<p>El «No a la guerra» había funcionado como propósito para el último año de Gobierno y como freno del desgaste producido por la corrupción y la falta de mayoría parlamentaria, el nombramiento del prestigioso ministro de Economía como vicepresidente era un guiño hacia la moderación que situaría la economía de excelencia en lo más alto del debate político.</p>
Amantes, gatos, enchufes, poder, sexo, mentiras, corrupción… el ‘reality’ en el Tribunal Supremo ha amargado la Pascua a los socialistas
<p>El «No a la guerra» había funcionado como propósito para el último año de Gobierno y como freno del desgaste producido por la corrupción y la falta de mayoría parlamentaria, el nombramiento del prestigioso ministro de Economía como vicepresidente era un guiño hacia la moderación que situaría la economía de excelencia en lo más alto del debate político.</p>
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