Diez años después de hacerse con el control del grupo parlamentario socialista, pese a ser independiente, y tras haber ido de número dos en la lista encabezada por Pedro Sánchez, Margarita Robles volverá a hacer ticket electoral el próximo 29 de noviembre con el hoy ya presidente del Gobierno. Asentada como ministra de Defensa, cargo en el que lleva ocho años, el entorno de Robles valora su elección como segunda de la lista socialista como «un reconocimiento al trabajo realizado al frente del ministerio». Pero no todos opinan lo mismo. Su figura es de las mejor valoradas de entre los ministros por los españoles y de las peor valoradas por sus propios compañeros —incluyendo ahí otros ministros, dirigentes socialistas y socios del PSOE—.La presencia de Robles en el número dos de la candidatura por Madrid, un puesto estratégico, tiene que ver con muchos factores. En el entorno de la ministra hablan de «la lealtad mutua» que ambos se profesan. Aunque en mensajes privados con el exministro José Luis Ábalos Sánchez la tachó de «pájara», este jueves, desde Bruselas, el candidato socialista a la reelección destacó «la profunda amistad» que mantiene con la ministra de Defensa desde hace una década. El presidente puso en valor que «siempre ha estado ahí en los momentos difíciles» y fue un paso más allá cuando dijo que ha estado a su lado «desde hace más de diez años». Robles le confió el control del grupo parlamentario cuando él dimitió por su negativa a abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy.Y, aunque todo eso es cierto, también lo es que en algún momento de esta década de relación ha habido tensiones tanto en privado como en público. La gestión de la crisis de Ceuta, desde si hubo avisos hasta el papel que adoptó la ministra de Defensa durante su visita a la ciudad, ha generado fricciones con el equipo del presidente y algunos de sus ministros más cercanos. Varios de estos ministros, como también ha venido ocurriendo con algunos dirigentes socialistas, le habían pedido a Sánchez la cabeza de Robles en múltiples ocasiones. El presidente, tal como ha relatado anteriormente este periódico, nunca sopesó la opción de entregar su cabeza. Pese a todo lo que se le achaca a la ministra, en realidad ha sido una de las más fieles a él.Desde el distanciamiento de Moncloa con la Casa Blanca de Donald Trump, Margarita Robles ha sido el único puente tendido entre ambas administraciones, gracias a los contactos que ha cosechado en la OTAN. Cuando en Washington cerraban la puerta al jefe de la diplomacia española, José Manuel Albares, algo que ha ocurrido en muchas ocasiones a lo largo de estos meses, Robles la abría para calmar las cosas. Un hecho que también ha pesado en la decisión del presidente, que, todo hay que decirlo, antes que a la titular de Defensa había sondeado a la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, que descartó ir en las listas. Ante su negativa, la obligación de conformar unas listas cremallera y la necesidad de colocar a varios ministros, Sánchez tiró de Robles. Aunque eso enfadase a otros compañeros.Y es que situarla por delante de Félix Bolaños, con quien ha protagonizado varios enfrentamientos por el control del CNI, u otorgarle un mayor reconocimiento que al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, con quien está enemistada desde hace más de una década, no ha sentado nada bien ni en el Consejo de Ministros ni en el propio PSOE. Robles «sale reforzada», dicen tanto en la sede socialista como en el propio ministerio de Defensa, respecto a los pulsos que ha protagonizado en los últimos tiempos. En el entorno de la ministra celebran que «al final el tiempo pone las cosas en su sitio». Añaden que «pese a todo lo que se ha dicho de ella y del presidente, la relación entre ambos es inmejorable como se ha podido ver ahora». Por el momento, fuentes cercanas a Robles evitan aclarar si, en el caso de ir a la oposición, se mantendrá en su escaño o se jubilará debido a sus 69 años. En caso de reeditar el Gobierno, tampoco cabría descartar que Sánchez la elevase de rango hasta una vicepresidencia. Desde que gobierna, el candidato socialista siempre ha situado de número dos a una mujer que ostentaba una de las vicepresidencias del Ejecutivo, primero con Carmen Calvo y posteriormente con Teresa Ribera. En todo caso, el perfil de Robles es más difícil de encajar, ya que ella no quiere dejar la cartera de Defensa y compaginar estas competencias con la de ser vicepresidenta sería complejo, más aún teniendo en cuenta que si volviese a gobernar lo haría en coalición con partidos a la izquierda del PSOE que rechazan la figura de Robles y que abogan por dejar de aumentar el presupuesto militar. Diez años después de hacerse con el control del grupo parlamentario socialista, pese a ser independiente, y tras haber ido de número dos en la lista encabezada por Pedro Sánchez, Margarita Robles volverá a hacer ticket electoral el próximo 29 de noviembre con el hoy ya presidente del Gobierno. Asentada como ministra de Defensa, cargo en el que lleva ocho años, el entorno de Robles valora su elección como segunda de la lista socialista como «un reconocimiento al trabajo realizado al frente del ministerio». Pero no todos opinan lo mismo. Su figura es de las mejor valoradas de entre los ministros por los españoles y de las peor valoradas por sus propios compañeros —incluyendo ahí otros ministros, dirigentes socialistas y socios del PSOE—.La presencia de Robles en el número dos de la candidatura por Madrid, un puesto estratégico, tiene que ver con muchos factores. En el entorno de la ministra hablan de «la lealtad mutua» que ambos se profesan. Aunque en mensajes privados con el exministro José Luis Ábalos Sánchez la tachó de «pájara», este jueves, desde Bruselas, el candidato socialista a la reelección destacó «la profunda amistad» que mantiene con la ministra de Defensa desde hace una década. El presidente puso en valor que «siempre ha estado ahí en los momentos difíciles» y fue un paso más allá cuando dijo que ha estado a su lado «desde hace más de diez años». Robles le confió el control del grupo parlamentario cuando él dimitió por su negativa a abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy.Y, aunque todo eso es cierto, también lo es que en algún momento de esta década de relación ha habido tensiones tanto en privado como en público. La gestión de la crisis de Ceuta, desde si hubo avisos hasta el papel que adoptó la ministra de Defensa durante su visita a la ciudad, ha generado fricciones con el equipo del presidente y algunos de sus ministros más cercanos. Varios de estos ministros, como también ha venido ocurriendo con algunos dirigentes socialistas, le habían pedido a Sánchez la cabeza de Robles en múltiples ocasiones. El presidente, tal como ha relatado anteriormente este periódico, nunca sopesó la opción de entregar su cabeza. Pese a todo lo que se le achaca a la ministra, en realidad ha sido una de las más fieles a él.Desde el distanciamiento de Moncloa con la Casa Blanca de Donald Trump, Margarita Robles ha sido el único puente tendido entre ambas administraciones, gracias a los contactos que ha cosechado en la OTAN. Cuando en Washington cerraban la puerta al jefe de la diplomacia española, José Manuel Albares, algo que ha ocurrido en muchas ocasiones a lo largo de estos meses, Robles la abría para calmar las cosas. Un hecho que también ha pesado en la decisión del presidente, que, todo hay que decirlo, antes que a la titular de Defensa había sondeado a la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, que descartó ir en las listas. Ante su negativa, la obligación de conformar unas listas cremallera y la necesidad de colocar a varios ministros, Sánchez tiró de Robles. Aunque eso enfadase a otros compañeros.Y es que situarla por delante de Félix Bolaños, con quien ha protagonizado varios enfrentamientos por el control del CNI, u otorgarle un mayor reconocimiento que al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, con quien está enemistada desde hace más de una década, no ha sentado nada bien ni en el Consejo de Ministros ni en el propio PSOE. Robles «sale reforzada», dicen tanto en la sede socialista como en el propio ministerio de Defensa, respecto a los pulsos que ha protagonizado en los últimos tiempos. En el entorno de la ministra celebran que «al final el tiempo pone las cosas en su sitio». Añaden que «pese a todo lo que se ha dicho de ella y del presidente, la relación entre ambos es inmejorable como se ha podido ver ahora». Por el momento, fuentes cercanas a Robles evitan aclarar si, en el caso de ir a la oposición, se mantendrá en su escaño o se jubilará debido a sus 69 años. En caso de reeditar el Gobierno, tampoco cabría descartar que Sánchez la elevase de rango hasta una vicepresidencia. Desde que gobierna, el candidato socialista siempre ha situado de número dos a una mujer que ostentaba una de las vicepresidencias del Ejecutivo, primero con Carmen Calvo y posteriormente con Teresa Ribera. En todo caso, el perfil de Robles es más difícil de encajar, ya que ella no quiere dejar la cartera de Defensa y compaginar estas competencias con la de ser vicepresidenta sería complejo, más aún teniendo en cuenta que si volviese a gobernar lo haría en coalición con partidos a la izquierda del PSOE que rechazan la figura de Robles y que abogan por dejar de aumentar el presupuesto militar. Diez años después de hacerse con el control del grupo parlamentario socialista, pese a ser independiente, y tras haber ido de número dos en la lista encabezada por Pedro Sánchez, Margarita Robles volverá a hacer ticket electoral el próximo 29 de noviembre con el hoy ya presidente del Gobierno. Asentada como ministra de Defensa, cargo en el que lleva ocho años, el entorno de Robles valora su elección como segunda de la lista socialista como «un reconocimiento al trabajo realizado al frente del ministerio». Pero no todos opinan lo mismo. Su figura es de las mejor valoradas de entre los ministros por los españoles y de las peor valoradas por sus propios compañeros —incluyendo ahí otros ministros, dirigentes socialistas y socios del PSOE—.La presencia de Robles en el número dos de la candidatura por Madrid, un puesto estratégico, tiene que ver con muchos factores. En el entorno de la ministra hablan de «la lealtad mutua» que ambos se profesan. Aunque en mensajes privados con el exministro José Luis Ábalos Sánchez la tachó de «pájara», este jueves, desde Bruselas, el candidato socialista a la reelección destacó «la profunda amistad» que mantiene con la ministra de Defensa desde hace una década. El presidente puso en valor que «siempre ha estado ahí en los momentos difíciles» y fue un paso más allá cuando dijo que ha estado a su lado «desde hace más de diez años». Robles le confió el control del grupo parlamentario cuando él dimitió por su negativa a abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy.Y, aunque todo eso es cierto, también lo es que en algún momento de esta década de relación ha habido tensiones tanto en privado como en público. La gestión de la crisis de Ceuta, desde si hubo avisos hasta el papel que adoptó la ministra de Defensa durante su visita a la ciudad, ha generado fricciones con el equipo del presidente y algunos de sus ministros más cercanos. Varios de estos ministros, como también ha venido ocurriendo con algunos dirigentes socialistas, le habían pedido a Sánchez la cabeza de Robles en múltiples ocasiones. El presidente, tal como ha relatado anteriormente este periódico, nunca sopesó la opción de entregar su cabeza. Pese a todo lo que se le achaca a la ministra, en realidad ha sido una de las más fieles a él.Desde el distanciamiento de Moncloa con la Casa Blanca de Donald Trump, Margarita Robles ha sido el único puente tendido entre ambas administraciones, gracias a los contactos que ha cosechado en la OTAN. Cuando en Washington cerraban la puerta al jefe de la diplomacia española, José Manuel Albares, algo que ha ocurrido en muchas ocasiones a lo largo de estos meses, Robles la abría para calmar las cosas. Un hecho que también ha pesado en la decisión del presidente, que, todo hay que decirlo, antes que a la titular de Defensa había sondeado a la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, que descartó ir en las listas. Ante su negativa, la obligación de conformar unas listas cremallera y la necesidad de colocar a varios ministros, Sánchez tiró de Robles. Aunque eso enfadase a otros compañeros.Y es que situarla por delante de Félix Bolaños, con quien ha protagonizado varios enfrentamientos por el control del CNI, u otorgarle un mayor reconocimiento que al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, con quien está enemistada desde hace más de una década, no ha sentado nada bien ni en el Consejo de Ministros ni en el propio PSOE. Robles «sale reforzada», dicen tanto en la sede socialista como en el propio ministerio de Defensa, respecto a los pulsos que ha protagonizado en los últimos tiempos. En el entorno de la ministra celebran que «al final el tiempo pone las cosas en su sitio». Añaden que «pese a todo lo que se ha dicho de ella y del presidente, la relación entre ambos es inmejorable como se ha podido ver ahora». Por el momento, fuentes cercanas a Robles evitan aclarar si, en el caso de ir a la oposición, se mantendrá en su escaño o se jubilará debido a sus 69 años. En caso de reeditar el Gobierno, tampoco cabría descartar que Sánchez la elevase de rango hasta una vicepresidencia. Desde que gobierna, el candidato socialista siempre ha situado de número dos a una mujer que ostentaba una de las vicepresidencias del Ejecutivo, primero con Carmen Calvo y posteriormente con Teresa Ribera. En todo caso, el perfil de Robles es más difícil de encajar, ya que ella no quiere dejar la cartera de Defensa y compaginar estas competencias con la de ser vicepresidenta sería complejo, más aún teniendo en cuenta que si volviese a gobernar lo haría en coalición con partidos a la izquierda del PSOE que rechazan la figura de Robles y que abogan por dejar de aumentar el presupuesto militar. RSS de noticias de espana
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