En momentos de turbulencia conviene recordar las palabras del célebre inversor Peter Lynch: «Los inversores que intentan adelantarse a las correcciones o protegerse de ellas han perdido mucho más dinero que el que se ha perdido en las propias correcciones». Esta verdad, sobradamente contrastada, es una de esas máximas que resultan mucho más fáciles de entender que de aplicar, pero cuya vigencia conviene no olvidar.Las emociones -y no es la primera vez que lo mencionamos- son el peor consejero financiero. Precisamente en fases de incertidumbre es cuando más pueden traicionarnos. Para combatir el miedo resulta útil un ejercicio de memoria reciente: no hay que remontarse demasiado lejos para recordar la sucesión de crisis que hemos vivido en los últimos años, una concatenación inédita de eventos que, desde un punto de vista estadístico, se consideran de riesgo extremo. Sin embargo, su repetición no aumenta la probabilidad de que vuelvan a ocurrir; más bien al contrario.Noticia relacionada opinion No No el quinto en discordia Los contrapoderes funcionan José Ramón IturriagaConviene también ser conscientes de que muchos conocen bien el funcionamiento de la psicología humana y tratan de aprovecharlo. El ‘marketing del miedo’ es poderosísimo. Y no faltan aspirantes a Nostradamus que, en situaciones como la actual, buscan su minuto de gloria. Cabe preguntarse qué habría sido de nosotros si les hubiéramos hecho caso cada vez que en las últimas dos décadas anunciaron el fin del mundo.En estas circunstancias, la lógica es clara: por definición, el fin del mundo solo ocurre una vez. Si llegara ese momento, más valdría seguir el consejo de Chavela Vargas: que nos pille bailando. Pero no se preocupen: tampoco será esta la ocasión.Europa seguirá de modaAunque no nos haya dado tiempo a comentarlo, la actualidad manda, febrero fue un mes histórico para los mercados europeos en términos de entrada de flujos hacia la renta variable. Las razones son múltiples: mejora económica tanto en los países periféricos como en Alemania, preocupación por el dólar que impulsa a buscar alternativas y una apuesta renovada por la economía tradicional europea ante los riesgos asociados a las tecnológicas estadounidenses. Son temas de los que llevamos hablando tiempo de forma separada. Sin ir más lejos, Torsten Slok, economista jefe de Apollo, recientemente analizaba la inversión en infraestructura de datos por parte de los gigantes tecnológicos. Los 646.000 millones de dólares previstos para 2026, son un gasto ingente en un entorno de obsolescencia incierta, suministro eléctrico no garantizado, demanda por demostrar y rentabilidad por validar. Y esto es algo que no se va resolver de un día para otro. A todo esto, se suma una valoración más atractiva frente a sus homólogas norteamericanas. El resultado ha sido un comportamiento del Stoxx600 claramente superior al del S&P500, en el arranque de este año, en contraste con años anteriores.Una cosa es la política conjunta europea -que muchas veces invita a salir corriendo- y otra muy distinta lo que hacen los grandes inversores con su dinero, que se impone siempre cuando detecta una oportunidad. De hecho, es poco probable que este año tengamos muchas oportunidades de ver el Ibex35 por debajo de los 17.000 puntos, como ocurrió la semana pasada. Pensándolo bien, quizá no volvamos a ver la bolsa española a estos niveles en toda una vida, salvo catástrofe. Y las catástrofes abundan menos de lo que algunos creen.No se trata de una crisis energéticaAl menos por ahora, lo ocurrido en los mercados no puede calificarse como una crisis energética. Compararlo con lo sucedido en 2022 es prematuro y erróneo. Ni el número de materias primas afectadas, ni la magnitud, ni la duración del repunte son comparables. Estos tres factores son los que determinan si estamos o no ante una crisis real.En 2021-2022 subió todo: petróleo, carbón, gas y electricidad. Los incrementos fueron extremos y se prolongaron durante varios trimestres. Hoy, el impacto se concentra en el petróleo y el gas licuado, sin afectar a la electricidad o al carbón, y sin repercutir en mercados clave como Estados Unidos o Canadá. Además, el petróleo apenas ha subido un 20% y los niveles actuales no son preocupantes: 80 dólares hoy equivalen a unos 60 de hace unos años. El punto de partida, tanto del gas como del crudo, era de precios bajos por exceso de oferta.Recordemos que, tras la invasión de Ucrania, el petróleo llegó a 130 dólares y el gas a 350 euros/MWh, frente a los poco más de 50 actuales. No hay comparación posible.Existe, por supuesto, un escenario catastrófico -que Estados Unidos haya calculado mal y que Irán tenga una capacidad de respuesta mucho mayor y ataque las instalaciones petrolíferas del resto de países del golfo, sacando del mercado 20 millones de barriles diarios-, pero no parece ni mucho menos probable tras una semana de conflicto. Todo apunta a lo contrario.Por tanto, el mercado subirá y bajará, y volverá a hacerlo, pero no da la sensación de que estemos ante un episodio duradero. Tampoco parece que las rebajas vayan a prolongarse demasiado. Conviene aprovecharlas. En momentos de turbulencia conviene recordar las palabras del célebre inversor Peter Lynch: «Los inversores que intentan adelantarse a las correcciones o protegerse de ellas han perdido mucho más dinero que el que se ha perdido en las propias correcciones». Esta verdad, sobradamente contrastada, es una de esas máximas que resultan mucho más fáciles de entender que de aplicar, pero cuya vigencia conviene no olvidar.Las emociones -y no es la primera vez que lo mencionamos- son el peor consejero financiero. Precisamente en fases de incertidumbre es cuando más pueden traicionarnos. Para combatir el miedo resulta útil un ejercicio de memoria reciente: no hay que remontarse demasiado lejos para recordar la sucesión de crisis que hemos vivido en los últimos años, una concatenación inédita de eventos que, desde un punto de vista estadístico, se consideran de riesgo extremo. Sin embargo, su repetición no aumenta la probabilidad de que vuelvan a ocurrir; más bien al contrario.Noticia relacionada opinion No No el quinto en discordia Los contrapoderes funcionan José Ramón IturriagaConviene también ser conscientes de que muchos conocen bien el funcionamiento de la psicología humana y tratan de aprovecharlo. El ‘marketing del miedo’ es poderosísimo. Y no faltan aspirantes a Nostradamus que, en situaciones como la actual, buscan su minuto de gloria. Cabe preguntarse qué habría sido de nosotros si les hubiéramos hecho caso cada vez que en las últimas dos décadas anunciaron el fin del mundo.En estas circunstancias, la lógica es clara: por definición, el fin del mundo solo ocurre una vez. Si llegara ese momento, más valdría seguir el consejo de Chavela Vargas: que nos pille bailando. Pero no se preocupen: tampoco será esta la ocasión.Europa seguirá de modaAunque no nos haya dado tiempo a comentarlo, la actualidad manda, febrero fue un mes histórico para los mercados europeos en términos de entrada de flujos hacia la renta variable. Las razones son múltiples: mejora económica tanto en los países periféricos como en Alemania, preocupación por el dólar que impulsa a buscar alternativas y una apuesta renovada por la economía tradicional europea ante los riesgos asociados a las tecnológicas estadounidenses. Son temas de los que llevamos hablando tiempo de forma separada. Sin ir más lejos, Torsten Slok, economista jefe de Apollo, recientemente analizaba la inversión en infraestructura de datos por parte de los gigantes tecnológicos. Los 646.000 millones de dólares previstos para 2026, son un gasto ingente en un entorno de obsolescencia incierta, suministro eléctrico no garantizado, demanda por demostrar y rentabilidad por validar. Y esto es algo que no se va resolver de un día para otro. A todo esto, se suma una valoración más atractiva frente a sus homólogas norteamericanas. El resultado ha sido un comportamiento del Stoxx600 claramente superior al del S&P500, en el arranque de este año, en contraste con años anteriores.Una cosa es la política conjunta europea -que muchas veces invita a salir corriendo- y otra muy distinta lo que hacen los grandes inversores con su dinero, que se impone siempre cuando detecta una oportunidad. De hecho, es poco probable que este año tengamos muchas oportunidades de ver el Ibex35 por debajo de los 17.000 puntos, como ocurrió la semana pasada. Pensándolo bien, quizá no volvamos a ver la bolsa española a estos niveles en toda una vida, salvo catástrofe. Y las catástrofes abundan menos de lo que algunos creen.No se trata de una crisis energéticaAl menos por ahora, lo ocurrido en los mercados no puede calificarse como una crisis energética. Compararlo con lo sucedido en 2022 es prematuro y erróneo. Ni el número de materias primas afectadas, ni la magnitud, ni la duración del repunte son comparables. Estos tres factores son los que determinan si estamos o no ante una crisis real.En 2021-2022 subió todo: petróleo, carbón, gas y electricidad. Los incrementos fueron extremos y se prolongaron durante varios trimestres. Hoy, el impacto se concentra en el petróleo y el gas licuado, sin afectar a la electricidad o al carbón, y sin repercutir en mercados clave como Estados Unidos o Canadá. Además, el petróleo apenas ha subido un 20% y los niveles actuales no son preocupantes: 80 dólares hoy equivalen a unos 60 de hace unos años. El punto de partida, tanto del gas como del crudo, era de precios bajos por exceso de oferta.Recordemos que, tras la invasión de Ucrania, el petróleo llegó a 130 dólares y el gas a 350 euros/MWh, frente a los poco más de 50 actuales. No hay comparación posible.Existe, por supuesto, un escenario catastrófico -que Estados Unidos haya calculado mal y que Irán tenga una capacidad de respuesta mucho mayor y ataque las instalaciones petrolíferas del resto de países del golfo, sacando del mercado 20 millones de barriles diarios-, pero no parece ni mucho menos probable tras una semana de conflicto. Todo apunta a lo contrario.Por tanto, el mercado subirá y bajará, y volverá a hacerlo, pero no da la sensación de que estemos ante un episodio duradero. Tampoco parece que las rebajas vayan a prolongarse demasiado. Conviene aprovecharlas. En momentos de turbulencia conviene recordar las palabras del célebre inversor Peter Lynch: «Los inversores que intentan adelantarse a las correcciones o protegerse de ellas han perdido mucho más dinero que el que se ha perdido en las propias correcciones». Esta verdad, sobradamente contrastada, es una de esas máximas que resultan mucho más fáciles de entender que de aplicar, pero cuya vigencia conviene no olvidar.Las emociones -y no es la primera vez que lo mencionamos- son el peor consejero financiero. Precisamente en fases de incertidumbre es cuando más pueden traicionarnos. Para combatir el miedo resulta útil un ejercicio de memoria reciente: no hay que remontarse demasiado lejos para recordar la sucesión de crisis que hemos vivido en los últimos años, una concatenación inédita de eventos que, desde un punto de vista estadístico, se consideran de riesgo extremo. Sin embargo, su repetición no aumenta la probabilidad de que vuelvan a ocurrir; más bien al contrario.Noticia relacionada opinion No No el quinto en discordia Los contrapoderes funcionan José Ramón IturriagaConviene también ser conscientes de que muchos conocen bien el funcionamiento de la psicología humana y tratan de aprovecharlo. El ‘marketing del miedo’ es poderosísimo. Y no faltan aspirantes a Nostradamus que, en situaciones como la actual, buscan su minuto de gloria. Cabe preguntarse qué habría sido de nosotros si les hubiéramos hecho caso cada vez que en las últimas dos décadas anunciaron el fin del mundo.En estas circunstancias, la lógica es clara: por definición, el fin del mundo solo ocurre una vez. Si llegara ese momento, más valdría seguir el consejo de Chavela Vargas: que nos pille bailando. Pero no se preocupen: tampoco será esta la ocasión.Europa seguirá de modaAunque no nos haya dado tiempo a comentarlo, la actualidad manda, febrero fue un mes histórico para los mercados europeos en términos de entrada de flujos hacia la renta variable. Las razones son múltiples: mejora económica tanto en los países periféricos como en Alemania, preocupación por el dólar que impulsa a buscar alternativas y una apuesta renovada por la economía tradicional europea ante los riesgos asociados a las tecnológicas estadounidenses. Son temas de los que llevamos hablando tiempo de forma separada. Sin ir más lejos, Torsten Slok, economista jefe de Apollo, recientemente analizaba la inversión en infraestructura de datos por parte de los gigantes tecnológicos. Los 646.000 millones de dólares previstos para 2026, son un gasto ingente en un entorno de obsolescencia incierta, suministro eléctrico no garantizado, demanda por demostrar y rentabilidad por validar. Y esto es algo que no se va resolver de un día para otro. A todo esto, se suma una valoración más atractiva frente a sus homólogas norteamericanas. El resultado ha sido un comportamiento del Stoxx600 claramente superior al del S&P500, en el arranque de este año, en contraste con años anteriores.Una cosa es la política conjunta europea -que muchas veces invita a salir corriendo- y otra muy distinta lo que hacen los grandes inversores con su dinero, que se impone siempre cuando detecta una oportunidad. De hecho, es poco probable que este año tengamos muchas oportunidades de ver el Ibex35 por debajo de los 17.000 puntos, como ocurrió la semana pasada. Pensándolo bien, quizá no volvamos a ver la bolsa española a estos niveles en toda una vida, salvo catástrofe. Y las catástrofes abundan menos de lo que algunos creen.No se trata de una crisis energéticaAl menos por ahora, lo ocurrido en los mercados no puede calificarse como una crisis energética. Compararlo con lo sucedido en 2022 es prematuro y erróneo. Ni el número de materias primas afectadas, ni la magnitud, ni la duración del repunte son comparables. Estos tres factores son los que determinan si estamos o no ante una crisis real.En 2021-2022 subió todo: petróleo, carbón, gas y electricidad. Los incrementos fueron extremos y se prolongaron durante varios trimestres. Hoy, el impacto se concentra en el petróleo y el gas licuado, sin afectar a la electricidad o al carbón, y sin repercutir en mercados clave como Estados Unidos o Canadá. Además, el petróleo apenas ha subido un 20% y los niveles actuales no son preocupantes: 80 dólares hoy equivalen a unos 60 de hace unos años. El punto de partida, tanto del gas como del crudo, era de precios bajos por exceso de oferta.Recordemos que, tras la invasión de Ucrania, el petróleo llegó a 130 dólares y el gas a 350 euros/MWh, frente a los poco más de 50 actuales. No hay comparación posible.Existe, por supuesto, un escenario catastrófico -que Estados Unidos haya calculado mal y que Irán tenga una capacidad de respuesta mucho mayor y ataque las instalaciones petrolíferas del resto de países del golfo, sacando del mercado 20 millones de barriles diarios-, pero no parece ni mucho menos probable tras una semana de conflicto. Todo apunta a lo contrario.Por tanto, el mercado subirá y bajará, y volverá a hacerlo, pero no da la sensación de que estemos ante un episodio duradero. Tampoco parece que las rebajas vayan a prolongarse demasiado. Conviene aprovecharlas. RSS de noticias de economia
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