La etapa coincidente de Mourinho en el banquillo del Real Madrid y Guardiola en el del Barça fue sin duda la más intensa para el periodismo deportivo español. La más divertida. La más bochornosa. La más desagradable. La más divisoria. La de mayor consumo de prensa, radio y televisión. Todo eso junto. Y todo, en gran medida, por la forma en la que el mourinhismo invadió redacciones, corazones y redes sociales. Nada ha vuelto a ser comparable a aquello. No había descanso ni tregua, no había grises: o estabas de un lado o de otro. Recuerdo con nostalgia aquellas ruedas de prensa y zonas mixtas (así llamamos al lugar de los estadios donde los jugadores se detenían, sí detenían, a atender a los periodistas). Los jefes de la tribu lanzaban el primer mensaje tras los partidos y después tenías a Ramos y Piqué, a Arbeloa y Alves, a Xavi Hernández y Xabi Alonso. Cada uno en su bando y cada uno con la escopeta cargada dispuesto a ir al frente y disparar. Con el tiempo me he dado cuenta de que es posible añorar incluso lo que rechazas. A mí me ha pasado con Mourinho. Ni me gusta su fútbol, ni sus formas, ni su historial de actuaciones extravagantes en la banda. Por supuesto, lo más bochornoso fue el dedo en el ojo de Tito Vilanova y la posterior pancarta en el Bernabéu. Pero es que su historial de antecedentes es extenso. Ver al entrenador del Madrid subido a caballito sobre Callejón en la banda de Mestalla, ir a celebrar un gol contra el Villarreal en las narices de Marcelino, salir una hora antes al campo para que el público le pitara sólo a él y no a los jugadores, querer ser a la vez técnico de Portugal y del Madrid… es que fueron tantas. Lo rememoro y casi me resulta imposible imaginar algo así en la actualidad.Noticias relacionadas estandar Si HINCHAS Juan y Medio: «Xabi es un señor, como Ancelotti; Mourinho fue un impresentable» María José Hostalrich estandar Si Hinchas Juan Lobato: «Fui abonado del Madrid hasta Mourinho, luego me borré porque no entendí la falta de señorío» María José Hostalrich Arbeloa y Xabi Alonso fueron sus discípulos más aventajados. El nuevo entrenador del equipo blanco se deshizo ayer en elogios hacia el portugués sólo tres horas después de que el portugués dijera que Arbeloa puede entrenar a cualquier equipo del mundo. Declaraciones de amor, tonos pastel y fidelidades inquebrantables. Así era también la yihad madridista en Twitter que azuzaba un tal Eladio Paramés , una especie de portavoz no oficial de Mourinho que sabe Dios donde andará ahora. Muchos compañeros cayeron en batalla a golpe de ‘trending topic’ y acosos virtuales. Yo hasta le gané un juicio a unos jóvenes cachorros acosadores. Han pasado los años. Mourinho ya no muerde tanto , aunque sigue revolviéndose de vez en cuando. Ya no están Los Manolos en la tele. Twitter se llama X y ahora ahí la batalla es más política que deportiva. Ramos aspira a presidente del Sevilla y Piqué es dueño del Andorra. Xabi Alonso no quiso nunca ser Mourinho y aunque Arbeloa es más batallero que su predecesor en el cargo está a años luz del portugués en casi todo. Y nosotros nos aburrimos un poco más, aunque aquello no nos gustara, lo echamos un poco de menos. Solo un poco. La etapa coincidente de Mourinho en el banquillo del Real Madrid y Guardiola en el del Barça fue sin duda la más intensa para el periodismo deportivo español. La más divertida. La más bochornosa. La más desagradable. La más divisoria. La de mayor consumo de prensa, radio y televisión. Todo eso junto. Y todo, en gran medida, por la forma en la que el mourinhismo invadió redacciones, corazones y redes sociales. Nada ha vuelto a ser comparable a aquello. No había descanso ni tregua, no había grises: o estabas de un lado o de otro. Recuerdo con nostalgia aquellas ruedas de prensa y zonas mixtas (así llamamos al lugar de los estadios donde los jugadores se detenían, sí detenían, a atender a los periodistas). Los jefes de la tribu lanzaban el primer mensaje tras los partidos y después tenías a Ramos y Piqué, a Arbeloa y Alves, a Xavi Hernández y Xabi Alonso. Cada uno en su bando y cada uno con la escopeta cargada dispuesto a ir al frente y disparar. Con el tiempo me he dado cuenta de que es posible añorar incluso lo que rechazas. A mí me ha pasado con Mourinho. Ni me gusta su fútbol, ni sus formas, ni su historial de actuaciones extravagantes en la banda. Por supuesto, lo más bochornoso fue el dedo en el ojo de Tito Vilanova y la posterior pancarta en el Bernabéu. Pero es que su historial de antecedentes es extenso. Ver al entrenador del Madrid subido a caballito sobre Callejón en la banda de Mestalla, ir a celebrar un gol contra el Villarreal en las narices de Marcelino, salir una hora antes al campo para que el público le pitara sólo a él y no a los jugadores, querer ser a la vez técnico de Portugal y del Madrid… es que fueron tantas. Lo rememoro y casi me resulta imposible imaginar algo así en la actualidad.Noticias relacionadas estandar Si HINCHAS Juan y Medio: «Xabi es un señor, como Ancelotti; Mourinho fue un impresentable» María José Hostalrich estandar Si Hinchas Juan Lobato: «Fui abonado del Madrid hasta Mourinho, luego me borré porque no entendí la falta de señorío» María José Hostalrich Arbeloa y Xabi Alonso fueron sus discípulos más aventajados. El nuevo entrenador del equipo blanco se deshizo ayer en elogios hacia el portugués sólo tres horas después de que el portugués dijera que Arbeloa puede entrenar a cualquier equipo del mundo. Declaraciones de amor, tonos pastel y fidelidades inquebrantables. Así era también la yihad madridista en Twitter que azuzaba un tal Eladio Paramés , una especie de portavoz no oficial de Mourinho que sabe Dios donde andará ahora. Muchos compañeros cayeron en batalla a golpe de ‘trending topic’ y acosos virtuales. Yo hasta le gané un juicio a unos jóvenes cachorros acosadores. Han pasado los años. Mourinho ya no muerde tanto , aunque sigue revolviéndose de vez en cuando. Ya no están Los Manolos en la tele. Twitter se llama X y ahora ahí la batalla es más política que deportiva. Ramos aspira a presidente del Sevilla y Piqué es dueño del Andorra. Xabi Alonso no quiso nunca ser Mourinho y aunque Arbeloa es más batallero que su predecesor en el cargo está a años luz del portugués en casi todo. Y nosotros nos aburrimos un poco más, aunque aquello no nos gustara, lo echamos un poco de menos. Solo un poco. La etapa coincidente de Mourinho en el banquillo del Real Madrid y Guardiola en el del Barça fue sin duda la más intensa para el periodismo deportivo español. La más divertida. La más bochornosa. La más desagradable. La más divisoria. La de mayor consumo de prensa, radio y televisión. Todo eso junto. Y todo, en gran medida, por la forma en la que el mourinhismo invadió redacciones, corazones y redes sociales. Nada ha vuelto a ser comparable a aquello. No había descanso ni tregua, no había grises: o estabas de un lado o de otro. Recuerdo con nostalgia aquellas ruedas de prensa y zonas mixtas (así llamamos al lugar de los estadios donde los jugadores se detenían, sí detenían, a atender a los periodistas). Los jefes de la tribu lanzaban el primer mensaje tras los partidos y después tenías a Ramos y Piqué, a Arbeloa y Alves, a Xavi Hernández y Xabi Alonso. Cada uno en su bando y cada uno con la escopeta cargada dispuesto a ir al frente y disparar. Con el tiempo me he dado cuenta de que es posible añorar incluso lo que rechazas. A mí me ha pasado con Mourinho. Ni me gusta su fútbol, ni sus formas, ni su historial de actuaciones extravagantes en la banda. Por supuesto, lo más bochornoso fue el dedo en el ojo de Tito Vilanova y la posterior pancarta en el Bernabéu. Pero es que su historial de antecedentes es extenso. Ver al entrenador del Madrid subido a caballito sobre Callejón en la banda de Mestalla, ir a celebrar un gol contra el Villarreal en las narices de Marcelino, salir una hora antes al campo para que el público le pitara sólo a él y no a los jugadores, querer ser a la vez técnico de Portugal y del Madrid… es que fueron tantas. Lo rememoro y casi me resulta imposible imaginar algo así en la actualidad.Noticias relacionadas estandar Si HINCHAS Juan y Medio: «Xabi es un señor, como Ancelotti; Mourinho fue un impresentable» María José Hostalrich estandar Si Hinchas Juan Lobato: «Fui abonado del Madrid hasta Mourinho, luego me borré porque no entendí la falta de señorío» María José Hostalrich Arbeloa y Xabi Alonso fueron sus discípulos más aventajados. El nuevo entrenador del equipo blanco se deshizo ayer en elogios hacia el portugués sólo tres horas después de que el portugués dijera que Arbeloa puede entrenar a cualquier equipo del mundo. Declaraciones de amor, tonos pastel y fidelidades inquebrantables. Así era también la yihad madridista en Twitter que azuzaba un tal Eladio Paramés , una especie de portavoz no oficial de Mourinho que sabe Dios donde andará ahora. Muchos compañeros cayeron en batalla a golpe de ‘trending topic’ y acosos virtuales. Yo hasta le gané un juicio a unos jóvenes cachorros acosadores. Han pasado los años. Mourinho ya no muerde tanto , aunque sigue revolviéndose de vez en cuando. Ya no están Los Manolos en la tele. Twitter se llama X y ahora ahí la batalla es más política que deportiva. Ramos aspira a presidente del Sevilla y Piqué es dueño del Andorra. Xabi Alonso no quiso nunca ser Mourinho y aunque Arbeloa es más batallero que su predecesor en el cargo está a años luz del portugués en casi todo. Y nosotros nos aburrimos un poco más, aunque aquello no nos gustara, lo echamos un poco de menos. Solo un poco. RSS de noticias de deportes
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