La FIFA ha roto su silencio. Tras la rebelión sin precedentes de la UEFA, cuyas 55 federaciones acordaron el jueves por unanimidad no participar en ninguna competición internacional mientras siga sobre la mesa el plan para vender una parte del Mundial , el organismo que preside Gianni Infantino difundió este viernes por la mañana un comunicado de contención de daños con una frase destinada a los titulares: «Nadie está vendiendo el fútbol. Es algo que la FIFA jamás contemplaría». La entidad asegura que «reconoce y respeta» las preocupaciones aireadas en público, pero reparte culpas hacia fuera: sostiene que su «proceso de consulta planificado se vio perturbado por informaciones erróneas de los medios», en alusión a las revelaciones de ‘The Times’ y ‘Financial Times’ que el martes destaparon el proyecto. Y, lo más relevante, no retira la propuesta: seguirá adelante con el proceso de consulta «para garantizar que cada federación pueda expresar su voto basándose en hechos».En su intento de apaciguar el incendio, la FIFA ofrece ahora una versión edulcorada de su criatura. Según el comunicado, la FIFA Forward Enterprise (FFE) sería una filial que agruparía las actividades comerciales y operativas de sus torneos, «que la FIFA poseería y controlaría permanentemente»; cada una de las 211 federaciones recibiría 20 millones de dólares de fondos de desarrollo entre 2027 y 2030 «con independencia de su apoyo individual», más otros 20 millones extraordinarios y voluntarios del programa Fast Forward, «financiados por inversión externa sin ceder el control ni alterar la gobernanza». Todo, insiste, es «el punto de partida» de una consulta abierta a «aprobación, rechazo o enmienda», y sin el respaldo de la mayoría «la FFE no se establecerá». El texto incluye, eso sí, un dardo apenas disimulado contra la UEFA de Aleksander Ceferin: «Ninguna entidad puede arrogarse la representación de las 211 federaciones del mundo». Lo que el comunicado omite es lo esencial: que el plan filtrado contempla la venta del 20% del negocio por 4.200 millones de dólares y que un grupo inversor encabezado por la firma de Josh Kushner —hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump — aguarda entre bastidores para hacerse con esa participación minoritaria. La propia Concacaf, menos delicada, describió la maniobra sin eufemismos: crear la FFE y «vender participaciones de la Copa del Mundo a inversores privados».Porque mientras la FIFA redactaba su defensa, la rebelión se le extendía por dos continentes más. La Concacaf, que preside el canadiense Victor Montagliani, miembro del Consejo de la FIFA, reunió el jueves por la noche a los presidentes de sus 41 federaciones y el veredicto fue demoledor: «rechazada» la propuesta. En su comunicado, el organismo denuncia «la falta de garantías procesales», el «plazo artificialmente corto impuesto» y «la ausencia de cualquier revisión o aprobación por parte de los órganos de gobierno competentes de la FIFA», y desliza la pregunta que sobrevuela todo el escándalo: qué necesidad hay de recurrir al capital privado «tras el Mundial más rentable de la historia». La confederación ha encargado además a sus consejeros que exijan a la FIFA estudiar cómo usar sus propias reservas para aumentar los fondos de desarrollo y que instruyan a Infantino para que cualquier asunto «siga los procesos de gobernanza adecuados». No es un detalle menor de dónde llega el golpe: los pesos pesados de la Concacaf son, precisamente, Estados Unidos, México y Canadá, los anfitriones del Mundial que Trump convirtió en escaparate personal.El tercer mazazo llegó este mismo viernes desde Asia. La AFC, cuyo presidente, el jeque Salman bin Ebrahim Al-Khalifa, ya había calificado de «totalmente inaceptable» la falta de consulta en una carta a sus federaciones desvelada por Reuters, se declaró «en solidaridad con la UEFA y la Concacaf» y fue un paso más allá en el diagnóstico: «El hecho de que la situación haya llegado al punto de que la posibilidad real de un boicot al Mundial haya entrado en el debate público debería preocupar a todos los que aman este juego». Sin emplear formalmente la palabra rechazo, la confederación asiática da el proyecto por muerto —«no puede alcanzar de forma realista el consenso amplio y la unidad necesarios para salir adelante» y «debe ser reconsiderado»— y desarma la ofensiva dialéctica de Zúrich al advertir de que el comunicado aclaratorio de la FIFA deja «sin respuesta» las preocupaciones centrales sobre gobernanza. Su sentencia más incómoda para Infantino apunta a su concepto de consulta: «La democracia real no se mide únicamente por la oportunidad de votar».Las cuentas ya no salenCon Asia en el frente del ‘no’, la aritmética se vuelve implacable. Para sacar adelante su plan, Infantino necesita una mayoría simple de las 211 federaciones —106 votos—, además del respaldo del propio Consejo de la FIFA, según recoge ‘The Independent’. Enfrente tiene ya a las 55 federaciones europeas, a las 41 de la Concacaf —35 de ellas con voto en el Congreso— y a los 46 sufragios asiáticos: 136 voluntades declaradas en contra, treinta más de las necesarias para tumbar el proyecto, y eso antes de que se pronuncien África, cuyo comité ejecutivo se reunirá la próxima semana para evaluar la propuesta, Oceanía, que también la estudiará, y una Conmebol que, por ahora, guarda un silencio sepulcral. La fecha límite del 19 de septiembre que el suizo impuso a sus 211 miembros, concebida como un trámite engrasado con la zanahoria de los 40 millones por país, amenaza con convertirse en el escenario de su mayor derrota en una década de mandato. El clima, además, se le enrarece por momentos: Javier Tebas , presidente de LaLiga, ya ha reclamado abiertamente su dimisión.El pulso queda, pues, en tablas envenenadas: la FIFA no retira el plan y la UEFA no retirará el boicot mientras el plan exista, con el Mundial femenino de Brasil 2027 y el de 2030 en España, Portugal y Marruecos como rehenes de la partida. En medio, emergen las primeras voces que piden bajar el balón al suelo: el sindicato mundial de futbolistas (FIFPro) ha propuesto una reunión multisectorial con las cúpulas de la FIFA, la UEFA, la Conmebol, la Asociación de Clubes Europeos y la Asociación Mundial de Ligas bajo una premisa que suena a enmienda al método Infantino: «Las grandes transformaciones requieren grandes debates». Es exactamente lo contrario de lo que ha hecho el dirigente suizo, que quiso vender el torneo más emblemático del planeta con nocturnidad, un calendario exprés y la bendición de la Casa Blanca, y se ha encontrado, por primera vez, con un fútbol mundial dispuesto a plantarle cara. «Hay cosas que, sencillamente, son demasiado importantes como para venderlas», le recordó la UEFA. De momento, tres continentes suscriben la frase. La FIFA ha roto su silencio. Tras la rebelión sin precedentes de la UEFA, cuyas 55 federaciones acordaron el jueves por unanimidad no participar en ninguna competición internacional mientras siga sobre la mesa el plan para vender una parte del Mundial , el organismo que preside Gianni Infantino difundió este viernes por la mañana un comunicado de contención de daños con una frase destinada a los titulares: «Nadie está vendiendo el fútbol. Es algo que la FIFA jamás contemplaría». La entidad asegura que «reconoce y respeta» las preocupaciones aireadas en público, pero reparte culpas hacia fuera: sostiene que su «proceso de consulta planificado se vio perturbado por informaciones erróneas de los medios», en alusión a las revelaciones de ‘The Times’ y ‘Financial Times’ que el martes destaparon el proyecto. Y, lo más relevante, no retira la propuesta: seguirá adelante con el proceso de consulta «para garantizar que cada federación pueda expresar su voto basándose en hechos».En su intento de apaciguar el incendio, la FIFA ofrece ahora una versión edulcorada de su criatura. Según el comunicado, la FIFA Forward Enterprise (FFE) sería una filial que agruparía las actividades comerciales y operativas de sus torneos, «que la FIFA poseería y controlaría permanentemente»; cada una de las 211 federaciones recibiría 20 millones de dólares de fondos de desarrollo entre 2027 y 2030 «con independencia de su apoyo individual», más otros 20 millones extraordinarios y voluntarios del programa Fast Forward, «financiados por inversión externa sin ceder el control ni alterar la gobernanza». Todo, insiste, es «el punto de partida» de una consulta abierta a «aprobación, rechazo o enmienda», y sin el respaldo de la mayoría «la FFE no se establecerá». El texto incluye, eso sí, un dardo apenas disimulado contra la UEFA de Aleksander Ceferin: «Ninguna entidad puede arrogarse la representación de las 211 federaciones del mundo». Lo que el comunicado omite es lo esencial: que el plan filtrado contempla la venta del 20% del negocio por 4.200 millones de dólares y que un grupo inversor encabezado por la firma de Josh Kushner —hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump — aguarda entre bastidores para hacerse con esa participación minoritaria. La propia Concacaf, menos delicada, describió la maniobra sin eufemismos: crear la FFE y «vender participaciones de la Copa del Mundo a inversores privados».Porque mientras la FIFA redactaba su defensa, la rebelión se le extendía por dos continentes más. La Concacaf, que preside el canadiense Victor Montagliani, miembro del Consejo de la FIFA, reunió el jueves por la noche a los presidentes de sus 41 federaciones y el veredicto fue demoledor: «rechazada» la propuesta. En su comunicado, el organismo denuncia «la falta de garantías procesales», el «plazo artificialmente corto impuesto» y «la ausencia de cualquier revisión o aprobación por parte de los órganos de gobierno competentes de la FIFA», y desliza la pregunta que sobrevuela todo el escándalo: qué necesidad hay de recurrir al capital privado «tras el Mundial más rentable de la historia». La confederación ha encargado además a sus consejeros que exijan a la FIFA estudiar cómo usar sus propias reservas para aumentar los fondos de desarrollo y que instruyan a Infantino para que cualquier asunto «siga los procesos de gobernanza adecuados». No es un detalle menor de dónde llega el golpe: los pesos pesados de la Concacaf son, precisamente, Estados Unidos, México y Canadá, los anfitriones del Mundial que Trump convirtió en escaparate personal.El tercer mazazo llegó este mismo viernes desde Asia. La AFC, cuyo presidente, el jeque Salman bin Ebrahim Al-Khalifa, ya había calificado de «totalmente inaceptable» la falta de consulta en una carta a sus federaciones desvelada por Reuters, se declaró «en solidaridad con la UEFA y la Concacaf» y fue un paso más allá en el diagnóstico: «El hecho de que la situación haya llegado al punto de que la posibilidad real de un boicot al Mundial haya entrado en el debate público debería preocupar a todos los que aman este juego». Sin emplear formalmente la palabra rechazo, la confederación asiática da el proyecto por muerto —«no puede alcanzar de forma realista el consenso amplio y la unidad necesarios para salir adelante» y «debe ser reconsiderado»— y desarma la ofensiva dialéctica de Zúrich al advertir de que el comunicado aclaratorio de la FIFA deja «sin respuesta» las preocupaciones centrales sobre gobernanza. Su sentencia más incómoda para Infantino apunta a su concepto de consulta: «La democracia real no se mide únicamente por la oportunidad de votar».Las cuentas ya no salenCon Asia en el frente del ‘no’, la aritmética se vuelve implacable. Para sacar adelante su plan, Infantino necesita una mayoría simple de las 211 federaciones —106 votos—, además del respaldo del propio Consejo de la FIFA, según recoge ‘The Independent’. Enfrente tiene ya a las 55 federaciones europeas, a las 41 de la Concacaf —35 de ellas con voto en el Congreso— y a los 46 sufragios asiáticos: 136 voluntades declaradas en contra, treinta más de las necesarias para tumbar el proyecto, y eso antes de que se pronuncien África, cuyo comité ejecutivo se reunirá la próxima semana para evaluar la propuesta, Oceanía, que también la estudiará, y una Conmebol que, por ahora, guarda un silencio sepulcral. La fecha límite del 19 de septiembre que el suizo impuso a sus 211 miembros, concebida como un trámite engrasado con la zanahoria de los 40 millones por país, amenaza con convertirse en el escenario de su mayor derrota en una década de mandato. El clima, además, se le enrarece por momentos: Javier Tebas , presidente de LaLiga, ya ha reclamado abiertamente su dimisión.El pulso queda, pues, en tablas envenenadas: la FIFA no retira el plan y la UEFA no retirará el boicot mientras el plan exista, con el Mundial femenino de Brasil 2027 y el de 2030 en España, Portugal y Marruecos como rehenes de la partida. En medio, emergen las primeras voces que piden bajar el balón al suelo: el sindicato mundial de futbolistas (FIFPro) ha propuesto una reunión multisectorial con las cúpulas de la FIFA, la UEFA, la Conmebol, la Asociación de Clubes Europeos y la Asociación Mundial de Ligas bajo una premisa que suena a enmienda al método Infantino: «Las grandes transformaciones requieren grandes debates». Es exactamente lo contrario de lo que ha hecho el dirigente suizo, que quiso vender el torneo más emblemático del planeta con nocturnidad, un calendario exprés y la bendición de la Casa Blanca, y se ha encontrado, por primera vez, con un fútbol mundial dispuesto a plantarle cara. «Hay cosas que, sencillamente, son demasiado importantes como para venderlas», le recordó la UEFA. De momento, tres continentes suscriben la frase. La FIFA ha roto su silencio. Tras la rebelión sin precedentes de la UEFA, cuyas 55 federaciones acordaron el jueves por unanimidad no participar en ninguna competición internacional mientras siga sobre la mesa el plan para vender una parte del Mundial , el organismo que preside Gianni Infantino difundió este viernes por la mañana un comunicado de contención de daños con una frase destinada a los titulares: «Nadie está vendiendo el fútbol. Es algo que la FIFA jamás contemplaría». La entidad asegura que «reconoce y respeta» las preocupaciones aireadas en público, pero reparte culpas hacia fuera: sostiene que su «proceso de consulta planificado se vio perturbado por informaciones erróneas de los medios», en alusión a las revelaciones de ‘The Times’ y ‘Financial Times’ que el martes destaparon el proyecto. Y, lo más relevante, no retira la propuesta: seguirá adelante con el proceso de consulta «para garantizar que cada federación pueda expresar su voto basándose en hechos».En su intento de apaciguar el incendio, la FIFA ofrece ahora una versión edulcorada de su criatura. Según el comunicado, la FIFA Forward Enterprise (FFE) sería una filial que agruparía las actividades comerciales y operativas de sus torneos, «que la FIFA poseería y controlaría permanentemente»; cada una de las 211 federaciones recibiría 20 millones de dólares de fondos de desarrollo entre 2027 y 2030 «con independencia de su apoyo individual», más otros 20 millones extraordinarios y voluntarios del programa Fast Forward, «financiados por inversión externa sin ceder el control ni alterar la gobernanza». Todo, insiste, es «el punto de partida» de una consulta abierta a «aprobación, rechazo o enmienda», y sin el respaldo de la mayoría «la FFE no se establecerá». El texto incluye, eso sí, un dardo apenas disimulado contra la UEFA de Aleksander Ceferin: «Ninguna entidad puede arrogarse la representación de las 211 federaciones del mundo». Lo que el comunicado omite es lo esencial: que el plan filtrado contempla la venta del 20% del negocio por 4.200 millones de dólares y que un grupo inversor encabezado por la firma de Josh Kushner —hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump — aguarda entre bastidores para hacerse con esa participación minoritaria. La propia Concacaf, menos delicada, describió la maniobra sin eufemismos: crear la FFE y «vender participaciones de la Copa del Mundo a inversores privados».Porque mientras la FIFA redactaba su defensa, la rebelión se le extendía por dos continentes más. La Concacaf, que preside el canadiense Victor Montagliani, miembro del Consejo de la FIFA, reunió el jueves por la noche a los presidentes de sus 41 federaciones y el veredicto fue demoledor: «rechazada» la propuesta. En su comunicado, el organismo denuncia «la falta de garantías procesales», el «plazo artificialmente corto impuesto» y «la ausencia de cualquier revisión o aprobación por parte de los órganos de gobierno competentes de la FIFA», y desliza la pregunta que sobrevuela todo el escándalo: qué necesidad hay de recurrir al capital privado «tras el Mundial más rentable de la historia». La confederación ha encargado además a sus consejeros que exijan a la FIFA estudiar cómo usar sus propias reservas para aumentar los fondos de desarrollo y que instruyan a Infantino para que cualquier asunto «siga los procesos de gobernanza adecuados». No es un detalle menor de dónde llega el golpe: los pesos pesados de la Concacaf son, precisamente, Estados Unidos, México y Canadá, los anfitriones del Mundial que Trump convirtió en escaparate personal.El tercer mazazo llegó este mismo viernes desde Asia. La AFC, cuyo presidente, el jeque Salman bin Ebrahim Al-Khalifa, ya había calificado de «totalmente inaceptable» la falta de consulta en una carta a sus federaciones desvelada por Reuters, se declaró «en solidaridad con la UEFA y la Concacaf» y fue un paso más allá en el diagnóstico: «El hecho de que la situación haya llegado al punto de que la posibilidad real de un boicot al Mundial haya entrado en el debate público debería preocupar a todos los que aman este juego». Sin emplear formalmente la palabra rechazo, la confederación asiática da el proyecto por muerto —«no puede alcanzar de forma realista el consenso amplio y la unidad necesarios para salir adelante» y «debe ser reconsiderado»— y desarma la ofensiva dialéctica de Zúrich al advertir de que el comunicado aclaratorio de la FIFA deja «sin respuesta» las preocupaciones centrales sobre gobernanza. Su sentencia más incómoda para Infantino apunta a su concepto de consulta: «La democracia real no se mide únicamente por la oportunidad de votar».Las cuentas ya no salenCon Asia en el frente del ‘no’, la aritmética se vuelve implacable. Para sacar adelante su plan, Infantino necesita una mayoría simple de las 211 federaciones —106 votos—, además del respaldo del propio Consejo de la FIFA, según recoge ‘The Independent’. Enfrente tiene ya a las 55 federaciones europeas, a las 41 de la Concacaf —35 de ellas con voto en el Congreso— y a los 46 sufragios asiáticos: 136 voluntades declaradas en contra, treinta más de las necesarias para tumbar el proyecto, y eso antes de que se pronuncien África, cuyo comité ejecutivo se reunirá la próxima semana para evaluar la propuesta, Oceanía, que también la estudiará, y una Conmebol que, por ahora, guarda un silencio sepulcral. La fecha límite del 19 de septiembre que el suizo impuso a sus 211 miembros, concebida como un trámite engrasado con la zanahoria de los 40 millones por país, amenaza con convertirse en el escenario de su mayor derrota en una década de mandato. El clima, además, se le enrarece por momentos: Javier Tebas , presidente de LaLiga, ya ha reclamado abiertamente su dimisión.El pulso queda, pues, en tablas envenenadas: la FIFA no retira el plan y la UEFA no retirará el boicot mientras el plan exista, con el Mundial femenino de Brasil 2027 y el de 2030 en España, Portugal y Marruecos como rehenes de la partida. En medio, emergen las primeras voces que piden bajar el balón al suelo: el sindicato mundial de futbolistas (FIFPro) ha propuesto una reunión multisectorial con las cúpulas de la FIFA, la UEFA, la Conmebol, la Asociación de Clubes Europeos y la Asociación Mundial de Ligas bajo una premisa que suena a enmienda al método Infantino: «Las grandes transformaciones requieren grandes debates». Es exactamente lo contrario de lo que ha hecho el dirigente suizo, que quiso vender el torneo más emblemático del planeta con nocturnidad, un calendario exprés y la bendición de la Casa Blanca, y se ha encontrado, por primera vez, con un fútbol mundial dispuesto a plantarle cara. «Hay cosas que, sencillamente, son demasiado importantes como para venderlas», le recordó la UEFA. De momento, tres continentes suscriben la frase. RSS de noticias de deportes
Noticias Similares
