El pasado miércoles Míriam Nogueras volvía a elevar el tono en la sesión de control al Gobierno en el Congreso. La portavoz de Junts emplazaba a Pedro Sánchez a convocar elecciones ante la falta de horizonte político en la legislatura. En Moncloa hicieron oídos sordos a la invitación, pese a compartir el diagnóstico. En el Ejecutivo costó —en un inicio— digerir la ruptura con el partido de Carles Puigdemont, pero a día de hoy está plenamente metabolizada y ya dan por irrecuperable la relación. «No van a votar nada», resuelven fuentes socialistas sobre la nula viabilidad de cualquier proyecto con cierta trascendencia que el Gobierno quiera llevar a las Cortes. El próximo martes, sin ir más lejos, los posconvergentes condenarán definitivamente el decreto sobre alquileres que Sumar logró arrancarle al PSOE en el Consejo de Ministros que aprobó el paquete de medidas para paliar los efectos de la guerra de Irán.En el Gobierno son plenamente conscientes de que la brújula estratégica de Junts viene condicionada por su pugna electoral con Aliança Catalana. Una competencia que, lejos de irse disipando, se irá recrudeciendo a medida que se acerquen las municipales del próximo mes de mayo. Fuentes socialistas consultadas por ABC no consideran que la penetración de los de Orríols vaya a ser tan potente, aunque estén subiendo de manera abrumadora en las encuestas, pero la amenaza está ahí y marca la actitud de los posconvergentes en Madrid. El efecto más directo se produce sobre los Presupuestos . Aunque públicamente se siga sosteniendo que se presentarán, el escenario apunta en sentido contrario. En Moncloa evitan fijar cualquier calendario, los han vinculado a algo tan volátil e incierto como la evolución de la guerra, lo que ya deja en solfa unas cuentas para el presente ejercicio y sin el voto de Junts tampoco habrá apoyos para el próximo. Hasta hace unos meses, fuentes gubernamentales fabulaban con la posibilidad de que la aplicación definitiva de la amnistía —en el plano judicial—, a lo que llegaron a referirse como «el hito político de 2026» , pudiera generar un efecto acelerador de los acuerdos. Consideraban que, una vez que Carles Puigdemont estuviera en España y el proceso de «normalización» con Cataluña hubiera culminado, no habría incentivos para seguir bloqueando la legislatura, porque se tomaría conciencia de la realidad política. Sin embargo, ahora el pesimismo es total. Todavía pendientes de las resoluciones del Tribunal de Justicia de la Unión Europea y el Tribunal Constitucional, las fuentes socialistas consultadas creen que el que fuera presidente de la Generalitat quedará absolutamente «en shock» cuando vuelva a España «y vea que nadie le espera». De este modo, no son capaces de anticipar cuál será su reacción y su traslación a nivel político. Si esto supondrá un componente balsámico o todo lo contrario, exacerbará todavía más los ánimos. Noticia relacionada general No No Illa confirma que el catalán será requisito para renovar el permiso de residencia Daniel TerceroEn todo caso, hasta que no esté en España no se producirá la reunión con el presidente del Gobierno. Un encuentro que Sánchez ha confirmado en numerosas ocasiones que tiene voluntad de materializar, pero que en su entorno siempre han condicionado a dos realidades: que haya culminado el proceso de amnistía —para que pueda producirse en España— y que sirva como broche de un acuerdo entre el Gobierno y Junts. Este gesto siempre se vinculó a la consecución de unas cuentas públicas, pero el tiempo apremia y la cercanía con las generales será inversamente proporcional a la distancia que se buscará marcar con Junts. El Ejecutivo ha iniciado una indisimulable estrategia de viraje al centro y los acuerdos con los independentistas, así como las cesiones que se han ido concediendo para ganarse su favor durante toda la legislatura, suponen un lastre a la credibilidad de esta estrategia.En Moncloa molestó el tono de Díaz hacia Junts: «Si ya había poca agua en la piscina, mejor no acabar de vaciarla».En Moncloa, no obstante, asumen que, pese a la ruptura, Junts no hará nada para desalojarles del poder. Esto es, que no apoyarán una moción de censura para hacer presidente a Alberto Núñez Feijóo, porque esto tendría un efecto perverso en sus aspiraciones en Cataluña. De ahí que el pronunciamiento de Nogueras tuviera escasa resonancia en el Gobierno, donde lo interpretaron como una nueva llamada de atención. «Necesitan gritar para existir», se limitaron a responder en privado, porque tampoco quieren elevar ellos el tono y retroalimentar una espiral de enfrentamientos. Es más, también internamente se critica de forma airada la salida de tono de la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, cuando les tildó de «racistas» en una entrevista con Carlos Alsina en ‘Onda Cero’. «No convienen este tipo de comentarios», señala un dirigente. «Si ya había poca agua en la piscina, mejor no acabar de vaciarla», tercia un ministro. Otras fuentes socialistas son más prudentes y evitan dar los puentes por totalmente rotos. Se limitan a definir —generosamente— como meros «altibajos» la interrupción de las relaciones entre ambos partidos. De este modo, aseguran que Junts apoyará aquellas iniciativas parlamentarias que puedan beneficiarles para su relato de confrontación con Aliança Catalana en Cataluña, cuestiones como la multirreincidencia o la inmigración, o que supongan la consecución de los «incumplimientos» que el Gobierno mantiene con ellos. Un espejismo de viabilidad legislativa, pero que les permita seguir haciendo rodar el balón unos meses más. El pasado miércoles Míriam Nogueras volvía a elevar el tono en la sesión de control al Gobierno en el Congreso. La portavoz de Junts emplazaba a Pedro Sánchez a convocar elecciones ante la falta de horizonte político en la legislatura. En Moncloa hicieron oídos sordos a la invitación, pese a compartir el diagnóstico. En el Ejecutivo costó —en un inicio— digerir la ruptura con el partido de Carles Puigdemont, pero a día de hoy está plenamente metabolizada y ya dan por irrecuperable la relación. «No van a votar nada», resuelven fuentes socialistas sobre la nula viabilidad de cualquier proyecto con cierta trascendencia que el Gobierno quiera llevar a las Cortes. El próximo martes, sin ir más lejos, los posconvergentes condenarán definitivamente el decreto sobre alquileres que Sumar logró arrancarle al PSOE en el Consejo de Ministros que aprobó el paquete de medidas para paliar los efectos de la guerra de Irán.En el Gobierno son plenamente conscientes de que la brújula estratégica de Junts viene condicionada por su pugna electoral con Aliança Catalana. Una competencia que, lejos de irse disipando, se irá recrudeciendo a medida que se acerquen las municipales del próximo mes de mayo. Fuentes socialistas consultadas por ABC no consideran que la penetración de los de Orríols vaya a ser tan potente, aunque estén subiendo de manera abrumadora en las encuestas, pero la amenaza está ahí y marca la actitud de los posconvergentes en Madrid. El efecto más directo se produce sobre los Presupuestos . Aunque públicamente se siga sosteniendo que se presentarán, el escenario apunta en sentido contrario. En Moncloa evitan fijar cualquier calendario, los han vinculado a algo tan volátil e incierto como la evolución de la guerra, lo que ya deja en solfa unas cuentas para el presente ejercicio y sin el voto de Junts tampoco habrá apoyos para el próximo. Hasta hace unos meses, fuentes gubernamentales fabulaban con la posibilidad de que la aplicación definitiva de la amnistía —en el plano judicial—, a lo que llegaron a referirse como «el hito político de 2026» , pudiera generar un efecto acelerador de los acuerdos. Consideraban que, una vez que Carles Puigdemont estuviera en España y el proceso de «normalización» con Cataluña hubiera culminado, no habría incentivos para seguir bloqueando la legislatura, porque se tomaría conciencia de la realidad política. Sin embargo, ahora el pesimismo es total. Todavía pendientes de las resoluciones del Tribunal de Justicia de la Unión Europea y el Tribunal Constitucional, las fuentes socialistas consultadas creen que el que fuera presidente de la Generalitat quedará absolutamente «en shock» cuando vuelva a España «y vea que nadie le espera». De este modo, no son capaces de anticipar cuál será su reacción y su traslación a nivel político. Si esto supondrá un componente balsámico o todo lo contrario, exacerbará todavía más los ánimos. Noticia relacionada general No No Illa confirma que el catalán será requisito para renovar el permiso de residencia Daniel TerceroEn todo caso, hasta que no esté en España no se producirá la reunión con el presidente del Gobierno. Un encuentro que Sánchez ha confirmado en numerosas ocasiones que tiene voluntad de materializar, pero que en su entorno siempre han condicionado a dos realidades: que haya culminado el proceso de amnistía —para que pueda producirse en España— y que sirva como broche de un acuerdo entre el Gobierno y Junts. Este gesto siempre se vinculó a la consecución de unas cuentas públicas, pero el tiempo apremia y la cercanía con las generales será inversamente proporcional a la distancia que se buscará marcar con Junts. El Ejecutivo ha iniciado una indisimulable estrategia de viraje al centro y los acuerdos con los independentistas, así como las cesiones que se han ido concediendo para ganarse su favor durante toda la legislatura, suponen un lastre a la credibilidad de esta estrategia.En Moncloa molestó el tono de Díaz hacia Junts: «Si ya había poca agua en la piscina, mejor no acabar de vaciarla».En Moncloa, no obstante, asumen que, pese a la ruptura, Junts no hará nada para desalojarles del poder. Esto es, que no apoyarán una moción de censura para hacer presidente a Alberto Núñez Feijóo, porque esto tendría un efecto perverso en sus aspiraciones en Cataluña. De ahí que el pronunciamiento de Nogueras tuviera escasa resonancia en el Gobierno, donde lo interpretaron como una nueva llamada de atención. «Necesitan gritar para existir», se limitaron a responder en privado, porque tampoco quieren elevar ellos el tono y retroalimentar una espiral de enfrentamientos. Es más, también internamente se critica de forma airada la salida de tono de la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, cuando les tildó de «racistas» en una entrevista con Carlos Alsina en ‘Onda Cero’. «No convienen este tipo de comentarios», señala un dirigente. «Si ya había poca agua en la piscina, mejor no acabar de vaciarla», tercia un ministro. Otras fuentes socialistas son más prudentes y evitan dar los puentes por totalmente rotos. Se limitan a definir —generosamente— como meros «altibajos» la interrupción de las relaciones entre ambos partidos. De este modo, aseguran que Junts apoyará aquellas iniciativas parlamentarias que puedan beneficiarles para su relato de confrontación con Aliança Catalana en Cataluña, cuestiones como la multirreincidencia o la inmigración, o que supongan la consecución de los «incumplimientos» que el Gobierno mantiene con ellos. Un espejismo de viabilidad legislativa, pero que les permita seguir haciendo rodar el balón unos meses más. El pasado miércoles Míriam Nogueras volvía a elevar el tono en la sesión de control al Gobierno en el Congreso. La portavoz de Junts emplazaba a Pedro Sánchez a convocar elecciones ante la falta de horizonte político en la legislatura. En Moncloa hicieron oídos sordos a la invitación, pese a compartir el diagnóstico. En el Ejecutivo costó —en un inicio— digerir la ruptura con el partido de Carles Puigdemont, pero a día de hoy está plenamente metabolizada y ya dan por irrecuperable la relación. «No van a votar nada», resuelven fuentes socialistas sobre la nula viabilidad de cualquier proyecto con cierta trascendencia que el Gobierno quiera llevar a las Cortes. El próximo martes, sin ir más lejos, los posconvergentes condenarán definitivamente el decreto sobre alquileres que Sumar logró arrancarle al PSOE en el Consejo de Ministros que aprobó el paquete de medidas para paliar los efectos de la guerra de Irán.En el Gobierno son plenamente conscientes de que la brújula estratégica de Junts viene condicionada por su pugna electoral con Aliança Catalana. Una competencia que, lejos de irse disipando, se irá recrudeciendo a medida que se acerquen las municipales del próximo mes de mayo. Fuentes socialistas consultadas por ABC no consideran que la penetración de los de Orríols vaya a ser tan potente, aunque estén subiendo de manera abrumadora en las encuestas, pero la amenaza está ahí y marca la actitud de los posconvergentes en Madrid. El efecto más directo se produce sobre los Presupuestos . Aunque públicamente se siga sosteniendo que se presentarán, el escenario apunta en sentido contrario. En Moncloa evitan fijar cualquier calendario, los han vinculado a algo tan volátil e incierto como la evolución de la guerra, lo que ya deja en solfa unas cuentas para el presente ejercicio y sin el voto de Junts tampoco habrá apoyos para el próximo. Hasta hace unos meses, fuentes gubernamentales fabulaban con la posibilidad de que la aplicación definitiva de la amnistía —en el plano judicial—, a lo que llegaron a referirse como «el hito político de 2026» , pudiera generar un efecto acelerador de los acuerdos. Consideraban que, una vez que Carles Puigdemont estuviera en España y el proceso de «normalización» con Cataluña hubiera culminado, no habría incentivos para seguir bloqueando la legislatura, porque se tomaría conciencia de la realidad política. Sin embargo, ahora el pesimismo es total. Todavía pendientes de las resoluciones del Tribunal de Justicia de la Unión Europea y el Tribunal Constitucional, las fuentes socialistas consultadas creen que el que fuera presidente de la Generalitat quedará absolutamente «en shock» cuando vuelva a España «y vea que nadie le espera». De este modo, no son capaces de anticipar cuál será su reacción y su traslación a nivel político. Si esto supondrá un componente balsámico o todo lo contrario, exacerbará todavía más los ánimos. Noticia relacionada general No No Illa confirma que el catalán será requisito para renovar el permiso de residencia Daniel TerceroEn todo caso, hasta que no esté en España no se producirá la reunión con el presidente del Gobierno. Un encuentro que Sánchez ha confirmado en numerosas ocasiones que tiene voluntad de materializar, pero que en su entorno siempre han condicionado a dos realidades: que haya culminado el proceso de amnistía —para que pueda producirse en España— y que sirva como broche de un acuerdo entre el Gobierno y Junts. Este gesto siempre se vinculó a la consecución de unas cuentas públicas, pero el tiempo apremia y la cercanía con las generales será inversamente proporcional a la distancia que se buscará marcar con Junts. El Ejecutivo ha iniciado una indisimulable estrategia de viraje al centro y los acuerdos con los independentistas, así como las cesiones que se han ido concediendo para ganarse su favor durante toda la legislatura, suponen un lastre a la credibilidad de esta estrategia.En Moncloa molestó el tono de Díaz hacia Junts: «Si ya había poca agua en la piscina, mejor no acabar de vaciarla».En Moncloa, no obstante, asumen que, pese a la ruptura, Junts no hará nada para desalojarles del poder. Esto es, que no apoyarán una moción de censura para hacer presidente a Alberto Núñez Feijóo, porque esto tendría un efecto perverso en sus aspiraciones en Cataluña. De ahí que el pronunciamiento de Nogueras tuviera escasa resonancia en el Gobierno, donde lo interpretaron como una nueva llamada de atención. «Necesitan gritar para existir», se limitaron a responder en privado, porque tampoco quieren elevar ellos el tono y retroalimentar una espiral de enfrentamientos. Es más, también internamente se critica de forma airada la salida de tono de la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, cuando les tildó de «racistas» en una entrevista con Carlos Alsina en ‘Onda Cero’. «No convienen este tipo de comentarios», señala un dirigente. «Si ya había poca agua en la piscina, mejor no acabar de vaciarla», tercia un ministro. Otras fuentes socialistas son más prudentes y evitan dar los puentes por totalmente rotos. Se limitan a definir —generosamente— como meros «altibajos» la interrupción de las relaciones entre ambos partidos. De este modo, aseguran que Junts apoyará aquellas iniciativas parlamentarias que puedan beneficiarles para su relato de confrontación con Aliança Catalana en Cataluña, cuestiones como la multirreincidencia o la inmigración, o que supongan la consecución de los «incumplimientos» que el Gobierno mantiene con ellos. Un espejismo de viabilidad legislativa, pero que les permita seguir haciendo rodar el balón unos meses más. 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