La sede de la Cámara de Comercio de Sevilla acogió este lunes la presentación de Morante, punto y aparte , el libro en el que Rubén Amón explora la dimensión artística, emocional y casi metafísica de Morante de la Puebla. Acompañado por el periodista Cristóbal Cervantes , Amón ofreció algo más que una charla literaria: construyó un alegato apasionado en torno al «morantismo» como categoría estética y sentimental.«Quiero pregonar: un pregón de solemnidad y de responsabilidad », afirmó en alusión a su futura intervención como pregonero taurino de Sevilla en 2026, una designación ya conocida que sobrevoló el acto. Incluso deslizó una coincidencia simbólica: ese mismo día confluirá con la reparación de Morante, estableciendo un paralelismo entre la liturgia religiosa y la tauromaquia.El autor explicó que el libro nace de una necesidad íntima. «He escrito por una necesidad personal. Morante ocupaba mucho tamaño dentro de mí y necesitaba escribir sobre él en caliente», confesó, recordando que la cornada sufrida en Pontevedra añadió un punto dramático al relato y a su propia urgencia creativa. Más que un ensayo, la obra es una respuesta emocional a un torero que, según dijo, «es la transfiguración y el trance».Amón defendió que «Morante es una verdad y un torero absoluto» y fue más lejos: «Nadie ha toreado ni va a torear como Morante» . En su discurso apareció también el duelo simbólico con José Tomás, esa dialéctica contemporánea entre dos formas. Lamentó que apenas se hayan visto dos veces mano a mano —una en El Puerto de Santa María y otra en Huelva—, dejando en el aire lo que pudo haber sido una rivalidad sostenida en el tiempo.Hubo espacio para la reflexión política y social. Sostuvo que determinados intentos de prohibición han terminado por reforzar el interés por la Fiesta —«hacen más favor queriendo prohibirla»— y lamentó que la izquierda haya traicionado a la tauromaquia «de forma feroz», señalando además el sectarismo antitaurino con el que actúa el actual ministro de Cultura, Ernest Urtasun, al que reprochó una mirada ideológica que ignora deliberadamente la dimensión cultural y popular del toreo. A su juicio, ese posicionamiento excluyente provoca justo el efecto contrario: despierta una reacción de defensa entre jóvenes que se acercan a los toros desde la rebeldía y la libertad . Aun así, matizó con ironía: «Apreciemos a los antitaurinos… y cuidado con los taurinos», en una llamada a la autocrítica del propio sector.«Sevilla es mi plaza», afirmó con rotundidad, confesando que cada vez que pisa la Real Maestranza de Caballería de Sevilla le interesan menos otras plazas, en referencia velada a Madrid, que dijo frecuentaría «lo mínimo posible» si dependiera de él. Para Amón, la experiencia sevillana es distinta: «Vivimos para dejarnos llevar por el vuelo del capote de Morante a una mano como en aquella tarde de Sevilla». Y añadió que «las evasiones de Morante nos hacen felices a los demás», subrayando ese poder de suspensión del tiempo que ejerce el torero cigarrero.El concepto que vertebra su libro —y su intervención— es el contraste. «De Morante me interesa el punto de contraste», explicó, situándolo entre la realidad política y la artística, entre la controversia y la belleza. De ahí que hablara del «morantismo» como una «religión alternativa y definitiva» , una forma de adhesión que trasciende la plaza y se convierte en identidad emocional.La tarde concluyó entre firmas y corrillos, con la sensación de haber asistido no sólo a la presentación de un libro editado por Editorial Espasa , sino a una proclamación pública de fe taurina. La sede de la Cámara de Comercio de Sevilla acogió este lunes la presentación de Morante, punto y aparte , el libro en el que Rubén Amón explora la dimensión artística, emocional y casi metafísica de Morante de la Puebla. Acompañado por el periodista Cristóbal Cervantes , Amón ofreció algo más que una charla literaria: construyó un alegato apasionado en torno al «morantismo» como categoría estética y sentimental.«Quiero pregonar: un pregón de solemnidad y de responsabilidad », afirmó en alusión a su futura intervención como pregonero taurino de Sevilla en 2026, una designación ya conocida que sobrevoló el acto. Incluso deslizó una coincidencia simbólica: ese mismo día confluirá con la reparación de Morante, estableciendo un paralelismo entre la liturgia religiosa y la tauromaquia.El autor explicó que el libro nace de una necesidad íntima. «He escrito por una necesidad personal. Morante ocupaba mucho tamaño dentro de mí y necesitaba escribir sobre él en caliente», confesó, recordando que la cornada sufrida en Pontevedra añadió un punto dramático al relato y a su propia urgencia creativa. Más que un ensayo, la obra es una respuesta emocional a un torero que, según dijo, «es la transfiguración y el trance».Amón defendió que «Morante es una verdad y un torero absoluto» y fue más lejos: «Nadie ha toreado ni va a torear como Morante» . En su discurso apareció también el duelo simbólico con José Tomás, esa dialéctica contemporánea entre dos formas. Lamentó que apenas se hayan visto dos veces mano a mano —una en El Puerto de Santa María y otra en Huelva—, dejando en el aire lo que pudo haber sido una rivalidad sostenida en el tiempo.Hubo espacio para la reflexión política y social. Sostuvo que determinados intentos de prohibición han terminado por reforzar el interés por la Fiesta —«hacen más favor queriendo prohibirla»— y lamentó que la izquierda haya traicionado a la tauromaquia «de forma feroz», señalando además el sectarismo antitaurino con el que actúa el actual ministro de Cultura, Ernest Urtasun, al que reprochó una mirada ideológica que ignora deliberadamente la dimensión cultural y popular del toreo. A su juicio, ese posicionamiento excluyente provoca justo el efecto contrario: despierta una reacción de defensa entre jóvenes que se acercan a los toros desde la rebeldía y la libertad . Aun así, matizó con ironía: «Apreciemos a los antitaurinos… y cuidado con los taurinos», en una llamada a la autocrítica del propio sector.«Sevilla es mi plaza», afirmó con rotundidad, confesando que cada vez que pisa la Real Maestranza de Caballería de Sevilla le interesan menos otras plazas, en referencia velada a Madrid, que dijo frecuentaría «lo mínimo posible» si dependiera de él. Para Amón, la experiencia sevillana es distinta: «Vivimos para dejarnos llevar por el vuelo del capote de Morante a una mano como en aquella tarde de Sevilla». Y añadió que «las evasiones de Morante nos hacen felices a los demás», subrayando ese poder de suspensión del tiempo que ejerce el torero cigarrero.El concepto que vertebra su libro —y su intervención— es el contraste. «De Morante me interesa el punto de contraste», explicó, situándolo entre la realidad política y la artística, entre la controversia y la belleza. De ahí que hablara del «morantismo» como una «religión alternativa y definitiva» , una forma de adhesión que trasciende la plaza y se convierte en identidad emocional.La tarde concluyó entre firmas y corrillos, con la sensación de haber asistido no sólo a la presentación de un libro editado por Editorial Espasa , sino a una proclamación pública de fe taurina. La sede de la Cámara de Comercio de Sevilla acogió este lunes la presentación de Morante, punto y aparte , el libro en el que Rubén Amón explora la dimensión artística, emocional y casi metafísica de Morante de la Puebla. Acompañado por el periodista Cristóbal Cervantes , Amón ofreció algo más que una charla literaria: construyó un alegato apasionado en torno al «morantismo» como categoría estética y sentimental.«Quiero pregonar: un pregón de solemnidad y de responsabilidad », afirmó en alusión a su futura intervención como pregonero taurino de Sevilla en 2026, una designación ya conocida que sobrevoló el acto. Incluso deslizó una coincidencia simbólica: ese mismo día confluirá con la reparación de Morante, estableciendo un paralelismo entre la liturgia religiosa y la tauromaquia.El autor explicó que el libro nace de una necesidad íntima. «He escrito por una necesidad personal. Morante ocupaba mucho tamaño dentro de mí y necesitaba escribir sobre él en caliente», confesó, recordando que la cornada sufrida en Pontevedra añadió un punto dramático al relato y a su propia urgencia creativa. Más que un ensayo, la obra es una respuesta emocional a un torero que, según dijo, «es la transfiguración y el trance».Amón defendió que «Morante es una verdad y un torero absoluto» y fue más lejos: «Nadie ha toreado ni va a torear como Morante» . En su discurso apareció también el duelo simbólico con José Tomás, esa dialéctica contemporánea entre dos formas. Lamentó que apenas se hayan visto dos veces mano a mano —una en El Puerto de Santa María y otra en Huelva—, dejando en el aire lo que pudo haber sido una rivalidad sostenida en el tiempo.Hubo espacio para la reflexión política y social. Sostuvo que determinados intentos de prohibición han terminado por reforzar el interés por la Fiesta —«hacen más favor queriendo prohibirla»— y lamentó que la izquierda haya traicionado a la tauromaquia «de forma feroz», señalando además el sectarismo antitaurino con el que actúa el actual ministro de Cultura, Ernest Urtasun, al que reprochó una mirada ideológica que ignora deliberadamente la dimensión cultural y popular del toreo. A su juicio, ese posicionamiento excluyente provoca justo el efecto contrario: despierta una reacción de defensa entre jóvenes que se acercan a los toros desde la rebeldía y la libertad . Aun así, matizó con ironía: «Apreciemos a los antitaurinos… y cuidado con los taurinos», en una llamada a la autocrítica del propio sector.«Sevilla es mi plaza», afirmó con rotundidad, confesando que cada vez que pisa la Real Maestranza de Caballería de Sevilla le interesan menos otras plazas, en referencia velada a Madrid, que dijo frecuentaría «lo mínimo posible» si dependiera de él. Para Amón, la experiencia sevillana es distinta: «Vivimos para dejarnos llevar por el vuelo del capote de Morante a una mano como en aquella tarde de Sevilla». Y añadió que «las evasiones de Morante nos hacen felices a los demás», subrayando ese poder de suspensión del tiempo que ejerce el torero cigarrero.El concepto que vertebra su libro —y su intervención— es el contraste. «De Morante me interesa el punto de contraste», explicó, situándolo entre la realidad política y la artística, entre la controversia y la belleza. De ahí que hablara del «morantismo» como una «religión alternativa y definitiva» , una forma de adhesión que trasciende la plaza y se convierte en identidad emocional.La tarde concluyó entre firmas y corrillos, con la sensación de haber asistido no sólo a la presentación de un libro editado por Editorial Espasa , sino a una proclamación pública de fe taurina. RSS de noticias de cultura
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