Probablemente la única manera de contar fielmente a Borges sea olvidarse de él. Eso o, menos radical, mediante la detallada narración del largo viaje de encuentros y desencuentros, a través de todos los senderos existenciales y literarios del mundo –nuestro mundo– que conducen (o nos alejan, tanto da) irremediablemente a él. Cuando Winterbottom decidió llevar a la pantalla la novela de Laurence Sterne Tristram Shandy imaginó el rodaje de una película dentro de su propia película. En ella, un director se declaraba incapaz de adaptar lo inadaptable. Y así, en su acto de rendición, en el ejercicio imposible de su labor, el director acababa por confeccionar la más fiel aproximación al texto original. Lo que hace Mariano Llinás con el autor de Ficciones se antoja tan parecido que se diría justo lo contrario. En realidad, el descomunal proyecto que estos días se ha proyectado en la Seminci de Valladolid tras su estreno en el Festival de Venecia, se antoja tan contradictorio, brillante y, a su manera, imposible que alguno en la sala se atrevió a calificarlo con la palabra prohibida: borgeano.
La Seminci de Valladolid estrena ‘Biografía de Jorge Luis Borges’, un trayecto descomunal de cinco horas y media por la vida del escritor argentino que acaba por ser un laberinto inacabable de memoria, ficción, tiempo y sueño
Probablemente la única manera de contar fielmente a Borges sea olvidarse de él. Eso o, menos radical, mediante la detallada narración del largo viaje de encuentros y desencuentros, a través de todos los senderos existenciales y literarios del mundo –nuestro mundo– que conducen (o nos alejan, tanto da) irremediablemente a él. Cuando Winterbottom decidió llevar a la pantalla la novela de Laurence Sterne Tristram Shandy imaginó el rodaje de una película dentro de su propia película. En ella, un director se declaraba incapaz de adaptar lo inadaptable. Y así, en su acto de rendición, en el ejercicio imposible de su labor, el director acababa por confeccionar la más fiel aproximación al texto original. Lo que hace Mariano Llinás con el autor de Ficciones se antoja tan parecido que se diría justo lo contrario. En realidad, el descomunal proyecto que estos días se ha proyectado en la Seminci de Valladolid tras su estreno en el Festival de Venecia, se antoja tan contradictorio, brillante y, a su manera, imposible que alguno en la sala se atrevió a calificarlo con la palabra prohibida: borgeano.
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