A 40 años de la aprobación de la Ley General de Sanidad, no puedo dejar de recordar aquellas palabras de Francisco Sevilla, quien fuera consejero de Sanidad en Asturias, cuando afirmó que esta ley supuso un hito tan fundamental en la historia de la regulación sanitaria en España, que incluso aquellos que más lucharon para evitar su aprobación, la reivindican hoy en día. El paso de los años ha dado aún más razón al exconsejero, puesto que hay reformas que, por mejorables que sean, y ese es un debate que no podemos omitir, establecen una ruptura legislativa tan evidente que oponerse frontalmente a ella no solo resulta difícil, sino insostenible.
El autor expone que la norma sentó las bases del sistema público universal en España, aunque dejó pendientes problemas estructurales que hoy reaparecen en el debate sobre conciertos y externalizaciones
A 40 años de la aprobación de la Ley General de Sanidad, no puedo dejar de recordar aquellas palabras de Francisco Sevilla, quien fuera consejero de Sanidad en Asturias, cuando afirmó que esta ley supuso un hito tan fundamental en la historia de la regulación sanitaria en España, que incluso aquellos que más lucharon para evitar su aprobación, la reivindican hoy en día. El paso de los años ha dado aún más razón al exconsejero, puesto que hay reformas que, por mejorables que sean, y ese es un debate que no podemos omitir, establecen una ruptura legislativa tan evidente que oponerse frontalmente a ella no solo resulta difícil, sino insostenible.
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