<p>Faltan todavía un par de horas para que amanezca en Augusta y cientos de aficionados caminan como zombies en la oscuridad a lo largo de Washington Road, uniformados con bermudas, gorra de béisbol y, sobre todo, mucha ilusión. El Masters de Augusta es uno de los acontecimientos más exclusivos. Y su lotería, donde cada año se reparten entradas, es uno de los misterios que envuelve al torneo. Lo cierto es que la inmensa mayoría de los 40.000 espectadores que acude cada año tiene que conseguir su entrada en el mercado negro y someterse a las restricciones, normas anacrónicas y tradiciones del club más hermético del mundo. Este año EL MUNDO ha querido ser uno más, un patrón, como se denomina aquí a los espectadores, y vivir la experiencia.</p>
Así es la experiencia como aficionado en el prestigioso torneo, con sus normas anacrónicas y restricciones, donde las entradas se consiguen en el mercado negro y cuestan unos 4.500 dólares por día.
<p>Faltan todavía un par de horas para que amanezca en Augusta y cientos de aficionados caminan como zombies en la oscuridad a lo largo de Washington Road, uniformados con bermudas, gorra de béisbol y, sobre todo, mucha ilusión. El Masters de Augusta es uno de los acontecimientos más exclusivos. Y su lotería, donde cada año se reparten entradas, es uno de los misterios que envuelve al torneo. Lo cierto es que la inmensa mayoría de los 40.000 espectadores que acude cada año tiene que conseguir su entrada en el mercado negro y someterse a las restricciones, normas anacrónicas y tradiciones del club más hermético del mundo. Este año EL MUNDO ha querido ser uno más, un patrón, como se denomina aquí a los espectadores, y vivir la experiencia.</p>
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