montero le han puesto muchos sobrenombres: De Chiqui a ‘Mopongo’ pasando también por ‘La faraona’ Lo mismo que destaca el hecho de que sus dos hijas también estudiaran tanto en colegios como universidades publicas. «Busqué debajo de las piedras un colegio público», admitía en una entrevista. De ahí quizás le venga esa manía persecutoria contra todo lo que lleve la palabra privada, sea la enseñanza, la universidad o la sanidad. Puede decirse que no hay intervención en la que no acabe hablando de la supuesta privatización de los servicios públicos.Cuando se le pregunta por sus orígenes, a la secretaria general del PSOE-A le sale la vena feminista recordando el hecho de que su madre trabajara y llevara siempre «una actividad frenética» porque era «imposible llegar a todo en una sociedad como aquella, en la que las mujeres tenían el peso de la responsabilidad en casa». Como política sigue teniendo la igualdad entre sus principales leit motiv. No hay mitin en el que no hable de ello.De su origen trianero conserva un característico acento andaluz que no oculta sino todo lo contrario. Se muestra orgullosa de él pese a que más de una vez le haya valido numerosas críticas. Siempre se defiende criticando que el andaluz se asocie al analfabetismo y la incultura. Aunque a veces en esa defensa le haya salido el tiro por la culata. Como cuando anunció una «ley de lenguas andaluzas» parar protegerla, olvidando que el andaluz es un habla pero no una lengua.Su particular forma de expresarse o su forma de gesticular cuando defiende sus ideas ha dado siempre mucho juego. «Soy tocona», admitía. O aquella famosa frase pronunciada en 2018 cuando era ministra de Hacienda: «Chiqui, 1.200 millones es poco», dijo en los pasillos del Congreso. Desde entonces hay quien la llama así.Ese no es el único sobrenombre que tiene Montero. A la socialista le sobran los apodos. Desde aquel «la chándal» con la que la bautizaron algunas de sus compañeras universitarias por su afición por esa prenda de ropa en sus tiempos de estudiante a «Mopongo», en alusión a aquella vez que se refirió de esa forma a Alberto Núñez Feijóo. «La faraona» la han llamado otros. Y eso sin olvidar los que la apodan «Marisu».Sin embargo, Montero prefiere referirse a ella misma como «la mujer con más poder de la democracia» , como hizo en tercera persona cuando aterrizó en la calle San Vicente de Sevilla, sede del PSOE-A, tras dejar el cargo de vicepresidenta y ministra de Hacienda. Una forma de autodefinirse que le valió más de una crítica y que parece indicar que la socialista no anda mal despachada de autoestima. Montero ocupo muchos otros cargos antes de llegar a La Moncloa que acaba de dejar para volver a su tierra. Tras su paso por la universidad se especializó en la gestión hospitalaria. Fue presidenta de la Comisión de Marginación del Consejo de la Juventud de Andalucía entre 1986 y 1988, y, posteriormente, secretaria general del mismo hasta 1990. Desde 1994 es técnico de función administrativa en el SAS, es decir, personal no sanitario.En 1995 accedió al cargo de subdirectora médica del Hospital Universitario Virgen de Valme de Sevilla. Desempeñó este puesto hasta que en 1998 se incorporó al complejo sanitario Virgen del Rocío, también en Sevilla, primero como subdirectora médica y posteriormente como subdirectora gerente. En septiembre de 2002 fue nombrada viceconsejera de Salud de la Junta, que no abandonaría hasta 2018 encadenando un cargo tras otro.Así Montero fue nombrada por Manuel Chaves consejera de Salud, en 2004, cargo en el que siguió con José Antonio Griñán hasta que en septiembre de 2013 la entonces presidenta Susana Díaz la nombró titular de Hacienda y Administración Pública.Madre de dos hijas y casada por la iglesia A María Jesús Montero no le gusta hablar de su vida personal. Sin embargo, hay algunos datos que se conocen de su esfera privada. Como el hecho de que tiene dos hijas ya mayores, que se acercó a la iglesia gracias a un «cura rojo y muy comprometido», que iba a misa todos lo domingos y cantaba las canciones de ‘Palacagüina’. También que se casó por la iglesia pese a que su marido, el exdiputado y miembro de IU, Rafael Ibáñez, no era creyente. «Me casé por la iglesia con el padre de mis hijos que no era cristiano y allí canté el pueblo unido jamás será vencido», confesó recientemente. Hoy está separada del padre de sus hijas aunque en su declaración del Congreso sigue apareciendo de estado civil casada. De ahí daría el salto a la política nacional poco antes de que el PSOE fuera desalojado de la Junta de Andalucía. En junio de 2018 Pedro Sánchez la llamó para formar parte de su primer gobierno tras la moción de censura contra Rajoy. Fue nombrada ministra de Hacienda y se trasladó a Madrid, donde fue escalando posiciones hasta llegar a vicepresidenta primera del Gobierno, un puesto que abandonó cuando no tenía mas remedio porque Juanma Moreno había convocado las elecciones.En cuanto a su forma de vestir, es aficionada a los trajes de chaqueta y pantalón y le gustan los colores fuertes, los denominados «vitamina» . Lo mismo se viste de morado que de rojo, algo que casi siempre hace cuando le toca mitin. O se coloca un camiseta con rosas , seguramente en alusión a la flor del logo del PSOE para coger la pancarta. También suele calzarse zapatos de llamativos colores, los mismos tonos que eligió, rojo y amarillo (como la bandera de España) para uno de sus recientes paseos por la Feria de Sevilla. Cuando tiene tiempo se escapa a la playa de Regla. En Chipiona, la localidad costera a la que va desde pequeña , no es raro encontrársela tomando sardinas en un chiringuito.Es vox populi que la sevillana prefería seguir en la política nacional en lugar de volver a Andalucía como candidata a la Junta del PSOE, un partido que ha ido en los últimos tiempos de mal en peor. Montero, cuya formación en Andalucía parte con las encuestas en contra, no ha cerrado su etapa en el Congreso de los Diputados. De momento no dejará el acta en la cámara baja. Con la excusa de que podría perder su plaza en el hospital Virgen del Rocío de Sevilla, la socialista tiene el billete de vuelta abierto. Se verá que hace tras el 17-M. El número de referencias que aparecen en Google cuando se teclea su nombre es muy elevado. Mucho más de los años que lleva en activo María Jesús Montero (Sevilla 1966). Aunque la candidata del PSOE a la Junta de Andalucía es licenciada en Medicina y Cirugía no ha ejercido como galeno ya que prácticamente desde sus inicios, se ha dedicado a la gestión. Primero de los hospitales y luego de las consejerías y ministerios por los que ha ido pasando desde hace 22 años.«Prácticamente no ha pisado un quirófano» , dice un antiguo compañero de la Universidad de Sevilla de aquellos años en los que aquella estudiante de Medicina ya estaba en los sitios donde había polémica. Participaba en las protestas estudiantiles de los ochenta en la Hispalense y se dio a conocer en esa etapa en el campus como delegada de curso. Montero nació en Sevilla, más concretamente en el barrio de Triana, hace 60 años. La segunda de cuatro hermanos, sus padres, Manuel y Conchita, se dedicaban ambos a la docencia en la escuela pública, algo de lo que sigue presumiendo. «Me siguen parando por la calle porque se acuerdan de ellos», decía hace poco. De su etapa juvenil conserva las creencias cristianas. Perteneció al Movimiento Juvenil de Acción Católica y, posteriormente a la Hermandad Obrera de Acción Católica, centrada en la defensa de los derechos de los trabajadores y vinculada, por tanto, al ámbito de los sindicatos. « Soy creyente en Jesús de Nazareth» , recordaba hace unos días apuntando también el dato de cuando se mudó a un piso compartido con el grupo cristiano de su parroquia, una «casa abierta», de la que se siente orgullosa. A Montero le han puesto muchos sobrenombres: De Chiqui a ‘Mopongo’ pasando también por ‘La faraona’ Lo mismo que destaca el hecho de que sus dos hijas también estudiaran tanto en colegios como universidades publicas. «Busqué debajo de las piedras un colegio público», admitía en una entrevista. De ahí quizás le venga esa manía persecutoria contra todo lo que lleve la palabra privada, sea la enseñanza, la universidad o la sanidad. Puede decirse que no hay intervención en la que no acabe hablando de la supuesta privatización de los servicios públicos.Cuando se le pregunta por sus orígenes, a la secretaria general del PSOE-A le sale la vena feminista recordando el hecho de que su madre trabajara y llevara siempre «una actividad frenética» porque era «imposible llegar a todo en una sociedad como aquella, en la que las mujeres tenían el peso de la responsabilidad en casa». Como política sigue teniendo la igualdad entre sus principales leit motiv. No hay mitin en el que no hable de ello.De su origen trianero conserva un característico acento andaluz que no oculta sino todo lo contrario. Se muestra orgullosa de él pese a que más de una vez le haya valido numerosas críticas. Siempre se defiende criticando que el andaluz se asocie al analfabetismo y la incultura. Aunque a veces en esa defensa le haya salido el tiro por la culata. Como cuando anunció una «ley de lenguas andaluzas» parar protegerla, olvidando que el andaluz es un habla pero no una lengua.Su particular forma de expresarse o su forma de gesticular cuando defiende sus ideas ha dado siempre mucho juego. «Soy tocona», admitía. O aquella famosa frase pronunciada en 2018 cuando era ministra de Hacienda: «Chiqui, 1.200 millones es poco», dijo en los pasillos del Congreso. Desde entonces hay quien la llama así.Ese no es el único sobrenombre que tiene Montero. A la socialista le sobran los apodos. Desde aquel «la chándal» con la que la bautizaron algunas de sus compañeras universitarias por su afición por esa prenda de ropa en sus tiempos de estudiante a «Mopongo», en alusión a aquella vez que se refirió de esa forma a Alberto Núñez Feijóo. «La faraona» la han llamado otros. Y eso sin olvidar los que la apodan «Marisu».Sin embargo, Montero prefiere referirse a ella misma como «la mujer con más poder de la democracia» , como hizo en tercera persona cuando aterrizó en la calle San Vicente de Sevilla, sede del PSOE-A, tras dejar el cargo de vicepresidenta y ministra de Hacienda. Una forma de autodefinirse que le valió más de una crítica y que parece indicar que la socialista no anda mal despachada de autoestima. Montero ocupo muchos otros cargos antes de llegar a La Moncloa que acaba de dejar para volver a su tierra. Tras su paso por la universidad se especializó en la gestión hospitalaria. Fue presidenta de la Comisión de Marginación del Consejo de la Juventud de Andalucía entre 1986 y 1988, y, posteriormente, secretaria general del mismo hasta 1990. Desde 1994 es técnico de función administrativa en el SAS, es decir, personal no sanitario.En 1995 accedió al cargo de subdirectora médica del Hospital Universitario Virgen de Valme de Sevilla. Desempeñó este puesto hasta que en 1998 se incorporó al complejo sanitario Virgen del Rocío, también en Sevilla, primero como subdirectora médica y posteriormente como subdirectora gerente. En septiembre de 2002 fue nombrada viceconsejera de Salud de la Junta, que no abandonaría hasta 2018 encadenando un cargo tras otro.Así Montero fue nombrada por Manuel Chaves consejera de Salud, en 2004, cargo en el que siguió con José Antonio Griñán hasta que en septiembre de 2013 la entonces presidenta Susana Díaz la nombró titular de Hacienda y Administración Pública.Madre de dos hijas y casada por la iglesia A María Jesús Montero no le gusta hablar de su vida personal. Sin embargo, hay algunos datos que se conocen de su esfera privada. Como el hecho de que tiene dos hijas ya mayores, que se acercó a la iglesia gracias a un «cura rojo y muy comprometido», que iba a misa todos lo domingos y cantaba las canciones de ‘Palacagüina’. También que se casó por la iglesia pese a que su marido, el exdiputado y miembro de IU, Rafael Ibáñez, no era creyente. «Me casé por la iglesia con el padre de mis hijos que no era cristiano y allí canté el pueblo unido jamás será vencido», confesó recientemente. Hoy está separada del padre de sus hijas aunque en su declaración del Congreso sigue apareciendo de estado civil casada. De ahí daría el salto a la política nacional poco antes de que el PSOE fuera desalojado de la Junta de Andalucía. En junio de 2018 Pedro Sánchez la llamó para formar parte de su primer gobierno tras la moción de censura contra Rajoy. Fue nombrada ministra de Hacienda y se trasladó a Madrid, donde fue escalando posiciones hasta llegar a vicepresidenta primera del Gobierno, un puesto que abandonó cuando no tenía mas remedio porque Juanma Moreno había convocado las elecciones.En cuanto a su forma de vestir, es aficionada a los trajes de chaqueta y pantalón y le gustan los colores fuertes, los denominados «vitamina» . Lo mismo se viste de morado que de rojo, algo que casi siempre hace cuando le toca mitin. O se coloca un camiseta con rosas , seguramente en alusión a la flor del logo del PSOE para coger la pancarta. También suele calzarse zapatos de llamativos colores, los mismos tonos que eligió, rojo y amarillo (como la bandera de España) para uno de sus recientes paseos por la Feria de Sevilla. Cuando tiene tiempo se escapa a la playa de Regla. En Chipiona, la localidad costera a la que va desde pequeña , no es raro encontrársela tomando sardinas en un chiringuito.Es vox populi que la sevillana prefería seguir en la política nacional en lugar de volver a Andalucía como candidata a la Junta del PSOE, un partido que ha ido en los últimos tiempos de mal en peor. Montero, cuya formación en Andalucía parte con las encuestas en contra, no ha cerrado su etapa en el Congreso de los Diputados. De momento no dejará el acta en la cámara baja. Con la excusa de que podría perder su plaza en el hospital Virgen del Rocío de Sevilla, la socialista tiene el billete de vuelta abierto. Se verá que hace tras el 17-M. RSS de noticias de espana/andalucia
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