<p>Durante un tiempo, cuando Podemos estaba en su <i>prime</i>, sus movimientos políticos obedecían a pautas exclusivamente televisivas. Era una manera también de hacer de la necesidad virtud: negociaciones al límite, disidencias, purgas, nimiedades, debates internos, cambios de residencia… todo se supeditaba a la lógica del <i>show business</i> de la política para deleite de las audiencias. Su especialidad era el montaje y desmontaje de tramoyas. </p>
Durante un tiempo, cuando Podemos estaba en su prime, sus movimientos políticos obedecían a pautas exclusivamente televisivas. Era una manera también de hacer de la neces
<p>Durante un tiempo, cuando Podemos estaba en su <i>prime</i>, sus movimientos políticos obedecían a pautas exclusivamente televisivas. Era una manera también de hacer de la necesidad virtud: negociaciones al límite, disidencias, purgas, nimiedades, debates internos, cambios de residencia… todo se supeditaba a la lógica del <i>show business</i> de la política para deleite de las audiencias. Su especialidad era el montaje y desmontaje de tramoyas. </p>
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