No estoy completamente seguro de esto, pero creo que justo después de los atentados de la sala Bataclán en París, Albert Rivera colgó una foto suya, de unas vacaciones pasadas, frente a la torre Eiffel, con un mensaje parecido a «ojalá regrese pronto a París su luz». Voy a mirarlo. Ah no, no, espera ¡que es PEOR! Era una foto suya frente a una NORIA y el texto era «El año pasado en estas mismas fechas estuve en París celebrando mi cumpleaños. #Paris también es nuestra casa». ¿Se puede escribir JAJAJAJA así, muy largo, en una columna? Vaya alegría me ha dado este momento, no recordaba que el mensaje había sido tan catastrófico. Qué tío. La gente huyendo de las balas y él encontró un hueco para hablar de su libro.Es difícil callarse la boca en 2026, le doy eso a Albert Rivera, y lo digo casi sin ironía. Como ya es posible aproximarse a cualquier experiencia humana, intuir cualquier sentimiento gracias a la ficción o apreciar desde lejos cualquier cultura mientras viajamos, apetece presumir y opinar de todo. Antes la gente o se callaba la boca si no sabía de un tema o mentía. Ahora puedes pasar los años que ocupes este mundo en un limbo cognoscitivo, en el que nunca te equivocas demasiado ni aciertas del todo. Y como nadie le dice la verdad a nadie (por miedo, por respeto, por no querer hacer daño), hay que tener mucha personalidad para salir de ese engaño autoimpuesto. El perro se muerde la cola: escasean las personalidades propias porque todo el mundo cree tener una, y no salimos de esa trampa porque es imposible recibir una crítica sincera.«Antes la gente o se callaba la boca si no sabía de un tema o mentía»Pensaba en todo esto con la muerte del gran Manolo Solo . Un tipo agradable, sincero, educado y auténtico. Era alguien genuino, con una mirada que solo se consigue con un alma cariñosa mezclada con una piel dura, que dan todos los años que Manolo luchó en el audiovisual hasta que el audiovisual le quiso con razón y con locura. Su muerte despertó el cariño de muchos en redes, y aquí entra mi duda interna. ¿Dónde empieza el homenaje y acaba la promoción personal? ¿Dónde empieza la solidaridad y termina ser Albert Rivera en París? No tengo una respuesta clara, pero sé que a mí me genera pudor dar el pésame virtualmente. Me da auténtica vergüenza asociarme a alguien el día de su fallecimiento, aunque sea para decir que era un genio. Si no lo va a ver, ¿no lo estaría haciendo por mí? ¿No estaría diciendo «miradme, qué mal estoy, vamos, que no he muerto yo, pero casi, ¿eh?, estoy fatal»?Entiendo que todos hemos accedido a pensar algo parecido a «mejor esto que nada», ¿no? Yo imagino que Manolo Solo habría intentado pillar algún personaje y no se lo darían, o quizás tenía un guion por ahí que se quedaba en la bandeja de entrada de las plataformas, y ahí Manolo habría agradecido mucho más el impacto mediático. Pero no estoy loco, entiendo que no vamos a empezar ahora a apoyar a los demás, a quererlos, a perdonarlos, a ser simpáticos con ellos, a escucharlos, a entenderlos, a promocionarlos, a salvarlos, a llamarlos por teléfono, a darles más abrazos, a enviarles comida, a pagarles medicamentos, a preguntarles si necesitan algo, a no rajar a sus espaldas o a subir escenas suyas a Instagram, solo por si se mueren mañana. ¿Estamos locos? ¿Qué sería entonces el mundo, un lugar mejor?Iba a dejar como chiste de esta semana el gag involuntario de Albert Rivera, pero creo que es bueno recordar que también se puede hacer bromas con la muerte. El marido de la humorista Joan Rivers se quitó la vida con una sobredosis de fármacos, y tras un tiempo sin subirse a los escenarios, lo primero que ella dijo sobre el tema fue «se suicidó, fue culpa mía, estábamos haciendo el amor y me quité la bolsa de la cabeza». Hay veces que la gente sí sabe de qué habla. . No estoy completamente seguro de esto, pero creo que justo después de los atentados de la sala Bataclán en París, Albert Rivera colgó una foto suya, de unas vacaciones pasadas, frente a la torre Eiffel, con un mensaje parecido a «ojalá regrese pronto a París su luz». Voy a mirarlo. Ah no, no, espera ¡que es PEOR! Era una foto suya frente a una NORIA y el texto era «El año pasado en estas mismas fechas estuve en París celebrando mi cumpleaños. #Paris también es nuestra casa». ¿Se puede escribir JAJAJAJA así, muy largo, en una columna? Vaya alegría me ha dado este momento, no recordaba que el mensaje había sido tan catastrófico. Qué tío. La gente huyendo de las balas y él encontró un hueco para hablar de su libro.Es difícil callarse la boca en 2026, le doy eso a Albert Rivera, y lo digo casi sin ironía. Como ya es posible aproximarse a cualquier experiencia humana, intuir cualquier sentimiento gracias a la ficción o apreciar desde lejos cualquier cultura mientras viajamos, apetece presumir y opinar de todo. Antes la gente o se callaba la boca si no sabía de un tema o mentía. Ahora puedes pasar los años que ocupes este mundo en un limbo cognoscitivo, en el que nunca te equivocas demasiado ni aciertas del todo. Y como nadie le dice la verdad a nadie (por miedo, por respeto, por no querer hacer daño), hay que tener mucha personalidad para salir de ese engaño autoimpuesto. El perro se muerde la cola: escasean las personalidades propias porque todo el mundo cree tener una, y no salimos de esa trampa porque es imposible recibir una crítica sincera.«Antes la gente o se callaba la boca si no sabía de un tema o mentía»Pensaba en todo esto con la muerte del gran Manolo Solo . Un tipo agradable, sincero, educado y auténtico. Era alguien genuino, con una mirada que solo se consigue con un alma cariñosa mezclada con una piel dura, que dan todos los años que Manolo luchó en el audiovisual hasta que el audiovisual le quiso con razón y con locura. Su muerte despertó el cariño de muchos en redes, y aquí entra mi duda interna. ¿Dónde empieza el homenaje y acaba la promoción personal? ¿Dónde empieza la solidaridad y termina ser Albert Rivera en París? No tengo una respuesta clara, pero sé que a mí me genera pudor dar el pésame virtualmente. Me da auténtica vergüenza asociarme a alguien el día de su fallecimiento, aunque sea para decir que era un genio. Si no lo va a ver, ¿no lo estaría haciendo por mí? ¿No estaría diciendo «miradme, qué mal estoy, vamos, que no he muerto yo, pero casi, ¿eh?, estoy fatal»?Entiendo que todos hemos accedido a pensar algo parecido a «mejor esto que nada», ¿no? Yo imagino que Manolo Solo habría intentado pillar algún personaje y no se lo darían, o quizás tenía un guion por ahí que se quedaba en la bandeja de entrada de las plataformas, y ahí Manolo habría agradecido mucho más el impacto mediático. Pero no estoy loco, entiendo que no vamos a empezar ahora a apoyar a los demás, a quererlos, a perdonarlos, a ser simpáticos con ellos, a escucharlos, a entenderlos, a promocionarlos, a salvarlos, a llamarlos por teléfono, a darles más abrazos, a enviarles comida, a pagarles medicamentos, a preguntarles si necesitan algo, a no rajar a sus espaldas o a subir escenas suyas a Instagram, solo por si se mueren mañana. ¿Estamos locos? ¿Qué sería entonces el mundo, un lugar mejor?Iba a dejar como chiste de esta semana el gag involuntario de Albert Rivera, pero creo que es bueno recordar que también se puede hacer bromas con la muerte. El marido de la humorista Joan Rivers se quitó la vida con una sobredosis de fármacos, y tras un tiempo sin subirse a los escenarios, lo primero que ella dijo sobre el tema fue «se suicidó, fue culpa mía, estábamos haciendo el amor y me quité la bolsa de la cabeza». Hay veces que la gente sí sabe de qué habla. . No estoy completamente seguro de esto, pero creo que justo después de los atentados de la sala Bataclán en París, Albert Rivera colgó una foto suya, de unas vacaciones pasadas, frente a la torre Eiffel, con un mensaje parecido a «ojalá regrese pronto a París su luz». Voy a mirarlo. Ah no, no, espera ¡que es PEOR! Era una foto suya frente a una NORIA y el texto era «El año pasado en estas mismas fechas estuve en París celebrando mi cumpleaños. #Paris también es nuestra casa». ¿Se puede escribir JAJAJAJA así, muy largo, en una columna? Vaya alegría me ha dado este momento, no recordaba que el mensaje había sido tan catastrófico. Qué tío. La gente huyendo de las balas y él encontró un hueco para hablar de su libro.Es difícil callarse la boca en 2026, le doy eso a Albert Rivera, y lo digo casi sin ironía. Como ya es posible aproximarse a cualquier experiencia humana, intuir cualquier sentimiento gracias a la ficción o apreciar desde lejos cualquier cultura mientras viajamos, apetece presumir y opinar de todo. Antes la gente o se callaba la boca si no sabía de un tema o mentía. Ahora puedes pasar los años que ocupes este mundo en un limbo cognoscitivo, en el que nunca te equivocas demasiado ni aciertas del todo. Y como nadie le dice la verdad a nadie (por miedo, por respeto, por no querer hacer daño), hay que tener mucha personalidad para salir de ese engaño autoimpuesto. El perro se muerde la cola: escasean las personalidades propias porque todo el mundo cree tener una, y no salimos de esa trampa porque es imposible recibir una crítica sincera.«Antes la gente o se callaba la boca si no sabía de un tema o mentía»Pensaba en todo esto con la muerte del gran Manolo Solo . Un tipo agradable, sincero, educado y auténtico. Era alguien genuino, con una mirada que solo se consigue con un alma cariñosa mezclada con una piel dura, que dan todos los años que Manolo luchó en el audiovisual hasta que el audiovisual le quiso con razón y con locura. Su muerte despertó el cariño de muchos en redes, y aquí entra mi duda interna. ¿Dónde empieza el homenaje y acaba la promoción personal? ¿Dónde empieza la solidaridad y termina ser Albert Rivera en París? No tengo una respuesta clara, pero sé que a mí me genera pudor dar el pésame virtualmente. Me da auténtica vergüenza asociarme a alguien el día de su fallecimiento, aunque sea para decir que era un genio. Si no lo va a ver, ¿no lo estaría haciendo por mí? ¿No estaría diciendo «miradme, qué mal estoy, vamos, que no he muerto yo, pero casi, ¿eh?, estoy fatal»?Entiendo que todos hemos accedido a pensar algo parecido a «mejor esto que nada», ¿no? Yo imagino que Manolo Solo habría intentado pillar algún personaje y no se lo darían, o quizás tenía un guion por ahí que se quedaba en la bandeja de entrada de las plataformas, y ahí Manolo habría agradecido mucho más el impacto mediático. Pero no estoy loco, entiendo que no vamos a empezar ahora a apoyar a los demás, a quererlos, a perdonarlos, a ser simpáticos con ellos, a escucharlos, a entenderlos, a promocionarlos, a salvarlos, a llamarlos por teléfono, a darles más abrazos, a enviarles comida, a pagarles medicamentos, a preguntarles si necesitan algo, a no rajar a sus espaldas o a subir escenas suyas a Instagram, solo por si se mueren mañana. ¿Estamos locos? ¿Qué sería entonces el mundo, un lugar mejor?Iba a dejar como chiste de esta semana el gag involuntario de Albert Rivera, pero creo que es bueno recordar que también se puede hacer bromas con la muerte. El marido de la humorista Joan Rivers se quitó la vida con una sobredosis de fármacos, y tras un tiempo sin subirse a los escenarios, lo primero que ella dijo sobre el tema fue «se suicidó, fue culpa mía, estábamos haciendo el amor y me quité la bolsa de la cabeza». Hay veces que la gente sí sabe de qué habla. . RSS de noticias de cultura
Noticias Similares
