<p><strong>Oliver Laxe</strong> (París, 1982) es, quizá, el menos convencional de los directores españoles que han pasado por este circo de los Oscar. Siente que su cine está en las antípodas de lo académico o lo tradicional, habla de su película como una invitación a morirse al verla y la entiende como una obra que, además de verse con los ojos, se ve con el cuerpo. «Yo soy <i>galego </i>y mi cine es ambiguo, polisémico y sensorial, una apuesta difícil en estos tiempos en los que vivimos de algoritmos, de películas prefabricadas», dice a EL MUNDO desde Los Angeles horas antes de que <i><strong>Sirat</strong></i><strong>,</strong> su viaje radical hacia el abismo, comparezca en la gala del Dolby Theater con dos nominaciones bajo el brazo, como mejor película extranjera y mejor sonido. </p>
Sirat, la película del gallego opta a dos premios en la gala de este domingo: Mejor película internacional y Mejor sonido
<p><strong>Oliver Laxe</strong> (París, 1982) es, quizá, el menos convencional de los directores españoles que han pasado por este circo de los Oscar. Siente que su cine está en las antípodas de lo académico o lo tradicional, habla de su película como una invitación a morirse al verla y la entiende como una obra que, además de verse con los ojos, se ve con el cuerpo. «Yo soy <i>galego </i>y mi cine es ambiguo, polisémico y sensorial, una apuesta difícil en estos tiempos en los que vivimos de algoritmos, de películas prefabricadas», dice a EL MUNDO desde Los Angeles horas antes de que <i><strong>Sirat</strong></i><strong>,</strong> su viaje radical hacia el abismo, comparezca en la gala del Dolby Theater con dos nominaciones bajo el brazo, como mejor película extranjera y mejor sonido. </p>
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