El problema de los obituarios es que no hay sorpresas. Empiezas a leerlos y ya te los sabes de memoria: alabanza, lamento y pésame. Sin embargo, con José García Juncal esto no funciona, entre otras cosas porque es imposible que se haya muerto, y claro, sin muerte, no hay obituario. «Pepe» es uno de los otorrinos más prestigiosos de Galicia, lleva prácticamente toda su vida ejerciendo en Orense y siempre que puede se escapa a su Bueu natal o al mediterráneo buscando espacio para sus otras pasiones: el mar y la literatura, ambas perfectamente ensambladas a su humanística labor como facultativo.Dicen que se murió. Es imposible, respondo yo. Y permítanme que no lo crea, al menos, hasta el final de este artículo. Prefiero pensar como Bob Dylan en aquella canción: «He ain’t dead, he’s just asleep» (No está muerto, solo está dormido). Porque, admitiendo que vivir y morir es lo que mejor hacemos —nunca fallamos—, a mí me sigue sin cuadrar.Así pues, querido amigo, cualquier día quedamos. Deseo seguir disfrutando de tu retranca, de tu bonhomía, de tu infinita entrega a los demás, de tu entereza ante el sufrimiento y de tu apasionada defensa de aquellos escritores que sueñan con que alguien aprecie su obra. Los que te queremos, valoramos la huella que dejas dentro y fuera de la consulta, porque no es lo que haces, si no cómo lo haces, amigo Juncal.Y ahora que hablamos de esto, miro tu último mensaje, el que me enviaste hace apenas un mes cuando te invité a la presentación de mi libro, y leo tu respuesta: «No puedo ir, estoy de viaje. Me lo tienes que firmar. Siempre a tu lado».Y me pregunto si será cierto… ¿Te habrás ido de verdad?, porque me resulta extraño no haber sabido de ti desde entonces. Quizás estés escribiendo o mirando al mar o atendiendo a tus pacientes sábados, domingos y festivos; puede que estés preparando ya tus belenes de conchas marinas. Andarás en todo eso, Juncal. Pero… ¿morirte? Nunca. El problema de los obituarios es que no hay sorpresas. Empiezas a leerlos y ya te los sabes de memoria: alabanza, lamento y pésame. Sin embargo, con José García Juncal esto no funciona, entre otras cosas porque es imposible que se haya muerto, y claro, sin muerte, no hay obituario. «Pepe» es uno de los otorrinos más prestigiosos de Galicia, lleva prácticamente toda su vida ejerciendo en Orense y siempre que puede se escapa a su Bueu natal o al mediterráneo buscando espacio para sus otras pasiones: el mar y la literatura, ambas perfectamente ensambladas a su humanística labor como facultativo.Dicen que se murió. Es imposible, respondo yo. Y permítanme que no lo crea, al menos, hasta el final de este artículo. Prefiero pensar como Bob Dylan en aquella canción: «He ain’t dead, he’s just asleep» (No está muerto, solo está dormido). Porque, admitiendo que vivir y morir es lo que mejor hacemos —nunca fallamos—, a mí me sigue sin cuadrar.Así pues, querido amigo, cualquier día quedamos. Deseo seguir disfrutando de tu retranca, de tu bonhomía, de tu infinita entrega a los demás, de tu entereza ante el sufrimiento y de tu apasionada defensa de aquellos escritores que sueñan con que alguien aprecie su obra. Los que te queremos, valoramos la huella que dejas dentro y fuera de la consulta, porque no es lo que haces, si no cómo lo haces, amigo Juncal.Y ahora que hablamos de esto, miro tu último mensaje, el que me enviaste hace apenas un mes cuando te invité a la presentación de mi libro, y leo tu respuesta: «No puedo ir, estoy de viaje. Me lo tienes que firmar. Siempre a tu lado».Y me pregunto si será cierto… ¿Te habrás ido de verdad?, porque me resulta extraño no haber sabido de ti desde entonces. Quizás estés escribiendo o mirando al mar o atendiendo a tus pacientes sábados, domingos y festivos; puede que estés preparando ya tus belenes de conchas marinas. Andarás en todo eso, Juncal. Pero… ¿morirte? Nunca. El problema de los obituarios es que no hay sorpresas. Empiezas a leerlos y ya te los sabes de memoria: alabanza, lamento y pésame. Sin embargo, con José García Juncal esto no funciona, entre otras cosas porque es imposible que se haya muerto, y claro, sin muerte, no hay obituario. «Pepe» es uno de los otorrinos más prestigiosos de Galicia, lleva prácticamente toda su vida ejerciendo en Orense y siempre que puede se escapa a su Bueu natal o al mediterráneo buscando espacio para sus otras pasiones: el mar y la literatura, ambas perfectamente ensambladas a su humanística labor como facultativo.Dicen que se murió. Es imposible, respondo yo. Y permítanme que no lo crea, al menos, hasta el final de este artículo. Prefiero pensar como Bob Dylan en aquella canción: «He ain’t dead, he’s just asleep» (No está muerto, solo está dormido). Porque, admitiendo que vivir y morir es lo que mejor hacemos —nunca fallamos—, a mí me sigue sin cuadrar.Así pues, querido amigo, cualquier día quedamos. Deseo seguir disfrutando de tu retranca, de tu bonhomía, de tu infinita entrega a los demás, de tu entereza ante el sufrimiento y de tu apasionada defensa de aquellos escritores que sueñan con que alguien aprecie su obra. Los que te queremos, valoramos la huella que dejas dentro y fuera de la consulta, porque no es lo que haces, si no cómo lo haces, amigo Juncal.Y ahora que hablamos de esto, miro tu último mensaje, el que me enviaste hace apenas un mes cuando te invité a la presentación de mi libro, y leo tu respuesta: «No puedo ir, estoy de viaje. Me lo tienes que firmar. Siempre a tu lado».Y me pregunto si será cierto… ¿Te habrás ido de verdad?, porque me resulta extraño no haber sabido de ti desde entonces. Quizás estés escribiendo o mirando al mar o atendiendo a tus pacientes sábados, domingos y festivos; puede que estés preparando ya tus belenes de conchas marinas. Andarás en todo eso, Juncal. Pero… ¿morirte? Nunca. RSS de noticias de espana
España Murió Juncal
Murió Juncal
mayo 31, 2026
Noticias Similares
