«Roma, qué grande fuiste; tus ruinas lo demuestran». La frase, atribuida al arquitecto boloñés Sebastiano Serlio, resume una idea que ha atravesado siglos de historia: incluso cuando el Imperio desapareció, su grandeza siguió siendo visible en los restos de mármol, ladrillo y travertino que aún dominan la ciudad. Esa reflexión —Roma quanta fuit ipsa ruina docet— da título e inspiración a la última exposición del pintor toledano José Antonio G. Villarrubia, inaugurada el pasado martes 10 de marzo en la galería Galería de Arte AR+51, en pleno Casco Histórico de Toledo.La muestra, titulada ‘Roma Qvanta Fvuit’, reúne cerca de 70 acuarelas que recorren la Roma antigua desde la mirada personal del artista. Se puede visitar hasta este 12 de abril, de martes a domingo, en horario de 11.00 a 14.00 horas, en la galería situada en la calle Venancio González, frente al Palacio de Congresos El Greco.El resultado es una exposición que nace de la fascinación del pintor por una ciudad que considera inabarcable. Durante una semana intensa, Villarrubia recorrió Roma desde primera hora de la mañana hasta el anochecer, centrando su mirada exclusivamente en los vestigios de la Antigüedad clásica. «Estuve una semana entera, desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche, sin parar. Solo por la Roma antigua: nada de Renacimiento», explica el artista. «Roma es tan grande que es imposible abarcarla».Cicatrices de RomaLa exposición propone un viaje visual por los escenarios más emblemáticos de la Roma antigua: el Foro, los templos, los arcos, los restos monumentales que todavía hoy narran la historia del imperio. Pero más allá de los monumentos, lo que Villarrubia intenta capturar es el carácter simbólico de la ciudad. «Roma tiene un poder simbólico enorme», reflexiona el pintor en ABC. «Posiblemente sea la primera gran ciudad del mundo. Desde sus inicios existía esa idea de crear algo que no muriera nunca».La muestra, titulada ‘Roma Qvanta Fvuit’, reúne cerca de 70 acuarelas que recorren la Roma antigua desde la mirada personal del artista. H. FRAILELa capital italiana ha sido definida durante siglos como la ciudad eterna, una condición que parece confirmarse en cada ruina. Incluso en su decadencia, Roma sigue transmitiendo una sensación de grandeza que desafía el paso del tiempo.Esa visión conecta con el texto escrito para la exposición por el arqueólogo italiano Matteo Bellardi, titulado ‘Amor para Roma’. En él describe la ciudad como un cuerpo cuya belleza reside precisamente en sus cicatrices.Según Bellardi, retratar Roma implica retratar «sus perfectas cicatrices», las heridas que el tiempo ha dejado en su arquitectura y que conviven con la ciudad moderna. Las ruinas son, en ese sentido, «poderosas heridas de la Roma contemporánea», vestigios de guerras, conquistas y siglos de historia que continúan inspirando a artistas y viajeros.Para el arqueólogo, el artista comparte una función con los arquitectos de la Antigüedad: construir para la eternidad, ofrecer una obra que dialogue con el tiempo. Una de las escenas que marcó especialmente al pintor fue su primera visita matinal al Foro Romano. Aquella mañana, recuerda, la luz transformó el paisaje. «Bajamos al Foro a las nueve de la mañana y había un brillo impresionante, una especie de chisporreo de luz. Fue una experiencia única».Ese momento de descubrimiento se ha convertido en una de las claves de la exposición. Las acuarelas capturan esa mezcla de piedra antigua y luminosidad mediterránea que caracteriza a Roma, con un lenguaje pictórico que combina precisión arquitectónica y libertad cromática.En comparación con otras etapas de su trabajo, el propio artista reconoce que esta serie posee más color. «Quizá tenga más color que otras exposiciones», admite. «Es algo que te lo pide el cuerpo cuando estás allí».La fascinación por Roma no es nueva en la historia del arte. Desde el siglo XVIII, artistas y viajeros han intentado capturar la monumentalidad de sus ruinas.Uno de los referentes más claros es el grabador italiano Giovanni Battista Piranesi , famoso por sus detalladas representaciones de la arquitectura romana. Sus series de grabados, casi arqueológicos, influyeron profundamente en la visión romántica de la ciudad. También el pintor británico J. M. W. Turner se sintió atraído por la capital italiana, que visitó en varias ocasiones. Sus paisajes romanos capturaron la atmósfera y la luz de la ciudad con una intensidad casi poética. Villarrubia se inscribe, de algún modo, en esa tradición de artistas que han intentado reinterpretar Roma a través de su propio lenguaje.«Roma es el centro del mundo», afirma el pintor con una sonrisa. «Todos los caminos conducen a Roma».Toledo y la urbe romanaAunque la exposición está dedicada por completo a la ciudad italiana, la obra de Villarrubia siempre ha mantenido un vínculo estrecho con su ciudad natal. Durante años, Toledo ha sido uno de los grandes protagonistas de su pintura. En varias ocasiones se ha comparado a Toledo con Roma, una analogía histórica que algunos autores han utilizado para subrayar la importancia cultural y patrimonial de la ciudad castellana. Sin embargo, el artista prefiere matizar esa idea. «Siempre se ha dicho que Toledo era la Roma de Occidente, pero es una comparación poco afortunada», explica. «Roma es incomparable. No hay nada igual en el mundo».Aun así, su estilo —con líneas precisas y composiciones muy personales— conecta de forma natural ambas ciudades. En sus acuarelas romanas todavía se reconoce esa mirada que durante años ha retratado las murallas, los conventos y los paisajes del valle toledano.Trayectoria’Roma Qvanta Fvuit’ es la decimoquinta exposición individual del artista, una trayectoria que comenzó tras su formación en la Escuela de Artes y Oficios de Toledo, donde estudió diseño gráfico.Nacido en Toledo el 3 de agosto de 1965, Villarrubia ha participado a lo largo de su carrera en numerosas exposiciones y certámenes de acuarela en ciudades como Málaga, Castellón, Cádiz o León. También ha mostrado su obra fuera de España, como en una exposición celebrada en Montevideo (Uruguay). Su carrera está marcada por una relación constante con la acuarela, una técnica que exige rapidez, precisión y una gran capacidad de síntesis.Entre sus exposiciones más recientes destacan «Still Life» (2023), dedicada a bodegones de frutas, flores y vegetales inspirados en la tradición pictórica de la antigua Grecia; «La vuelta al valle» (2022), centrada en panorámicas del paisaje toledano; o «Septiembre», una colección inspirada en viajes por Marruecos, Sicilia y Jordania.En 2018 presentó «Oppidum», un recorrido visual por el Toledo de murallas, iglesias y conventos desde el mirador del Valle. Años antes, en 2011, había expuesto «Fleurs», una serie de cuarenta acuarelas dedicadas a las flores de los cigarrales toledanos.Para Villarrubia , Roma no es un proyecto cerrado. Su viaje de una semana apenas ha sido un primer acercamiento a una ciudad que considera infinita. «Claro que volveré», dice sin dudar. «Todavía tengo mucho que ver. Me gustaría explorar también la Roma barroca». La exposición actual es solo el comienzo de un diálogo artístico con la ciudad eterna. Sus ruinas siguen hablando. Y ahora también lo hacen en acuarela. «Roma, qué grande fuiste; tus ruinas lo demuestran». La frase, atribuida al arquitecto boloñés Sebastiano Serlio, resume una idea que ha atravesado siglos de historia: incluso cuando el Imperio desapareció, su grandeza siguió siendo visible en los restos de mármol, ladrillo y travertino que aún dominan la ciudad. Esa reflexión —Roma quanta fuit ipsa ruina docet— da título e inspiración a la última exposición del pintor toledano José Antonio G. Villarrubia, inaugurada el pasado martes 10 de marzo en la galería Galería de Arte AR+51, en pleno Casco Histórico de Toledo.La muestra, titulada ‘Roma Qvanta Fvuit’, reúne cerca de 70 acuarelas que recorren la Roma antigua desde la mirada personal del artista. Se puede visitar hasta este 12 de abril, de martes a domingo, en horario de 11.00 a 14.00 horas, en la galería situada en la calle Venancio González, frente al Palacio de Congresos El Greco.El resultado es una exposición que nace de la fascinación del pintor por una ciudad que considera inabarcable. Durante una semana intensa, Villarrubia recorrió Roma desde primera hora de la mañana hasta el anochecer, centrando su mirada exclusivamente en los vestigios de la Antigüedad clásica. «Estuve una semana entera, desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche, sin parar. Solo por la Roma antigua: nada de Renacimiento», explica el artista. «Roma es tan grande que es imposible abarcarla».Cicatrices de RomaLa exposición propone un viaje visual por los escenarios más emblemáticos de la Roma antigua: el Foro, los templos, los arcos, los restos monumentales que todavía hoy narran la historia del imperio. Pero más allá de los monumentos, lo que Villarrubia intenta capturar es el carácter simbólico de la ciudad. «Roma tiene un poder simbólico enorme», reflexiona el pintor en ABC. «Posiblemente sea la primera gran ciudad del mundo. Desde sus inicios existía esa idea de crear algo que no muriera nunca».La muestra, titulada ‘Roma Qvanta Fvuit’, reúne cerca de 70 acuarelas que recorren la Roma antigua desde la mirada personal del artista. H. FRAILELa capital italiana ha sido definida durante siglos como la ciudad eterna, una condición que parece confirmarse en cada ruina. Incluso en su decadencia, Roma sigue transmitiendo una sensación de grandeza que desafía el paso del tiempo.Esa visión conecta con el texto escrito para la exposición por el arqueólogo italiano Matteo Bellardi, titulado ‘Amor para Roma’. En él describe la ciudad como un cuerpo cuya belleza reside precisamente en sus cicatrices.Según Bellardi, retratar Roma implica retratar «sus perfectas cicatrices», las heridas que el tiempo ha dejado en su arquitectura y que conviven con la ciudad moderna. Las ruinas son, en ese sentido, «poderosas heridas de la Roma contemporánea», vestigios de guerras, conquistas y siglos de historia que continúan inspirando a artistas y viajeros.Para el arqueólogo, el artista comparte una función con los arquitectos de la Antigüedad: construir para la eternidad, ofrecer una obra que dialogue con el tiempo. Una de las escenas que marcó especialmente al pintor fue su primera visita matinal al Foro Romano. Aquella mañana, recuerda, la luz transformó el paisaje. «Bajamos al Foro a las nueve de la mañana y había un brillo impresionante, una especie de chisporreo de luz. Fue una experiencia única».Ese momento de descubrimiento se ha convertido en una de las claves de la exposición. Las acuarelas capturan esa mezcla de piedra antigua y luminosidad mediterránea que caracteriza a Roma, con un lenguaje pictórico que combina precisión arquitectónica y libertad cromática.En comparación con otras etapas de su trabajo, el propio artista reconoce que esta serie posee más color. «Quizá tenga más color que otras exposiciones», admite. «Es algo que te lo pide el cuerpo cuando estás allí».La fascinación por Roma no es nueva en la historia del arte. Desde el siglo XVIII, artistas y viajeros han intentado capturar la monumentalidad de sus ruinas.Uno de los referentes más claros es el grabador italiano Giovanni Battista Piranesi , famoso por sus detalladas representaciones de la arquitectura romana. Sus series de grabados, casi arqueológicos, influyeron profundamente en la visión romántica de la ciudad. También el pintor británico J. M. W. Turner se sintió atraído por la capital italiana, que visitó en varias ocasiones. Sus paisajes romanos capturaron la atmósfera y la luz de la ciudad con una intensidad casi poética. Villarrubia se inscribe, de algún modo, en esa tradición de artistas que han intentado reinterpretar Roma a través de su propio lenguaje.«Roma es el centro del mundo», afirma el pintor con una sonrisa. «Todos los caminos conducen a Roma».Toledo y la urbe romanaAunque la exposición está dedicada por completo a la ciudad italiana, la obra de Villarrubia siempre ha mantenido un vínculo estrecho con su ciudad natal. Durante años, Toledo ha sido uno de los grandes protagonistas de su pintura. En varias ocasiones se ha comparado a Toledo con Roma, una analogía histórica que algunos autores han utilizado para subrayar la importancia cultural y patrimonial de la ciudad castellana. Sin embargo, el artista prefiere matizar esa idea. «Siempre se ha dicho que Toledo era la Roma de Occidente, pero es una comparación poco afortunada», explica. «Roma es incomparable. No hay nada igual en el mundo».Aun así, su estilo —con líneas precisas y composiciones muy personales— conecta de forma natural ambas ciudades. En sus acuarelas romanas todavía se reconoce esa mirada que durante años ha retratado las murallas, los conventos y los paisajes del valle toledano.Trayectoria’Roma Qvanta Fvuit’ es la decimoquinta exposición individual del artista, una trayectoria que comenzó tras su formación en la Escuela de Artes y Oficios de Toledo, donde estudió diseño gráfico.Nacido en Toledo el 3 de agosto de 1965, Villarrubia ha participado a lo largo de su carrera en numerosas exposiciones y certámenes de acuarela en ciudades como Málaga, Castellón, Cádiz o León. También ha mostrado su obra fuera de España, como en una exposición celebrada en Montevideo (Uruguay). Su carrera está marcada por una relación constante con la acuarela, una técnica que exige rapidez, precisión y una gran capacidad de síntesis.Entre sus exposiciones más recientes destacan «Still Life» (2023), dedicada a bodegones de frutas, flores y vegetales inspirados en la tradición pictórica de la antigua Grecia; «La vuelta al valle» (2022), centrada en panorámicas del paisaje toledano; o «Septiembre», una colección inspirada en viajes por Marruecos, Sicilia y Jordania.En 2018 presentó «Oppidum», un recorrido visual por el Toledo de murallas, iglesias y conventos desde el mirador del Valle. Años antes, en 2011, había expuesto «Fleurs», una serie de cuarenta acuarelas dedicadas a las flores de los cigarrales toledanos.Para Villarrubia , Roma no es un proyecto cerrado. Su viaje de una semana apenas ha sido un primer acercamiento a una ciudad que considera infinita. «Claro que volveré», dice sin dudar. «Todavía tengo mucho que ver. Me gustaría explorar también la Roma barroca». La exposición actual es solo el comienzo de un diálogo artístico con la ciudad eterna. Sus ruinas siguen hablando. Y ahora también lo hacen en acuarela. «Roma, qué grande fuiste; tus ruinas lo demuestran». La frase, atribuida al arquitecto boloñés Sebastiano Serlio, resume una idea que ha atravesado siglos de historia: incluso cuando el Imperio desapareció, su grandeza siguió siendo visible en los restos de mármol, ladrillo y travertino que aún dominan la ciudad. Esa reflexión —Roma quanta fuit ipsa ruina docet— da título e inspiración a la última exposición del pintor toledano José Antonio G. Villarrubia, inaugurada el pasado martes 10 de marzo en la galería Galería de Arte AR+51, en pleno Casco Histórico de Toledo.La muestra, titulada ‘Roma Qvanta Fvuit’, reúne cerca de 70 acuarelas que recorren la Roma antigua desde la mirada personal del artista. Se puede visitar hasta este 12 de abril, de martes a domingo, en horario de 11.00 a 14.00 horas, en la galería situada en la calle Venancio González, frente al Palacio de Congresos El Greco.El resultado es una exposición que nace de la fascinación del pintor por una ciudad que considera inabarcable. Durante una semana intensa, Villarrubia recorrió Roma desde primera hora de la mañana hasta el anochecer, centrando su mirada exclusivamente en los vestigios de la Antigüedad clásica. «Estuve una semana entera, desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche, sin parar. Solo por la Roma antigua: nada de Renacimiento», explica el artista. «Roma es tan grande que es imposible abarcarla».Cicatrices de RomaLa exposición propone un viaje visual por los escenarios más emblemáticos de la Roma antigua: el Foro, los templos, los arcos, los restos monumentales que todavía hoy narran la historia del imperio. Pero más allá de los monumentos, lo que Villarrubia intenta capturar es el carácter simbólico de la ciudad. «Roma tiene un poder simbólico enorme», reflexiona el pintor en ABC. «Posiblemente sea la primera gran ciudad del mundo. Desde sus inicios existía esa idea de crear algo que no muriera nunca».La muestra, titulada ‘Roma Qvanta Fvuit’, reúne cerca de 70 acuarelas que recorren la Roma antigua desde la mirada personal del artista. H. FRAILELa capital italiana ha sido definida durante siglos como la ciudad eterna, una condición que parece confirmarse en cada ruina. Incluso en su decadencia, Roma sigue transmitiendo una sensación de grandeza que desafía el paso del tiempo.Esa visión conecta con el texto escrito para la exposición por el arqueólogo italiano Matteo Bellardi, titulado ‘Amor para Roma’. En él describe la ciudad como un cuerpo cuya belleza reside precisamente en sus cicatrices.Según Bellardi, retratar Roma implica retratar «sus perfectas cicatrices», las heridas que el tiempo ha dejado en su arquitectura y que conviven con la ciudad moderna. Las ruinas son, en ese sentido, «poderosas heridas de la Roma contemporánea», vestigios de guerras, conquistas y siglos de historia que continúan inspirando a artistas y viajeros.Para el arqueólogo, el artista comparte una función con los arquitectos de la Antigüedad: construir para la eternidad, ofrecer una obra que dialogue con el tiempo. Una de las escenas que marcó especialmente al pintor fue su primera visita matinal al Foro Romano. Aquella mañana, recuerda, la luz transformó el paisaje. «Bajamos al Foro a las nueve de la mañana y había un brillo impresionante, una especie de chisporreo de luz. Fue una experiencia única».Ese momento de descubrimiento se ha convertido en una de las claves de la exposición. Las acuarelas capturan esa mezcla de piedra antigua y luminosidad mediterránea que caracteriza a Roma, con un lenguaje pictórico que combina precisión arquitectónica y libertad cromática.En comparación con otras etapas de su trabajo, el propio artista reconoce que esta serie posee más color. «Quizá tenga más color que otras exposiciones», admite. «Es algo que te lo pide el cuerpo cuando estás allí».La fascinación por Roma no es nueva en la historia del arte. Desde el siglo XVIII, artistas y viajeros han intentado capturar la monumentalidad de sus ruinas.Uno de los referentes más claros es el grabador italiano Giovanni Battista Piranesi , famoso por sus detalladas representaciones de la arquitectura romana. Sus series de grabados, casi arqueológicos, influyeron profundamente en la visión romántica de la ciudad. También el pintor británico J. M. W. Turner se sintió atraído por la capital italiana, que visitó en varias ocasiones. Sus paisajes romanos capturaron la atmósfera y la luz de la ciudad con una intensidad casi poética. Villarrubia se inscribe, de algún modo, en esa tradición de artistas que han intentado reinterpretar Roma a través de su propio lenguaje.«Roma es el centro del mundo», afirma el pintor con una sonrisa. «Todos los caminos conducen a Roma».Toledo y la urbe romanaAunque la exposición está dedicada por completo a la ciudad italiana, la obra de Villarrubia siempre ha mantenido un vínculo estrecho con su ciudad natal. Durante años, Toledo ha sido uno de los grandes protagonistas de su pintura. En varias ocasiones se ha comparado a Toledo con Roma, una analogía histórica que algunos autores han utilizado para subrayar la importancia cultural y patrimonial de la ciudad castellana. Sin embargo, el artista prefiere matizar esa idea. «Siempre se ha dicho que Toledo era la Roma de Occidente, pero es una comparación poco afortunada», explica. «Roma es incomparable. No hay nada igual en el mundo».Aun así, su estilo —con líneas precisas y composiciones muy personales— conecta de forma natural ambas ciudades. En sus acuarelas romanas todavía se reconoce esa mirada que durante años ha retratado las murallas, los conventos y los paisajes del valle toledano.Trayectoria’Roma Qvanta Fvuit’ es la decimoquinta exposición individual del artista, una trayectoria que comenzó tras su formación en la Escuela de Artes y Oficios de Toledo, donde estudió diseño gráfico.Nacido en Toledo el 3 de agosto de 1965, Villarrubia ha participado a lo largo de su carrera en numerosas exposiciones y certámenes de acuarela en ciudades como Málaga, Castellón, Cádiz o León. También ha mostrado su obra fuera de España, como en una exposición celebrada en Montevideo (Uruguay). Su carrera está marcada por una relación constante con la acuarela, una técnica que exige rapidez, precisión y una gran capacidad de síntesis.Entre sus exposiciones más recientes destacan «Still Life» (2023), dedicada a bodegones de frutas, flores y vegetales inspirados en la tradición pictórica de la antigua Grecia; «La vuelta al valle» (2022), centrada en panorámicas del paisaje toledano; o «Septiembre», una colección inspirada en viajes por Marruecos, Sicilia y Jordania.En 2018 presentó «Oppidum», un recorrido visual por el Toledo de murallas, iglesias y conventos desde el mirador del Valle. Años antes, en 2011, había expuesto «Fleurs», una serie de cuarenta acuarelas dedicadas a las flores de los cigarrales toledanos.Para Villarrubia , Roma no es un proyecto cerrado. Su viaje de una semana apenas ha sido un primer acercamiento a una ciudad que considera infinita. «Claro que volveré», dice sin dudar. «Todavía tengo mucho que ver. Me gustaría explorar también la Roma barroca». La exposición actual es solo el comienzo de un diálogo artístico con la ciudad eterna. Sus ruinas siguen hablando. Y ahora también lo hacen en acuarela. RSS de noticias de espana
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