En su número de 6 de abril de 1881, la revista semanal Crónica de la música se hace eco de la llegada a Madrid de Pablo Sarasate, el eminente violinista y compositor de fama mundial que por esas mismas fechas se encontraba culminando la más celebrada de sus Fantasías , la que tanto entusiasmó a Nietzsche y que compuso sobre temas de la ópera Carmen de Bizet. La revista recoge una anécdota que dice mucho acerca de la personalidad del músico navarro. Nada más desembarcar en la Villa y Corte, el violinista preguntó a sus amigos por Rubinstein y éstos le informaron de que el gran pianista ruso se había comprometido a dar un concierto en Toledo a beneficio de los pobres de la ciudad y de la Comisión de Monumentos Artísticos, pero que este concierto tuvo que cancelarse por la marcha repentina de Rubinstein a causa del fallecimiento de su hermano. Según cuenta el redactor de la noticia, «en el acto exclamó Pablo Sarasate: ‒Yo cumpliré el deseo de Rubinstein. Iré a Toledo y daré ese concierto». Hacer suya una promesa personal de su amigo y contribuir al mismo tiempo a una buena causa no pudo menos que estimular al músico pamplonés, aunque acudir al concierto de Toledo le ocasionara la contrariedad de «no poder tomar parte en otro concierto benéfico organizado en Madrid para el cual fue invitado por el senador señor Güell y Renté».El concierto se celebró en Toledo el 9 de abril en el Teatro de Rojas. En el siguiente número de la citada revista, de 13 de abril, un corresponsal desde Toledo hace la crónica del que sin duda fue el gran acontecimiento del año en la ciudad. La concurrencia fue inmensa, «á pesar de que gran parte de los habitantes de esta ciudad no habían tenido tiempo de enterarse porque los carteles no se pusieron hasta el mismo día, ya que esta ciudad no hay más que un periódico semanal». El cronista da públicamente las gracias al gran violinista y a los otros grandes músicos que lo acompañaron en el concierto, el profesor del Conservatorio de Madrid, don Dámaso Zabalza, y el acompañante al piano y secretario de Sarasate don Otto Goldschimidt. Conocemos el programa de esa tarde. «Sarasate tocó la Balada y Polonesa de Vieuxtemps; un Nocturno de Chopin; los Aires rusos de Wieniawski; una bellísima Romaní de su composición; el Baile de las brujas de Bazzini, y la Fantasía con motivos del Fausto ». El cronista (que firma con las iniciales M.S.) no escatima en elogios ni reprime su entusiasmo: «La ejecución del gran artista es incomparable; ni he oído ni espero oír nunca una cosa igual, como no sea que Sarasate vuelva alguna otra vez á esta ciudad, ó yo pueda hacer escapatoria á Madrid, cuando vea anunciado algún concierto suyo. Estoy asombrado, y lo mismo están todos los que asistieron. Los aplausos y vítores con que Toledo ha saludado á Sarasate, deben haberse oído desde Madrid, tan atronadores han sido».Sarasate fue agasajado con un reloj de bolsillo cincelado y damasquinado con su leontina.Quien escribe la crónica musical del concierto del año en Toledo no menciona el precioso regalo con el que el Ayuntamiento de Toledo y la Comisión de Monumentos Artísticos obsequiaron al violinista navarro en agradecimiento a su generosidad. Se trata de un bellísimo reloj de bolsillo cincelado y damasquinado con su leontina, realizado por el gran artífice y maestro de los damasquinadores toledanos Mariano Álvarez (1885-1899). En la tapa del reloj, enmarcada por una cenefa de volutas encadenadas y un fino perlado de plata, el artista ha cincelado una batalla ecuestre entre romanos y cartagineses. En la leontina, formada por tres cuerpos con bustos damasquinados de guerreros, se encuentra un escudo con el águila bicéfala de Toledo y una inscripción en hilo de oro en la que podemos leer El Ayuntamiento y la Comisión de Monumentos Artísticos , con un trofeo de instrumentos musicales en el reverso, con la leyenda A Pablo Sarasate. Toledo. 9 de abril de 1881 . Esta «artística y elegantísima alhaja», según palabras del biógrafo de Sarasate, J. Altadill, puede admirarse actualmente en el Museo Pablo Sarasate de la capital navarra, junto con otros muchos regalos de sus admiradores, entre los cuales se encontraban reinas, emperatrices, príncipes y gobiernos de todo el mundo. Las casas reales se disputaban al prodigioso violinista, que había nacido en Pamplona en 1844, como para recoger en su cuerpo el alma de Niccolo Paganini, muerto cuatro años antes. Entre otras anécdotas, cuenta su biógrafo que Sarasate era causa de frecuentes discusiones entre Alfonso XII y su segunda esposa doña Cristina, pues «ésta pedía a don Pablo música austriaca, mientras el rey quería a todo trance aires españoles».«Aquella memorable tarde del 9 abril de 1881, con su violín Pablo Sarasate hizo más felices a los toledanos que tuvieron la inmensa fortuna de asistir al concierto, alegrando al compungido y enamorando al solitario» Luis Peñalver AlhambraPablo Sarasate, al igual que Mozart un destacado masón , sirviéndose no de una flauta de oro sino del Stradivarius que le regaló Isabel II y del que no se separaba nunca, conocía bien el poder de la música para modificar el estado de ánimo e intensificar la conciencia de quien la escucha. Los críticos del momento señalan el efecto mágico que su violín producía en el público, y cómo el timbre y el color de su música era tan nítidos y puros que la gente quedaba hechizada y como en estado de shock. Seguramente aquella memorable tarde de abril de 1881, con su violín Pablo Sarasate hizo más felices a los toledanos que tuvieron la inmensa fortuna de asistir al concierto, alegrando al compungido y enamorando al solitario. Aunque no consta ninguna fotografía de aquel concierto , posiblemente porque en aquella época las fotografías de conciertos en directo en espacios de poca luz resultaban técnicamente muy complejas y eran poco habituales, hemos querido homenajear con el recuerdo de este episodio al Teatro de Rojas, del que ahora se celebra su 450 aniversario, que fue testigo excepcional de aquel evento extraordinario. En su número de 6 de abril de 1881, la revista semanal Crónica de la música se hace eco de la llegada a Madrid de Pablo Sarasate, el eminente violinista y compositor de fama mundial que por esas mismas fechas se encontraba culminando la más celebrada de sus Fantasías , la que tanto entusiasmó a Nietzsche y que compuso sobre temas de la ópera Carmen de Bizet. La revista recoge una anécdota que dice mucho acerca de la personalidad del músico navarro. Nada más desembarcar en la Villa y Corte, el violinista preguntó a sus amigos por Rubinstein y éstos le informaron de que el gran pianista ruso se había comprometido a dar un concierto en Toledo a beneficio de los pobres de la ciudad y de la Comisión de Monumentos Artísticos, pero que este concierto tuvo que cancelarse por la marcha repentina de Rubinstein a causa del fallecimiento de su hermano. Según cuenta el redactor de la noticia, «en el acto exclamó Pablo Sarasate: ‒Yo cumpliré el deseo de Rubinstein. Iré a Toledo y daré ese concierto». Hacer suya una promesa personal de su amigo y contribuir al mismo tiempo a una buena causa no pudo menos que estimular al músico pamplonés, aunque acudir al concierto de Toledo le ocasionara la contrariedad de «no poder tomar parte en otro concierto benéfico organizado en Madrid para el cual fue invitado por el senador señor Güell y Renté».El concierto se celebró en Toledo el 9 de abril en el Teatro de Rojas. En el siguiente número de la citada revista, de 13 de abril, un corresponsal desde Toledo hace la crónica del que sin duda fue el gran acontecimiento del año en la ciudad. La concurrencia fue inmensa, «á pesar de que gran parte de los habitantes de esta ciudad no habían tenido tiempo de enterarse porque los carteles no se pusieron hasta el mismo día, ya que esta ciudad no hay más que un periódico semanal». El cronista da públicamente las gracias al gran violinista y a los otros grandes músicos que lo acompañaron en el concierto, el profesor del Conservatorio de Madrid, don Dámaso Zabalza, y el acompañante al piano y secretario de Sarasate don Otto Goldschimidt. Conocemos el programa de esa tarde. «Sarasate tocó la Balada y Polonesa de Vieuxtemps; un Nocturno de Chopin; los Aires rusos de Wieniawski; una bellísima Romaní de su composición; el Baile de las brujas de Bazzini, y la Fantasía con motivos del Fausto ». El cronista (que firma con las iniciales M.S.) no escatima en elogios ni reprime su entusiasmo: «La ejecución del gran artista es incomparable; ni he oído ni espero oír nunca una cosa igual, como no sea que Sarasate vuelva alguna otra vez á esta ciudad, ó yo pueda hacer escapatoria á Madrid, cuando vea anunciado algún concierto suyo. Estoy asombrado, y lo mismo están todos los que asistieron. Los aplausos y vítores con que Toledo ha saludado á Sarasate, deben haberse oído desde Madrid, tan atronadores han sido».Sarasate fue agasajado con un reloj de bolsillo cincelado y damasquinado con su leontina.Quien escribe la crónica musical del concierto del año en Toledo no menciona el precioso regalo con el que el Ayuntamiento de Toledo y la Comisión de Monumentos Artísticos obsequiaron al violinista navarro en agradecimiento a su generosidad. Se trata de un bellísimo reloj de bolsillo cincelado y damasquinado con su leontina, realizado por el gran artífice y maestro de los damasquinadores toledanos Mariano Álvarez (1885-1899). En la tapa del reloj, enmarcada por una cenefa de volutas encadenadas y un fino perlado de plata, el artista ha cincelado una batalla ecuestre entre romanos y cartagineses. En la leontina, formada por tres cuerpos con bustos damasquinados de guerreros, se encuentra un escudo con el águila bicéfala de Toledo y una inscripción en hilo de oro en la que podemos leer El Ayuntamiento y la Comisión de Monumentos Artísticos , con un trofeo de instrumentos musicales en el reverso, con la leyenda A Pablo Sarasate. Toledo. 9 de abril de 1881 . Esta «artística y elegantísima alhaja», según palabras del biógrafo de Sarasate, J. Altadill, puede admirarse actualmente en el Museo Pablo Sarasate de la capital navarra, junto con otros muchos regalos de sus admiradores, entre los cuales se encontraban reinas, emperatrices, príncipes y gobiernos de todo el mundo. Las casas reales se disputaban al prodigioso violinista, que había nacido en Pamplona en 1844, como para recoger en su cuerpo el alma de Niccolo Paganini, muerto cuatro años antes. Entre otras anécdotas, cuenta su biógrafo que Sarasate era causa de frecuentes discusiones entre Alfonso XII y su segunda esposa doña Cristina, pues «ésta pedía a don Pablo música austriaca, mientras el rey quería a todo trance aires españoles».«Aquella memorable tarde del 9 abril de 1881, con su violín Pablo Sarasate hizo más felices a los toledanos que tuvieron la inmensa fortuna de asistir al concierto, alegrando al compungido y enamorando al solitario» Luis Peñalver AlhambraPablo Sarasate, al igual que Mozart un destacado masón , sirviéndose no de una flauta de oro sino del Stradivarius que le regaló Isabel II y del que no se separaba nunca, conocía bien el poder de la música para modificar el estado de ánimo e intensificar la conciencia de quien la escucha. Los críticos del momento señalan el efecto mágico que su violín producía en el público, y cómo el timbre y el color de su música era tan nítidos y puros que la gente quedaba hechizada y como en estado de shock. Seguramente aquella memorable tarde de abril de 1881, con su violín Pablo Sarasate hizo más felices a los toledanos que tuvieron la inmensa fortuna de asistir al concierto, alegrando al compungido y enamorando al solitario. Aunque no consta ninguna fotografía de aquel concierto , posiblemente porque en aquella época las fotografías de conciertos en directo en espacios de poca luz resultaban técnicamente muy complejas y eran poco habituales, hemos querido homenajear con el recuerdo de este episodio al Teatro de Rojas, del que ahora se celebra su 450 aniversario, que fue testigo excepcional de aquel evento extraordinario. En su número de 6 de abril de 1881, la revista semanal Crónica de la música se hace eco de la llegada a Madrid de Pablo Sarasate, el eminente violinista y compositor de fama mundial que por esas mismas fechas se encontraba culminando la más celebrada de sus Fantasías , la que tanto entusiasmó a Nietzsche y que compuso sobre temas de la ópera Carmen de Bizet. La revista recoge una anécdota que dice mucho acerca de la personalidad del músico navarro. Nada más desembarcar en la Villa y Corte, el violinista preguntó a sus amigos por Rubinstein y éstos le informaron de que el gran pianista ruso se había comprometido a dar un concierto en Toledo a beneficio de los pobres de la ciudad y de la Comisión de Monumentos Artísticos, pero que este concierto tuvo que cancelarse por la marcha repentina de Rubinstein a causa del fallecimiento de su hermano. Según cuenta el redactor de la noticia, «en el acto exclamó Pablo Sarasate: ‒Yo cumpliré el deseo de Rubinstein. Iré a Toledo y daré ese concierto». Hacer suya una promesa personal de su amigo y contribuir al mismo tiempo a una buena causa no pudo menos que estimular al músico pamplonés, aunque acudir al concierto de Toledo le ocasionara la contrariedad de «no poder tomar parte en otro concierto benéfico organizado en Madrid para el cual fue invitado por el senador señor Güell y Renté».El concierto se celebró en Toledo el 9 de abril en el Teatro de Rojas. En el siguiente número de la citada revista, de 13 de abril, un corresponsal desde Toledo hace la crónica del que sin duda fue el gran acontecimiento del año en la ciudad. La concurrencia fue inmensa, «á pesar de que gran parte de los habitantes de esta ciudad no habían tenido tiempo de enterarse porque los carteles no se pusieron hasta el mismo día, ya que esta ciudad no hay más que un periódico semanal». El cronista da públicamente las gracias al gran violinista y a los otros grandes músicos que lo acompañaron en el concierto, el profesor del Conservatorio de Madrid, don Dámaso Zabalza, y el acompañante al piano y secretario de Sarasate don Otto Goldschimidt. Conocemos el programa de esa tarde. «Sarasate tocó la Balada y Polonesa de Vieuxtemps; un Nocturno de Chopin; los Aires rusos de Wieniawski; una bellísima Romaní de su composición; el Baile de las brujas de Bazzini, y la Fantasía con motivos del Fausto ». El cronista (que firma con las iniciales M.S.) no escatima en elogios ni reprime su entusiasmo: «La ejecución del gran artista es incomparable; ni he oído ni espero oír nunca una cosa igual, como no sea que Sarasate vuelva alguna otra vez á esta ciudad, ó yo pueda hacer escapatoria á Madrid, cuando vea anunciado algún concierto suyo. Estoy asombrado, y lo mismo están todos los que asistieron. Los aplausos y vítores con que Toledo ha saludado á Sarasate, deben haberse oído desde Madrid, tan atronadores han sido».Sarasate fue agasajado con un reloj de bolsillo cincelado y damasquinado con su leontina.Quien escribe la crónica musical del concierto del año en Toledo no menciona el precioso regalo con el que el Ayuntamiento de Toledo y la Comisión de Monumentos Artísticos obsequiaron al violinista navarro en agradecimiento a su generosidad. Se trata de un bellísimo reloj de bolsillo cincelado y damasquinado con su leontina, realizado por el gran artífice y maestro de los damasquinadores toledanos Mariano Álvarez (1885-1899). En la tapa del reloj, enmarcada por una cenefa de volutas encadenadas y un fino perlado de plata, el artista ha cincelado una batalla ecuestre entre romanos y cartagineses. En la leontina, formada por tres cuerpos con bustos damasquinados de guerreros, se encuentra un escudo con el águila bicéfala de Toledo y una inscripción en hilo de oro en la que podemos leer El Ayuntamiento y la Comisión de Monumentos Artísticos , con un trofeo de instrumentos musicales en el reverso, con la leyenda A Pablo Sarasate. Toledo. 9 de abril de 1881 . Esta «artística y elegantísima alhaja», según palabras del biógrafo de Sarasate, J. Altadill, puede admirarse actualmente en el Museo Pablo Sarasate de la capital navarra, junto con otros muchos regalos de sus admiradores, entre los cuales se encontraban reinas, emperatrices, príncipes y gobiernos de todo el mundo. Las casas reales se disputaban al prodigioso violinista, que había nacido en Pamplona en 1844, como para recoger en su cuerpo el alma de Niccolo Paganini, muerto cuatro años antes. Entre otras anécdotas, cuenta su biógrafo que Sarasate era causa de frecuentes discusiones entre Alfonso XII y su segunda esposa doña Cristina, pues «ésta pedía a don Pablo música austriaca, mientras el rey quería a todo trance aires españoles».«Aquella memorable tarde del 9 abril de 1881, con su violín Pablo Sarasate hizo más felices a los toledanos que tuvieron la inmensa fortuna de asistir al concierto, alegrando al compungido y enamorando al solitario» Luis Peñalver AlhambraPablo Sarasate, al igual que Mozart un destacado masón , sirviéndose no de una flauta de oro sino del Stradivarius que le regaló Isabel II y del que no se separaba nunca, conocía bien el poder de la música para modificar el estado de ánimo e intensificar la conciencia de quien la escucha. Los críticos del momento señalan el efecto mágico que su violín producía en el público, y cómo el timbre y el color de su música era tan nítidos y puros que la gente quedaba hechizada y como en estado de shock. Seguramente aquella memorable tarde de abril de 1881, con su violín Pablo Sarasate hizo más felices a los toledanos que tuvieron la inmensa fortuna de asistir al concierto, alegrando al compungido y enamorando al solitario. Aunque no consta ninguna fotografía de aquel concierto , posiblemente porque en aquella época las fotografías de conciertos en directo en espacios de poca luz resultaban técnicamente muy complejas y eran poco habituales, hemos querido homenajear con el recuerdo de este episodio al Teatro de Rojas, del que ahora se celebra su 450 aniversario, que fue testigo excepcional de aquel evento extraordinario. RSS de noticias de espana
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Sarasate en el Teatro de Rojas
octubre 23, 2026
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