No por casualidad el color de la esperanza es el verde. Lo recuerda Santiago Beruete , licenciado en Antropología y doctorado en Filosofía que desde hace décadas analiza cómo el jardín es la perfecta metáfora visual de la buena vida. Ahora acaba de publicar su último libro, ‘Filosíntesis’, en el que cruza espiritualidad, filosofía y experiencia sensible, con el jardín como escenario y como método. «Al final nos ofrece un lenguaje universal y un aprendizaje constante», asegura en una entrevista con ABC.- ¿Qué hace que un jardín sea siempre un espacio de bienestar, como defiende?- Un jardín es casi la metáfora visual de la buena vida, engalanada con flores, con plantas, con árboles. Hay muchas otras razones: es un espacio de buen refugio, un antónimo a la guerra, es un trozo de tierra para el disfrute y provecho y es uno de los símbolos de la paz más convincentes, incluso más que la paloma blanca o la rama de olivo. A mí me gusta decir que las propiedades de las plantas que cultivamos en realidad cultivan en nosotros cualidades como la calma, la confianza, la paciencia o la humildad.- ¿Cómo se cultivan estas capacidades?- Cuando salimos al jardín entramos en nosotros mismos y a través de su naturaleza reconectamos con nuestra propia naturaleza. De hecho, estamos volviendo tanto al jardín porque tenemos un déficit de naturaleza, pero también un déficit de significado y de propósito y la manera de encontrarnos con un mundo más hermoso, más justo y más en paz es precisamente el jardín. Yo veo al jardín a medio camino entre Arcadia y Utopía; es decir, entre el mito y el ideal, entre el paraíso perdido y el prometido. – En el libro destaca que un jardín tiene desde la luz que, como las plantas, necesitamos hasta principios para curar el alma…- ‘Filosíntesis’ une la idea mágica y poderosa de la fotosíntesis, que es la base de la vida en el planeta, y de la filosofía más esencial, y sería la manera de responder a la pregunta por excelencia de cómo vivir de la mejor manera posible. Con este libro invito a imitar a las plantas y a fabricar nuestro propio alimento espiritual y también a buscar la luz, como hacen las plantas, y los principios activos para tratarnos hasta el alma. «Un jardín es un gran maestro de la paciencia y la espera: es una escuela de valores éticos»- ¿Qué enseñanza deja un jardín?- Un jardín es un gran maestro de la paciencia y la espera. Un jardinero planta sin saber cuál será el resultado y allí se pone en juego lo mejor de la condición humana, que es la esperanza, la confianza, el tesón, la tenacidad, la humildad. Las plantas siguen sus propios ritmos y nosotros tenemos que aceptar los ciclos naturales y los ritmos de las estaciones. Un jardín es una escuela de valores éticos. – También asegura que hay mucha política en un jardín. ¿Por qué?- Por una parte porque ahora hay una contracultura jardinera y por todo el mundo aparecen huertos urbanos o jardines comunitarios que responden a esta necesidad de reconexión con la naturaleza. Además, el jardín manda un poderoso mensaje de una relación con la tierra no basada en la rapiña y el consumo desahogado, sino en el cuidado, en el respeto a ese jardín. También de una convivencia pacífica entre personas y plantas. Los mitos que nos han traído hasta aquí, como el del crecimiento ilimitado o la superioridad del ser humano, ahora boicotean y sabotean nuestra situación futura. Y el jardín nos enseña el camino que estamos llamados a seguir todos si queremos hacer viable nuestra vida aquí. Por eso, el jardín está teniendo tanto arraigo en todas partes y edades. – ¿Cómo hay que actuar ante la crisis climática? – Mucho antes de que se acuñara el término ecología, los jardineros ya apreciaban la belleza vegetal y se esforzaban por extender las plantas. La solución a esa emergencia climática social, pero me atrevería a decir que también ecológica y espiritual, pasa por que los seres humanos se vean como guardianes del jardín planetario. Por muy deprimente que sea la marcha de los acontecimientos no podemos dejar de ajardinar, de cuidar nuestro rincón del mundo. Y esto las personas lo perciben de una manera transcultural, más allá de credos, de ideologías, de estatus. El jardín, al final, ofrece un lenguaje universal y delante del mundo vegetal todos entendemos su lección. MÁS INFORMACIÓN noticia Si «Cualquier tipo de ejercicio que implique una carga es bueno a edades avanzadas» noticia Si ‘Wabol’, el deporte donde solo se camina y suma años de vida noticia Si «La fórmula para llegar a los 100 años está en nuestros hábitos»- ¿Nos puede enseñar un jardín urbano a vivir igual que el más bucólico?- La virtud de un jardín no depende ni de su tamaño, ni de su condición botánica, ni de su complejidad. Pueden tener escalinatas o fuentes maravillosas o ser ruedas de camión llenas de tierra. Un jardín, independientemente de como sea, invita a salir de tu cabeza, a atender a otro ser vivo, a concentrar tu atención en el presente, a conectar con tu naturaleza a través de la naturaleza. Y esto es igual con un huerto urbano, una terraza o un simple macetero. Además, ahora hay una voluntad a nivel social y mundial de renaturalización de las ciudades. Como dice un gran paisajista, esa voluntad de ajardinar todo es el intento de devolver a los ciudadanos el verde que le robó a las ciudades.- ¿Esta renaturalización de las ciudades es el camino a seguir?- Creemos que estamos asistiendo a algo único, pero desde las primeras civilizaciones hemos estado construyendo jardines y parques, creando huertos y poniendo plantas en el interior de nuestras casas. Está más que demostrado que plantar árboles, ajardinar barrios y establecer espacios públicos verdes baja los índices de vandalismo, mejora la salud, el bienestar social o el fracaso escolar. Entonces, solo hace falta seguir regando estas ideas y hacer que esta semilla germine en el imaginario colectivo. No por casualidad el color de la esperanza es el verde. Lo recuerda Santiago Beruete , licenciado en Antropología y doctorado en Filosofía que desde hace décadas analiza cómo el jardín es la perfecta metáfora visual de la buena vida. Ahora acaba de publicar su último libro, ‘Filosíntesis’, en el que cruza espiritualidad, filosofía y experiencia sensible, con el jardín como escenario y como método. «Al final nos ofrece un lenguaje universal y un aprendizaje constante», asegura en una entrevista con ABC.- ¿Qué hace que un jardín sea siempre un espacio de bienestar, como defiende?- Un jardín es casi la metáfora visual de la buena vida, engalanada con flores, con plantas, con árboles. Hay muchas otras razones: es un espacio de buen refugio, un antónimo a la guerra, es un trozo de tierra para el disfrute y provecho y es uno de los símbolos de la paz más convincentes, incluso más que la paloma blanca o la rama de olivo. A mí me gusta decir que las propiedades de las plantas que cultivamos en realidad cultivan en nosotros cualidades como la calma, la confianza, la paciencia o la humildad.- ¿Cómo se cultivan estas capacidades?- Cuando salimos al jardín entramos en nosotros mismos y a través de su naturaleza reconectamos con nuestra propia naturaleza. De hecho, estamos volviendo tanto al jardín porque tenemos un déficit de naturaleza, pero también un déficit de significado y de propósito y la manera de encontrarnos con un mundo más hermoso, más justo y más en paz es precisamente el jardín. Yo veo al jardín a medio camino entre Arcadia y Utopía; es decir, entre el mito y el ideal, entre el paraíso perdido y el prometido. – En el libro destaca que un jardín tiene desde la luz que, como las plantas, necesitamos hasta principios para curar el alma…- ‘Filosíntesis’ une la idea mágica y poderosa de la fotosíntesis, que es la base de la vida en el planeta, y de la filosofía más esencial, y sería la manera de responder a la pregunta por excelencia de cómo vivir de la mejor manera posible. Con este libro invito a imitar a las plantas y a fabricar nuestro propio alimento espiritual y también a buscar la luz, como hacen las plantas, y los principios activos para tratarnos hasta el alma. «Un jardín es un gran maestro de la paciencia y la espera: es una escuela de valores éticos»- ¿Qué enseñanza deja un jardín?- Un jardín es un gran maestro de la paciencia y la espera. Un jardinero planta sin saber cuál será el resultado y allí se pone en juego lo mejor de la condición humana, que es la esperanza, la confianza, el tesón, la tenacidad, la humildad. Las plantas siguen sus propios ritmos y nosotros tenemos que aceptar los ciclos naturales y los ritmos de las estaciones. Un jardín es una escuela de valores éticos. – También asegura que hay mucha política en un jardín. ¿Por qué?- Por una parte porque ahora hay una contracultura jardinera y por todo el mundo aparecen huertos urbanos o jardines comunitarios que responden a esta necesidad de reconexión con la naturaleza. Además, el jardín manda un poderoso mensaje de una relación con la tierra no basada en la rapiña y el consumo desahogado, sino en el cuidado, en el respeto a ese jardín. También de una convivencia pacífica entre personas y plantas. Los mitos que nos han traído hasta aquí, como el del crecimiento ilimitado o la superioridad del ser humano, ahora boicotean y sabotean nuestra situación futura. Y el jardín nos enseña el camino que estamos llamados a seguir todos si queremos hacer viable nuestra vida aquí. Por eso, el jardín está teniendo tanto arraigo en todas partes y edades. – ¿Cómo hay que actuar ante la crisis climática? – Mucho antes de que se acuñara el término ecología, los jardineros ya apreciaban la belleza vegetal y se esforzaban por extender las plantas. La solución a esa emergencia climática social, pero me atrevería a decir que también ecológica y espiritual, pasa por que los seres humanos se vean como guardianes del jardín planetario. Por muy deprimente que sea la marcha de los acontecimientos no podemos dejar de ajardinar, de cuidar nuestro rincón del mundo. Y esto las personas lo perciben de una manera transcultural, más allá de credos, de ideologías, de estatus. El jardín, al final, ofrece un lenguaje universal y delante del mundo vegetal todos entendemos su lección. MÁS INFORMACIÓN noticia Si «Cualquier tipo de ejercicio que implique una carga es bueno a edades avanzadas» noticia Si ‘Wabol’, el deporte donde solo se camina y suma años de vida noticia Si «La fórmula para llegar a los 100 años está en nuestros hábitos»- ¿Nos puede enseñar un jardín urbano a vivir igual que el más bucólico?- La virtud de un jardín no depende ni de su tamaño, ni de su condición botánica, ni de su complejidad. Pueden tener escalinatas o fuentes maravillosas o ser ruedas de camión llenas de tierra. Un jardín, independientemente de como sea, invita a salir de tu cabeza, a atender a otro ser vivo, a concentrar tu atención en el presente, a conectar con tu naturaleza a través de la naturaleza. Y esto es igual con un huerto urbano, una terraza o un simple macetero. Además, ahora hay una voluntad a nivel social y mundial de renaturalización de las ciudades. Como dice un gran paisajista, esa voluntad de ajardinar todo es el intento de devolver a los ciudadanos el verde que le robó a las ciudades.- ¿Esta renaturalización de las ciudades es el camino a seguir?- Creemos que estamos asistiendo a algo único, pero desde las primeras civilizaciones hemos estado construyendo jardines y parques, creando huertos y poniendo plantas en el interior de nuestras casas. Está más que demostrado que plantar árboles, ajardinar barrios y establecer espacios públicos verdes baja los índices de vandalismo, mejora la salud, el bienestar social o el fracaso escolar. Entonces, solo hace falta seguir regando estas ideas y hacer que esta semilla germine en el imaginario colectivo. No por casualidad el color de la esperanza es el verde. Lo recuerda Santiago Beruete , licenciado en Antropología y doctorado en Filosofía que desde hace décadas analiza cómo el jardín es la perfecta metáfora visual de la buena vida. Ahora acaba de publicar su último libro, ‘Filosíntesis’, en el que cruza espiritualidad, filosofía y experiencia sensible, con el jardín como escenario y como método. «Al final nos ofrece un lenguaje universal y un aprendizaje constante», asegura en una entrevista con ABC.- ¿Qué hace que un jardín sea siempre un espacio de bienestar, como defiende?- Un jardín es casi la metáfora visual de la buena vida, engalanada con flores, con plantas, con árboles. Hay muchas otras razones: es un espacio de buen refugio, un antónimo a la guerra, es un trozo de tierra para el disfrute y provecho y es uno de los símbolos de la paz más convincentes, incluso más que la paloma blanca o la rama de olivo. A mí me gusta decir que las propiedades de las plantas que cultivamos en realidad cultivan en nosotros cualidades como la calma, la confianza, la paciencia o la humildad.- ¿Cómo se cultivan estas capacidades?- Cuando salimos al jardín entramos en nosotros mismos y a través de su naturaleza reconectamos con nuestra propia naturaleza. De hecho, estamos volviendo tanto al jardín porque tenemos un déficit de naturaleza, pero también un déficit de significado y de propósito y la manera de encontrarnos con un mundo más hermoso, más justo y más en paz es precisamente el jardín. Yo veo al jardín a medio camino entre Arcadia y Utopía; es decir, entre el mito y el ideal, entre el paraíso perdido y el prometido. – En el libro destaca que un jardín tiene desde la luz que, como las plantas, necesitamos hasta principios para curar el alma…- ‘Filosíntesis’ une la idea mágica y poderosa de la fotosíntesis, que es la base de la vida en el planeta, y de la filosofía más esencial, y sería la manera de responder a la pregunta por excelencia de cómo vivir de la mejor manera posible. Con este libro invito a imitar a las plantas y a fabricar nuestro propio alimento espiritual y también a buscar la luz, como hacen las plantas, y los principios activos para tratarnos hasta el alma. «Un jardín es un gran maestro de la paciencia y la espera: es una escuela de valores éticos»- ¿Qué enseñanza deja un jardín?- Un jardín es un gran maestro de la paciencia y la espera. Un jardinero planta sin saber cuál será el resultado y allí se pone en juego lo mejor de la condición humana, que es la esperanza, la confianza, el tesón, la tenacidad, la humildad. Las plantas siguen sus propios ritmos y nosotros tenemos que aceptar los ciclos naturales y los ritmos de las estaciones. Un jardín es una escuela de valores éticos. – También asegura que hay mucha política en un jardín. ¿Por qué?- Por una parte porque ahora hay una contracultura jardinera y por todo el mundo aparecen huertos urbanos o jardines comunitarios que responden a esta necesidad de reconexión con la naturaleza. Además, el jardín manda un poderoso mensaje de una relación con la tierra no basada en la rapiña y el consumo desahogado, sino en el cuidado, en el respeto a ese jardín. También de una convivencia pacífica entre personas y plantas. Los mitos que nos han traído hasta aquí, como el del crecimiento ilimitado o la superioridad del ser humano, ahora boicotean y sabotean nuestra situación futura. Y el jardín nos enseña el camino que estamos llamados a seguir todos si queremos hacer viable nuestra vida aquí. Por eso, el jardín está teniendo tanto arraigo en todas partes y edades. – ¿Cómo hay que actuar ante la crisis climática? – Mucho antes de que se acuñara el término ecología, los jardineros ya apreciaban la belleza vegetal y se esforzaban por extender las plantas. La solución a esa emergencia climática social, pero me atrevería a decir que también ecológica y espiritual, pasa por que los seres humanos se vean como guardianes del jardín planetario. Por muy deprimente que sea la marcha de los acontecimientos no podemos dejar de ajardinar, de cuidar nuestro rincón del mundo. Y esto las personas lo perciben de una manera transcultural, más allá de credos, de ideologías, de estatus. El jardín, al final, ofrece un lenguaje universal y delante del mundo vegetal todos entendemos su lección. MÁS INFORMACIÓN noticia Si «Cualquier tipo de ejercicio que implique una carga es bueno a edades avanzadas» noticia Si ‘Wabol’, el deporte donde solo se camina y suma años de vida noticia Si «La fórmula para llegar a los 100 años está en nuestros hábitos»- ¿Nos puede enseñar un jardín urbano a vivir igual que el más bucólico?- La virtud de un jardín no depende ni de su tamaño, ni de su condición botánica, ni de su complejidad. Pueden tener escalinatas o fuentes maravillosas o ser ruedas de camión llenas de tierra. Un jardín, independientemente de como sea, invita a salir de tu cabeza, a atender a otro ser vivo, a concentrar tu atención en el presente, a conectar con tu naturaleza a través de la naturaleza. Y esto es igual con un huerto urbano, una terraza o un simple macetero. Además, ahora hay una voluntad a nivel social y mundial de renaturalización de las ciudades. Como dice un gran paisajista, esa voluntad de ajardinar todo es el intento de devolver a los ciudadanos el verde que le robó a las ciudades.- ¿Esta renaturalización de las ciudades es el camino a seguir?- Creemos que estamos asistiendo a algo único, pero desde las primeras civilizaciones hemos estado construyendo jardines y parques, creando huertos y poniendo plantas en el interior de nuestras casas. Está más que demostrado que plantar árboles, ajardinar barrios y establecer espacios públicos verdes baja los índices de vandalismo, mejora la salud, el bienestar social o el fracaso escolar. Entonces, solo hace falta seguir regando estas ideas y hacer que esta semilla germine en el imaginario colectivo. RSS de noticias de bienestar
Noticias Similares
