Donald Trump considera acertada la petición de retirar las bases estadounidenses de España. Preguntado por ABC sobre la propuesta del senador republicano Lindsey Graham de sacar de territorio español instalaciones como Rota y Morón tras el choque con el Gobierno de Pedro Sánchez por la guerra de Irán, el presidente ha respondido: «Tiene razón». Ha añadido: «Hace bien en plantearlo. Deberían ayudar con el estrecho. Gran parte de su petróleo pasa por el estrecho de Ormuz». Trump ha ido más allá y ha situado esa idea dentro de un deterioro más amplio del apoyo a la OTAN en las filas republicanas. «El senador Graham era uno de los grandes apoyos de la OTAN y ya no lo es. Y no es el único: hay muchos senadores que ya no lo son porque la OTAN no hace nada».Sus palabras suponen un paso más en la escalada con España. Graham había pedido públicamente sacar de territorio español las bases utilizadas por Estados Unidos después de que Madrid rechazara autorizar el uso de Rota y Morón en operaciones ligadas al conflicto con Irán. «Si existe un compromiso bajo el artículo 5 de la OTAN, no deberíamos tener bases en un país que no nos deja utilizarlas», sostuvo el senador. Ahora Trump no solo respalda ese planteamiento, sino que lo asume como una opción legítima dentro de su pulso con varios aliados europeos que, a su juicio, no están respondiendo ni en Irán ni en la defensa de las rutas energéticas en Ormuz.Con el petróleo disparado y la gasolina en EE.UU. ya en 3,91 dólares por galón, el presidente atacó con dureza a sus socios por negarse a participar de forma concreta en la reapertura del estrecho y los llamó «cobardes» en su red social. También aseguró que, sin Estados Unidos, la OTAN es un «tigre de papel» y reprochó a sus aliados que no se sumaran a la guerra para frenar a Irán y que ahora se quejen del precio del crudo sin querer ayudar a abrir Ormuz, una operación que presentó como simple y de bajo riesgo.Noticia relacionada general No No Estados Unidos saca sus aviones de Morón y Rota tras negarse España a su uso contra Irán Pilar De la CuestaHasta ahora, la respuesta de los aliados ha sido limitada. Una declaración conjunta firmada por Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón se limitó a condenar el bloqueo, pedir la reapertura y expresar una disposición genérica a contribuir a la seguridad del paso, sin comprometer ninguna acción militar concreta. España quedó fuera de esa declaración, lo que aumentó aún más el malestar en Washington.El cierre de Ormuz se ha convertido en el principal problema político y económico para Trump desde el inicio de la guerra. Aunque EE.UU. e Israel han debilitado militarmente a Irán, Teherán mantiene capacidad para atacar petroleros con drones y minas marítimas y para seguir bloqueando el tráfico por una ruta por la que pasa una quinta parte del crudo mundial. Esa presión sobre el mercado energético ha colocado a la Casa Blanca ante un coste político creciente, con un aumento del precio de la gasolina que golpea directamente al consumidor estadounidense.El Pentágono intensificó este viernes sus operaciones para degradar esa amenaza y ordenó además el despliegue de otros 2.500 marines, que se sumarán a los 2.500 ya enviados la semana pasada. Sobre la mesa sigue estando incluso la posibilidad de una operación terrestre para tomar puntos clave como la isla de Jark o la costa iraní en Ormuz, aunque la Casa Blanca aseguró que por ahora no existe un plan para entrar en territorio iraní. Esa posibilidad supondría una escalada mayor, con alto riesgo militar y político para Trump, que afronta una guerra más larga de lo prometido, con fracturas dentro de su propio campo y con elecciones legislativas en otoño.En ese contexto, la amenaza sobre Rota y Morón adquiere un valor estratégico mucho mayor, dada la creciente cercanía a Marruecos en años recientes. No se trata de instalaciones estadounidenses en suelo ajeno en sentido estricto. Son bases españolas de uso compartido, reguladas por el Convenio de Cooperación para la Defensa entre España y Estados Unidos. La soberanía sigue siendo española y el marco bilateral da a Madrid capacidad para autorizar o vetar usos concretos de esas instalaciones. Eso fue precisamente lo que ocurrió a comienzos de marzo, cuando el Gobierno de Pedro Sánchez negó a Washington el uso de ambas bases para operaciones ligadas a los ataques contra Irán. Como consecuencia, quince aeronaves militares estadounidenses, en su mayoría aviones cisterna KC-135, abandonaron Rota y Morón y fueron reubicadas en otros puntos de Europa.La importancia de esas bases para Estados Unidos va mucho más allá del choque actual. Rota alberga destructores estadounidenses equipados con el sistema Aegis, una pieza clave del escudo antimisiles de la OTAN en Europa. Morón funciona como una gran plataforma logística para repostaje aéreo, tránsito intercontinental y proyección de fuerzas hacia África y Oriente Próximo. Por eso la amenaza de retirada tiene, de momento, más carga política que militar inmediata. Desmantelar o trasladar esa presencia exigiría renegociar un marco bilateral asentado desde hace décadas. Pero el hecho de que Trump avale públicamente la petición de Graham convierte una queja de un senador en presión directa de la Casa Blanca sobre uno de los principales pilares de la relación estratégica entre Madrid y Washington.Cualquier cambio de fondo en ese esquema exigiría pasos formales en ambos países. En España, cualquier modificación relevante del convenio bilateral o de sus protocolos de enmienda pasa por el Gobierno y, cuando implica obligarse internacionalmente o alterar el marco vigente, requiere la autorización de las Cortes Generales para su ratificación. Eso ya ha ocurrido en el pasado con las modificaciones del convenio de defensa.En Estados Unidos, el acuerdo lo gestiona el poder ejecutivo. Si hubiera que modificar el marco bilateral, la parte estadounidense la tramitaría la Administración. El Congreso puede influir políticamente, presionar con el presupuesto o condicionar determinadas decisiones, pero no es el Capitolio quien debe aprobar por sí solo cada medida operativa sobre Rota o Morón. Lo que hoy existe, por tanto, no es una decisión cerrada, sino una amenaza política de primer nivel: Trump ha colocado por primera vez de forma explícita las bases en España dentro de su represalia contra un aliado que se niega a seguirle en la guerra de Irán. Donald Trump considera acertada la petición de retirar las bases estadounidenses de España. Preguntado por ABC sobre la propuesta del senador republicano Lindsey Graham de sacar de territorio español instalaciones como Rota y Morón tras el choque con el Gobierno de Pedro Sánchez por la guerra de Irán, el presidente ha respondido: «Tiene razón». Ha añadido: «Hace bien en plantearlo. Deberían ayudar con el estrecho. Gran parte de su petróleo pasa por el estrecho de Ormuz». Trump ha ido más allá y ha situado esa idea dentro de un deterioro más amplio del apoyo a la OTAN en las filas republicanas. «El senador Graham era uno de los grandes apoyos de la OTAN y ya no lo es. Y no es el único: hay muchos senadores que ya no lo son porque la OTAN no hace nada».Sus palabras suponen un paso más en la escalada con España. Graham había pedido públicamente sacar de territorio español las bases utilizadas por Estados Unidos después de que Madrid rechazara autorizar el uso de Rota y Morón en operaciones ligadas al conflicto con Irán. «Si existe un compromiso bajo el artículo 5 de la OTAN, no deberíamos tener bases en un país que no nos deja utilizarlas», sostuvo el senador. Ahora Trump no solo respalda ese planteamiento, sino que lo asume como una opción legítima dentro de su pulso con varios aliados europeos que, a su juicio, no están respondiendo ni en Irán ni en la defensa de las rutas energéticas en Ormuz.Con el petróleo disparado y la gasolina en EE.UU. ya en 3,91 dólares por galón, el presidente atacó con dureza a sus socios por negarse a participar de forma concreta en la reapertura del estrecho y los llamó «cobardes» en su red social. También aseguró que, sin Estados Unidos, la OTAN es un «tigre de papel» y reprochó a sus aliados que no se sumaran a la guerra para frenar a Irán y que ahora se quejen del precio del crudo sin querer ayudar a abrir Ormuz, una operación que presentó como simple y de bajo riesgo.Noticia relacionada general No No Estados Unidos saca sus aviones de Morón y Rota tras negarse España a su uso contra Irán Pilar De la CuestaHasta ahora, la respuesta de los aliados ha sido limitada. Una declaración conjunta firmada por Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón se limitó a condenar el bloqueo, pedir la reapertura y expresar una disposición genérica a contribuir a la seguridad del paso, sin comprometer ninguna acción militar concreta. España quedó fuera de esa declaración, lo que aumentó aún más el malestar en Washington.El cierre de Ormuz se ha convertido en el principal problema político y económico para Trump desde el inicio de la guerra. Aunque EE.UU. e Israel han debilitado militarmente a Irán, Teherán mantiene capacidad para atacar petroleros con drones y minas marítimas y para seguir bloqueando el tráfico por una ruta por la que pasa una quinta parte del crudo mundial. Esa presión sobre el mercado energético ha colocado a la Casa Blanca ante un coste político creciente, con un aumento del precio de la gasolina que golpea directamente al consumidor estadounidense.El Pentágono intensificó este viernes sus operaciones para degradar esa amenaza y ordenó además el despliegue de otros 2.500 marines, que se sumarán a los 2.500 ya enviados la semana pasada. Sobre la mesa sigue estando incluso la posibilidad de una operación terrestre para tomar puntos clave como la isla de Jark o la costa iraní en Ormuz, aunque la Casa Blanca aseguró que por ahora no existe un plan para entrar en territorio iraní. Esa posibilidad supondría una escalada mayor, con alto riesgo militar y político para Trump, que afronta una guerra más larga de lo prometido, con fracturas dentro de su propio campo y con elecciones legislativas en otoño.En ese contexto, la amenaza sobre Rota y Morón adquiere un valor estratégico mucho mayor, dada la creciente cercanía a Marruecos en años recientes. No se trata de instalaciones estadounidenses en suelo ajeno en sentido estricto. Son bases españolas de uso compartido, reguladas por el Convenio de Cooperación para la Defensa entre España y Estados Unidos. La soberanía sigue siendo española y el marco bilateral da a Madrid capacidad para autorizar o vetar usos concretos de esas instalaciones. Eso fue precisamente lo que ocurrió a comienzos de marzo, cuando el Gobierno de Pedro Sánchez negó a Washington el uso de ambas bases para operaciones ligadas a los ataques contra Irán. Como consecuencia, quince aeronaves militares estadounidenses, en su mayoría aviones cisterna KC-135, abandonaron Rota y Morón y fueron reubicadas en otros puntos de Europa.La importancia de esas bases para Estados Unidos va mucho más allá del choque actual. Rota alberga destructores estadounidenses equipados con el sistema Aegis, una pieza clave del escudo antimisiles de la OTAN en Europa. Morón funciona como una gran plataforma logística para repostaje aéreo, tránsito intercontinental y proyección de fuerzas hacia África y Oriente Próximo. Por eso la amenaza de retirada tiene, de momento, más carga política que militar inmediata. Desmantelar o trasladar esa presencia exigiría renegociar un marco bilateral asentado desde hace décadas. Pero el hecho de que Trump avale públicamente la petición de Graham convierte una queja de un senador en presión directa de la Casa Blanca sobre uno de los principales pilares de la relación estratégica entre Madrid y Washington.Cualquier cambio de fondo en ese esquema exigiría pasos formales en ambos países. En España, cualquier modificación relevante del convenio bilateral o de sus protocolos de enmienda pasa por el Gobierno y, cuando implica obligarse internacionalmente o alterar el marco vigente, requiere la autorización de las Cortes Generales para su ratificación. Eso ya ha ocurrido en el pasado con las modificaciones del convenio de defensa.En Estados Unidos, el acuerdo lo gestiona el poder ejecutivo. Si hubiera que modificar el marco bilateral, la parte estadounidense la tramitaría la Administración. El Congreso puede influir políticamente, presionar con el presupuesto o condicionar determinadas decisiones, pero no es el Capitolio quien debe aprobar por sí solo cada medida operativa sobre Rota o Morón. Lo que hoy existe, por tanto, no es una decisión cerrada, sino una amenaza política de primer nivel: Trump ha colocado por primera vez de forma explícita las bases en España dentro de su represalia contra un aliado que se niega a seguirle en la guerra de Irán. Donald Trump considera acertada la petición de retirar las bases estadounidenses de España. Preguntado por ABC sobre la propuesta del senador republicano Lindsey Graham de sacar de territorio español instalaciones como Rota y Morón tras el choque con el Gobierno de Pedro Sánchez por la guerra de Irán, el presidente ha respondido: «Tiene razón». Ha añadido: «Hace bien en plantearlo. Deberían ayudar con el estrecho. Gran parte de su petróleo pasa por el estrecho de Ormuz». Trump ha ido más allá y ha situado esa idea dentro de un deterioro más amplio del apoyo a la OTAN en las filas republicanas. «El senador Graham era uno de los grandes apoyos de la OTAN y ya no lo es. Y no es el único: hay muchos senadores que ya no lo son porque la OTAN no hace nada».Sus palabras suponen un paso más en la escalada con España. Graham había pedido públicamente sacar de territorio español las bases utilizadas por Estados Unidos después de que Madrid rechazara autorizar el uso de Rota y Morón en operaciones ligadas al conflicto con Irán. «Si existe un compromiso bajo el artículo 5 de la OTAN, no deberíamos tener bases en un país que no nos deja utilizarlas», sostuvo el senador. Ahora Trump no solo respalda ese planteamiento, sino que lo asume como una opción legítima dentro de su pulso con varios aliados europeos que, a su juicio, no están respondiendo ni en Irán ni en la defensa de las rutas energéticas en Ormuz.Con el petróleo disparado y la gasolina en EE.UU. ya en 3,91 dólares por galón, el presidente atacó con dureza a sus socios por negarse a participar de forma concreta en la reapertura del estrecho y los llamó «cobardes» en su red social. También aseguró que, sin Estados Unidos, la OTAN es un «tigre de papel» y reprochó a sus aliados que no se sumaran a la guerra para frenar a Irán y que ahora se quejen del precio del crudo sin querer ayudar a abrir Ormuz, una operación que presentó como simple y de bajo riesgo.Noticia relacionada general No No Estados Unidos saca sus aviones de Morón y Rota tras negarse España a su uso contra Irán Pilar De la CuestaHasta ahora, la respuesta de los aliados ha sido limitada. Una declaración conjunta firmada por Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón se limitó a condenar el bloqueo, pedir la reapertura y expresar una disposición genérica a contribuir a la seguridad del paso, sin comprometer ninguna acción militar concreta. España quedó fuera de esa declaración, lo que aumentó aún más el malestar en Washington.El cierre de Ormuz se ha convertido en el principal problema político y económico para Trump desde el inicio de la guerra. Aunque EE.UU. e Israel han debilitado militarmente a Irán, Teherán mantiene capacidad para atacar petroleros con drones y minas marítimas y para seguir bloqueando el tráfico por una ruta por la que pasa una quinta parte del crudo mundial. Esa presión sobre el mercado energético ha colocado a la Casa Blanca ante un coste político creciente, con un aumento del precio de la gasolina que golpea directamente al consumidor estadounidense.El Pentágono intensificó este viernes sus operaciones para degradar esa amenaza y ordenó además el despliegue de otros 2.500 marines, que se sumarán a los 2.500 ya enviados la semana pasada. Sobre la mesa sigue estando incluso la posibilidad de una operación terrestre para tomar puntos clave como la isla de Jark o la costa iraní en Ormuz, aunque la Casa Blanca aseguró que por ahora no existe un plan para entrar en territorio iraní. Esa posibilidad supondría una escalada mayor, con alto riesgo militar y político para Trump, que afronta una guerra más larga de lo prometido, con fracturas dentro de su propio campo y con elecciones legislativas en otoño.En ese contexto, la amenaza sobre Rota y Morón adquiere un valor estratégico mucho mayor, dada la creciente cercanía a Marruecos en años recientes. No se trata de instalaciones estadounidenses en suelo ajeno en sentido estricto. Son bases españolas de uso compartido, reguladas por el Convenio de Cooperación para la Defensa entre España y Estados Unidos. La soberanía sigue siendo española y el marco bilateral da a Madrid capacidad para autorizar o vetar usos concretos de esas instalaciones. Eso fue precisamente lo que ocurrió a comienzos de marzo, cuando el Gobierno de Pedro Sánchez negó a Washington el uso de ambas bases para operaciones ligadas a los ataques contra Irán. Como consecuencia, quince aeronaves militares estadounidenses, en su mayoría aviones cisterna KC-135, abandonaron Rota y Morón y fueron reubicadas en otros puntos de Europa.La importancia de esas bases para Estados Unidos va mucho más allá del choque actual. Rota alberga destructores estadounidenses equipados con el sistema Aegis, una pieza clave del escudo antimisiles de la OTAN en Europa. Morón funciona como una gran plataforma logística para repostaje aéreo, tránsito intercontinental y proyección de fuerzas hacia África y Oriente Próximo. Por eso la amenaza de retirada tiene, de momento, más carga política que militar inmediata. Desmantelar o trasladar esa presencia exigiría renegociar un marco bilateral asentado desde hace décadas. Pero el hecho de que Trump avale públicamente la petición de Graham convierte una queja de un senador en presión directa de la Casa Blanca sobre uno de los principales pilares de la relación estratégica entre Madrid y Washington.Cualquier cambio de fondo en ese esquema exigiría pasos formales en ambos países. En España, cualquier modificación relevante del convenio bilateral o de sus protocolos de enmienda pasa por el Gobierno y, cuando implica obligarse internacionalmente o alterar el marco vigente, requiere la autorización de las Cortes Generales para su ratificación. Eso ya ha ocurrido en el pasado con las modificaciones del convenio de defensa.En Estados Unidos, el acuerdo lo gestiona el poder ejecutivo. Si hubiera que modificar el marco bilateral, la parte estadounidense la tramitaría la Administración. El Congreso puede influir políticamente, presionar con el presupuesto o condicionar determinadas decisiones, pero no es el Capitolio quien debe aprobar por sí solo cada medida operativa sobre Rota o Morón. Lo que hoy existe, por tanto, no es una decisión cerrada, sino una amenaza política de primer nivel: Trump ha colocado por primera vez de forma explícita las bases en España dentro de su represalia contra un aliado que se niega a seguirle en la guerra de Irán. RSS de noticias de espana
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