Paul McGrath se santigua al cruzar la meta, imponente, finísimo, con una altura muy por encima de la media de los marchadores. Sus ojos azules y su sonrisa enorme. Su Virgen de Montserrat al cuello y el abrazo con su familia en el corazón de Birmingham, Victoria Square, lugar fetiche ya para siempre para el atletismo español. La euforia rompe el protocolo. Su padre james, es un escocés, hijo de irlandeses que emigraron tras la Segunda Guerra Mundial, que se enamoró de una catalana, Isabel. Del amor surgió un talento insospechado que celebró a lo grande su primer oro internacional, tan sólo el avance de lo que está por venir: «El objetivo son Los Ángeles, esto es un paso más, voy por el camino correcto».
El catalán, de padre escocés, logró su primer oro internacional con la vista puesta en Los Ángeles. «Después de Tokio tuve una crisis existencial y me puse a estudiar como loco», cuenta.
Paul McGrath se santigua al cruzar la meta, imponente, finísimo, con una altura muy por encima de la media de los marchadores. Sus ojos azules y su sonrisa enorme. Su Virgen de Montserrat al cuello y el abrazo con su familia en el corazón de Birmingham, Victoria Square, lugar fetiche ya para siempre para el atletismo español. La euforia rompe el protocolo. Su padre james, es un escocés, hijo de irlandeses que emigraron tras la Segunda Guerra Mundial, que se enamoró de una catalana, Isabel. Del amor surgió un talento insospechado que celebró a lo grande su primer oro internacional, tan sólo el avance de lo que está por venir: «El objetivo son Los Ángeles, esto es un paso más, voy por el camino correcto».
Noticias de Deportes
