<p>«Sólo para confirmar a todos mis seguidores que me hice un trasplante de cabello. Me estaba quedando calvo a los 25, así que por qué no». Era 2011. La cirugía capilar justo se estaba popularizando y <strong>Wayne Rooney</strong>, estrella del Manchester United que acababa de llegar a la final de la Champions, admitió en Twitter que se había sometido a una intervención, que se había puesto pelo. Hubo cuatro bromas, claro. Pero parecía que se abría un camino: a partir de entonces cualquier deportista podía reconocer que había pasado por quirófano sin vergüenza. Ya no era el primero. Desde ese momento se iban a multiplicar las confesiones públicas, incluso los anuncios. Pero en la práctica no ha sido así. Muy pocos deportistas han dado el paso, pese a la oportunidad publicitaria que supone. Lo hizo <strong>Michel Salgado</strong>, por ejemplo, o <strong>Robbie Fowler</strong>, pocos más.</p>
La juventud y el miedo al doping hacen fallar las intervenciones en deportistas destacados, como Lebron James. «También puede ser que no les funcione», comenta el doctor especialista Montini
<p>«Sólo para confirmar a todos mis seguidores que me hice un trasplante de cabello. Me estaba quedando calvo a los 25, así que por qué no». Era 2011. La cirugía capilar justo se estaba popularizando y <strong>Wayne Rooney</strong>, estrella del Manchester United que acababa de llegar a la final de la Champions, admitió en Twitter que se había sometido a una intervención, que se había puesto pelo. Hubo cuatro bromas, claro. Pero parecía que se abría un camino: a partir de entonces cualquier deportista podía reconocer que había pasado por quirófano sin vergüenza. Ya no era el primero. Desde ese momento se iban a multiplicar las confesiones públicas, incluso los anuncios. Pero en la práctica no ha sido así. Muy pocos deportistas han dado el paso, pese a la oportunidad publicitaria que supone. Lo hizo <strong>Michel Salgado</strong>, por ejemplo, o <strong>Robbie Fowler</strong>, pocos más.</p>
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