
Sería complejo no tener “furia de clase”, como reseñó Alana Portero, después de ver la muerte tan de cerca. El suceso le ocurrió a la escritora Marta Jiménez Serrano (Madrid, 35 años) hace cinco años, cuando por poco llegó al coma tras intoxicarse por el monóxido de carbono de la caldera de su piso de alquiler. Por aquel entonces, a Jiménez le tocó sufrir la inoperancia absoluta de su antigua casera, que hizo caso omiso de las revisiones periódicas. Además de las exigentes condiciones del contrato de alquiler, a la autora todavía le resuena el eco de una frase de la propietaria: “Yo lo que quiero es no tener que ocuparme de nada”.
La escritora conversa en el Club de Lectura de EL PAÍS sobre la crisis de la vivienda, la intimidad y el trauma 
Sería complejo no tener “furia de clase”, como reseñó Alana Portero, después de ver la muerte tan de cerca. El suceso le ocurrió a la escritora Marta Jiménez Serrano (Madrid, 35 años) hace cinco años, cuando por poco llegó al coma tras intoxicarse por el monóxido de carbono de la caldera de su piso de alquiler. Por aquel entonces, a Jiménez le tocó sufrir la inoperancia absoluta de su antigua casera, que hizo caso omiso de las revisiones periódicas. Además de las exigentes condiciones del contrato de alquiler, a la autora todavía le resuena el eco de una frase de la propietaria: “Yo lo que quiero es no tener que ocuparme de nada”.
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