Un país paralizado. Millones de personas con mariposas en el estómago y con el alma encogida por algo intranscendente que, sin embargo, conmueve y agita más que las cosas de verdad importantes. Millones de camisetas con el mismo color repartidas por toda España y trillones de problemas aparcados, opacados, olvidados, al menos por el periodo de tiempo que dura un acontecimiento deportivo. Concentraciones espontáneas en los bares, las calles, las áreas de descanso de las autopistas. Playas y piscinas desiertas, sonrisas nerviosas, cuñados haciendo planteamientos estratégicos variados, las neveras llenas de cerveza fría y viandas, pero pocas ganas de comer porque con los nervios no entra nada. Y al final, como en cualquier deporte, a veces te toca ganar y en otras te vas decepcionado.
Un país paralizado. Millones de personas con mariposas en el estómago y con el alma encogida por algo intranscendente que, sin embargo, conmueve y agita más que las cosas de ver
Un país paralizado. Millones de personas con mariposas en el estómago y con el alma encogida por algo intranscendente que, sin embargo, conmueve y agita más que las cosas de verdad importantes. Millones de camisetas con el mismo color repartidas por toda España y trillones de problemas aparcados, opacados, olvidados, al menos por el periodo de tiempo que dura un acontecimiento deportivo. Concentraciones espontáneas en los bares, las calles, las áreas de descanso de las autopistas. Playas y piscinas desiertas, sonrisas nerviosas, cuñados haciendo planteamientos estratégicos variados, las neveras llenas de cerveza fría y viandas, pero pocas ganas de comer porque con los nervios no entra nada. Y al final, como en cualquier deporte, a veces te toca ganar y en otras te vas decepcionado.
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