El 3 de abril de 1979 no fue solo una fecha electoral: fue el momento en que Toledo empezó a gobernarse a sí misma en democracia. Hoy, 47 años después —sin cifra redonda que invite a la nostalgia—, la verdadera pregunta no es cuánto ha cambiado la ciudad, sino cuánto permanece intacto. Lo triste es que la respuesta es que muchos de aquellos problemas siguen hoy sobre la mesa, como la agonía del río Tajo y la ausencia de un planificación urbanística. Con apenas 31 años, Juan Ignacio de Mesa se convirtió en el primer alcalde democrático de Toledo tras las elecciones municipales del 3 de abril de 1979, en las que la Unión de Centro Democrático obtuvo la victoria. Fue proclamado el 19 de abril tras imponerse en la investidura al socialista Manuel Díaz Marta.Aquel economista joven, que no imaginaba al iniciar sus estudios en Madrid que acabaría liderando la ciudad, asumió el mando en un momento de ilusión colectiva, pero también de incertidumbre. España estrenaba Constitución y la democracia descendía por fin al ámbito más cercano al ciudadano: los ayuntamientos.Su mandato (1979-1983) estuvo marcado por dos hitos: la construcción institucional del nuevo municipalismo —fue fundador y vicepresidente de la Federación Española de Municipios— y la firmeza en momentos críticos como el intento de golpe de Estado del 23-F.El programa electoral de De Mesa no era solo una hoja de ruta: era una radiografía de la ciudad. Lo sorprendente no es lo que proponía, sino lo vigente que sigue estando tantos años después.El Tajo, herida abiertaSu primer punto era claro y contundente: oposición al trasvase Tajo-Segura. Y, sin embargo, casi medio siglo después, el debate sigue abierto. Hace apenas unos días, el Ayuntamiento de Toledo —ahora con Carlos Velázquez al frente— aprobaba una moción para exigir el cumplimiento de las sentencias del Tribunal Supremo sobre los caudales ecológicos del Tajo y nuevas reglas de explotación del trasvase. El conflicto, lejos de cerrarse, ha sobrevivido a generaciones políticas. Esta semana, el Gobierno de Castilla-La Mancha ha aprobado la interposición de un recurso contencioso-administrativo contra el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ante la falta de aplicación de las nuevas reglas de explotación del trasvase Tajo-Segura. Noticia relacionada general No No Page lleva a los tribunales al Gobierno de Sánchez por las reglas del trasvase: «Su incumplimiento roza el delito ecológico» Elisabeth BustosHace 47 años, el 6 de julio de 1979, Toledo se echó a la calle en una manifestación histórica contra el trasvase. A la cabeza, el alcalde; a su lado, adversarios políticos como el que fuera senador Manuel Díaz-Marta quien desde su exilio en Buenos Aires se convirtió en guerrillero incansable contra el trasvase. La causa común estaba por encima de las siglas, algo que parece que no se da en estos tiempos. El clamor contra esta obra fue unánime en la ciudad del Tajo. A esta causa se sumaron personalidades como José Finat, conde de Mayalde o políticos como Licinio de la Fuente, José María Fernández de la Vega, Jaime de Foxá y Torroba o escritores como Luis Moreno Nieto y otros intelectuales. Hace 47 años, el 6 de julio de 1979, Toledo se echó a la calle en una manifestación histórica contra el trasvase; el clamor fue unánime «El trasvase fue un engaño, con unas expectativas imposibles de cumplir y un robo absoluto a la cuenta del Tajo porque no sobraba agua; lo que faltaba era el desarrollo», se lamenta Juan Ignacio de Mesa en declaraciones a ABC. «Se pensaba que el agua era para uso agrícola y consumo humano, pero ahora mismo el agua es muy necesaria para determinados procesos industriales. Hoy en le sureste tienen un maravilloso mar que con desaladoras puede conseguir agua de riego y una energía relativamente barata con renovables, molinos eólicos y placas solares sin necesidad de expoliar el Tajo, de matar el río. Hay que abordar un plan hidrológico nacional que plantee dónde falta y dónde sobra agua. A la Confederación hidrográfica del Tajo ni está ni se le espera». Y defiende que la unidad de decisión la tiene que marcar «el que manda». En 1979 la manifestación fue convocada por el alcalde, pero se sumaron todos los grupos y se aprobó en el Pleno del Ayuntamiento, recuerda Juan Ignacio de Mesa, protagonista de una época en la que, pese a las diferencias, se logró aprobar los presupuestos de la ciudad por unanimidad los 4 años. Esa unidad se hizo especialmente visible en aquellos días la defensa del río Tajo. El agua no es el único eco del pasado: El barrio de Palomarejos sigue siendo una asignatura pendiente, agravada hoy por el traslado del hospital Virgen de la Salud al Polígono. La ampliación del polígono industrial, clave para el empleo, continúa en el horizonte. La necesidad de un nuevo plan urbanístico sigue empujando a miles de toledanos a vivir en municipios limítrofes. La estación de autobuses, prometida entonces, hoy reclama una profunda rehabilitación tras años de abandono…Toledo, en muchos aspectos, sigue discutiendo consigo misma, aunque también se han producido muchos avances en estas casi cinco décadas, la ciudad ha dado pasos decisivos: La creación de la Universidad de Castilla-La Mancha permitió que los toledanos pudieran completar sus estudios sin abandonar la ciudad. Se consolidaron infraestructuras culturales como el conservatorio. Se extendieron los servicios sanitarios en barrios como Santa Bárbara o el Polígono y el Casco Histórico, que se encontraba en un importante estado de degradación que tenía Toledo en ese momento, con un vacío legal y sin competencias autonómicas, se benefició de la primera ley de defensa del patrimonio es del año 85, la Ley 16/1985 así como de la llegada, años después, del Consorcio de la Ciudad de Toledo. Y, como recuerdo de otra época, quedan detalles casi olvidados: entonces aún existían los serenos, vigilantes nocturnos que formaban parte del paisaje urbano.Más allá de los programas, hay un elemento que define aquella etapa: el espíritu. Las elecciones municipales de 1979 estuvieron marcadas por la ilusión y por una convivencia política que hoy resulta difícil de imaginar.El propio De Mesa recuerda años después cómo muchos concejales eran amigos o compañeros, capaces de discrepar en lo ideológico pero unidos en lo esencial: construir una ciudad mejor.Histórica protesta contra el trasvase Tajo-Segura en 1979.El legado de 1979El contexto también explica aquel momento. En la provincia de Toledo, la UCD arrasó con un 41,71% de los votos y 860 concejales, muy por delante del PSOE (23,15% y 357 concejales). El mapa municipal quedó claramente inclinado hacia el centro político, lo que permitió a la UCD controlar también la Diputación Provincial, con Gonzalo Payo presidente. Fue un tiempo de hegemonía, pero también de construcción.Hoy, Juan Ignacio de Mesa sigue vinculado a la ciudad, tanto desde el ámbito empresarial —al frente de la emblemática confitería Santo Tomé— como desde su participación en instituciones culturales y económicas y clamando por el río Tajo. Su figura resume una generación que entendió la política como servicio público y como tarea fundacional.Cuarenta y siete años después, Toledo es una ciudad distinta, pero no tanto como cabría esperar. Ha crecido, se ha modernizado, ha ganado servicios y oportunidades. Pero sigue arrastrando debates estructurales que nacieron en aquel primer programa democrático. El trasvase, el urbanismo, el equilibrio entre desarrollo y conservación. Quizá la mayor lección de 1979 no esté en lo que se hizo, sino en cómo se hizo: con diálogo, con consenso y con una idea compartida de ciudad.Juan Ignacio de Mesa, con un cartel de su campaña electoral El programa electoral con el que Toledo estrenó la Democracia El programa con el que Toledo afrontó sus primeras elecciones democráticas situaba en el centro la oposición al trasvase Tajo-Segura, aunque asumía su carácter irreversible y reclamaba compensaciones y la depuración urgente del río. Junto a ello, defendía una mayor autonomía municipal, con un Ayuntamiento independiente y una Administración local reforzada e integrada en la Seguridad Social. La propuesta apostaba también por convertir Toledo en un referente cultural y educativo, con la creación de una Universidad de Verano internacional, una Escuela de Traductores, un Conservatorio y la ampliación de estudios universitarios para poder completar las carreras en la ciudad. El urbanismo ocupaba otro de los grandes ejes, con la mejora de barrios como Palomarejos y Santa Bárbara, la recuperación del casco histórico y la necesidad de acelerar los planes de expansión para evitar la especulación. En paralelo, se planteaban medidas para dinamizar la economía, como la promoción del Polígono Industrial, el apoyo al comercio local y la protección de la artesanía como motor turístico. El programa incluía además la mejora de los servicios públicos y la calidad de vida, con más zonas verdes, equipamientos, instalaciones deportivas y atención sanitaria de proximidad en los barrios. A ello se sumaban propuestas para reforzar el transporte —como la construcción de una estación de autobuses y la ampliación de líneas urbanas—, estrechar la relación con los sectores económicos y fomentar la participación vecinal. Completaban el documento medidas vinculadas a la vida cotidiana, como la adecuación de servicios públicos o el refuerzo de la vigilancia nocturna, en una ciudad que aún conservaba figuras como la de los serenos. El 3 de abril de 1979 no fue solo una fecha electoral: fue el momento en que Toledo empezó a gobernarse a sí misma en democracia. Hoy, 47 años después —sin cifra redonda que invite a la nostalgia—, la verdadera pregunta no es cuánto ha cambiado la ciudad, sino cuánto permanece intacto. Lo triste es que la respuesta es que muchos de aquellos problemas siguen hoy sobre la mesa, como la agonía del río Tajo y la ausencia de un planificación urbanística. Con apenas 31 años, Juan Ignacio de Mesa se convirtió en el primer alcalde democrático de Toledo tras las elecciones municipales del 3 de abril de 1979, en las que la Unión de Centro Democrático obtuvo la victoria. Fue proclamado el 19 de abril tras imponerse en la investidura al socialista Manuel Díaz Marta.Aquel economista joven, que no imaginaba al iniciar sus estudios en Madrid que acabaría liderando la ciudad, asumió el mando en un momento de ilusión colectiva, pero también de incertidumbre. España estrenaba Constitución y la democracia descendía por fin al ámbito más cercano al ciudadano: los ayuntamientos.Su mandato (1979-1983) estuvo marcado por dos hitos: la construcción institucional del nuevo municipalismo —fue fundador y vicepresidente de la Federación Española de Municipios— y la firmeza en momentos críticos como el intento de golpe de Estado del 23-F.El programa electoral de De Mesa no era solo una hoja de ruta: era una radiografía de la ciudad. Lo sorprendente no es lo que proponía, sino lo vigente que sigue estando tantos años después.El Tajo, herida abiertaSu primer punto era claro y contundente: oposición al trasvase Tajo-Segura. Y, sin embargo, casi medio siglo después, el debate sigue abierto. Hace apenas unos días, el Ayuntamiento de Toledo —ahora con Carlos Velázquez al frente— aprobaba una moción para exigir el cumplimiento de las sentencias del Tribunal Supremo sobre los caudales ecológicos del Tajo y nuevas reglas de explotación del trasvase. El conflicto, lejos de cerrarse, ha sobrevivido a generaciones políticas. Esta semana, el Gobierno de Castilla-La Mancha ha aprobado la interposición de un recurso contencioso-administrativo contra el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ante la falta de aplicación de las nuevas reglas de explotación del trasvase Tajo-Segura. Noticia relacionada general No No Page lleva a los tribunales al Gobierno de Sánchez por las reglas del trasvase: «Su incumplimiento roza el delito ecológico» Elisabeth BustosHace 47 años, el 6 de julio de 1979, Toledo se echó a la calle en una manifestación histórica contra el trasvase. A la cabeza, el alcalde; a su lado, adversarios políticos como el que fuera senador Manuel Díaz-Marta quien desde su exilio en Buenos Aires se convirtió en guerrillero incansable contra el trasvase. La causa común estaba por encima de las siglas, algo que parece que no se da en estos tiempos. El clamor contra esta obra fue unánime en la ciudad del Tajo. A esta causa se sumaron personalidades como José Finat, conde de Mayalde o políticos como Licinio de la Fuente, José María Fernández de la Vega, Jaime de Foxá y Torroba o escritores como Luis Moreno Nieto y otros intelectuales. Hace 47 años, el 6 de julio de 1979, Toledo se echó a la calle en una manifestación histórica contra el trasvase; el clamor fue unánime «El trasvase fue un engaño, con unas expectativas imposibles de cumplir y un robo absoluto a la cuenta del Tajo porque no sobraba agua; lo que faltaba era el desarrollo», se lamenta Juan Ignacio de Mesa en declaraciones a ABC. «Se pensaba que el agua era para uso agrícola y consumo humano, pero ahora mismo el agua es muy necesaria para determinados procesos industriales. Hoy en le sureste tienen un maravilloso mar que con desaladoras puede conseguir agua de riego y una energía relativamente barata con renovables, molinos eólicos y placas solares sin necesidad de expoliar el Tajo, de matar el río. Hay que abordar un plan hidrológico nacional que plantee dónde falta y dónde sobra agua. A la Confederación hidrográfica del Tajo ni está ni se le espera». Y defiende que la unidad de decisión la tiene que marcar «el que manda». En 1979 la manifestación fue convocada por el alcalde, pero se sumaron todos los grupos y se aprobó en el Pleno del Ayuntamiento, recuerda Juan Ignacio de Mesa, protagonista de una época en la que, pese a las diferencias, se logró aprobar los presupuestos de la ciudad por unanimidad los 4 años. Esa unidad se hizo especialmente visible en aquellos días la defensa del río Tajo. El agua no es el único eco del pasado: El barrio de Palomarejos sigue siendo una asignatura pendiente, agravada hoy por el traslado del hospital Virgen de la Salud al Polígono. La ampliación del polígono industrial, clave para el empleo, continúa en el horizonte. La necesidad de un nuevo plan urbanístico sigue empujando a miles de toledanos a vivir en municipios limítrofes. La estación de autobuses, prometida entonces, hoy reclama una profunda rehabilitación tras años de abandono…Toledo, en muchos aspectos, sigue discutiendo consigo misma, aunque también se han producido muchos avances en estas casi cinco décadas, la ciudad ha dado pasos decisivos: La creación de la Universidad de Castilla-La Mancha permitió que los toledanos pudieran completar sus estudios sin abandonar la ciudad. Se consolidaron infraestructuras culturales como el conservatorio. Se extendieron los servicios sanitarios en barrios como Santa Bárbara o el Polígono y el Casco Histórico, que se encontraba en un importante estado de degradación que tenía Toledo en ese momento, con un vacío legal y sin competencias autonómicas, se benefició de la primera ley de defensa del patrimonio es del año 85, la Ley 16/1985 así como de la llegada, años después, del Consorcio de la Ciudad de Toledo. Y, como recuerdo de otra época, quedan detalles casi olvidados: entonces aún existían los serenos, vigilantes nocturnos que formaban parte del paisaje urbano.Más allá de los programas, hay un elemento que define aquella etapa: el espíritu. Las elecciones municipales de 1979 estuvieron marcadas por la ilusión y por una convivencia política que hoy resulta difícil de imaginar.El propio De Mesa recuerda años después cómo muchos concejales eran amigos o compañeros, capaces de discrepar en lo ideológico pero unidos en lo esencial: construir una ciudad mejor.Histórica protesta contra el trasvase Tajo-Segura en 1979.El legado de 1979El contexto también explica aquel momento. En la provincia de Toledo, la UCD arrasó con un 41,71% de los votos y 860 concejales, muy por delante del PSOE (23,15% y 357 concejales). El mapa municipal quedó claramente inclinado hacia el centro político, lo que permitió a la UCD controlar también la Diputación Provincial, con Gonzalo Payo presidente. Fue un tiempo de hegemonía, pero también de construcción.Hoy, Juan Ignacio de Mesa sigue vinculado a la ciudad, tanto desde el ámbito empresarial —al frente de la emblemática confitería Santo Tomé— como desde su participación en instituciones culturales y económicas y clamando por el río Tajo. Su figura resume una generación que entendió la política como servicio público y como tarea fundacional.Cuarenta y siete años después, Toledo es una ciudad distinta, pero no tanto como cabría esperar. Ha crecido, se ha modernizado, ha ganado servicios y oportunidades. Pero sigue arrastrando debates estructurales que nacieron en aquel primer programa democrático. El trasvase, el urbanismo, el equilibrio entre desarrollo y conservación. Quizá la mayor lección de 1979 no esté en lo que se hizo, sino en cómo se hizo: con diálogo, con consenso y con una idea compartida de ciudad.Juan Ignacio de Mesa, con un cartel de su campaña electoral El programa electoral con el que Toledo estrenó la Democracia El programa con el que Toledo afrontó sus primeras elecciones democráticas situaba en el centro la oposición al trasvase Tajo-Segura, aunque asumía su carácter irreversible y reclamaba compensaciones y la depuración urgente del río. Junto a ello, defendía una mayor autonomía municipal, con un Ayuntamiento independiente y una Administración local reforzada e integrada en la Seguridad Social. La propuesta apostaba también por convertir Toledo en un referente cultural y educativo, con la creación de una Universidad de Verano internacional, una Escuela de Traductores, un Conservatorio y la ampliación de estudios universitarios para poder completar las carreras en la ciudad. El urbanismo ocupaba otro de los grandes ejes, con la mejora de barrios como Palomarejos y Santa Bárbara, la recuperación del casco histórico y la necesidad de acelerar los planes de expansión para evitar la especulación. En paralelo, se planteaban medidas para dinamizar la economía, como la promoción del Polígono Industrial, el apoyo al comercio local y la protección de la artesanía como motor turístico. El programa incluía además la mejora de los servicios públicos y la calidad de vida, con más zonas verdes, equipamientos, instalaciones deportivas y atención sanitaria de proximidad en los barrios. A ello se sumaban propuestas para reforzar el transporte —como la construcción de una estación de autobuses y la ampliación de líneas urbanas—, estrechar la relación con los sectores económicos y fomentar la participación vecinal. Completaban el documento medidas vinculadas a la vida cotidiana, como la adecuación de servicios públicos o el refuerzo de la vigilancia nocturna, en una ciudad que aún conservaba figuras como la de los serenos. El 3 de abril de 1979 no fue solo una fecha electoral: fue el momento en que Toledo empezó a gobernarse a sí misma en democracia. Hoy, 47 años después —sin cifra redonda que invite a la nostalgia—, la verdadera pregunta no es cuánto ha cambiado la ciudad, sino cuánto permanece intacto. Lo triste es que la respuesta es que muchos de aquellos problemas siguen hoy sobre la mesa, como la agonía del río Tajo y la ausencia de un planificación urbanística. Con apenas 31 años, Juan Ignacio de Mesa se convirtió en el primer alcalde democrático de Toledo tras las elecciones municipales del 3 de abril de 1979, en las que la Unión de Centro Democrático obtuvo la victoria. Fue proclamado el 19 de abril tras imponerse en la investidura al socialista Manuel Díaz Marta.Aquel economista joven, que no imaginaba al iniciar sus estudios en Madrid que acabaría liderando la ciudad, asumió el mando en un momento de ilusión colectiva, pero también de incertidumbre. España estrenaba Constitución y la democracia descendía por fin al ámbito más cercano al ciudadano: los ayuntamientos.Su mandato (1979-1983) estuvo marcado por dos hitos: la construcción institucional del nuevo municipalismo —fue fundador y vicepresidente de la Federación Española de Municipios— y la firmeza en momentos críticos como el intento de golpe de Estado del 23-F.El programa electoral de De Mesa no era solo una hoja de ruta: era una radiografía de la ciudad. Lo sorprendente no es lo que proponía, sino lo vigente que sigue estando tantos años después.El Tajo, herida abiertaSu primer punto era claro y contundente: oposición al trasvase Tajo-Segura. Y, sin embargo, casi medio siglo después, el debate sigue abierto. Hace apenas unos días, el Ayuntamiento de Toledo —ahora con Carlos Velázquez al frente— aprobaba una moción para exigir el cumplimiento de las sentencias del Tribunal Supremo sobre los caudales ecológicos del Tajo y nuevas reglas de explotación del trasvase. El conflicto, lejos de cerrarse, ha sobrevivido a generaciones políticas. Esta semana, el Gobierno de Castilla-La Mancha ha aprobado la interposición de un recurso contencioso-administrativo contra el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ante la falta de aplicación de las nuevas reglas de explotación del trasvase Tajo-Segura. Noticia relacionada general No No Page lleva a los tribunales al Gobierno de Sánchez por las reglas del trasvase: «Su incumplimiento roza el delito ecológico» Elisabeth BustosHace 47 años, el 6 de julio de 1979, Toledo se echó a la calle en una manifestación histórica contra el trasvase. A la cabeza, el alcalde; a su lado, adversarios políticos como el que fuera senador Manuel Díaz-Marta quien desde su exilio en Buenos Aires se convirtió en guerrillero incansable contra el trasvase. La causa común estaba por encima de las siglas, algo que parece que no se da en estos tiempos. El clamor contra esta obra fue unánime en la ciudad del Tajo. A esta causa se sumaron personalidades como José Finat, conde de Mayalde o políticos como Licinio de la Fuente, José María Fernández de la Vega, Jaime de Foxá y Torroba o escritores como Luis Moreno Nieto y otros intelectuales. Hace 47 años, el 6 de julio de 1979, Toledo se echó a la calle en una manifestación histórica contra el trasvase; el clamor fue unánime «El trasvase fue un engaño, con unas expectativas imposibles de cumplir y un robo absoluto a la cuenta del Tajo porque no sobraba agua; lo que faltaba era el desarrollo», se lamenta Juan Ignacio de Mesa en declaraciones a ABC. «Se pensaba que el agua era para uso agrícola y consumo humano, pero ahora mismo el agua es muy necesaria para determinados procesos industriales. Hoy en le sureste tienen un maravilloso mar que con desaladoras puede conseguir agua de riego y una energía relativamente barata con renovables, molinos eólicos y placas solares sin necesidad de expoliar el Tajo, de matar el río. Hay que abordar un plan hidrológico nacional que plantee dónde falta y dónde sobra agua. A la Confederación hidrográfica del Tajo ni está ni se le espera». Y defiende que la unidad de decisión la tiene que marcar «el que manda». En 1979 la manifestación fue convocada por el alcalde, pero se sumaron todos los grupos y se aprobó en el Pleno del Ayuntamiento, recuerda Juan Ignacio de Mesa, protagonista de una época en la que, pese a las diferencias, se logró aprobar los presupuestos de la ciudad por unanimidad los 4 años. Esa unidad se hizo especialmente visible en aquellos días la defensa del río Tajo. El agua no es el único eco del pasado: El barrio de Palomarejos sigue siendo una asignatura pendiente, agravada hoy por el traslado del hospital Virgen de la Salud al Polígono. La ampliación del polígono industrial, clave para el empleo, continúa en el horizonte. La necesidad de un nuevo plan urbanístico sigue empujando a miles de toledanos a vivir en municipios limítrofes. La estación de autobuses, prometida entonces, hoy reclama una profunda rehabilitación tras años de abandono…Toledo, en muchos aspectos, sigue discutiendo consigo misma, aunque también se han producido muchos avances en estas casi cinco décadas, la ciudad ha dado pasos decisivos: La creación de la Universidad de Castilla-La Mancha permitió que los toledanos pudieran completar sus estudios sin abandonar la ciudad. Se consolidaron infraestructuras culturales como el conservatorio. Se extendieron los servicios sanitarios en barrios como Santa Bárbara o el Polígono y el Casco Histórico, que se encontraba en un importante estado de degradación que tenía Toledo en ese momento, con un vacío legal y sin competencias autonómicas, se benefició de la primera ley de defensa del patrimonio es del año 85, la Ley 16/1985 así como de la llegada, años después, del Consorcio de la Ciudad de Toledo. Y, como recuerdo de otra época, quedan detalles casi olvidados: entonces aún existían los serenos, vigilantes nocturnos que formaban parte del paisaje urbano.Más allá de los programas, hay un elemento que define aquella etapa: el espíritu. Las elecciones municipales de 1979 estuvieron marcadas por la ilusión y por una convivencia política que hoy resulta difícil de imaginar.El propio De Mesa recuerda años después cómo muchos concejales eran amigos o compañeros, capaces de discrepar en lo ideológico pero unidos en lo esencial: construir una ciudad mejor.Histórica protesta contra el trasvase Tajo-Segura en 1979.El legado de 1979El contexto también explica aquel momento. En la provincia de Toledo, la UCD arrasó con un 41,71% de los votos y 860 concejales, muy por delante del PSOE (23,15% y 357 concejales). El mapa municipal quedó claramente inclinado hacia el centro político, lo que permitió a la UCD controlar también la Diputación Provincial, con Gonzalo Payo presidente. Fue un tiempo de hegemonía, pero también de construcción.Hoy, Juan Ignacio de Mesa sigue vinculado a la ciudad, tanto desde el ámbito empresarial —al frente de la emblemática confitería Santo Tomé— como desde su participación en instituciones culturales y económicas y clamando por el río Tajo. Su figura resume una generación que entendió la política como servicio público y como tarea fundacional.Cuarenta y siete años después, Toledo es una ciudad distinta, pero no tanto como cabría esperar. Ha crecido, se ha modernizado, ha ganado servicios y oportunidades. Pero sigue arrastrando debates estructurales que nacieron en aquel primer programa democrático. El trasvase, el urbanismo, el equilibrio entre desarrollo y conservación. Quizá la mayor lección de 1979 no esté en lo que se hizo, sino en cómo se hizo: con diálogo, con consenso y con una idea compartida de ciudad.Juan Ignacio de Mesa, con un cartel de su campaña electoral El programa electoral con el que Toledo estrenó la Democracia El programa con el que Toledo afrontó sus primeras elecciones democráticas situaba en el centro la oposición al trasvase Tajo-Segura, aunque asumía su carácter irreversible y reclamaba compensaciones y la depuración urgente del río. Junto a ello, defendía una mayor autonomía municipal, con un Ayuntamiento independiente y una Administración local reforzada e integrada en la Seguridad Social. La propuesta apostaba también por convertir Toledo en un referente cultural y educativo, con la creación de una Universidad de Verano internacional, una Escuela de Traductores, un Conservatorio y la ampliación de estudios universitarios para poder completar las carreras en la ciudad. El urbanismo ocupaba otro de los grandes ejes, con la mejora de barrios como Palomarejos y Santa Bárbara, la recuperación del casco histórico y la necesidad de acelerar los planes de expansión para evitar la especulación. En paralelo, se planteaban medidas para dinamizar la economía, como la promoción del Polígono Industrial, el apoyo al comercio local y la protección de la artesanía como motor turístico. El programa incluía además la mejora de los servicios públicos y la calidad de vida, con más zonas verdes, equipamientos, instalaciones deportivas y atención sanitaria de proximidad en los barrios. A ello se sumaban propuestas para reforzar el transporte —como la construcción de una estación de autobuses y la ampliación de líneas urbanas—, estrechar la relación con los sectores económicos y fomentar la participación vecinal. Completaban el documento medidas vinculadas a la vida cotidiana, como la adecuación de servicios públicos o el refuerzo de la vigilancia nocturna, en una ciudad que aún conservaba figuras como la de los serenos. RSS de noticias de espana
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