«En esta sala hay agentes del servicio marroquí. Seguro. No tengo duda». Las inesperadas palabras fueron pronunciadas con extrema seriedad y contundencia el pasado martes por Jorge Buxadé (jefe de la delegación de Vox en el Parlamento Europeo, perteneciente al Grupo Patriotas por Europa). La veintena de periodistas que se encontraban ante él se miraron unos a otros con media sonrisa, mientras que los eurodiputados españoles de signos políticos rivales y sus asistentes prácticamente le dieron la espalda. Las espadas estaban en alto; la tensión se mascaba en el ambiente.
«En esta sala hay agentes del servicio marroquí. Seguro. No tengo duda». Las inesperadas palabras fueron pronunciadas con extrema seriedad y contundencia el pasado martes por
«En esta sala hay agentes del servicio marroquí. Seguro. No tengo duda». Las inesperadas palabras fueron pronunciadas con extrema seriedad y contundencia el pasado martes por Jorge Buxadé (jefe de la delegación de Vox en el Parlamento Europeo, perteneciente al Grupo Patriotas por Europa). La veintena de periodistas que se encontraban ante él se miraron unos a otros con media sonrisa, mientras que los eurodiputados españoles de signos políticos rivales y sus asistentes prácticamente le dieron la espalda. Las espadas estaban en alto; la tensión se mascaba en el ambiente.
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