« ¡Pax avant! ». Por tres veces, el juramento de ‘paz en adelante’ resuena cada 13 de julio en la frontera pirenaica que separa el valle navarro del Roncal del francés de Baretous. Mientras Pamplona apura los Sanfermines, a unos 130 kilómetros vecinos de uno y otro lado del paso fronterizo suben hasta la cumbre de Ernaz y allí, en la Piedra de San Martín, a 1.760 metros de altura, renuevan un pacto de concordia que se remonta a época remota. Al menos desde 1375, que se tenga constancia, los baretoneses han cumplido con el llamado Tributo de las Tres Vacas , entregando a los roncaleses tres vacas del mismo pelaje, dentaje y astaje, en una fiesta que acaba, como en un cómic de Asterix, en una abundante comida comunitaria.Ya en 1923, ABC dio cuenta de este tributo pintoresco que hoy presume de ser el tratado internacional en vigor más antiguo de Europa . Según narró este periódico, su origen data del siglo II a.C., cuando los baretoneses guiaron y ayudaron a los cimbrios a entrar en España por el valle del Roncal, «destruyendo cuanto encontraban por delante». Aunque los invasores germanos fueron expulsados de nuevo a Francia, los roncaleses continuaron los enfrentamientos contra sus vecinos baretoneses, que sólo terminaron cuando éstos ofrecieron vasallaje y el pago anual de tres vacas. «Desde entonces, con la única excepción de tres años -desde 1373 a 1375-, ni una sola vez ha dejado de satisfacerse el tributo, cualesquiera que fuesen las condiciones las circunstancias de la comarca obligada y las condiciones del tiempo», se decía en la nota escrita hace un siglo. El Tributo de las Tres Vacas, en informaciones de ABC durante la Guerra Civil ABCNapoleón III trató de suprimir este acto, que consideraba humillante para Francia, pero se topó con la oposición de los baretoneses, que quisieron mantener esa tradición transmitida de padres a hijos, en aras de una buena vecindad. Ni siquiera durante la Primera Guerra Mundial los franceses faltaron a la cita, aunque sí en la segunda, a su pesar. Los nazis les impidieron acudir a su compromiso en 1944 por miedo a que escaparan a España. En compensación, los baretoneses añadieron una vaca más al tributo en los años siguientes.Noticia relacionada reportaje No No Decíamos ayer El año sin verano Mónica ArrizabalagaHasta entonces, solo en otro breve intervalo en el siglo XIV había dejado de pagarse. En un reportaje publicado en ‘Blanco y Negro’, curiosamente un día después del inicio de la Guerra Civil, el periodista navarro Fermín Mugueta explicó que, en 1373, una riña entre pastores por las fuentes de agua para el ganado derivó en «una guerra de escaramuzas y venganzas crueles». La sentencia arbitral de Ansó (Huesca), que puso fin al conflicto en 1375, determinó que el valle de Baretous cumpliera en adelante «perpetuamente» el tributo de las tres vacas, un compromiso que los franceses han respetado desde entonces con unas 1.900 reses.Si nada lo impide, este lunes se sumará el pago de otras tres más. Alcaldes del valle del Roncal, ataviados a la vieja usanza, y multitud de vecinos y curiosos se encontrarán en el collado de Ernaz con los de Baretous y sus autoridades, con la banda tricolor cruzada en el pecho. Ante la delegación de la villa oscense de Ansó, que ejerce como garante del acuerdo, el alcalde de Isaba preguntará por tres veces a los franceses si están dispuestos a pagar el tributo, como vienen haciendo en años anteriores, y estos responderán reiteradamente que sí. Sobre el mojón 262, que delimita España y Francia, representantes de uno y otro valle colocarán sus manos alternativamente. El último será el regidor roncalés que, tras poner la suya y su bastón de mando, exclamará: «¡Pax avant!». El resto repetirá la misma expresión de «Paz en adelante» otras tres veces. Se nombrará a los guardas que ese año vigilarán el uso de los pastos y las fuentes y, con la firma del acta, roncaleses y baretoneses renovarán su acuerdo un año más. Un veterinario roncalés elegirá luego tres de las vacas francesas, aunque hace años que los baretoneses no entregan los animales. En este siglo XXI extienden un cheque por su importe, que se dividen entre Isaba (dos tercios) y las villas de Uztárroz, Urzainqui y Garde, en orden alterno. Es el único detalle de modernidad que se ha colado en un antiguo ritual que hoy podría inspirar otros necesarios ‘Pax avant’. « ¡Pax avant! ». Por tres veces, el juramento de ‘paz en adelante’ resuena cada 13 de julio en la frontera pirenaica que separa el valle navarro del Roncal del francés de Baretous. Mientras Pamplona apura los Sanfermines, a unos 130 kilómetros vecinos de uno y otro lado del paso fronterizo suben hasta la cumbre de Ernaz y allí, en la Piedra de San Martín, a 1.760 metros de altura, renuevan un pacto de concordia que se remonta a época remota. Al menos desde 1375, que se tenga constancia, los baretoneses han cumplido con el llamado Tributo de las Tres Vacas , entregando a los roncaleses tres vacas del mismo pelaje, dentaje y astaje, en una fiesta que acaba, como en un cómic de Asterix, en una abundante comida comunitaria.Ya en 1923, ABC dio cuenta de este tributo pintoresco que hoy presume de ser el tratado internacional en vigor más antiguo de Europa . Según narró este periódico, su origen data del siglo II a.C., cuando los baretoneses guiaron y ayudaron a los cimbrios a entrar en España por el valle del Roncal, «destruyendo cuanto encontraban por delante». Aunque los invasores germanos fueron expulsados de nuevo a Francia, los roncaleses continuaron los enfrentamientos contra sus vecinos baretoneses, que sólo terminaron cuando éstos ofrecieron vasallaje y el pago anual de tres vacas. «Desde entonces, con la única excepción de tres años -desde 1373 a 1375-, ni una sola vez ha dejado de satisfacerse el tributo, cualesquiera que fuesen las condiciones las circunstancias de la comarca obligada y las condiciones del tiempo», se decía en la nota escrita hace un siglo. El Tributo de las Tres Vacas, en informaciones de ABC durante la Guerra Civil ABCNapoleón III trató de suprimir este acto, que consideraba humillante para Francia, pero se topó con la oposición de los baretoneses, que quisieron mantener esa tradición transmitida de padres a hijos, en aras de una buena vecindad. Ni siquiera durante la Primera Guerra Mundial los franceses faltaron a la cita, aunque sí en la segunda, a su pesar. Los nazis les impidieron acudir a su compromiso en 1944 por miedo a que escaparan a España. En compensación, los baretoneses añadieron una vaca más al tributo en los años siguientes.Noticia relacionada reportaje No No Decíamos ayer El año sin verano Mónica ArrizabalagaHasta entonces, solo en otro breve intervalo en el siglo XIV había dejado de pagarse. En un reportaje publicado en ‘Blanco y Negro’, curiosamente un día después del inicio de la Guerra Civil, el periodista navarro Fermín Mugueta explicó que, en 1373, una riña entre pastores por las fuentes de agua para el ganado derivó en «una guerra de escaramuzas y venganzas crueles». La sentencia arbitral de Ansó (Huesca), que puso fin al conflicto en 1375, determinó que el valle de Baretous cumpliera en adelante «perpetuamente» el tributo de las tres vacas, un compromiso que los franceses han respetado desde entonces con unas 1.900 reses.Si nada lo impide, este lunes se sumará el pago de otras tres más. Alcaldes del valle del Roncal, ataviados a la vieja usanza, y multitud de vecinos y curiosos se encontrarán en el collado de Ernaz con los de Baretous y sus autoridades, con la banda tricolor cruzada en el pecho. Ante la delegación de la villa oscense de Ansó, que ejerce como garante del acuerdo, el alcalde de Isaba preguntará por tres veces a los franceses si están dispuestos a pagar el tributo, como vienen haciendo en años anteriores, y estos responderán reiteradamente que sí. Sobre el mojón 262, que delimita España y Francia, representantes de uno y otro valle colocarán sus manos alternativamente. El último será el regidor roncalés que, tras poner la suya y su bastón de mando, exclamará: «¡Pax avant!». El resto repetirá la misma expresión de «Paz en adelante» otras tres veces. Se nombrará a los guardas que ese año vigilarán el uso de los pastos y las fuentes y, con la firma del acta, roncaleses y baretoneses renovarán su acuerdo un año más. Un veterinario roncalés elegirá luego tres de las vacas francesas, aunque hace años que los baretoneses no entregan los animales. En este siglo XXI extienden un cheque por su importe, que se dividen entre Isaba (dos tercios) y las villas de Uztárroz, Urzainqui y Garde, en orden alterno. Es el único detalle de modernidad que se ha colado en un antiguo ritual que hoy podría inspirar otros necesarios ‘Pax avant’. « ¡Pax avant! ». Por tres veces, el juramento de ‘paz en adelante’ resuena cada 13 de julio en la frontera pirenaica que separa el valle navarro del Roncal del francés de Baretous. Mientras Pamplona apura los Sanfermines, a unos 130 kilómetros vecinos de uno y otro lado del paso fronterizo suben hasta la cumbre de Ernaz y allí, en la Piedra de San Martín, a 1.760 metros de altura, renuevan un pacto de concordia que se remonta a época remota. Al menos desde 1375, que se tenga constancia, los baretoneses han cumplido con el llamado Tributo de las Tres Vacas , entregando a los roncaleses tres vacas del mismo pelaje, dentaje y astaje, en una fiesta que acaba, como en un cómic de Asterix, en una abundante comida comunitaria.Ya en 1923, ABC dio cuenta de este tributo pintoresco que hoy presume de ser el tratado internacional en vigor más antiguo de Europa . Según narró este periódico, su origen data del siglo II a.C., cuando los baretoneses guiaron y ayudaron a los cimbrios a entrar en España por el valle del Roncal, «destruyendo cuanto encontraban por delante». Aunque los invasores germanos fueron expulsados de nuevo a Francia, los roncaleses continuaron los enfrentamientos contra sus vecinos baretoneses, que sólo terminaron cuando éstos ofrecieron vasallaje y el pago anual de tres vacas. «Desde entonces, con la única excepción de tres años -desde 1373 a 1375-, ni una sola vez ha dejado de satisfacerse el tributo, cualesquiera que fuesen las condiciones las circunstancias de la comarca obligada y las condiciones del tiempo», se decía en la nota escrita hace un siglo. El Tributo de las Tres Vacas, en informaciones de ABC durante la Guerra Civil ABCNapoleón III trató de suprimir este acto, que consideraba humillante para Francia, pero se topó con la oposición de los baretoneses, que quisieron mantener esa tradición transmitida de padres a hijos, en aras de una buena vecindad. Ni siquiera durante la Primera Guerra Mundial los franceses faltaron a la cita, aunque sí en la segunda, a su pesar. Los nazis les impidieron acudir a su compromiso en 1944 por miedo a que escaparan a España. En compensación, los baretoneses añadieron una vaca más al tributo en los años siguientes.Noticia relacionada reportaje No No Decíamos ayer El año sin verano Mónica ArrizabalagaHasta entonces, solo en otro breve intervalo en el siglo XIV había dejado de pagarse. En un reportaje publicado en ‘Blanco y Negro’, curiosamente un día después del inicio de la Guerra Civil, el periodista navarro Fermín Mugueta explicó que, en 1373, una riña entre pastores por las fuentes de agua para el ganado derivó en «una guerra de escaramuzas y venganzas crueles». La sentencia arbitral de Ansó (Huesca), que puso fin al conflicto en 1375, determinó que el valle de Baretous cumpliera en adelante «perpetuamente» el tributo de las tres vacas, un compromiso que los franceses han respetado desde entonces con unas 1.900 reses.Si nada lo impide, este lunes se sumará el pago de otras tres más. Alcaldes del valle del Roncal, ataviados a la vieja usanza, y multitud de vecinos y curiosos se encontrarán en el collado de Ernaz con los de Baretous y sus autoridades, con la banda tricolor cruzada en el pecho. Ante la delegación de la villa oscense de Ansó, que ejerce como garante del acuerdo, el alcalde de Isaba preguntará por tres veces a los franceses si están dispuestos a pagar el tributo, como vienen haciendo en años anteriores, y estos responderán reiteradamente que sí. Sobre el mojón 262, que delimita España y Francia, representantes de uno y otro valle colocarán sus manos alternativamente. El último será el regidor roncalés que, tras poner la suya y su bastón de mando, exclamará: «¡Pax avant!». El resto repetirá la misma expresión de «Paz en adelante» otras tres veces. Se nombrará a los guardas que ese año vigilarán el uso de los pastos y las fuentes y, con la firma del acta, roncaleses y baretoneses renovarán su acuerdo un año más. Un veterinario roncalés elegirá luego tres de las vacas francesas, aunque hace años que los baretoneses no entregan los animales. En este siglo XXI extienden un cheque por su importe, que se dividen entre Isaba (dos tercios) y las villas de Uztárroz, Urzainqui y Garde, en orden alterno. Es el único detalle de modernidad que se ha colado en un antiguo ritual que hoy podría inspirar otros necesarios ‘Pax avant’. RSS de noticias de cultura
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