Los hábitos que una persona tenga a los 30 años, 40 o 50 determinarán cómo será su envejecimiento a los 70. Al menos, así lo considera Manuel J. Castillo, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL) , quien aseguró durante la presentación de la nueva guía ‘Longevidad saludable: cómo cuidar hoy la salud que necesitarás mañana’, de Arkopharma, la importancia de tenerlo en cuenta «porque el reto ya no sólo es vivir más, sino hacerlo con mayor energía, autonomía y calidad de vida. Es decir, -advirtió- el envejecimiento no empieza de un día a otro cuando se cumplen los 60, y depende de muchos factores». Y es que matizó que hay mucha confusión respecto a cómo cumplir años de manera saludable. «Destacaría hasta diez mitos, pero uno de los que más daño hacen es pensar que el envejecimiento es algo inevitable, y que por tanto no podemos hacer nada, pero tampoco es cierto lo contrario, que el envejecimiento es algo evitable y que, por tanto, podemos hacer algo para detenerlo. Ninguna de las dos afirmaciones es cierta. La única verdad sobre el envejecimiento es que es influenciable, tanto para bien como para mal. Hacer ejercicio y fortalecer el músculo mejora la salud física o mental, pero si me excedo a la hora de hacer deporte perjudico la salud y no tengo ese efecto positivo en el organismo». Castillo destacó, además, que la genética influye en la longevidad, «pero no nos equivoquemos -aseguró-, depende de la herencia de nuestros antecesores y tiene un peso en torno al 20%, incluso en los casos más favorables no supera el 50-60%. El resto depende de estilo de vida y entorno ». Para ahondar en su explicación puso el símil del ahorro económico. «Si una persona recibe un 100% de herencia genética, lo que equivaldría a muchos millones de euros, pero se los gasta casi todos porque no los mantiene ni ahorra, como en el caso de los genes (a través de sedentarismo, comer y dormir mal…), al final de la vida habrá desperdiciado la oportunidad de envejecer de forma saludable. Es decir, se tenga una herencia genética buena o mala, hay que esforzarse igualmente en mantener hábitos saludables». Y es que, tal y como apuntó, a partir de los 20 años, que es cuando el organismo se supone que está en su máximo esplendor, el cuerpo pierde un 10% de sus células cada año porque se agotan por un uso excesivo, envejecen, tienen falta de estímulo o enferman. «Hasta que no se pierde el 80%, esa falta no da la cara . Por ello, es importantísimo cuidarse y mantener hábitos. Nunca es tarde y siempre se puede mejorar. Quizá el mejor día para cuidarse fuera ayer, pero hoy es el segundo mejor día para empezar».En este mismo sentido, el farmacéutico Álvaro Fernández , señaló que lo que está claro es que «nunca es tarde para cuidarse, y nunca es pronto, ya que los jóvenes también deben hacerlo». Fernández, que también es divulgador en redes sociales y cuyos mensajes llegan a miles de seguidores, trabaja con una comunidad formada por personas de distintas edades y ha observado que muchas de las preguntas que recibe están relacionadas con la longevidad, aunque no se formulen bajo este término . «Es frecuente que me digan: ‘quiero tener mejor memoria’, ‘¿cómo puedo mantener la masa muscular?’ o ‘¿cómo hacer deporte sin cansarme tanto?’. Estas preguntas son hoy mucho más usuales que hace cinco o diez años y las redes sociales han contribuido a extender el interés por el asunto, aunque la abundancia de mensajes puede generar confusión sobre qué recomendaciones seguir y por dónde empezar», reconoce.Detrás de esas inquietudes Fernández cree que existe una preocupación común: conservar las capacidades físicas y mentales que permiten mantener la autonomía y disfrutar de la vida cotidiana. «La longevidad deja así de asociarse exclusivamente con alcanzar una edad avanzada para vincularse también con la calidad de los años vividos. El desafío consiste en transformar esa curiosidad en decisiones razonables, sostenibles y adaptadas a cada persona», apunta.Desmontar falsas creenciasEn un intento de ayudar a tomar decisiones correctas, Castillo insistió en la necesidad de ofrecer una información clara porque muchos mitos sobre longevidad resultan convincentes precisamente porque contienen una parte de verdad. Entre los principales mitos a desmontar destacan los siguientes:Mito 1. «Mis genes determinan cuánto voy a vivir»Los estudios clásicos situaron que la herencia genética normal es del 20-25% en cuento a la influencia sobre cómo envejecemos. Un informe de este año publicado en Science ha reabierto el debate: al intentar separar la mortalidad asociada al envejecimiento biológico de causas externas, estimó que la heredabilidad de la duración intrínseca de la vida podría superar el 50%. Y las dos cifras, siendo tan dispares, son correctas. Con una «buena herencia de longevidad», una buena genética contribuye al 50-60% de la longevidad. Por el contrario, con una herencia ni buena ni mala, la genética sólo contribuye al 20%. La evidencia apunta que los genes influyen, pero no constituyen un calendario que determine cuánto ni, sobre todo, cómo vamos a vivir.Mito 2. «Cuanto menos coma y más ayune, más vivir黿Por qué lo creemos? Porque la restricción calórica, hasta un cierto nivel (20-30% menos de calorías), prolonga la vida en distintos modelos animales e interviene sobre mecanismos de envejecimiento. Por encima de ese nivel de restricción, faltan nutrientes esenciales y la mortalidad aumenta. En humanos, el ensayo Calerie ha encontrado efectos metabólicos y cambios en algunos biomarcadores de envejecimiento después de dos años de restricción calórica (10-15%). Sin embargo, no todos los relojes epigenéticos estudiados respondieron de igual forma y el ensayo no demuestra que la intervención prolongue la vida humana. Además, la restricción energética también suponer pérdida de grasa y de densidad ósea. La evidencia dice: evitar el exceso energético puede ser beneficioso, pero más restricción no significa más longevidad.Mito 3. «Un análisis puede decirme exactamente mi edad biológica»¿Por qué lo creemos? Porque dos personas de 60 años pueden presentar estados físicos y metabólicos muy diferentes y porque hay relojes epigenéticos y otros biomarcadores capaces de detectar señales relacionadas con el envejecimiento y hasta a qué velocidad estamos envejeciendo. La evidencia asegura: hoy podemos medir dimensiones del envejecimiento, pero no existe un ‘DNI biológico’ capaz de decir cuántos años tiene nuestro organismo.En la imagen, Manuel J. Castillo (izda.) y Álvaro Fernández (dcha.), junto a la farmacéutica Luz García que moderó el eventoMito 4. «La debilidad y el deterioro mental son inevitables al envejecer»¿Por qué lo creemos? Porque a partir de cierta edad aumenta el deterioro a todos los niveles, el riesgo de sarcopenia, fragilidad y deterioro cognitivo. Pero aumentar el riesgo no equivale a convertir el deterioro en irremediable. La evidencia dice: cumplir años es inevitable, el grado de pérdida funcional no lo es en la misma medida.Mito 5. «Existe un ‘biohack’ capaz de compensar un mal estilo de vida»¿Por qué lo creemos? Porque muchas estrategias de longevidad actúan sobre mecanismos biológicos reales y resulta atractivo pensar que existe una intervención capaz de «optimizar» rápidamente el organismo. Sin embargo, el envejecimiento implica múltiples sistemas interconectados. No existe evidencia de que una única intervención, aunque ayude, pueda neutralizar las consecuencias acumuladas del sedentarismo, tabaquismo, una alimentación inadecuada o el mal control de factores de riesgo. La evidencia matiza: en longevidad, la suma de buenos hábitos tiene más respaldo científico que la búsqueda de un único atajo.Mito 6. «A partir de cierta edad ya es tarde para ponerse en forma»Es uno de los mitos que más contradice la investigación sobre fisiología del ejercicio. La capacidad de adaptación disminuye con la edad, pero no desaparece. La propia investigación de nuestro grupo ha mostrado que adultos sedentarios de 50-60 años pueden mejorar mucho su capacidad cardiorrespiratoria y su fuerza después de sólo 12 semanas de entrenamiento. La evidencia señala: nunca es tarde para comenzar.Mito 7. «Si camino todos los días, hago todo lo necesario para envejecer bien»Caminar y aumentar los pasos diarios frente al sedentarismo aporta beneficios. La evidencia asegura: caminar es muy recomendable, pero un programa completo de envejecimiento debe cuidar la fuerza y la función muscular.Mito 8. «Si estoy delgado, estoy envejeciendo bien»El peso es un indicador útil, pero no resume el estado fisiológico. Un metaanálisis reciente que analizó conjuntamente índice de masa corporal y condición cardiorrespiratoria encontró que la baja condición física se asociaba con un mayor riesgo de mortalidad incluso en personas con peso normal, mientras que una buena condición física atenuaba notablemente el riesgo asociado al sobrepeso y la obesidad. La evidencia afirma: importa no solo cuánto pesamos, sino nuestra composición corporal y capacidad funcional.Mito 9. «Dormir peor o menos es normal por la edad»El sueño cambia a lo largo de la vida, pero eso no significa que su calidad deje de ser relevante. La evidencia determina que dormir no es tiempo perdido. La calidad del sueño es importante al cumplir años.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Ana Asensio: «El mayor predictor de salud y felicidad son tus vínculos» noticia Si Belén Colomina, psicóloga: «Si no entrenas la mente caes en la rumiación y el pensamiento negativo» noticia Si Un neurocirujano experto en longevidad: «Revertir el envejecimiento está cada vez más cerca en muchos niveles»Mito 10. «Para obtener beneficios hay que entrenar muy fuerte o utilizar la tecnología más avanzada»HIIT, electroestimulación y otras modalidades de entrenamiento pueden ser herramientas útiles. Pero más sofisticado no significa mejor. La evidencia matiza: el mejor ejercicio no es necesariamente el más extremo ni el más tecnológico, sino el adecuado, eficaz, seguro y suficientemente mantenido en el tiempo. Los hábitos que una persona tenga a los 30 años, 40 o 50 determinarán cómo será su envejecimiento a los 70. Al menos, así lo considera Manuel J. Castillo, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL) , quien aseguró durante la presentación de la nueva guía ‘Longevidad saludable: cómo cuidar hoy la salud que necesitarás mañana’, de Arkopharma, la importancia de tenerlo en cuenta «porque el reto ya no sólo es vivir más, sino hacerlo con mayor energía, autonomía y calidad de vida. Es decir, -advirtió- el envejecimiento no empieza de un día a otro cuando se cumplen los 60, y depende de muchos factores». Y es que matizó que hay mucha confusión respecto a cómo cumplir años de manera saludable. «Destacaría hasta diez mitos, pero uno de los que más daño hacen es pensar que el envejecimiento es algo inevitable, y que por tanto no podemos hacer nada, pero tampoco es cierto lo contrario, que el envejecimiento es algo evitable y que, por tanto, podemos hacer algo para detenerlo. Ninguna de las dos afirmaciones es cierta. La única verdad sobre el envejecimiento es que es influenciable, tanto para bien como para mal. Hacer ejercicio y fortalecer el músculo mejora la salud física o mental, pero si me excedo a la hora de hacer deporte perjudico la salud y no tengo ese efecto positivo en el organismo». Castillo destacó, además, que la genética influye en la longevidad, «pero no nos equivoquemos -aseguró-, depende de la herencia de nuestros antecesores y tiene un peso en torno al 20%, incluso en los casos más favorables no supera el 50-60%. El resto depende de estilo de vida y entorno ». Para ahondar en su explicación puso el símil del ahorro económico. «Si una persona recibe un 100% de herencia genética, lo que equivaldría a muchos millones de euros, pero se los gasta casi todos porque no los mantiene ni ahorra, como en el caso de los genes (a través de sedentarismo, comer y dormir mal…), al final de la vida habrá desperdiciado la oportunidad de envejecer de forma saludable. Es decir, se tenga una herencia genética buena o mala, hay que esforzarse igualmente en mantener hábitos saludables». Y es que, tal y como apuntó, a partir de los 20 años, que es cuando el organismo se supone que está en su máximo esplendor, el cuerpo pierde un 10% de sus células cada año porque se agotan por un uso excesivo, envejecen, tienen falta de estímulo o enferman. «Hasta que no se pierde el 80%, esa falta no da la cara . Por ello, es importantísimo cuidarse y mantener hábitos. Nunca es tarde y siempre se puede mejorar. Quizá el mejor día para cuidarse fuera ayer, pero hoy es el segundo mejor día para empezar».En este mismo sentido, el farmacéutico Álvaro Fernández , señaló que lo que está claro es que «nunca es tarde para cuidarse, y nunca es pronto, ya que los jóvenes también deben hacerlo». Fernández, que también es divulgador en redes sociales y cuyos mensajes llegan a miles de seguidores, trabaja con una comunidad formada por personas de distintas edades y ha observado que muchas de las preguntas que recibe están relacionadas con la longevidad, aunque no se formulen bajo este término . «Es frecuente que me digan: ‘quiero tener mejor memoria’, ‘¿cómo puedo mantener la masa muscular?’ o ‘¿cómo hacer deporte sin cansarme tanto?’. Estas preguntas son hoy mucho más usuales que hace cinco o diez años y las redes sociales han contribuido a extender el interés por el asunto, aunque la abundancia de mensajes puede generar confusión sobre qué recomendaciones seguir y por dónde empezar», reconoce.Detrás de esas inquietudes Fernández cree que existe una preocupación común: conservar las capacidades físicas y mentales que permiten mantener la autonomía y disfrutar de la vida cotidiana. «La longevidad deja así de asociarse exclusivamente con alcanzar una edad avanzada para vincularse también con la calidad de los años vividos. El desafío consiste en transformar esa curiosidad en decisiones razonables, sostenibles y adaptadas a cada persona», apunta.Desmontar falsas creenciasEn un intento de ayudar a tomar decisiones correctas, Castillo insistió en la necesidad de ofrecer una información clara porque muchos mitos sobre longevidad resultan convincentes precisamente porque contienen una parte de verdad. Entre los principales mitos a desmontar destacan los siguientes:Mito 1. «Mis genes determinan cuánto voy a vivir»Los estudios clásicos situaron que la herencia genética normal es del 20-25% en cuento a la influencia sobre cómo envejecemos. Un informe de este año publicado en Science ha reabierto el debate: al intentar separar la mortalidad asociada al envejecimiento biológico de causas externas, estimó que la heredabilidad de la duración intrínseca de la vida podría superar el 50%. Y las dos cifras, siendo tan dispares, son correctas. Con una «buena herencia de longevidad», una buena genética contribuye al 50-60% de la longevidad. Por el contrario, con una herencia ni buena ni mala, la genética sólo contribuye al 20%. La evidencia apunta que los genes influyen, pero no constituyen un calendario que determine cuánto ni, sobre todo, cómo vamos a vivir.Mito 2. «Cuanto menos coma y más ayune, más vivir黿Por qué lo creemos? Porque la restricción calórica, hasta un cierto nivel (20-30% menos de calorías), prolonga la vida en distintos modelos animales e interviene sobre mecanismos de envejecimiento. Por encima de ese nivel de restricción, faltan nutrientes esenciales y la mortalidad aumenta. En humanos, el ensayo Calerie ha encontrado efectos metabólicos y cambios en algunos biomarcadores de envejecimiento después de dos años de restricción calórica (10-15%). Sin embargo, no todos los relojes epigenéticos estudiados respondieron de igual forma y el ensayo no demuestra que la intervención prolongue la vida humana. Además, la restricción energética también suponer pérdida de grasa y de densidad ósea. La evidencia dice: evitar el exceso energético puede ser beneficioso, pero más restricción no significa más longevidad.Mito 3. «Un análisis puede decirme exactamente mi edad biológica»¿Por qué lo creemos? Porque dos personas de 60 años pueden presentar estados físicos y metabólicos muy diferentes y porque hay relojes epigenéticos y otros biomarcadores capaces de detectar señales relacionadas con el envejecimiento y hasta a qué velocidad estamos envejeciendo. La evidencia asegura: hoy podemos medir dimensiones del envejecimiento, pero no existe un ‘DNI biológico’ capaz de decir cuántos años tiene nuestro organismo.En la imagen, Manuel J. Castillo (izda.) y Álvaro Fernández (dcha.), junto a la farmacéutica Luz García que moderó el eventoMito 4. «La debilidad y el deterioro mental son inevitables al envejecer»¿Por qué lo creemos? Porque a partir de cierta edad aumenta el deterioro a todos los niveles, el riesgo de sarcopenia, fragilidad y deterioro cognitivo. Pero aumentar el riesgo no equivale a convertir el deterioro en irremediable. La evidencia dice: cumplir años es inevitable, el grado de pérdida funcional no lo es en la misma medida.Mito 5. «Existe un ‘biohack’ capaz de compensar un mal estilo de vida»¿Por qué lo creemos? Porque muchas estrategias de longevidad actúan sobre mecanismos biológicos reales y resulta atractivo pensar que existe una intervención capaz de «optimizar» rápidamente el organismo. Sin embargo, el envejecimiento implica múltiples sistemas interconectados. No existe evidencia de que una única intervención, aunque ayude, pueda neutralizar las consecuencias acumuladas del sedentarismo, tabaquismo, una alimentación inadecuada o el mal control de factores de riesgo. La evidencia matiza: en longevidad, la suma de buenos hábitos tiene más respaldo científico que la búsqueda de un único atajo.Mito 6. «A partir de cierta edad ya es tarde para ponerse en forma»Es uno de los mitos que más contradice la investigación sobre fisiología del ejercicio. La capacidad de adaptación disminuye con la edad, pero no desaparece. La propia investigación de nuestro grupo ha mostrado que adultos sedentarios de 50-60 años pueden mejorar mucho su capacidad cardiorrespiratoria y su fuerza después de sólo 12 semanas de entrenamiento. La evidencia señala: nunca es tarde para comenzar.Mito 7. «Si camino todos los días, hago todo lo necesario para envejecer bien»Caminar y aumentar los pasos diarios frente al sedentarismo aporta beneficios. La evidencia asegura: caminar es muy recomendable, pero un programa completo de envejecimiento debe cuidar la fuerza y la función muscular.Mito 8. «Si estoy delgado, estoy envejeciendo bien»El peso es un indicador útil, pero no resume el estado fisiológico. Un metaanálisis reciente que analizó conjuntamente índice de masa corporal y condición cardiorrespiratoria encontró que la baja condición física se asociaba con un mayor riesgo de mortalidad incluso en personas con peso normal, mientras que una buena condición física atenuaba notablemente el riesgo asociado al sobrepeso y la obesidad. La evidencia afirma: importa no solo cuánto pesamos, sino nuestra composición corporal y capacidad funcional.Mito 9. «Dormir peor o menos es normal por la edad»El sueño cambia a lo largo de la vida, pero eso no significa que su calidad deje de ser relevante. La evidencia determina que dormir no es tiempo perdido. La calidad del sueño es importante al cumplir años.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Ana Asensio: «El mayor predictor de salud y felicidad son tus vínculos» noticia Si Belén Colomina, psicóloga: «Si no entrenas la mente caes en la rumiación y el pensamiento negativo» noticia Si Un neurocirujano experto en longevidad: «Revertir el envejecimiento está cada vez más cerca en muchos niveles»Mito 10. «Para obtener beneficios hay que entrenar muy fuerte o utilizar la tecnología más avanzada»HIIT, electroestimulación y otras modalidades de entrenamiento pueden ser herramientas útiles. Pero más sofisticado no significa mejor. La evidencia matiza: el mejor ejercicio no es necesariamente el más extremo ni el más tecnológico, sino el adecuado, eficaz, seguro y suficientemente mantenido en el tiempo. Los hábitos que una persona tenga a los 30 años, 40 o 50 determinarán cómo será su envejecimiento a los 70. Al menos, así lo considera Manuel J. Castillo, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL) , quien aseguró durante la presentación de la nueva guía ‘Longevidad saludable: cómo cuidar hoy la salud que necesitarás mañana’, de Arkopharma, la importancia de tenerlo en cuenta «porque el reto ya no sólo es vivir más, sino hacerlo con mayor energía, autonomía y calidad de vida. Es decir, -advirtió- el envejecimiento no empieza de un día a otro cuando se cumplen los 60, y depende de muchos factores». Y es que matizó que hay mucha confusión respecto a cómo cumplir años de manera saludable. «Destacaría hasta diez mitos, pero uno de los que más daño hacen es pensar que el envejecimiento es algo inevitable, y que por tanto no podemos hacer nada, pero tampoco es cierto lo contrario, que el envejecimiento es algo evitable y que, por tanto, podemos hacer algo para detenerlo. Ninguna de las dos afirmaciones es cierta. La única verdad sobre el envejecimiento es que es influenciable, tanto para bien como para mal. Hacer ejercicio y fortalecer el músculo mejora la salud física o mental, pero si me excedo a la hora de hacer deporte perjudico la salud y no tengo ese efecto positivo en el organismo». Castillo destacó, además, que la genética influye en la longevidad, «pero no nos equivoquemos -aseguró-, depende de la herencia de nuestros antecesores y tiene un peso en torno al 20%, incluso en los casos más favorables no supera el 50-60%. El resto depende de estilo de vida y entorno ». Para ahondar en su explicación puso el símil del ahorro económico. «Si una persona recibe un 100% de herencia genética, lo que equivaldría a muchos millones de euros, pero se los gasta casi todos porque no los mantiene ni ahorra, como en el caso de los genes (a través de sedentarismo, comer y dormir mal…), al final de la vida habrá desperdiciado la oportunidad de envejecer de forma saludable. Es decir, se tenga una herencia genética buena o mala, hay que esforzarse igualmente en mantener hábitos saludables». Y es que, tal y como apuntó, a partir de los 20 años, que es cuando el organismo se supone que está en su máximo esplendor, el cuerpo pierde un 10% de sus células cada año porque se agotan por un uso excesivo, envejecen, tienen falta de estímulo o enferman. «Hasta que no se pierde el 80%, esa falta no da la cara . Por ello, es importantísimo cuidarse y mantener hábitos. Nunca es tarde y siempre se puede mejorar. Quizá el mejor día para cuidarse fuera ayer, pero hoy es el segundo mejor día para empezar».En este mismo sentido, el farmacéutico Álvaro Fernández , señaló que lo que está claro es que «nunca es tarde para cuidarse, y nunca es pronto, ya que los jóvenes también deben hacerlo». Fernández, que también es divulgador en redes sociales y cuyos mensajes llegan a miles de seguidores, trabaja con una comunidad formada por personas de distintas edades y ha observado que muchas de las preguntas que recibe están relacionadas con la longevidad, aunque no se formulen bajo este término . «Es frecuente que me digan: ‘quiero tener mejor memoria’, ‘¿cómo puedo mantener la masa muscular?’ o ‘¿cómo hacer deporte sin cansarme tanto?’. Estas preguntas son hoy mucho más usuales que hace cinco o diez años y las redes sociales han contribuido a extender el interés por el asunto, aunque la abundancia de mensajes puede generar confusión sobre qué recomendaciones seguir y por dónde empezar», reconoce.Detrás de esas inquietudes Fernández cree que existe una preocupación común: conservar las capacidades físicas y mentales que permiten mantener la autonomía y disfrutar de la vida cotidiana. «La longevidad deja así de asociarse exclusivamente con alcanzar una edad avanzada para vincularse también con la calidad de los años vividos. El desafío consiste en transformar esa curiosidad en decisiones razonables, sostenibles y adaptadas a cada persona», apunta.Desmontar falsas creenciasEn un intento de ayudar a tomar decisiones correctas, Castillo insistió en la necesidad de ofrecer una información clara porque muchos mitos sobre longevidad resultan convincentes precisamente porque contienen una parte de verdad. Entre los principales mitos a desmontar destacan los siguientes:Mito 1. «Mis genes determinan cuánto voy a vivir»Los estudios clásicos situaron que la herencia genética normal es del 20-25% en cuento a la influencia sobre cómo envejecemos. Un informe de este año publicado en Science ha reabierto el debate: al intentar separar la mortalidad asociada al envejecimiento biológico de causas externas, estimó que la heredabilidad de la duración intrínseca de la vida podría superar el 50%. Y las dos cifras, siendo tan dispares, son correctas. Con una «buena herencia de longevidad», una buena genética contribuye al 50-60% de la longevidad. Por el contrario, con una herencia ni buena ni mala, la genética sólo contribuye al 20%. La evidencia apunta que los genes influyen, pero no constituyen un calendario que determine cuánto ni, sobre todo, cómo vamos a vivir.Mito 2. «Cuanto menos coma y más ayune, más vivir黿Por qué lo creemos? Porque la restricción calórica, hasta un cierto nivel (20-30% menos de calorías), prolonga la vida en distintos modelos animales e interviene sobre mecanismos de envejecimiento. Por encima de ese nivel de restricción, faltan nutrientes esenciales y la mortalidad aumenta. En humanos, el ensayo Calerie ha encontrado efectos metabólicos y cambios en algunos biomarcadores de envejecimiento después de dos años de restricción calórica (10-15%). Sin embargo, no todos los relojes epigenéticos estudiados respondieron de igual forma y el ensayo no demuestra que la intervención prolongue la vida humana. Además, la restricción energética también suponer pérdida de grasa y de densidad ósea. La evidencia dice: evitar el exceso energético puede ser beneficioso, pero más restricción no significa más longevidad.Mito 3. «Un análisis puede decirme exactamente mi edad biológica»¿Por qué lo creemos? Porque dos personas de 60 años pueden presentar estados físicos y metabólicos muy diferentes y porque hay relojes epigenéticos y otros biomarcadores capaces de detectar señales relacionadas con el envejecimiento y hasta a qué velocidad estamos envejeciendo. La evidencia asegura: hoy podemos medir dimensiones del envejecimiento, pero no existe un ‘DNI biológico’ capaz de decir cuántos años tiene nuestro organismo.En la imagen, Manuel J. Castillo (izda.) y Álvaro Fernández (dcha.), junto a la farmacéutica Luz García que moderó el eventoMito 4. «La debilidad y el deterioro mental son inevitables al envejecer»¿Por qué lo creemos? Porque a partir de cierta edad aumenta el deterioro a todos los niveles, el riesgo de sarcopenia, fragilidad y deterioro cognitivo. Pero aumentar el riesgo no equivale a convertir el deterioro en irremediable. La evidencia dice: cumplir años es inevitable, el grado de pérdida funcional no lo es en la misma medida.Mito 5. «Existe un ‘biohack’ capaz de compensar un mal estilo de vida»¿Por qué lo creemos? Porque muchas estrategias de longevidad actúan sobre mecanismos biológicos reales y resulta atractivo pensar que existe una intervención capaz de «optimizar» rápidamente el organismo. Sin embargo, el envejecimiento implica múltiples sistemas interconectados. No existe evidencia de que una única intervención, aunque ayude, pueda neutralizar las consecuencias acumuladas del sedentarismo, tabaquismo, una alimentación inadecuada o el mal control de factores de riesgo. La evidencia matiza: en longevidad, la suma de buenos hábitos tiene más respaldo científico que la búsqueda de un único atajo.Mito 6. «A partir de cierta edad ya es tarde para ponerse en forma»Es uno de los mitos que más contradice la investigación sobre fisiología del ejercicio. La capacidad de adaptación disminuye con la edad, pero no desaparece. La propia investigación de nuestro grupo ha mostrado que adultos sedentarios de 50-60 años pueden mejorar mucho su capacidad cardiorrespiratoria y su fuerza después de sólo 12 semanas de entrenamiento. La evidencia señala: nunca es tarde para comenzar.Mito 7. «Si camino todos los días, hago todo lo necesario para envejecer bien»Caminar y aumentar los pasos diarios frente al sedentarismo aporta beneficios. La evidencia asegura: caminar es muy recomendable, pero un programa completo de envejecimiento debe cuidar la fuerza y la función muscular.Mito 8. «Si estoy delgado, estoy envejeciendo bien»El peso es un indicador útil, pero no resume el estado fisiológico. Un metaanálisis reciente que analizó conjuntamente índice de masa corporal y condición cardiorrespiratoria encontró que la baja condición física se asociaba con un mayor riesgo de mortalidad incluso en personas con peso normal, mientras que una buena condición física atenuaba notablemente el riesgo asociado al sobrepeso y la obesidad. La evidencia afirma: importa no solo cuánto pesamos, sino nuestra composición corporal y capacidad funcional.Mito 9. «Dormir peor o menos es normal por la edad»El sueño cambia a lo largo de la vida, pero eso no significa que su calidad deje de ser relevante. La evidencia determina que dormir no es tiempo perdido. La calidad del sueño es importante al cumplir años.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Ana Asensio: «El mayor predictor de salud y felicidad son tus vínculos» noticia Si Belén Colomina, psicóloga: «Si no entrenas la mente caes en la rumiación y el pensamiento negativo» noticia Si Un neurocirujano experto en longevidad: «Revertir el envejecimiento está cada vez más cerca en muchos niveles»Mito 10. «Para obtener beneficios hay que entrenar muy fuerte o utilizar la tecnología más avanzada»HIIT, electroestimulación y otras modalidades de entrenamiento pueden ser herramientas útiles. Pero más sofisticado no significa mejor. La evidencia matiza: el mejor ejercicio no es necesariamente el más extremo ni el más tecnológico, sino el adecuado, eficaz, seguro y suficientemente mantenido en el tiempo. RSS de noticias de bienestar
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