José Antonio Casas, profesor titular del Departamento de Psicología de la Universidad de Córdoba, lleva años investigando los riesgos de internet entre menores. El equipo del que forma parte ha desarrollado programas pioneros de prevención del ciberacoso, entre ellos ConRed, calificado y recomendado por la Unión Europea como práctica exitosa y basada en la evidencia para la prevención de estos problemas.Ahora analiza el fenómeno de los retos virales, una tendencia cada vez más presente entre adolescentes. Ha detectado varios de ellos en diferentes provincias de Andalucía, y es sorprendente la viralidad de estos desafíos, tanto por la velocidad con la que se propagan como a los rincones a los que llegan. Con la dificultad de incorporar a las grandes plataformas, y la complejidad para regular el acceso, entiende que la educación y la formación son las grandes herramientas para frenar este fenómeno en creciente expansión.—¿Se está detectando realmente un aumento de los retos virales entre jóvenes en Andalucía?—Es complicado medirlo con exactitud. Lo que sí estamos observando es que están aumentando los retos que tienen consecuencias nocivas para la salud de los chicos y chicas. Eso sí parece claro. Pero también hay muchísimos retos que no tienen consecuencias negativas y que forman parte del día a día de los adolescentes en redes sociales, y esos pasan más desapercibidos.—¿Cómo detectan ustedes ese fenómeno?—Nosotros llevamos muchos años investigando. Siempre trabajamos desde la evidencia científica. En 2013 desarrollamos un programa de prevención del acoso y el ciberacoso que después se convirtió en el programa oficial de la Consejería de Educación de Andalucía, el ConRed Andalucía.Ahora estamos diseñando un programa de prevención de conductas de riesgo en redes sociales y para eso hemos realizado estudios y entrevistas grupales con adolescentes —los llamados ‘focus group’—. Hablamos directamente con ellos y nos cuentan qué retos circulan y cuáles practican.—¿Qué tipo de retos aparecen en esas conversaciones?—Hay de todo. Desde retos completamente inofensivos, como grabarse haciendo una coreografía o un baile para subirlo a redes sociales, hasta retos muy peligrosos.Un ejemplo reciente es el reto de ingerir la mayor cantidad posible de pastillas de paracetamol o de otros medicamentos, que llegó incluso a provocar ingresos hospitalarios. Ese es el extremo más grave, pero entre ambos extremos hay muchos tipos distintos.—¿Por qué los adolescentes participan en este tipo de retos?—Por la búsqueda de popularidad. Muchos adolescentes ponen en una balanza la popularidad frente al riesgo, y da la sensación de que pesa más la popularidad.Si hacer algo arriesgado o burlarse de alguien les da seguidores o ‘likes’, para ellos eso se convierte en una recompensa. Lo vemos también en el ciberacoso: si humillar a un compañero genera reputación positiva o visibilidad en redes, algunos jóvenes lo hacen. Todo vale.—¿Las redes sociales han amplificado este fenómeno?—Sin duda. Antes los desafíos entre adolescentes existían, pero quedaban en el ámbito del grupo de amigos. Ahora todo se comparte y se viraliza.Además, los retos tienen una vida muy corta: durante una o dos semanas se hacen extremadamente virales y después desaparecen para ser sustituidos por otros.—¿Influyen también los grandes creadores de contenido?—Sí. Los referentes de muchos jóvenes son streamers, youtubers o influencers. No siempre promueven explícitamente estos retos, pero sí transmiten la idea de que cuanto más impactante o exclusivo, más propio e íntimo sea el contenido que compartes, más éxito tendrás.Y eso cala. Porque cuando preguntamos a los adolescentes qué quieren ser de mayores, aproximadamente un 60% responde que quiere ser influencer, streamer o gamer.—¿A qué edades empieza este fenómeno?—El consumo de redes sociales empieza cada vez antes. Hay estudios que muestran que muchos niños comienzan a usar estas plataformas a los ocho años.En cuanto a los retos, empiezan con desafíos más inocentes y van evolucionando. Los picos más altos se sitúan entre los 11 y los 16 años, especialmente entre primero y segundo de la ESO.—¿Hay diferencias entre chicos y chicas?—En participación no hay grandes diferencias. Pero sí en el tipo de retos. Las chicas suelen participar más en retos relacionados con la imagen o la belleza. Por ejemplo, retos de ‘skin care’ o de estética. Los chicos, en cambio, participan más en retos físicos o de riesgo: saltos desde lugares altos, pruebas de fuerza o bromas pesadas.—¿Puede poner algunos ejemplos?—En el caso de las chicas, hay retos relacionados con tratamientos de belleza o productos que supuestamente aumentan el volumen de los labios provocando reacciones en la piel.Entre los chicos aparecen más retos físicos: saltar desde escaleras, aguantar giros extremos en columpios o gastar bromas peligrosas a compañeros. Uno de estos retos consistía en girar a gran velocidad en unos columpios que dan vueltas y ver quién aguantaba más tiempo sin salir despedido.—¿Se han detectado casos graves en Andalucía?—Sí. El reto del paracetamol ha provocado hospitalizaciones. En algunos casos, los adolescentes competían incluso por ver quién había estado más tiempo ingresado o quién había recibido más atención médica.También se han registrado casos del llamado ‘reto Superman’, que provocó fracturas en algunos estudiantes. No conocemos fallecimientos en Andalucía, pero sí hospitalizaciones e intervenciones médicas serias.—¿Ha habido casos mortales en otros países?—Sí. A nivel internacional sí ha habido fallecimientos. Por ejemplo, jóvenes que se grababan caminando por cornisas de edificios o participando en retos peligrosos que acabaron en caídas mortales. También ha habido muertes por ingestión de medicamentos o por accidentes en retos físicos extremos.—¿Qué porcentaje de adolescentes participa en retos virales?—Nuestros datos indican que aproximadamente entre un 20% y un 25% de los jóvenes ha participado o intentado replicar algún reto viral alguna vez. Eso incluye todo tipo de retos: desde una coreografía hasta desafíos peligrosos.-¿Cuáles son los más graves que ha podido detectar?-Uno es el de echarse un cubo de agua hirviendo (‘hot water challenge’) por lo alto de la cabeza. Ese fue a nivel europeo. Aquí en Andalucía, de los peores está el Superman, el del paracetamol y el de ‘rodar hasta morir’. También enseñar aspectos más eróticos o sexuales nos los hemos encontrado en esta comunidad autónoma. El del paracetamol también lo he escuchado en Jaén y Huelva.-¿Y apenas hay retos positivos o solidarios? -No es lo común. Se han hecho retos para ayudar a la Asociación contra el Cáncer, pero los chavales me dicen: ‘lo bueno no vende’. No tiene tanta repercusión como reírse de un compañero, el morbo de la violencia, que tener un buen gesto con él. Uno de cada diez pueden ser buenos.—¿Las redes sociales están actuando para frenarlo?—Las plataformas dicen que sí, pero es muy difícil controlar el fenómeno. Detectar la edad real de los usuarios es complicado y muchos menores burlan los controles con facilidad. Se habla mucho de prohibir las redes a menores de cierta edad, pero la pregunta es cómo hacerlo realmente efectivo.—¿Existe mucha preocupación en el ámbito educativo?—Sí, mucha. Sobre todo por el aumento de conductas autolesivas, ideación suicida o comportamientos de riesgo asociados al uso de internet. Es un tema que preocupa mucho en la comunidad educativa.—¿Cuál sería la mejor forma de abordar el problema?—La educación. No hay otra herramienta más eficaz ahora mismo. Es necesario formar a familias, profesores y a los propios adolescentes. El problema es que muchas familias desconocen los riesgos porque no formaron parte de su adolescencia.Hay una brecha generacional muy grande entre la experiencia de los padres y la realidad digital de los hijos.—¿Las familias están reaccionando?—Existe mucha preocupación, pero poca ocupación. Cuando organizamos charlas para familias, convocamos a cien y vienen diez. Muchos padres no son realmente conscientes del riesgo hasta que ocurre algo cerca de ellos.Y además el móvil es una herramienta muy cómoda: le das un teléfono a un niño y sabes que va a estar entretenido durante horas. Pero pocas veces nos preguntamos qué le estamos dando realmente. José Antonio Casas, profesor titular del Departamento de Psicología de la Universidad de Córdoba, lleva años investigando los riesgos de internet entre menores. El equipo del que forma parte ha desarrollado programas pioneros de prevención del ciberacoso, entre ellos ConRed, calificado y recomendado por la Unión Europea como práctica exitosa y basada en la evidencia para la prevención de estos problemas.Ahora analiza el fenómeno de los retos virales, una tendencia cada vez más presente entre adolescentes. Ha detectado varios de ellos en diferentes provincias de Andalucía, y es sorprendente la viralidad de estos desafíos, tanto por la velocidad con la que se propagan como a los rincones a los que llegan. Con la dificultad de incorporar a las grandes plataformas, y la complejidad para regular el acceso, entiende que la educación y la formación son las grandes herramientas para frenar este fenómeno en creciente expansión.—¿Se está detectando realmente un aumento de los retos virales entre jóvenes en Andalucía?—Es complicado medirlo con exactitud. Lo que sí estamos observando es que están aumentando los retos que tienen consecuencias nocivas para la salud de los chicos y chicas. Eso sí parece claro. Pero también hay muchísimos retos que no tienen consecuencias negativas y que forman parte del día a día de los adolescentes en redes sociales, y esos pasan más desapercibidos.—¿Cómo detectan ustedes ese fenómeno?—Nosotros llevamos muchos años investigando. Siempre trabajamos desde la evidencia científica. En 2013 desarrollamos un programa de prevención del acoso y el ciberacoso que después se convirtió en el programa oficial de la Consejería de Educación de Andalucía, el ConRed Andalucía.Ahora estamos diseñando un programa de prevención de conductas de riesgo en redes sociales y para eso hemos realizado estudios y entrevistas grupales con adolescentes —los llamados ‘focus group’—. Hablamos directamente con ellos y nos cuentan qué retos circulan y cuáles practican.—¿Qué tipo de retos aparecen en esas conversaciones?—Hay de todo. Desde retos completamente inofensivos, como grabarse haciendo una coreografía o un baile para subirlo a redes sociales, hasta retos muy peligrosos.Un ejemplo reciente es el reto de ingerir la mayor cantidad posible de pastillas de paracetamol o de otros medicamentos, que llegó incluso a provocar ingresos hospitalarios. Ese es el extremo más grave, pero entre ambos extremos hay muchos tipos distintos.—¿Por qué los adolescentes participan en este tipo de retos?—Por la búsqueda de popularidad. Muchos adolescentes ponen en una balanza la popularidad frente al riesgo, y da la sensación de que pesa más la popularidad.Si hacer algo arriesgado o burlarse de alguien les da seguidores o ‘likes’, para ellos eso se convierte en una recompensa. Lo vemos también en el ciberacoso: si humillar a un compañero genera reputación positiva o visibilidad en redes, algunos jóvenes lo hacen. Todo vale.—¿Las redes sociales han amplificado este fenómeno?—Sin duda. Antes los desafíos entre adolescentes existían, pero quedaban en el ámbito del grupo de amigos. Ahora todo se comparte y se viraliza.Además, los retos tienen una vida muy corta: durante una o dos semanas se hacen extremadamente virales y después desaparecen para ser sustituidos por otros.—¿Influyen también los grandes creadores de contenido?—Sí. Los referentes de muchos jóvenes son streamers, youtubers o influencers. No siempre promueven explícitamente estos retos, pero sí transmiten la idea de que cuanto más impactante o exclusivo, más propio e íntimo sea el contenido que compartes, más éxito tendrás.Y eso cala. Porque cuando preguntamos a los adolescentes qué quieren ser de mayores, aproximadamente un 60% responde que quiere ser influencer, streamer o gamer.—¿A qué edades empieza este fenómeno?—El consumo de redes sociales empieza cada vez antes. Hay estudios que muestran que muchos niños comienzan a usar estas plataformas a los ocho años.En cuanto a los retos, empiezan con desafíos más inocentes y van evolucionando. Los picos más altos se sitúan entre los 11 y los 16 años, especialmente entre primero y segundo de la ESO.—¿Hay diferencias entre chicos y chicas?—En participación no hay grandes diferencias. Pero sí en el tipo de retos. Las chicas suelen participar más en retos relacionados con la imagen o la belleza. Por ejemplo, retos de ‘skin care’ o de estética. Los chicos, en cambio, participan más en retos físicos o de riesgo: saltos desde lugares altos, pruebas de fuerza o bromas pesadas.—¿Puede poner algunos ejemplos?—En el caso de las chicas, hay retos relacionados con tratamientos de belleza o productos que supuestamente aumentan el volumen de los labios provocando reacciones en la piel.Entre los chicos aparecen más retos físicos: saltar desde escaleras, aguantar giros extremos en columpios o gastar bromas peligrosas a compañeros. Uno de estos retos consistía en girar a gran velocidad en unos columpios que dan vueltas y ver quién aguantaba más tiempo sin salir despedido.—¿Se han detectado casos graves en Andalucía?—Sí. El reto del paracetamol ha provocado hospitalizaciones. En algunos casos, los adolescentes competían incluso por ver quién había estado más tiempo ingresado o quién había recibido más atención médica.También se han registrado casos del llamado ‘reto Superman’, que provocó fracturas en algunos estudiantes. No conocemos fallecimientos en Andalucía, pero sí hospitalizaciones e intervenciones médicas serias.—¿Ha habido casos mortales en otros países?—Sí. A nivel internacional sí ha habido fallecimientos. Por ejemplo, jóvenes que se grababan caminando por cornisas de edificios o participando en retos peligrosos que acabaron en caídas mortales. También ha habido muertes por ingestión de medicamentos o por accidentes en retos físicos extremos.—¿Qué porcentaje de adolescentes participa en retos virales?—Nuestros datos indican que aproximadamente entre un 20% y un 25% de los jóvenes ha participado o intentado replicar algún reto viral alguna vez. Eso incluye todo tipo de retos: desde una coreografía hasta desafíos peligrosos.-¿Cuáles son los más graves que ha podido detectar?-Uno es el de echarse un cubo de agua hirviendo (‘hot water challenge’) por lo alto de la cabeza. Ese fue a nivel europeo. Aquí en Andalucía, de los peores está el Superman, el del paracetamol y el de ‘rodar hasta morir’. También enseñar aspectos más eróticos o sexuales nos los hemos encontrado en esta comunidad autónoma. El del paracetamol también lo he escuchado en Jaén y Huelva.-¿Y apenas hay retos positivos o solidarios? -No es lo común. Se han hecho retos para ayudar a la Asociación contra el Cáncer, pero los chavales me dicen: ‘lo bueno no vende’. No tiene tanta repercusión como reírse de un compañero, el morbo de la violencia, que tener un buen gesto con él. Uno de cada diez pueden ser buenos.—¿Las redes sociales están actuando para frenarlo?—Las plataformas dicen que sí, pero es muy difícil controlar el fenómeno. Detectar la edad real de los usuarios es complicado y muchos menores burlan los controles con facilidad. Se habla mucho de prohibir las redes a menores de cierta edad, pero la pregunta es cómo hacerlo realmente efectivo.—¿Existe mucha preocupación en el ámbito educativo?—Sí, mucha. Sobre todo por el aumento de conductas autolesivas, ideación suicida o comportamientos de riesgo asociados al uso de internet. Es un tema que preocupa mucho en la comunidad educativa.—¿Cuál sería la mejor forma de abordar el problema?—La educación. No hay otra herramienta más eficaz ahora mismo. Es necesario formar a familias, profesores y a los propios adolescentes. El problema es que muchas familias desconocen los riesgos porque no formaron parte de su adolescencia.Hay una brecha generacional muy grande entre la experiencia de los padres y la realidad digital de los hijos.—¿Las familias están reaccionando?—Existe mucha preocupación, pero poca ocupación. Cuando organizamos charlas para familias, convocamos a cien y vienen diez. Muchos padres no son realmente conscientes del riesgo hasta que ocurre algo cerca de ellos.Y además el móvil es una herramienta muy cómoda: le das un teléfono a un niño y sabes que va a estar entretenido durante horas. Pero pocas veces nos preguntamos qué le estamos dando realmente. José Antonio Casas, profesor titular del Departamento de Psicología de la Universidad de Córdoba, lleva años investigando los riesgos de internet entre menores. El equipo del que forma parte ha desarrollado programas pioneros de prevención del ciberacoso, entre ellos ConRed, calificado y recomendado por la Unión Europea como práctica exitosa y basada en la evidencia para la prevención de estos problemas.Ahora analiza el fenómeno de los retos virales, una tendencia cada vez más presente entre adolescentes. Ha detectado varios de ellos en diferentes provincias de Andalucía, y es sorprendente la viralidad de estos desafíos, tanto por la velocidad con la que se propagan como a los rincones a los que llegan. Con la dificultad de incorporar a las grandes plataformas, y la complejidad para regular el acceso, entiende que la educación y la formación son las grandes herramientas para frenar este fenómeno en creciente expansión.—¿Se está detectando realmente un aumento de los retos virales entre jóvenes en Andalucía?—Es complicado medirlo con exactitud. Lo que sí estamos observando es que están aumentando los retos que tienen consecuencias nocivas para la salud de los chicos y chicas. Eso sí parece claro. Pero también hay muchísimos retos que no tienen consecuencias negativas y que forman parte del día a día de los adolescentes en redes sociales, y esos pasan más desapercibidos.—¿Cómo detectan ustedes ese fenómeno?—Nosotros llevamos muchos años investigando. Siempre trabajamos desde la evidencia científica. En 2013 desarrollamos un programa de prevención del acoso y el ciberacoso que después se convirtió en el programa oficial de la Consejería de Educación de Andalucía, el ConRed Andalucía.Ahora estamos diseñando un programa de prevención de conductas de riesgo en redes sociales y para eso hemos realizado estudios y entrevistas grupales con adolescentes —los llamados ‘focus group’—. Hablamos directamente con ellos y nos cuentan qué retos circulan y cuáles practican.—¿Qué tipo de retos aparecen en esas conversaciones?—Hay de todo. Desde retos completamente inofensivos, como grabarse haciendo una coreografía o un baile para subirlo a redes sociales, hasta retos muy peligrosos.Un ejemplo reciente es el reto de ingerir la mayor cantidad posible de pastillas de paracetamol o de otros medicamentos, que llegó incluso a provocar ingresos hospitalarios. Ese es el extremo más grave, pero entre ambos extremos hay muchos tipos distintos.—¿Por qué los adolescentes participan en este tipo de retos?—Por la búsqueda de popularidad. Muchos adolescentes ponen en una balanza la popularidad frente al riesgo, y da la sensación de que pesa más la popularidad.Si hacer algo arriesgado o burlarse de alguien les da seguidores o ‘likes’, para ellos eso se convierte en una recompensa. Lo vemos también en el ciberacoso: si humillar a un compañero genera reputación positiva o visibilidad en redes, algunos jóvenes lo hacen. Todo vale.—¿Las redes sociales han amplificado este fenómeno?—Sin duda. Antes los desafíos entre adolescentes existían, pero quedaban en el ámbito del grupo de amigos. Ahora todo se comparte y se viraliza.Además, los retos tienen una vida muy corta: durante una o dos semanas se hacen extremadamente virales y después desaparecen para ser sustituidos por otros.—¿Influyen también los grandes creadores de contenido?—Sí. Los referentes de muchos jóvenes son streamers, youtubers o influencers. No siempre promueven explícitamente estos retos, pero sí transmiten la idea de que cuanto más impactante o exclusivo, más propio e íntimo sea el contenido que compartes, más éxito tendrás.Y eso cala. Porque cuando preguntamos a los adolescentes qué quieren ser de mayores, aproximadamente un 60% responde que quiere ser influencer, streamer o gamer.—¿A qué edades empieza este fenómeno?—El consumo de redes sociales empieza cada vez antes. Hay estudios que muestran que muchos niños comienzan a usar estas plataformas a los ocho años.En cuanto a los retos, empiezan con desafíos más inocentes y van evolucionando. Los picos más altos se sitúan entre los 11 y los 16 años, especialmente entre primero y segundo de la ESO.—¿Hay diferencias entre chicos y chicas?—En participación no hay grandes diferencias. Pero sí en el tipo de retos. Las chicas suelen participar más en retos relacionados con la imagen o la belleza. Por ejemplo, retos de ‘skin care’ o de estética. Los chicos, en cambio, participan más en retos físicos o de riesgo: saltos desde lugares altos, pruebas de fuerza o bromas pesadas.—¿Puede poner algunos ejemplos?—En el caso de las chicas, hay retos relacionados con tratamientos de belleza o productos que supuestamente aumentan el volumen de los labios provocando reacciones en la piel.Entre los chicos aparecen más retos físicos: saltar desde escaleras, aguantar giros extremos en columpios o gastar bromas peligrosas a compañeros. Uno de estos retos consistía en girar a gran velocidad en unos columpios que dan vueltas y ver quién aguantaba más tiempo sin salir despedido.—¿Se han detectado casos graves en Andalucía?—Sí. El reto del paracetamol ha provocado hospitalizaciones. En algunos casos, los adolescentes competían incluso por ver quién había estado más tiempo ingresado o quién había recibido más atención médica.También se han registrado casos del llamado ‘reto Superman’, que provocó fracturas en algunos estudiantes. No conocemos fallecimientos en Andalucía, pero sí hospitalizaciones e intervenciones médicas serias.—¿Ha habido casos mortales en otros países?—Sí. A nivel internacional sí ha habido fallecimientos. Por ejemplo, jóvenes que se grababan caminando por cornisas de edificios o participando en retos peligrosos que acabaron en caídas mortales. También ha habido muertes por ingestión de medicamentos o por accidentes en retos físicos extremos.—¿Qué porcentaje de adolescentes participa en retos virales?—Nuestros datos indican que aproximadamente entre un 20% y un 25% de los jóvenes ha participado o intentado replicar algún reto viral alguna vez. Eso incluye todo tipo de retos: desde una coreografía hasta desafíos peligrosos.-¿Cuáles son los más graves que ha podido detectar?-Uno es el de echarse un cubo de agua hirviendo (‘hot water challenge’) por lo alto de la cabeza. Ese fue a nivel europeo. Aquí en Andalucía, de los peores está el Superman, el del paracetamol y el de ‘rodar hasta morir’. También enseñar aspectos más eróticos o sexuales nos los hemos encontrado en esta comunidad autónoma. El del paracetamol también lo he escuchado en Jaén y Huelva.-¿Y apenas hay retos positivos o solidarios? -No es lo común. Se han hecho retos para ayudar a la Asociación contra el Cáncer, pero los chavales me dicen: ‘lo bueno no vende’. No tiene tanta repercusión como reírse de un compañero, el morbo de la violencia, que tener un buen gesto con él. Uno de cada diez pueden ser buenos.—¿Las redes sociales están actuando para frenarlo?—Las plataformas dicen que sí, pero es muy difícil controlar el fenómeno. Detectar la edad real de los usuarios es complicado y muchos menores burlan los controles con facilidad. Se habla mucho de prohibir las redes a menores de cierta edad, pero la pregunta es cómo hacerlo realmente efectivo.—¿Existe mucha preocupación en el ámbito educativo?—Sí, mucha. Sobre todo por el aumento de conductas autolesivas, ideación suicida o comportamientos de riesgo asociados al uso de internet. Es un tema que preocupa mucho en la comunidad educativa.—¿Cuál sería la mejor forma de abordar el problema?—La educación. No hay otra herramienta más eficaz ahora mismo. Es necesario formar a familias, profesores y a los propios adolescentes. El problema es que muchas familias desconocen los riesgos porque no formaron parte de su adolescencia.Hay una brecha generacional muy grande entre la experiencia de los padres y la realidad digital de los hijos.—¿Las familias están reaccionando?—Existe mucha preocupación, pero poca ocupación. Cuando organizamos charlas para familias, convocamos a cien y vienen diez. Muchos padres no son realmente conscientes del riesgo hasta que ocurre algo cerca de ellos.Y además el móvil es una herramienta muy cómoda: le das un teléfono a un niño y sabes que va a estar entretenido durante horas. Pero pocas veces nos preguntamos qué le estamos dando realmente. RSS de noticias de espana/andalucia
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