El 2 de diciembre de 1976 , en una pequeña sala del barrio barcelonés de Gràcia, un público enfebrecido empieza a aplaudir minutos antes de que empiece la primera representación de ‘Camí de nit’, una obra escrita y dirigida por un joven Lluís Pasqual. El montaje inaugura el recién estrenado Teatre Lliure y la expectación es máxima, tanto que las ganas de manifestar esa alegría no se hacen esperar. La tradición indica que hay que aplaudir al final de una obra, pero aquí nadie espera, porque el éxito de verdad es el estreno mismo. El nacimiento de un teatro nuevo y radical en aquella Barcelona todavía gris fue un bocanada de aire fresco. La historia de este mítico teatro empezaba así, con un estruendo de jolgorio y esperanza. Cincuenta años después, aquellas sensaciones, aunque mitigadas, no han desaparecido.El Palau Robert acoge ahora una gran exposición para celebrar la efeméride y rememorar, a través de grabaciones, documentos, fotografías e instalaciones especiales, 50 años de teatro y libertad. Los protagonistas de aquellos días siguen muy presentes en el imaginario colectivo del teatro catalán. «¿Que se puede esperar de un grupo de locos francotiradores que confunden el teatro con una aventura personal? ¿Qué se puede esperar de unos aficionados que mezclan la gestión, la producción, incluso la puesta en escena y el arte con la amistad y el amor? ¿Qué se puede esperar de unos incontrolables que han hecho del teatro una manera de vivir y del lugar de trabajo su propia casa?», afirmará en su fundación Fabià Puigsever, célebre escenógrafo y alma mater del teatro.En aquel lejano 1976, Puigserver reunió a gente como Muntsa Alcañiz, Xavier Clot, Imma Colomer, Francesc Cruzate, Joan Ferrer, Lluís Homar, Carles Jorge, Anna Lizaran , Josep Minguell, Lluís Pasqual , Pere Planella, Joan Ponce, Domènec Reixach, Fermí Reixach , Antoni Sevilla y Carlota Soldevila para firmar el manifiesto fundacional del Teatre Lliure y buscar abrir nuevas vías dentro de las artes escénicas españolas. Entre sus principales características estaban ser un servicio público, así como un espacio de libertad donde programar una mezcla de grandes obras históricas y montajes de la más urgente contemporaneidad. Y todo desde el rigor más excelso y una puesta en escena exquisita, sin improvisación. El éxito de la propuesta hizo que el teatro empezara a crecer y hacerse más relevante. En 1986 se convirtió en fundación y empezó la participación del ayuntamiento aumentando su voluntad de servicio público. Con el nuevo siglo se instalaron en una nueva sede más grande en Montjuïc hasta que una década después reabrió su espacio original de Gràcia, compatibilizando dos sedes. «Con la exposición hemos querido ofrecer pinceladas de la historia del Lliure e invitar a que luego el espectador pueda profundizar en el material documental del archivo digital del teatro», asegura Julio Manrique, actual director del Teatre Lliure.La exposición quiere dar forma visual a ese ADN fundacional. Para ello ha encargado a cinco escenógrafos que planteen instalaciones especiales para dibujar el largo camino que va de los años 70 hasta la actualidad. «Son propuestas que dialogan con la memoria del Lliure y que la reinterpretan desde sus propios lenguajes y sensibilidades. Cada una muestra la huella que ha dejado su historia en diversas generaciones de espectadores y creadores», afirma Tània Balló, comisaria de la exposición.De esta forma, en la primera de las instalaciones vemos al artista Frederic Amat levantar siete autómatas que invitan al espectador a interactuar con ellos. Amat recuerda con la configuración de esta propuesta como en 1986 colaboró con Puigserver en la escenografía de ‘El público’, de Lorca, dirigida por Lluís Pasqual. También le sirve para rememorar como 13 años después, en 1999, volvería a colaborar con Pasqual en el mítico montaje de ‘Esperando a Godot’ protagonizado por Anna Lizaran y Eduard Fernández. «El tiempo del teatro es el latido de la vida. Siempre es un espacio lleno de fantasmas», comenta.«Valoramos el legado del Lliure y queremos dar a entender que el teatro todavía tiene mucho futuro por recorrer» Tània Balló Comisaria de la exposiciónDespués de Amat, la escenógrafa Montse Amenós presenta la segunda década de la institución a partir de telones suspendidos y espejos donde hacer consciente al espectador de su noción de voyeur. La tercera instalación, creada por Max Glaenzel , es un espacio oscuro y claustrofóbico que poco a poco encontrará su luz como ocurre en cualquier sala teatral. «Cerramos las ventanas para que la oscuridad inunde el escenario y podamos imaginar la luz», escribe el propio Glaenzel.Lluc Castells y Sílvia Delagneau firman las dos últimas instalaciones, que se intercalan con cuatro espacios más convencionales en que podemos ver clásicas fotos de Ros Ribas o una grabación de aquel fundacional 2 de diciembre de 1976 en que el público empezó a aplaudir de puro entusiasmo. «Hemos conseguido un equilibrio entre una experiencia que valora el legado del Lliure pero que también tiene una visión contemporánea que da a entender que el teatro todavía tiene mucho futuro que recorrer», señala Balló.El Lliure celebra sus 50 años con múltiples actosLa exposición del Palau Robert podrá verse hasta el mes de enero. No será la única acción para celebrar estos 50 años de historia. El 3 de octubre se ha organizado una gran fiesta popular en la plaza Margarida Xirgu , en su sede de Montjuïc, donde quien quiera está invitado a celebrar hasta las dos de la mañana esta difícil, pero feliz historia con algunos de sus protagonistas. Paralelamente, la editorial Comanegra ha publicado ‘Cor calent. Històries del Lliure’, de Magi Camps, Marta Orriols y Marta Vives, un tríptico de vivencias en primera persona de todos estos años con el teatro como protagonista absoluto.Por último, el 28 de noviembre, el Gran Teatro del Liceo acogerá un concierto especial conmemorando la historia del teatro y el 3 de diciembre le tocará el turno al Palau de la Música con un concierto de su Cor de Cambra. Además, la Universidad Autónoma organizará un simposio internacional sobre la historia del teatro y el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), Juan Mayorga, Victòria Spzpungberg y Israel Solà hablarán del teatro y la lucha democrática. El 2 de diciembre de 1976 , en una pequeña sala del barrio barcelonés de Gràcia, un público enfebrecido empieza a aplaudir minutos antes de que empiece la primera representación de ‘Camí de nit’, una obra escrita y dirigida por un joven Lluís Pasqual. El montaje inaugura el recién estrenado Teatre Lliure y la expectación es máxima, tanto que las ganas de manifestar esa alegría no se hacen esperar. La tradición indica que hay que aplaudir al final de una obra, pero aquí nadie espera, porque el éxito de verdad es el estreno mismo. El nacimiento de un teatro nuevo y radical en aquella Barcelona todavía gris fue un bocanada de aire fresco. La historia de este mítico teatro empezaba así, con un estruendo de jolgorio y esperanza. Cincuenta años después, aquellas sensaciones, aunque mitigadas, no han desaparecido.El Palau Robert acoge ahora una gran exposición para celebrar la efeméride y rememorar, a través de grabaciones, documentos, fotografías e instalaciones especiales, 50 años de teatro y libertad. Los protagonistas de aquellos días siguen muy presentes en el imaginario colectivo del teatro catalán. «¿Que se puede esperar de un grupo de locos francotiradores que confunden el teatro con una aventura personal? ¿Qué se puede esperar de unos aficionados que mezclan la gestión, la producción, incluso la puesta en escena y el arte con la amistad y el amor? ¿Qué se puede esperar de unos incontrolables que han hecho del teatro una manera de vivir y del lugar de trabajo su propia casa?», afirmará en su fundación Fabià Puigsever, célebre escenógrafo y alma mater del teatro.En aquel lejano 1976, Puigserver reunió a gente como Muntsa Alcañiz, Xavier Clot, Imma Colomer, Francesc Cruzate, Joan Ferrer, Lluís Homar, Carles Jorge, Anna Lizaran , Josep Minguell, Lluís Pasqual , Pere Planella, Joan Ponce, Domènec Reixach, Fermí Reixach , Antoni Sevilla y Carlota Soldevila para firmar el manifiesto fundacional del Teatre Lliure y buscar abrir nuevas vías dentro de las artes escénicas españolas. Entre sus principales características estaban ser un servicio público, así como un espacio de libertad donde programar una mezcla de grandes obras históricas y montajes de la más urgente contemporaneidad. Y todo desde el rigor más excelso y una puesta en escena exquisita, sin improvisación. El éxito de la propuesta hizo que el teatro empezara a crecer y hacerse más relevante. En 1986 se convirtió en fundación y empezó la participación del ayuntamiento aumentando su voluntad de servicio público. Con el nuevo siglo se instalaron en una nueva sede más grande en Montjuïc hasta que una década después reabrió su espacio original de Gràcia, compatibilizando dos sedes. «Con la exposición hemos querido ofrecer pinceladas de la historia del Lliure e invitar a que luego el espectador pueda profundizar en el material documental del archivo digital del teatro», asegura Julio Manrique, actual director del Teatre Lliure.La exposición quiere dar forma visual a ese ADN fundacional. Para ello ha encargado a cinco escenógrafos que planteen instalaciones especiales para dibujar el largo camino que va de los años 70 hasta la actualidad. «Son propuestas que dialogan con la memoria del Lliure y que la reinterpretan desde sus propios lenguajes y sensibilidades. Cada una muestra la huella que ha dejado su historia en diversas generaciones de espectadores y creadores», afirma Tània Balló, comisaria de la exposición.De esta forma, en la primera de las instalaciones vemos al artista Frederic Amat levantar siete autómatas que invitan al espectador a interactuar con ellos. Amat recuerda con la configuración de esta propuesta como en 1986 colaboró con Puigserver en la escenografía de ‘El público’, de Lorca, dirigida por Lluís Pasqual. También le sirve para rememorar como 13 años después, en 1999, volvería a colaborar con Pasqual en el mítico montaje de ‘Esperando a Godot’ protagonizado por Anna Lizaran y Eduard Fernández. «El tiempo del teatro es el latido de la vida. Siempre es un espacio lleno de fantasmas», comenta.«Valoramos el legado del Lliure y queremos dar a entender que el teatro todavía tiene mucho futuro por recorrer» Tània Balló Comisaria de la exposiciónDespués de Amat, la escenógrafa Montse Amenós presenta la segunda década de la institución a partir de telones suspendidos y espejos donde hacer consciente al espectador de su noción de voyeur. La tercera instalación, creada por Max Glaenzel , es un espacio oscuro y claustrofóbico que poco a poco encontrará su luz como ocurre en cualquier sala teatral. «Cerramos las ventanas para que la oscuridad inunde el escenario y podamos imaginar la luz», escribe el propio Glaenzel.Lluc Castells y Sílvia Delagneau firman las dos últimas instalaciones, que se intercalan con cuatro espacios más convencionales en que podemos ver clásicas fotos de Ros Ribas o una grabación de aquel fundacional 2 de diciembre de 1976 en que el público empezó a aplaudir de puro entusiasmo. «Hemos conseguido un equilibrio entre una experiencia que valora el legado del Lliure pero que también tiene una visión contemporánea que da a entender que el teatro todavía tiene mucho futuro que recorrer», señala Balló.El Lliure celebra sus 50 años con múltiples actosLa exposición del Palau Robert podrá verse hasta el mes de enero. No será la única acción para celebrar estos 50 años de historia. El 3 de octubre se ha organizado una gran fiesta popular en la plaza Margarida Xirgu , en su sede de Montjuïc, donde quien quiera está invitado a celebrar hasta las dos de la mañana esta difícil, pero feliz historia con algunos de sus protagonistas. Paralelamente, la editorial Comanegra ha publicado ‘Cor calent. Històries del Lliure’, de Magi Camps, Marta Orriols y Marta Vives, un tríptico de vivencias en primera persona de todos estos años con el teatro como protagonista absoluto.Por último, el 28 de noviembre, el Gran Teatro del Liceo acogerá un concierto especial conmemorando la historia del teatro y el 3 de diciembre le tocará el turno al Palau de la Música con un concierto de su Cor de Cambra. Además, la Universidad Autónoma organizará un simposio internacional sobre la historia del teatro y el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), Juan Mayorga, Victòria Spzpungberg y Israel Solà hablarán del teatro y la lucha democrática. El 2 de diciembre de 1976 , en una pequeña sala del barrio barcelonés de Gràcia, un público enfebrecido empieza a aplaudir minutos antes de que empiece la primera representación de ‘Camí de nit’, una obra escrita y dirigida por un joven Lluís Pasqual. El montaje inaugura el recién estrenado Teatre Lliure y la expectación es máxima, tanto que las ganas de manifestar esa alegría no se hacen esperar. La tradición indica que hay que aplaudir al final de una obra, pero aquí nadie espera, porque el éxito de verdad es el estreno mismo. El nacimiento de un teatro nuevo y radical en aquella Barcelona todavía gris fue un bocanada de aire fresco. La historia de este mítico teatro empezaba así, con un estruendo de jolgorio y esperanza. Cincuenta años después, aquellas sensaciones, aunque mitigadas, no han desaparecido.El Palau Robert acoge ahora una gran exposición para celebrar la efeméride y rememorar, a través de grabaciones, documentos, fotografías e instalaciones especiales, 50 años de teatro y libertad. Los protagonistas de aquellos días siguen muy presentes en el imaginario colectivo del teatro catalán. «¿Que se puede esperar de un grupo de locos francotiradores que confunden el teatro con una aventura personal? ¿Qué se puede esperar de unos aficionados que mezclan la gestión, la producción, incluso la puesta en escena y el arte con la amistad y el amor? ¿Qué se puede esperar de unos incontrolables que han hecho del teatro una manera de vivir y del lugar de trabajo su propia casa?», afirmará en su fundación Fabià Puigsever, célebre escenógrafo y alma mater del teatro.En aquel lejano 1976, Puigserver reunió a gente como Muntsa Alcañiz, Xavier Clot, Imma Colomer, Francesc Cruzate, Joan Ferrer, Lluís Homar, Carles Jorge, Anna Lizaran , Josep Minguell, Lluís Pasqual , Pere Planella, Joan Ponce, Domènec Reixach, Fermí Reixach , Antoni Sevilla y Carlota Soldevila para firmar el manifiesto fundacional del Teatre Lliure y buscar abrir nuevas vías dentro de las artes escénicas españolas. Entre sus principales características estaban ser un servicio público, así como un espacio de libertad donde programar una mezcla de grandes obras históricas y montajes de la más urgente contemporaneidad. Y todo desde el rigor más excelso y una puesta en escena exquisita, sin improvisación. El éxito de la propuesta hizo que el teatro empezara a crecer y hacerse más relevante. En 1986 se convirtió en fundación y empezó la participación del ayuntamiento aumentando su voluntad de servicio público. Con el nuevo siglo se instalaron en una nueva sede más grande en Montjuïc hasta que una década después reabrió su espacio original de Gràcia, compatibilizando dos sedes. «Con la exposición hemos querido ofrecer pinceladas de la historia del Lliure e invitar a que luego el espectador pueda profundizar en el material documental del archivo digital del teatro», asegura Julio Manrique, actual director del Teatre Lliure.La exposición quiere dar forma visual a ese ADN fundacional. Para ello ha encargado a cinco escenógrafos que planteen instalaciones especiales para dibujar el largo camino que va de los años 70 hasta la actualidad. «Son propuestas que dialogan con la memoria del Lliure y que la reinterpretan desde sus propios lenguajes y sensibilidades. Cada una muestra la huella que ha dejado su historia en diversas generaciones de espectadores y creadores», afirma Tània Balló, comisaria de la exposición.De esta forma, en la primera de las instalaciones vemos al artista Frederic Amat levantar siete autómatas que invitan al espectador a interactuar con ellos. Amat recuerda con la configuración de esta propuesta como en 1986 colaboró con Puigserver en la escenografía de ‘El público’, de Lorca, dirigida por Lluís Pasqual. También le sirve para rememorar como 13 años después, en 1999, volvería a colaborar con Pasqual en el mítico montaje de ‘Esperando a Godot’ protagonizado por Anna Lizaran y Eduard Fernández. «El tiempo del teatro es el latido de la vida. Siempre es un espacio lleno de fantasmas», comenta.«Valoramos el legado del Lliure y queremos dar a entender que el teatro todavía tiene mucho futuro por recorrer» Tània Balló Comisaria de la exposiciónDespués de Amat, la escenógrafa Montse Amenós presenta la segunda década de la institución a partir de telones suspendidos y espejos donde hacer consciente al espectador de su noción de voyeur. La tercera instalación, creada por Max Glaenzel , es un espacio oscuro y claustrofóbico que poco a poco encontrará su luz como ocurre en cualquier sala teatral. «Cerramos las ventanas para que la oscuridad inunde el escenario y podamos imaginar la luz», escribe el propio Glaenzel.Lluc Castells y Sílvia Delagneau firman las dos últimas instalaciones, que se intercalan con cuatro espacios más convencionales en que podemos ver clásicas fotos de Ros Ribas o una grabación de aquel fundacional 2 de diciembre de 1976 en que el público empezó a aplaudir de puro entusiasmo. «Hemos conseguido un equilibrio entre una experiencia que valora el legado del Lliure pero que también tiene una visión contemporánea que da a entender que el teatro todavía tiene mucho futuro que recorrer», señala Balló.El Lliure celebra sus 50 años con múltiples actosLa exposición del Palau Robert podrá verse hasta el mes de enero. No será la única acción para celebrar estos 50 años de historia. El 3 de octubre se ha organizado una gran fiesta popular en la plaza Margarida Xirgu , en su sede de Montjuïc, donde quien quiera está invitado a celebrar hasta las dos de la mañana esta difícil, pero feliz historia con algunos de sus protagonistas. Paralelamente, la editorial Comanegra ha publicado ‘Cor calent. Històries del Lliure’, de Magi Camps, Marta Orriols y Marta Vives, un tríptico de vivencias en primera persona de todos estos años con el teatro como protagonista absoluto.Por último, el 28 de noviembre, el Gran Teatro del Liceo acogerá un concierto especial conmemorando la historia del teatro y el 3 de diciembre le tocará el turno al Palau de la Música con un concierto de su Cor de Cambra. Además, la Universidad Autónoma organizará un simposio internacional sobre la historia del teatro y el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), Juan Mayorga, Victòria Spzpungberg y Israel Solà hablarán del teatro y la lucha democrática. RSS de noticias de cultura
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