Hay personas que reaccionan con intensidad ante comentarios aparentemente inofensivos, cambios de tono en una conversación o pequeños conflictos cotidianos. Lo que desde fuera puede parecer una exageración, en realidad podría estar relacionado con un mecanismo de defensa que aprendió.En psicología, esta tendencia se conoce como hiperreactividad emocional o irritabilidad reactiva . No se trata necesariamente de un trastorno, sino que suele ser una señal de que el sistema nervioso permanece en estado de alerta constante.Cuando esto ocurre, la persona puede interpretar determinados gestos, palabras o silencios como amenazas, incluso cuando no existe un peligro real. La explicación, según los expertos, está muchas veces en experiencias previas que enseñaron al cerebro a permanecer vigilante para anticiparse a posibles situaciones de rechazo, conflicto o sufrimiento.La psicóloga María Martín-Gamero ha puesto el foco en este comportamiento y en la importancia de comprender qué hay detrás de esas reacciones. Su mensaje es claro para quienes sienten que pierden la paciencia demasiado rápido: «Lo primero que debes saber es que no exageras ».Un mecanismo de protección que permanece activoLa experta detalla que que las reacciones airadas no surgen por casualidad, sino que en determinados momentos de nuestra vida pudieron servirnos para adaptarnos al entrono.«Muchas veces tu sistema nervioso aprende a detectar señales que podrían indicar rechazo o conflicto. Un cambio en el tono de voz, en la mirada, en el ambiente. En algún momento esto fue importante para que pudieras sobrevivir . Por eso tu sistema aprendió a anticiparse para protegerte», expone.El problema, añade, aparece cuando «sigues actuando del mismo modo en un contexto que a día de hoy es diferente». «Y entonces reaccionas y saltas como si hubiera un peligro que ya no está», precisa.Como con cualquier conducta, comprender el origen de estas reacciones es esencial para poder cambiarlas si se desea. En este sentido, la psicóloga desmonta que pueda conseguirse simplemente con el autocontrol: «La solución no es simplemente calmarte, es aprender a notar qué se activa dentro de ti y entender que ya no estás en peligro». Hay personas que reaccionan con intensidad ante comentarios aparentemente inofensivos, cambios de tono en una conversación o pequeños conflictos cotidianos. Lo que desde fuera puede parecer una exageración, en realidad podría estar relacionado con un mecanismo de defensa que aprendió.En psicología, esta tendencia se conoce como hiperreactividad emocional o irritabilidad reactiva . No se trata necesariamente de un trastorno, sino que suele ser una señal de que el sistema nervioso permanece en estado de alerta constante.Cuando esto ocurre, la persona puede interpretar determinados gestos, palabras o silencios como amenazas, incluso cuando no existe un peligro real. La explicación, según los expertos, está muchas veces en experiencias previas que enseñaron al cerebro a permanecer vigilante para anticiparse a posibles situaciones de rechazo, conflicto o sufrimiento.La psicóloga María Martín-Gamero ha puesto el foco en este comportamiento y en la importancia de comprender qué hay detrás de esas reacciones. Su mensaje es claro para quienes sienten que pierden la paciencia demasiado rápido: «Lo primero que debes saber es que no exageras ».Un mecanismo de protección que permanece activoLa experta detalla que que las reacciones airadas no surgen por casualidad, sino que en determinados momentos de nuestra vida pudieron servirnos para adaptarnos al entrono.«Muchas veces tu sistema nervioso aprende a detectar señales que podrían indicar rechazo o conflicto. Un cambio en el tono de voz, en la mirada, en el ambiente. En algún momento esto fue importante para que pudieras sobrevivir . Por eso tu sistema aprendió a anticiparse para protegerte», expone.El problema, añade, aparece cuando «sigues actuando del mismo modo en un contexto que a día de hoy es diferente». «Y entonces reaccionas y saltas como si hubiera un peligro que ya no está», precisa.Como con cualquier conducta, comprender el origen de estas reacciones es esencial para poder cambiarlas si se desea. En este sentido, la psicóloga desmonta que pueda conseguirse simplemente con el autocontrol: «La solución no es simplemente calmarte, es aprender a notar qué se activa dentro de ti y entender que ya no estás en peligro». Hay personas que reaccionan con intensidad ante comentarios aparentemente inofensivos, cambios de tono en una conversación o pequeños conflictos cotidianos. Lo que desde fuera puede parecer una exageración, en realidad podría estar relacionado con un mecanismo de defensa que aprendió.En psicología, esta tendencia se conoce como hiperreactividad emocional o irritabilidad reactiva . No se trata necesariamente de un trastorno, sino que suele ser una señal de que el sistema nervioso permanece en estado de alerta constante.Cuando esto ocurre, la persona puede interpretar determinados gestos, palabras o silencios como amenazas, incluso cuando no existe un peligro real. La explicación, según los expertos, está muchas veces en experiencias previas que enseñaron al cerebro a permanecer vigilante para anticiparse a posibles situaciones de rechazo, conflicto o sufrimiento.La psicóloga María Martín-Gamero ha puesto el foco en este comportamiento y en la importancia de comprender qué hay detrás de esas reacciones. Su mensaje es claro para quienes sienten que pierden la paciencia demasiado rápido: «Lo primero que debes saber es que no exageras ».Un mecanismo de protección que permanece activoLa experta detalla que que las reacciones airadas no surgen por casualidad, sino que en determinados momentos de nuestra vida pudieron servirnos para adaptarnos al entrono.«Muchas veces tu sistema nervioso aprende a detectar señales que podrían indicar rechazo o conflicto. Un cambio en el tono de voz, en la mirada, en el ambiente. En algún momento esto fue importante para que pudieras sobrevivir . Por eso tu sistema aprendió a anticiparse para protegerte», expone.El problema, añade, aparece cuando «sigues actuando del mismo modo en un contexto que a día de hoy es diferente». «Y entonces reaccionas y saltas como si hubiera un peligro que ya no está», precisa.Como con cualquier conducta, comprender el origen de estas reacciones es esencial para poder cambiarlas si se desea. En este sentido, la psicóloga desmonta que pueda conseguirse simplemente con el autocontrol: «La solución no es simplemente calmarte, es aprender a notar qué se activa dentro de ti y entender que ya no estás en peligro». RSS de noticias de bienestar
Noticias Similares
