La adaptación al horario de verano suele conseguirse en un plazo de tres a siete días, un periodo suficiente para que el organismo reajuste el ritmo circadiano de manera natural y progresiva. Esta transición es leve para la mayoría, pero los especialistas recuerdan que las personas con patología cardiovascular o diabetes pueden requerir una observación más detallada.De este modo, la enfermera adjunta de Medicina Interna y Aparato Locomotor del Hospital La Fe, Carmen Montaner, ha señalado que adelantar la hora de acostarse entre 15 y 20 minutos, los días previos, facilita una sincronización suave del organismo.Según los expertos, esta preparación, unida a una higiene del sueño con medidas como reducir el uso de pantallas por la noche, moderar el consumo de cafeína y alcohol, mantener horarios estables y evitar siestas prolongadas, contribuye a lograr un descanso más reparador. Así mismo, se recomienda actividad física moderada y rutinas de relajación para acompañar el cambio.MÁS INFORMACIÓN noticia Si El Hospital La Fe se convierte en Unidad de Referencia de Enfermedad Renal en trasplantados de órgano sólido no renalAsimismo, Montaner ha explicado que es posible experimentar ligeras variaciones en el ánimo o en la energía, efectos que tienden a desaparecer de forma espontánea en pocos días. También ha sugerido mejorar la iluminación nocturna y respetar horarios de sueño regulares para prevenir caídas, especialmente en personas mayores o con movilidad reducida. En casos de mayor vulnerabilidad puede aparecer el denominado ‘síndrome del ocaso’, que provoca confusión o desorientación al final del día.Por su parte, el jefe del servicio de Medicina Interna, José Antonio Todolí, ha apuntado que el cambio horario puede ser un buen momento para reforzar el cuidado en pacientes con patologías cardiovasculares, así como pacientes con diabetes. En concreto, ha abogado por un control más estrecho de la glucemia durante la semana posterior al cambio horario, ya que las variaciones en el sueño y la alimentación pueden modificar los niveles de azúcar.Los profesionales han insistido en la importancia de que familiares y cuidadores mantengan rutinas estables, aseguren una buena iluminación nocturna para evitar caídas y desaconsejan la toma de inductores del sueño sin indicación médica.En el ámbito hospitalario, durante estos días se ajustan los horarios de medicación, la supervisión de la fluidoterapia y de la diuresis, así como la agrupación de intervenciones, con el fin de favorecer un descanso continuo y seguro para los pacientes. La adaptación al horario de verano suele conseguirse en un plazo de tres a siete días, un periodo suficiente para que el organismo reajuste el ritmo circadiano de manera natural y progresiva. Esta transición es leve para la mayoría, pero los especialistas recuerdan que las personas con patología cardiovascular o diabetes pueden requerir una observación más detallada.De este modo, la enfermera adjunta de Medicina Interna y Aparato Locomotor del Hospital La Fe, Carmen Montaner, ha señalado que adelantar la hora de acostarse entre 15 y 20 minutos, los días previos, facilita una sincronización suave del organismo.Según los expertos, esta preparación, unida a una higiene del sueño con medidas como reducir el uso de pantallas por la noche, moderar el consumo de cafeína y alcohol, mantener horarios estables y evitar siestas prolongadas, contribuye a lograr un descanso más reparador. Así mismo, se recomienda actividad física moderada y rutinas de relajación para acompañar el cambio.MÁS INFORMACIÓN noticia Si El Hospital La Fe se convierte en Unidad de Referencia de Enfermedad Renal en trasplantados de órgano sólido no renalAsimismo, Montaner ha explicado que es posible experimentar ligeras variaciones en el ánimo o en la energía, efectos que tienden a desaparecer de forma espontánea en pocos días. También ha sugerido mejorar la iluminación nocturna y respetar horarios de sueño regulares para prevenir caídas, especialmente en personas mayores o con movilidad reducida. En casos de mayor vulnerabilidad puede aparecer el denominado ‘síndrome del ocaso’, que provoca confusión o desorientación al final del día.Por su parte, el jefe del servicio de Medicina Interna, José Antonio Todolí, ha apuntado que el cambio horario puede ser un buen momento para reforzar el cuidado en pacientes con patologías cardiovasculares, así como pacientes con diabetes. En concreto, ha abogado por un control más estrecho de la glucemia durante la semana posterior al cambio horario, ya que las variaciones en el sueño y la alimentación pueden modificar los niveles de azúcar.Los profesionales han insistido en la importancia de que familiares y cuidadores mantengan rutinas estables, aseguren una buena iluminación nocturna para evitar caídas y desaconsejan la toma de inductores del sueño sin indicación médica.En el ámbito hospitalario, durante estos días se ajustan los horarios de medicación, la supervisión de la fluidoterapia y de la diuresis, así como la agrupación de intervenciones, con el fin de favorecer un descanso continuo y seguro para los pacientes. La adaptación al horario de verano suele conseguirse en un plazo de tres a siete días, un periodo suficiente para que el organismo reajuste el ritmo circadiano de manera natural y progresiva. Esta transición es leve para la mayoría, pero los especialistas recuerdan que las personas con patología cardiovascular o diabetes pueden requerir una observación más detallada.De este modo, la enfermera adjunta de Medicina Interna y Aparato Locomotor del Hospital La Fe, Carmen Montaner, ha señalado que adelantar la hora de acostarse entre 15 y 20 minutos, los días previos, facilita una sincronización suave del organismo.Según los expertos, esta preparación, unida a una higiene del sueño con medidas como reducir el uso de pantallas por la noche, moderar el consumo de cafeína y alcohol, mantener horarios estables y evitar siestas prolongadas, contribuye a lograr un descanso más reparador. Así mismo, se recomienda actividad física moderada y rutinas de relajación para acompañar el cambio.MÁS INFORMACIÓN noticia Si El Hospital La Fe se convierte en Unidad de Referencia de Enfermedad Renal en trasplantados de órgano sólido no renalAsimismo, Montaner ha explicado que es posible experimentar ligeras variaciones en el ánimo o en la energía, efectos que tienden a desaparecer de forma espontánea en pocos días. También ha sugerido mejorar la iluminación nocturna y respetar horarios de sueño regulares para prevenir caídas, especialmente en personas mayores o con movilidad reducida. En casos de mayor vulnerabilidad puede aparecer el denominado ‘síndrome del ocaso’, que provoca confusión o desorientación al final del día.Por su parte, el jefe del servicio de Medicina Interna, José Antonio Todolí, ha apuntado que el cambio horario puede ser un buen momento para reforzar el cuidado en pacientes con patologías cardiovasculares, así como pacientes con diabetes. En concreto, ha abogado por un control más estrecho de la glucemia durante la semana posterior al cambio horario, ya que las variaciones en el sueño y la alimentación pueden modificar los niveles de azúcar.Los profesionales han insistido en la importancia de que familiares y cuidadores mantengan rutinas estables, aseguren una buena iluminación nocturna para evitar caídas y desaconsejan la toma de inductores del sueño sin indicación médica.En el ámbito hospitalario, durante estos días se ajustan los horarios de medicación, la supervisión de la fluidoterapia y de la diuresis, así como la agrupación de intervenciones, con el fin de favorecer un descanso continuo y seguro para los pacientes. RSS de noticias de espana
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