Últimamente no paran de salirme en Instagram vídeos acerca del contenido en microplásticos en el pescado y no es tampoco la primera vez que me pregunta en consulta los pacientes asustados que han decidido reducir su consumo hasta casi eliminarlo de su dieta. Y lo puedo llegar a entender, porque los titulares dan miedo. Pero antes de tomar una decisión así, conviene mirar lo que dice de verdad la evidencia, porque la solución que mucha gente está aplicando (reducir el consumo de un alimento tan completo) puede salir peor que el problema que se intenta evitar.Vamos por partes. Es cierto que hay microplásticos en el pescado. No es una cuestión de alarmismo, está y no se puede negar. Un estudio publicado en 2025 en la revista Frontiers analizó 182 ejemplares de pescado y marisco de la costa de Oregón y encontró partículas en 180 de ellos. Es decir, casi todos ellos lo contenían. Y no es un caso aislado porque hay estudios similares en todo el mundo. Se pueden encontrar microplásticos que están en el agua, en la sal, en el aire que respiramos y también en el pescado.Ahora bien, aquí entra un detalle importante, y es que la mayoría de estos microplásticos se acumulan en el tubo digestivo del pez, que es precisamente la parte que no nos comemos. La Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria lo explica bien. En el pescado, el tubo digestivo normalmente se descarta antes de consumirlo, así que la exposición real es mucho menor de lo que sugieren muchos titulares y videos de redes sociales.Donde sí hay más exposición es en los bivalvos, como los mejillones o las almejas, porque esos los comemos enteros, sistema digestivo incluido. Aun así, conviene no dramatizar ni con ellos, porque la propia EFSA ha estimado que la presencia de microplásticos en alimentos como los mejillones tendría un efecto muy pequeño sobre la exposición total a contaminantes como el bisfenol A. Es decir, el organismo europeo de seguridad alimentaria ya ha dicho que lo que aportan a tu carga de contaminantes es menor. ¿Y qué riesgo tienen para la salud? La evidencia todavía está en construcción y organismos como la EFSA y la FAO reconocen que se han detectado microplásticos en tejidos humanos, en sangre, en pulmón e incluso en placenta. Estas partículas pueden liberar compuestos como ftalatos o bisfenoles, que se asocian a alteraciones hormonales. Pero, y esto es clave, todavía no hay consenso científico sobre el daño real que provocan a las dosis a las que estamos expuestos a través de la comida. Los métodos para medirlos todavía no están del todo estandarizados. Así que sí, hay señales de alerta, pero no una relación causa-efecto demostrada.Entonces aparece el problema de la reacción de quitar el pescado. Porque el pescado, sobre todo el azul, es uno de los alimentos con mejor evidencia a favor que tenemos. Aporta omega 3, que protege nuestro corazón y el cerebro, es una proteína de calidad, tiene yodo, vitamina D y selenio. Dejarlo por miedo a los microplásticos es cambiar un beneficio comprobado por el riesgo que supone no consumir un alimento tan completo. En términos de salud, el balance no se si nos sale a cuenta.Entonces, ¿qué hago yo y qué recomiendo? Lo ideal es seguir comiendo pescado, sin miedo. Lo que te recomendaría es variar las especies, alternando pescado azul y blanco, para no concentrar exposición en una sola fuente. Limpiarlo bien y retirar las vísceras. Moderar el consumo de bivalvos si te preocupa, no eliminarlos, solo no abusar. Y, sobre todo, recordar que la mayor fuente de microplásticos en nuestra vida no es el pescado, son el agua embotellada en plástico, los envases, los textiles sintéticos y el polvo de casa. Si de verdad quieres reducir la exposición, empieza por ahí, no por quitarte un alimento que te hace bien.Me preocupa esta tendencia a dejar alimentos sanos por miedos que la ciencia todavía no ha confirmado. Está muy bien estar informado, pero informarse es contrastar las noticias y videos que vemos en redes sociales. Así que, el pescado sigue siendo una excelente opción, así que mientras, podemos comerlo tranquilos. Últimamente no paran de salirme en Instagram vídeos acerca del contenido en microplásticos en el pescado y no es tampoco la primera vez que me pregunta en consulta los pacientes asustados que han decidido reducir su consumo hasta casi eliminarlo de su dieta. Y lo puedo llegar a entender, porque los titulares dan miedo. Pero antes de tomar una decisión así, conviene mirar lo que dice de verdad la evidencia, porque la solución que mucha gente está aplicando (reducir el consumo de un alimento tan completo) puede salir peor que el problema que se intenta evitar.Vamos por partes. Es cierto que hay microplásticos en el pescado. No es una cuestión de alarmismo, está y no se puede negar. Un estudio publicado en 2025 en la revista Frontiers analizó 182 ejemplares de pescado y marisco de la costa de Oregón y encontró partículas en 180 de ellos. Es decir, casi todos ellos lo contenían. Y no es un caso aislado porque hay estudios similares en todo el mundo. Se pueden encontrar microplásticos que están en el agua, en la sal, en el aire que respiramos y también en el pescado.Ahora bien, aquí entra un detalle importante, y es que la mayoría de estos microplásticos se acumulan en el tubo digestivo del pez, que es precisamente la parte que no nos comemos. La Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria lo explica bien. En el pescado, el tubo digestivo normalmente se descarta antes de consumirlo, así que la exposición real es mucho menor de lo que sugieren muchos titulares y videos de redes sociales.Donde sí hay más exposición es en los bivalvos, como los mejillones o las almejas, porque esos los comemos enteros, sistema digestivo incluido. Aun así, conviene no dramatizar ni con ellos, porque la propia EFSA ha estimado que la presencia de microplásticos en alimentos como los mejillones tendría un efecto muy pequeño sobre la exposición total a contaminantes como el bisfenol A. Es decir, el organismo europeo de seguridad alimentaria ya ha dicho que lo que aportan a tu carga de contaminantes es menor. ¿Y qué riesgo tienen para la salud? La evidencia todavía está en construcción y organismos como la EFSA y la FAO reconocen que se han detectado microplásticos en tejidos humanos, en sangre, en pulmón e incluso en placenta. Estas partículas pueden liberar compuestos como ftalatos o bisfenoles, que se asocian a alteraciones hormonales. Pero, y esto es clave, todavía no hay consenso científico sobre el daño real que provocan a las dosis a las que estamos expuestos a través de la comida. Los métodos para medirlos todavía no están del todo estandarizados. Así que sí, hay señales de alerta, pero no una relación causa-efecto demostrada.Entonces aparece el problema de la reacción de quitar el pescado. Porque el pescado, sobre todo el azul, es uno de los alimentos con mejor evidencia a favor que tenemos. Aporta omega 3, que protege nuestro corazón y el cerebro, es una proteína de calidad, tiene yodo, vitamina D y selenio. Dejarlo por miedo a los microplásticos es cambiar un beneficio comprobado por el riesgo que supone no consumir un alimento tan completo. En términos de salud, el balance no se si nos sale a cuenta.Entonces, ¿qué hago yo y qué recomiendo? Lo ideal es seguir comiendo pescado, sin miedo. Lo que te recomendaría es variar las especies, alternando pescado azul y blanco, para no concentrar exposición en una sola fuente. Limpiarlo bien y retirar las vísceras. Moderar el consumo de bivalvos si te preocupa, no eliminarlos, solo no abusar. Y, sobre todo, recordar que la mayor fuente de microplásticos en nuestra vida no es el pescado, son el agua embotellada en plástico, los envases, los textiles sintéticos y el polvo de casa. Si de verdad quieres reducir la exposición, empieza por ahí, no por quitarte un alimento que te hace bien.Me preocupa esta tendencia a dejar alimentos sanos por miedos que la ciencia todavía no ha confirmado. Está muy bien estar informado, pero informarse es contrastar las noticias y videos que vemos en redes sociales. Así que, el pescado sigue siendo una excelente opción, así que mientras, podemos comerlo tranquilos. Últimamente no paran de salirme en Instagram vídeos acerca del contenido en microplásticos en el pescado y no es tampoco la primera vez que me pregunta en consulta los pacientes asustados que han decidido reducir su consumo hasta casi eliminarlo de su dieta. Y lo puedo llegar a entender, porque los titulares dan miedo. Pero antes de tomar una decisión así, conviene mirar lo que dice de verdad la evidencia, porque la solución que mucha gente está aplicando (reducir el consumo de un alimento tan completo) puede salir peor que el problema que se intenta evitar.Vamos por partes. Es cierto que hay microplásticos en el pescado. No es una cuestión de alarmismo, está y no se puede negar. Un estudio publicado en 2025 en la revista Frontiers analizó 182 ejemplares de pescado y marisco de la costa de Oregón y encontró partículas en 180 de ellos. Es decir, casi todos ellos lo contenían. Y no es un caso aislado porque hay estudios similares en todo el mundo. Se pueden encontrar microplásticos que están en el agua, en la sal, en el aire que respiramos y también en el pescado.Ahora bien, aquí entra un detalle importante, y es que la mayoría de estos microplásticos se acumulan en el tubo digestivo del pez, que es precisamente la parte que no nos comemos. La Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria lo explica bien. En el pescado, el tubo digestivo normalmente se descarta antes de consumirlo, así que la exposición real es mucho menor de lo que sugieren muchos titulares y videos de redes sociales.Donde sí hay más exposición es en los bivalvos, como los mejillones o las almejas, porque esos los comemos enteros, sistema digestivo incluido. Aun así, conviene no dramatizar ni con ellos, porque la propia EFSA ha estimado que la presencia de microplásticos en alimentos como los mejillones tendría un efecto muy pequeño sobre la exposición total a contaminantes como el bisfenol A. Es decir, el organismo europeo de seguridad alimentaria ya ha dicho que lo que aportan a tu carga de contaminantes es menor. ¿Y qué riesgo tienen para la salud? La evidencia todavía está en construcción y organismos como la EFSA y la FAO reconocen que se han detectado microplásticos en tejidos humanos, en sangre, en pulmón e incluso en placenta. Estas partículas pueden liberar compuestos como ftalatos o bisfenoles, que se asocian a alteraciones hormonales. Pero, y esto es clave, todavía no hay consenso científico sobre el daño real que provocan a las dosis a las que estamos expuestos a través de la comida. Los métodos para medirlos todavía no están del todo estandarizados. Así que sí, hay señales de alerta, pero no una relación causa-efecto demostrada.Entonces aparece el problema de la reacción de quitar el pescado. Porque el pescado, sobre todo el azul, es uno de los alimentos con mejor evidencia a favor que tenemos. Aporta omega 3, que protege nuestro corazón y el cerebro, es una proteína de calidad, tiene yodo, vitamina D y selenio. Dejarlo por miedo a los microplásticos es cambiar un beneficio comprobado por el riesgo que supone no consumir un alimento tan completo. En términos de salud, el balance no se si nos sale a cuenta.Entonces, ¿qué hago yo y qué recomiendo? Lo ideal es seguir comiendo pescado, sin miedo. Lo que te recomendaría es variar las especies, alternando pescado azul y blanco, para no concentrar exposición en una sola fuente. Limpiarlo bien y retirar las vísceras. Moderar el consumo de bivalvos si te preocupa, no eliminarlos, solo no abusar. Y, sobre todo, recordar que la mayor fuente de microplásticos en nuestra vida no es el pescado, son el agua embotellada en plástico, los envases, los textiles sintéticos y el polvo de casa. Si de verdad quieres reducir la exposición, empieza por ahí, no por quitarte un alimento que te hace bien.Me preocupa esta tendencia a dejar alimentos sanos por miedos que la ciencia todavía no ha confirmado. Está muy bien estar informado, pero informarse es contrastar las noticias y videos que vemos en redes sociales. Así que, el pescado sigue siendo una excelente opción, así que mientras, podemos comerlo tranquilos. RSS de noticias de bienestar
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