Escribía Shakespeare que cada uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. Y es que hay pronunciamientos que, sin quererlo, las más de las veces, duelen a un colectivo o a varios. No se puede acusar a casi nadie de nazi, salvo si son los terroristas y poco más, los vascos denominados ‘euskonazis’, pues se tiende a banalizar el sufrimiento extremo que Hitler y los suyos perpetraron sobre nosotros, los judíos; así que pido que se abstengan ustedes de denominar con ligereza a nadie nazi. El presidente de La Liga, Javier Tebas , provocó una polémica hace nada al comparar los métodos comunicativos de Real Madrid TV con mecanismos de propaganda utilizados por Joseph Goebbels. Conviene precisar el alcance de sus palabras: no afirmó que la publicidad comercial del club fuera nazi, sino que desarrolló una analogía sobre determinadas técnicas de comunicación, que en su día propiciaron el asesinato masivo en Europa, también, y entre otros, de gentes de color, los que abundan con su buen juego en el Real Madrid.En su publicación en redes sociales, Tebas acusó a la dirección madridista de impulsar un relato que presenta sistemáticamente al equipo como perjudicado. Según su versión, la televisión del club selecciona jugadas polémicas, repite agravios y alimenta sospechas, sin ofrecer una revisión equivalente de los errores que benefician al Madrid o perjudican a otros conjuntos. Estas acusaciones constituyen la valoración del dirigente, pero sin tildarlos de nazis, repito.La referencia a Goebbels, ministro de propaganda de Hitler (regaló a cada alemán una radio), fue el elemento más controvertido del mensaje. Tebas relacionó esos procedimientos con la reiteración de mensajes, la creación de adversarios y la adaptación de los hechos a una narrativa. Sin embargo, introdujo expresamente una salvedad: su comparación afectaba a las técnicas propagandísticas, no a la ideología del nazismo ni a los aficionados madridistas. Esa distinción resulta esencial para informar con precisión sobre lo sucedido. Mentada salvedad, al que menos salva es a él mismo y a su manifiesta ignorancia, que roza la falta de moral y, por supuesto, de sensibilidad hacia mi pueblo.El Real Madrid respondió mediante un comunicado en el que calificó las manifestaciones de intolerables y extraordinariamente graves. La entidad reclamó la dimisión inmediata de Tebas y presentó el episodio como otro ataque contra el club, su presidente y sus medios. También rechazó que se le atribuya responsabilidad por preguntas, informaciones u opiniones difundidas por periodistas externos a su estructura. Todos nos quedaríamos más tranquilos si dimitiese y a él le concedería el mínimo de honor.El 17 de octubre, Tebas defendió nuevamente su comparación. Otra comparecencia llena de errores. Me resuenan las palabras del presidente Aznar: «Váyase a casa». Escribía Shakespeare que cada uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. Y es que hay pronunciamientos que, sin quererlo, las más de las veces, duelen a un colectivo o a varios. No se puede acusar a casi nadie de nazi, salvo si son los terroristas y poco más, los vascos denominados ‘euskonazis’, pues se tiende a banalizar el sufrimiento extremo que Hitler y los suyos perpetraron sobre nosotros, los judíos; así que pido que se abstengan ustedes de denominar con ligereza a nadie nazi. El presidente de La Liga, Javier Tebas , provocó una polémica hace nada al comparar los métodos comunicativos de Real Madrid TV con mecanismos de propaganda utilizados por Joseph Goebbels. Conviene precisar el alcance de sus palabras: no afirmó que la publicidad comercial del club fuera nazi, sino que desarrolló una analogía sobre determinadas técnicas de comunicación, que en su día propiciaron el asesinato masivo en Europa, también, y entre otros, de gentes de color, los que abundan con su buen juego en el Real Madrid.En su publicación en redes sociales, Tebas acusó a la dirección madridista de impulsar un relato que presenta sistemáticamente al equipo como perjudicado. Según su versión, la televisión del club selecciona jugadas polémicas, repite agravios y alimenta sospechas, sin ofrecer una revisión equivalente de los errores que benefician al Madrid o perjudican a otros conjuntos. Estas acusaciones constituyen la valoración del dirigente, pero sin tildarlos de nazis, repito.La referencia a Goebbels, ministro de propaganda de Hitler (regaló a cada alemán una radio), fue el elemento más controvertido del mensaje. Tebas relacionó esos procedimientos con la reiteración de mensajes, la creación de adversarios y la adaptación de los hechos a una narrativa. Sin embargo, introdujo expresamente una salvedad: su comparación afectaba a las técnicas propagandísticas, no a la ideología del nazismo ni a los aficionados madridistas. Esa distinción resulta esencial para informar con precisión sobre lo sucedido. Mentada salvedad, al que menos salva es a él mismo y a su manifiesta ignorancia, que roza la falta de moral y, por supuesto, de sensibilidad hacia mi pueblo.El Real Madrid respondió mediante un comunicado en el que calificó las manifestaciones de intolerables y extraordinariamente graves. La entidad reclamó la dimisión inmediata de Tebas y presentó el episodio como otro ataque contra el club, su presidente y sus medios. También rechazó que se le atribuya responsabilidad por preguntas, informaciones u opiniones difundidas por periodistas externos a su estructura. Todos nos quedaríamos más tranquilos si dimitiese y a él le concedería el mínimo de honor.El 17 de octubre, Tebas defendió nuevamente su comparación. Otra comparecencia llena de errores. Me resuenan las palabras del presidente Aznar: «Váyase a casa». Escribía Shakespeare que cada uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. Y es que hay pronunciamientos que, sin quererlo, las más de las veces, duelen a un colectivo o a varios. No se puede acusar a casi nadie de nazi, salvo si son los terroristas y poco más, los vascos denominados ‘euskonazis’, pues se tiende a banalizar el sufrimiento extremo que Hitler y los suyos perpetraron sobre nosotros, los judíos; así que pido que se abstengan ustedes de denominar con ligereza a nadie nazi. El presidente de La Liga, Javier Tebas , provocó una polémica hace nada al comparar los métodos comunicativos de Real Madrid TV con mecanismos de propaganda utilizados por Joseph Goebbels. Conviene precisar el alcance de sus palabras: no afirmó que la publicidad comercial del club fuera nazi, sino que desarrolló una analogía sobre determinadas técnicas de comunicación, que en su día propiciaron el asesinato masivo en Europa, también, y entre otros, de gentes de color, los que abundan con su buen juego en el Real Madrid.En su publicación en redes sociales, Tebas acusó a la dirección madridista de impulsar un relato que presenta sistemáticamente al equipo como perjudicado. Según su versión, la televisión del club selecciona jugadas polémicas, repite agravios y alimenta sospechas, sin ofrecer una revisión equivalente de los errores que benefician al Madrid o perjudican a otros conjuntos. Estas acusaciones constituyen la valoración del dirigente, pero sin tildarlos de nazis, repito.La referencia a Goebbels, ministro de propaganda de Hitler (regaló a cada alemán una radio), fue el elemento más controvertido del mensaje. Tebas relacionó esos procedimientos con la reiteración de mensajes, la creación de adversarios y la adaptación de los hechos a una narrativa. Sin embargo, introdujo expresamente una salvedad: su comparación afectaba a las técnicas propagandísticas, no a la ideología del nazismo ni a los aficionados madridistas. Esa distinción resulta esencial para informar con precisión sobre lo sucedido. Mentada salvedad, al que menos salva es a él mismo y a su manifiesta ignorancia, que roza la falta de moral y, por supuesto, de sensibilidad hacia mi pueblo.El Real Madrid respondió mediante un comunicado en el que calificó las manifestaciones de intolerables y extraordinariamente graves. La entidad reclamó la dimisión inmediata de Tebas y presentó el episodio como otro ataque contra el club, su presidente y sus medios. También rechazó que se le atribuya responsabilidad por preguntas, informaciones u opiniones difundidas por periodistas externos a su estructura. Todos nos quedaríamos más tranquilos si dimitiese y a él le concedería el mínimo de honor.El 17 de octubre, Tebas defendió nuevamente su comparación. Otra comparecencia llena de errores. Me resuenan las palabras del presidente Aznar: «Váyase a casa». RSS de noticias de cultura
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