Sandra Camós (Gerona, 1975) tiene esa rara capacidad de encender una conversación en cuanto toma la palabra. Es esa persona que en cualquier reunión social llama la atención por ser la más apasionada de la sala, sobre todo, cuando habla de lo que sucede dentro de un aula. Como directora de Programas Educativos de la Fundación Princesa de Girona , lleva años empeñada en ayudar a los docentes más jóvenes a descubrir el talento allá donde otros sólo ven alumnos. Camós está convencida de que todos lo poseen; pero el buen maestro aparece cuando se sabe reconocerlo y acompañarlo para que brille. Quizá por eso defiende que detectar y cultivar el talento es hoy un talento en sí mismo, uno de los más valiosos, en una época en la que la inteligencia artificial lo inunda todo. – Fundación Princesa de Girona, Deloitte y Generación Code acaban de presentar un informe sobre mujeres e IA con varias conclusiones interesantes. Hoy, ellos y ellas usan más o menos la mismo la IA, algo que ha cambiado en estos dos últimos años. ¿Por qué se ha logardo cerrar esa brecha? -Lo que se ha reducido es la brecha en el uso de la IA más generalista, por ejemplo, en ChatGPT, y esto es una muy buena noticia. Sin embargo, si ponemos el foco en plataformas más especializadas o más técnicas como pueden ser Perplexity o Anthropic, vemos que sigue habiendo esa diferencia entre hombres y mujeres. Y ahí tenemos que seguir trabajando. -Parece que el empleo femenino (al haber mayor automatización) se puede ver más amenazado por la IA que el masculino. -Exacto, existe un mayor riesgo potencial de que la IA pueda excluir a las mujeres. Para elaborar el informe hemos hablado con muchas voces inspiradoras para intentar buscarle una solución a este potencial problema: tenemos que preparar a estas mujeres para que puedan aportar valor en todas esas automatizaciones de los procesos. Hay que capacitarlas en otras áreas complementarias pero lo primero es, desde luego, que sean conscientes de que existe ese riesgo. -Dicen en el informe que cuando ellos usan la IA, se asocia a eficiencia o innovación. Pero, por el contrario, cuando lo hacen ellas la connotación es negativa: falta de criterio o dependencia. -La mujer sigue utilizando más la IA en modo ‘asking’ (pregunta) que en modo ‘doing’ (ejecución). Ellas recurren a la inteligencia artificial para evaluar, para contrastar. Pero este uso, que tiene que ver con el miedo al error, es anterior al aterrizaje femenino en el mundo de la empresa. Desde pequeñas, las mujeres hemos interiorizado que quizás no nos podemos lanzar a un proyecto sin dominarlo a la perfección antes. El famoso síndrome de la impostora. De todas formas, yo creo que esa visión de la mujer de evaluar, de contrastar es, precisamente, más necesaria que nunca puesto que no nos podemos creer todo lo que la IA nos responde. «La clave está en lo que hacemos en ese tiempo que nos ahorra la IA, para qué lo invertimos»-De hecho, esas virtudes más ‘femeninas’ como la intuición o la empatía pueden ser especialmente útiles en un contexto de IA. -En las entrevistas que se incluyen en el informe hay algo que me ha llamado la atención porque se ha repetido bastante: las mujeres usan la tecnología, sobre todo, para agilizar procesos y ganar tiempo. Y, después, ese tiempo lo destinan a conectar con las personas, a sacar a relucir esas habilidades tan suyas como la intuición o la empatía. La clave está en lo que hacemos en ese tiempo que nos ahorra la IA, para qué lo invertimos.-Una de las grandes cuestiones que se plantean en el mundo educativo actual es cómo adaptamos los métodos de evaluación. Las tareas de antes ya no sirven para medir nada. -En este momento, en la era de la IA, los docentes tienen que romperse un poco la cabeza. Necesitamos a profesores más creativos y que no vean a la IA como un enemigo. Los docentes no pueden pretender hacer su trabajo de la misma forma teniendo un entorno tan diverso. Tenemos que ver cómo podemos utilizar la tecnología para hacer pensar más a los alumnos y que lo que se evalúe no sea tanto el conocimiento sino las habilidades, las competencias. También es cierto que aunque antes no se utilizara ChatGPT, también existía el riesgo de hacer copia-pega con Google y, antes, de copiar directamente de la enciclopedia. Siempre ha habido espabilados. La clave está en enseñar a hacer buenas preguntas, a plantearse respuestas. Eso ya lo enseñaba Sócrates. -Precisamente en este contexto existe un resurgir de la educación clásica, de las Humanidades, de la Filosofía… -Y esto es algo muy positivo. Hay que encontrar un equilibrio y no demonizar la IA ni demonizar la educación clásica. Las disciplinas humanistas nos ayudan a conocernos, a pensar quiénes somos, quiénes queremos ser, nos ayudan a descubrir eso que ahora está tan de moda que es el propósito, pero que a fin de cuentas es saber qué quieres de la vida. Es algo muy bueno que se vuelvan a poner de moda los valores y las virtudes como la generosidad, la templanza, la belleza, el saber mirar, la ética… «No tenemos que aspirar a tener genios. Uno de los grandes retos es democratizar la palabra talento»-Estos días se publicaba un informe de la Fundación Ramón Areces que daba una cifra algo desesperanzadora: en España sólo uno de cada diez alumnos son brillantes (o de alto rendimiento). Tenemos superávit de aprobados, pero déficit de genios. -Yo creo que no tenemos que aspirar a tener genios. Para nosotros, en Fundación Princesa de Girona, uno de los grandes retos es democratizar la palabra talento. Es curioso, pero, en un auditorio, si preguntas quién tiene talento, mucha gente no levanta la mano. Insisto en lo mismo: hay que invertir en formar y acompañar muy bien a los docentes, y sobre todo a los docentes jóvenes que se incorporan en las aulas y serán la palanca de cambio. La fundación está trabajando mucho en el fortalecimiento de la vocación del docente, en devolverle el prestigio social que ha perdido. -También hemos hablado mucho de la infantilización de las nuevas generaciones y los famosos padres helicóptero. Los docentes se quejan de esa sobreprotección. De esas familias que van al centro a discutir la nota de un examen… -Creo que deberíamos dejar de echarnos las culpas los unos a los otros para ponernos juntos a trabajar. Menos quejas y más soluciones. Sé que hay profesores jóvenes que o bien se ponen en modo ogro para hacerse respetar y se ponen en contra de las familias, o bien van demasiado de colegas. No es ni una cosa ni la otra. Tengo claro que un profesor no puede ver a las familias como su enemigo, eso es un gran error. Es cierto que la forma en que se implicaban mis padres en mi educación es muy distinta a cómo me he implicado yo con mis hijos. A veces, los padres nos deberíamos forzar a no preocuparnos en exceso. Ponernos freno a nosotros mismos. Es esencial que las familias y los docentes hagan piña. Sandra Camós (Gerona, 1975) tiene esa rara capacidad de encender una conversación en cuanto toma la palabra. Es esa persona que en cualquier reunión social llama la atención por ser la más apasionada de la sala, sobre todo, cuando habla de lo que sucede dentro de un aula. Como directora de Programas Educativos de la Fundación Princesa de Girona , lleva años empeñada en ayudar a los docentes más jóvenes a descubrir el talento allá donde otros sólo ven alumnos. Camós está convencida de que todos lo poseen; pero el buen maestro aparece cuando se sabe reconocerlo y acompañarlo para que brille. Quizá por eso defiende que detectar y cultivar el talento es hoy un talento en sí mismo, uno de los más valiosos, en una época en la que la inteligencia artificial lo inunda todo. – Fundación Princesa de Girona, Deloitte y Generación Code acaban de presentar un informe sobre mujeres e IA con varias conclusiones interesantes. Hoy, ellos y ellas usan más o menos la mismo la IA, algo que ha cambiado en estos dos últimos años. ¿Por qué se ha logardo cerrar esa brecha? -Lo que se ha reducido es la brecha en el uso de la IA más generalista, por ejemplo, en ChatGPT, y esto es una muy buena noticia. Sin embargo, si ponemos el foco en plataformas más especializadas o más técnicas como pueden ser Perplexity o Anthropic, vemos que sigue habiendo esa diferencia entre hombres y mujeres. Y ahí tenemos que seguir trabajando. -Parece que el empleo femenino (al haber mayor automatización) se puede ver más amenazado por la IA que el masculino. -Exacto, existe un mayor riesgo potencial de que la IA pueda excluir a las mujeres. Para elaborar el informe hemos hablado con muchas voces inspiradoras para intentar buscarle una solución a este potencial problema: tenemos que preparar a estas mujeres para que puedan aportar valor en todas esas automatizaciones de los procesos. Hay que capacitarlas en otras áreas complementarias pero lo primero es, desde luego, que sean conscientes de que existe ese riesgo. -Dicen en el informe que cuando ellos usan la IA, se asocia a eficiencia o innovación. Pero, por el contrario, cuando lo hacen ellas la connotación es negativa: falta de criterio o dependencia. -La mujer sigue utilizando más la IA en modo ‘asking’ (pregunta) que en modo ‘doing’ (ejecución). Ellas recurren a la inteligencia artificial para evaluar, para contrastar. Pero este uso, que tiene que ver con el miedo al error, es anterior al aterrizaje femenino en el mundo de la empresa. Desde pequeñas, las mujeres hemos interiorizado que quizás no nos podemos lanzar a un proyecto sin dominarlo a la perfección antes. El famoso síndrome de la impostora. De todas formas, yo creo que esa visión de la mujer de evaluar, de contrastar es, precisamente, más necesaria que nunca puesto que no nos podemos creer todo lo que la IA nos responde. «La clave está en lo que hacemos en ese tiempo que nos ahorra la IA, para qué lo invertimos»-De hecho, esas virtudes más ‘femeninas’ como la intuición o la empatía pueden ser especialmente útiles en un contexto de IA. -En las entrevistas que se incluyen en el informe hay algo que me ha llamado la atención porque se ha repetido bastante: las mujeres usan la tecnología, sobre todo, para agilizar procesos y ganar tiempo. Y, después, ese tiempo lo destinan a conectar con las personas, a sacar a relucir esas habilidades tan suyas como la intuición o la empatía. La clave está en lo que hacemos en ese tiempo que nos ahorra la IA, para qué lo invertimos.-Una de las grandes cuestiones que se plantean en el mundo educativo actual es cómo adaptamos los métodos de evaluación. Las tareas de antes ya no sirven para medir nada. -En este momento, en la era de la IA, los docentes tienen que romperse un poco la cabeza. Necesitamos a profesores más creativos y que no vean a la IA como un enemigo. Los docentes no pueden pretender hacer su trabajo de la misma forma teniendo un entorno tan diverso. Tenemos que ver cómo podemos utilizar la tecnología para hacer pensar más a los alumnos y que lo que se evalúe no sea tanto el conocimiento sino las habilidades, las competencias. También es cierto que aunque antes no se utilizara ChatGPT, también existía el riesgo de hacer copia-pega con Google y, antes, de copiar directamente de la enciclopedia. Siempre ha habido espabilados. La clave está en enseñar a hacer buenas preguntas, a plantearse respuestas. Eso ya lo enseñaba Sócrates. -Precisamente en este contexto existe un resurgir de la educación clásica, de las Humanidades, de la Filosofía… -Y esto es algo muy positivo. Hay que encontrar un equilibrio y no demonizar la IA ni demonizar la educación clásica. Las disciplinas humanistas nos ayudan a conocernos, a pensar quiénes somos, quiénes queremos ser, nos ayudan a descubrir eso que ahora está tan de moda que es el propósito, pero que a fin de cuentas es saber qué quieres de la vida. Es algo muy bueno que se vuelvan a poner de moda los valores y las virtudes como la generosidad, la templanza, la belleza, el saber mirar, la ética… «No tenemos que aspirar a tener genios. Uno de los grandes retos es democratizar la palabra talento»-Estos días se publicaba un informe de la Fundación Ramón Areces que daba una cifra algo desesperanzadora: en España sólo uno de cada diez alumnos son brillantes (o de alto rendimiento). Tenemos superávit de aprobados, pero déficit de genios. -Yo creo que no tenemos que aspirar a tener genios. Para nosotros, en Fundación Princesa de Girona, uno de los grandes retos es democratizar la palabra talento. Es curioso, pero, en un auditorio, si preguntas quién tiene talento, mucha gente no levanta la mano. Insisto en lo mismo: hay que invertir en formar y acompañar muy bien a los docentes, y sobre todo a los docentes jóvenes que se incorporan en las aulas y serán la palanca de cambio. La fundación está trabajando mucho en el fortalecimiento de la vocación del docente, en devolverle el prestigio social que ha perdido. -También hemos hablado mucho de la infantilización de las nuevas generaciones y los famosos padres helicóptero. Los docentes se quejan de esa sobreprotección. De esas familias que van al centro a discutir la nota de un examen… -Creo que deberíamos dejar de echarnos las culpas los unos a los otros para ponernos juntos a trabajar. Menos quejas y más soluciones. Sé que hay profesores jóvenes que o bien se ponen en modo ogro para hacerse respetar y se ponen en contra de las familias, o bien van demasiado de colegas. No es ni una cosa ni la otra. Tengo claro que un profesor no puede ver a las familias como su enemigo, eso es un gran error. Es cierto que la forma en que se implicaban mis padres en mi educación es muy distinta a cómo me he implicado yo con mis hijos. A veces, los padres nos deberíamos forzar a no preocuparnos en exceso. Ponernos freno a nosotros mismos. Es esencial que las familias y los docentes hagan piña. Sandra Camós (Gerona, 1975) tiene esa rara capacidad de encender una conversación en cuanto toma la palabra. Es esa persona que en cualquier reunión social llama la atención por ser la más apasionada de la sala, sobre todo, cuando habla de lo que sucede dentro de un aula. Como directora de Programas Educativos de la Fundación Princesa de Girona , lleva años empeñada en ayudar a los docentes más jóvenes a descubrir el talento allá donde otros sólo ven alumnos. Camós está convencida de que todos lo poseen; pero el buen maestro aparece cuando se sabe reconocerlo y acompañarlo para que brille. Quizá por eso defiende que detectar y cultivar el talento es hoy un talento en sí mismo, uno de los más valiosos, en una época en la que la inteligencia artificial lo inunda todo. – Fundación Princesa de Girona, Deloitte y Generación Code acaban de presentar un informe sobre mujeres e IA con varias conclusiones interesantes. Hoy, ellos y ellas usan más o menos la mismo la IA, algo que ha cambiado en estos dos últimos años. ¿Por qué se ha logardo cerrar esa brecha? -Lo que se ha reducido es la brecha en el uso de la IA más generalista, por ejemplo, en ChatGPT, y esto es una muy buena noticia. Sin embargo, si ponemos el foco en plataformas más especializadas o más técnicas como pueden ser Perplexity o Anthropic, vemos que sigue habiendo esa diferencia entre hombres y mujeres. Y ahí tenemos que seguir trabajando. -Parece que el empleo femenino (al haber mayor automatización) se puede ver más amenazado por la IA que el masculino. -Exacto, existe un mayor riesgo potencial de que la IA pueda excluir a las mujeres. Para elaborar el informe hemos hablado con muchas voces inspiradoras para intentar buscarle una solución a este potencial problema: tenemos que preparar a estas mujeres para que puedan aportar valor en todas esas automatizaciones de los procesos. Hay que capacitarlas en otras áreas complementarias pero lo primero es, desde luego, que sean conscientes de que existe ese riesgo. -Dicen en el informe que cuando ellos usan la IA, se asocia a eficiencia o innovación. Pero, por el contrario, cuando lo hacen ellas la connotación es negativa: falta de criterio o dependencia. -La mujer sigue utilizando más la IA en modo ‘asking’ (pregunta) que en modo ‘doing’ (ejecución). Ellas recurren a la inteligencia artificial para evaluar, para contrastar. Pero este uso, que tiene que ver con el miedo al error, es anterior al aterrizaje femenino en el mundo de la empresa. Desde pequeñas, las mujeres hemos interiorizado que quizás no nos podemos lanzar a un proyecto sin dominarlo a la perfección antes. El famoso síndrome de la impostora. De todas formas, yo creo que esa visión de la mujer de evaluar, de contrastar es, precisamente, más necesaria que nunca puesto que no nos podemos creer todo lo que la IA nos responde. «La clave está en lo que hacemos en ese tiempo que nos ahorra la IA, para qué lo invertimos»-De hecho, esas virtudes más ‘femeninas’ como la intuición o la empatía pueden ser especialmente útiles en un contexto de IA. -En las entrevistas que se incluyen en el informe hay algo que me ha llamado la atención porque se ha repetido bastante: las mujeres usan la tecnología, sobre todo, para agilizar procesos y ganar tiempo. Y, después, ese tiempo lo destinan a conectar con las personas, a sacar a relucir esas habilidades tan suyas como la intuición o la empatía. La clave está en lo que hacemos en ese tiempo que nos ahorra la IA, para qué lo invertimos.-Una de las grandes cuestiones que se plantean en el mundo educativo actual es cómo adaptamos los métodos de evaluación. Las tareas de antes ya no sirven para medir nada. -En este momento, en la era de la IA, los docentes tienen que romperse un poco la cabeza. Necesitamos a profesores más creativos y que no vean a la IA como un enemigo. Los docentes no pueden pretender hacer su trabajo de la misma forma teniendo un entorno tan diverso. Tenemos que ver cómo podemos utilizar la tecnología para hacer pensar más a los alumnos y que lo que se evalúe no sea tanto el conocimiento sino las habilidades, las competencias. También es cierto que aunque antes no se utilizara ChatGPT, también existía el riesgo de hacer copia-pega con Google y, antes, de copiar directamente de la enciclopedia. Siempre ha habido espabilados. La clave está en enseñar a hacer buenas preguntas, a plantearse respuestas. Eso ya lo enseñaba Sócrates. -Precisamente en este contexto existe un resurgir de la educación clásica, de las Humanidades, de la Filosofía… -Y esto es algo muy positivo. Hay que encontrar un equilibrio y no demonizar la IA ni demonizar la educación clásica. Las disciplinas humanistas nos ayudan a conocernos, a pensar quiénes somos, quiénes queremos ser, nos ayudan a descubrir eso que ahora está tan de moda que es el propósito, pero que a fin de cuentas es saber qué quieres de la vida. Es algo muy bueno que se vuelvan a poner de moda los valores y las virtudes como la generosidad, la templanza, la belleza, el saber mirar, la ética… «No tenemos que aspirar a tener genios. Uno de los grandes retos es democratizar la palabra talento»-Estos días se publicaba un informe de la Fundación Ramón Areces que daba una cifra algo desesperanzadora: en España sólo uno de cada diez alumnos son brillantes (o de alto rendimiento). Tenemos superávit de aprobados, pero déficit de genios. -Yo creo que no tenemos que aspirar a tener genios. Para nosotros, en Fundación Princesa de Girona, uno de los grandes retos es democratizar la palabra talento. Es curioso, pero, en un auditorio, si preguntas quién tiene talento, mucha gente no levanta la mano. Insisto en lo mismo: hay que invertir en formar y acompañar muy bien a los docentes, y sobre todo a los docentes jóvenes que se incorporan en las aulas y serán la palanca de cambio. La fundación está trabajando mucho en el fortalecimiento de la vocación del docente, en devolverle el prestigio social que ha perdido. -También hemos hablado mucho de la infantilización de las nuevas generaciones y los famosos padres helicóptero. Los docentes se quejan de esa sobreprotección. De esas familias que van al centro a discutir la nota de un examen… -Creo que deberíamos dejar de echarnos las culpas los unos a los otros para ponernos juntos a trabajar. Menos quejas y más soluciones. Sé que hay profesores jóvenes que o bien se ponen en modo ogro para hacerse respetar y se ponen en contra de las familias, o bien van demasiado de colegas. No es ni una cosa ni la otra. Tengo claro que un profesor no puede ver a las familias como su enemigo, eso es un gran error. Es cierto que la forma en que se implicaban mis padres en mi educación es muy distinta a cómo me he implicado yo con mis hijos. A veces, los padres nos deberíamos forzar a no preocuparnos en exceso. Ponernos freno a nosotros mismos. Es esencial que las familias y los docentes hagan piña. RSS de noticias de sociedad
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