Santorini es una de las islas volcánicas más extraordinarias del planeta. Sus atardeceres de ensueño, sus edificios encalados suspendidos sobre la caldera, su rica gastronomía y sus yacimientos arqueológicos milenarios la han convertido en uno de los destinos turísticos más codiciados del Mediterráneo. Ese éxito tiene, sin embargo, un coste desmesurado: con apenas 15.500 habitantes, Santorini recibe cada año cerca de tres millones de turistas , lo que la sitúa entre los destinos más saturados de Grecia. Para aliviar esa presión, desde 2025 la isla limita a 8.000 el número diario de cruceristas y aplica una tasa de 20 euros a quienes desembarquen durante la temporada alta. La mayoría de los cruceros fondeaban frente al puerto de Fira y los pasajeros accedían a la capital de la isla en teleférico, a pie o en mula, mientras que en el puerto de Athinios atracaban, principalmente, los ferris. Este sistema favorecía la actividad del comercio local de Fira y generaba ingresos para la entidad que gestiona el teleférico y que se invertían en proyectos para las comunidades de Santorini . La batalla por los cruceristasLa intensa actividad sísmica registrada en 2025 obligó al cierre temporal del puerto de Fira y todos los cruceros comenzaron a atracar en Athinios. Cuando el pasado mes de mayo el puerto volvió a funcionar, la Autoridad Portuaria de la isla aprobó una regulación para repartir las escalas: el 70% de los cruceros desembarcarían en Fira y el 30% en Athinios. La medida ha puesto en pie de guerra a parte del sector turístico, especialmente a las empresas de autocares, que consideran la medida un ataque directo a sus intereses económicos. A principios de verano, el sector convocó una huelga de 24 horas que obligó a cancelar todas las escalas previstas para esa jornada , y unas 8.000 personas no pudieron desembarcar durante el parón en la isla. Según explica a ABC el alcalde de Santorini, Nikos Zorzos, antes de los terremotos la proporción de desembarcos era parecida, aunque no existía ninguna norma. El problema es que esa solución provisional «generó un nuevo hábito entre las compañías en los puertos que decidieron, sin la aprobación del Ayuntamiento ni la Autoridad Portuaria municipal, desembarcar a la mayoría de los pasajeros en Athinios». Zorzos considera que la nueva regulación está funcionando «de forma satisfactoria», y matiza que, en las condiciones actuales, la distribución real de los visitantes se aproxima a un 50%-50% porque muchos de los cruceristas que desembarcan en Fira se desplazan a Athinios.El nuevo modelo convierte a Santorini en un «mero centro de tránsito», incrementa la presión sobre la isla y aporta un menor beneficio económicoManolis Koroniós, presidente de la Asociación de Agencias de Viajes y Empresas de Autobuses de Santorini, explica a este diario que la nueva regulación ha reducido las reservas de excursiones y perjudica también la experiencia de los pasajeros que deben soportar largas colas para acceder al teleférico y caminar más de un kilómetro hasta el aparcamiento de los autobuses turísticos: «Como consecuencia de ese retraso, pierden tiempo de su visita». Koroniós propone diferenciar entre quienes quieren recorrer la isla por libre y quienes han contratado una excursión organizada. En este último caso, considera que los cruceristas deberían desembarcar directamente en Athinios para acceder al autobús. Pese al malestar del sector, no se han convocado más huelgas durante el verano: «Nuestra prioridad es el bienestar de los visitantes y no queremos causarles más inconvenientes. Seguimos dialogando con las autoridades para encontrar una solución que permita mejorar la experiencia de los turistas sin perjudicar la actividad económica de la isla».Los empresarios hoteleros y de hostelería, sin embargo, tienen una visión diferente a la de Koroniós. Según ellos, durante el cierre de Fira las compañías de cruceros, ferris y autocares comprobaron que operar desde Athinios les permitía controlar los desplazamientos de los visitantes y captar buena parte del gasto que antes generaba el acceso a Fira mediante el teleférico. Cuando el turista deja de elegirEste sector también denuncia la proliferación de excursiones de un día organizadas desde Creta que, según afirman, permiten a algunas compañías de ferris eludir la tasa aplicada a los cruceristas. A su juicio, este modelo convierte a Santorini en un «mero centro de tránsito», incrementa la presión sobre la isla y aporta un menor beneficio económico. Además, según el empresario, «supone un problema porque infla las cifras de visitantes cuando en realidad estos turistas solo permanecen unas horas». Según los isleños, esta nueva actividad genera importantes problemas de movilidad y una fuerte presión sobre algunos núcleos históricos. A mediodía, por ejemplo, una quincena de autocares turísticos llega a la localidad de Pyrgos, uno de los pueblos medievales mejor conservados de Santorini. Durante pocas horas, sus estrechas calles quedan colapsadas por grupos organizados que abandonan la localidad.Las colas que se registran en determinados momentos del día en el teleférico han dado pie a la proliferación de internet ofertas para «saltarse a cola» (skip the line), con servicios de transporte desde el puerto y traslados en lancha y que, según denuncian desde la isla, operan al margen de la normativa. Una playa para los cruceristasOtra de las polémicas recientes es la apertura del Royal Beach Club Santorini, un establecimiento situado en la playa volcánica de Vlychada y gestionado por la empresa de cruceros Royal Caribbean Cruises. La compañía lo presenta en su web como «la forma más sencilla de disfrutar de lo mejor de la isla», e incluye transporte gratuito desde le barco, «los mejores sabores del Mediterráneo» y tumbonas a la sombra «con vistas infinitas al mar Egeo». El acceso al establecimiento está reservado a los pasajeros de sus cruceros y, «según disponibilidad», a residentes griegos.El Ayuntamiento de Santorini ha presentado una denuncia ante las autoridades competentes al considerar que el establecimiento podría estar funcionando de manera irregular. Además, los vecinos y empresarios denuncian que el acceso al público a la playa se está viendo limitado, convirtiendo un espacio público en una playa privada. El reto del turismo lentoSegún Georgia Nomikú, concejal de Turismo de Santorini, este modelo turístico deja en la isla «las cosas malas pero no las buenas», es decir, la comunidad local y la economía de Santorini obtienen muy pocos beneficios, mientras permanecen los efectos negativos asociados al turismo de masas como los residuos, la congestión del tráfico y, en general, la concentración masiva de visitantes en determinados puntos de la isla.El empresario hotelero Antonis Patrikiános, por su parte, defiende que Santorini y el resto de las Cícladas deben consolidarse como destinos «boutique», orientados a un visitante interesado en «adoptar la filosofía del ‘slow tourism’ (turismo lento)» propio de estas islas y en descubrir su cultura, su gastronomía y su hospitalidad. «El pasajero de crucero que entra en un tour en autocar no tiene ningún contacto con el paisaje; se desplaza constantemente por lugares saturados, vive con el estrés continuo de los horarios de embarque y desembarque y no obtiene ninguna experiencia memorable de la isla», sostiene. El empresario lamenta que, en lugar de apostar por «un producto turístico selectivo y de alta calidad», se persiguen cifras que carecen de sentido: «Los datos anuales de llegadas que publica la Organización Nacional de Turismo de Grecia dan la impresión de que medimos volumen y no valor. Reflejan un modelo que sigue insistiendo en la cantidad, cuando lo que realmente buscamos es la calidad».La Concejalía de Turismo trabaja desde hace dos años para reforzar esa imagen de un destino más sostenible, poniendo en valor el patrimonio cultural, el entorno natural y la gastronomía. Gracias a esta estrategia, la isla ha sido incluida por primera vez en la Guía Michelin. Nomikú sabe que cambiar la imagen turística de Santorini, vinculada a estereotipos difíciles de modificar, es un reto complejo y que requerirá tiempo y constancia: «Es mucho más fácil construir la marca de un destino todavía desconocido que reinventar la de uno ya consolidado. Aunque, en realidad, no se trata de cambiar su identidad, sino de potenciar sus mejores atributos. Ahí reside el verdadero reto: poner en valor la esencia que el destino ya posee. Y eso, precisamente, es lo más difícil».Zorzos considera compatibles los distintos perfiles de turistas siempre que exista una planificación adecuada: «Preferimos a los visitantes que pernocten en la isla. Sin embargo, los cruceristas, cuando se mantienen dentro del límite de 8.000 personas al día, no generan problemas en la isla». Santorini es una de las islas volcánicas más extraordinarias del planeta. Sus atardeceres de ensueño, sus edificios encalados suspendidos sobre la caldera, su rica gastronomía y sus yacimientos arqueológicos milenarios la han convertido en uno de los destinos turísticos más codiciados del Mediterráneo. Ese éxito tiene, sin embargo, un coste desmesurado: con apenas 15.500 habitantes, Santorini recibe cada año cerca de tres millones de turistas , lo que la sitúa entre los destinos más saturados de Grecia. Para aliviar esa presión, desde 2025 la isla limita a 8.000 el número diario de cruceristas y aplica una tasa de 20 euros a quienes desembarquen durante la temporada alta. La mayoría de los cruceros fondeaban frente al puerto de Fira y los pasajeros accedían a la capital de la isla en teleférico, a pie o en mula, mientras que en el puerto de Athinios atracaban, principalmente, los ferris. Este sistema favorecía la actividad del comercio local de Fira y generaba ingresos para la entidad que gestiona el teleférico y que se invertían en proyectos para las comunidades de Santorini . La batalla por los cruceristasLa intensa actividad sísmica registrada en 2025 obligó al cierre temporal del puerto de Fira y todos los cruceros comenzaron a atracar en Athinios. Cuando el pasado mes de mayo el puerto volvió a funcionar, la Autoridad Portuaria de la isla aprobó una regulación para repartir las escalas: el 70% de los cruceros desembarcarían en Fira y el 30% en Athinios. La medida ha puesto en pie de guerra a parte del sector turístico, especialmente a las empresas de autocares, que consideran la medida un ataque directo a sus intereses económicos. A principios de verano, el sector convocó una huelga de 24 horas que obligó a cancelar todas las escalas previstas para esa jornada , y unas 8.000 personas no pudieron desembarcar durante el parón en la isla. Según explica a ABC el alcalde de Santorini, Nikos Zorzos, antes de los terremotos la proporción de desembarcos era parecida, aunque no existía ninguna norma. El problema es que esa solución provisional «generó un nuevo hábito entre las compañías en los puertos que decidieron, sin la aprobación del Ayuntamiento ni la Autoridad Portuaria municipal, desembarcar a la mayoría de los pasajeros en Athinios». Zorzos considera que la nueva regulación está funcionando «de forma satisfactoria», y matiza que, en las condiciones actuales, la distribución real de los visitantes se aproxima a un 50%-50% porque muchos de los cruceristas que desembarcan en Fira se desplazan a Athinios.El nuevo modelo convierte a Santorini en un «mero centro de tránsito», incrementa la presión sobre la isla y aporta un menor beneficio económicoManolis Koroniós, presidente de la Asociación de Agencias de Viajes y Empresas de Autobuses de Santorini, explica a este diario que la nueva regulación ha reducido las reservas de excursiones y perjudica también la experiencia de los pasajeros que deben soportar largas colas para acceder al teleférico y caminar más de un kilómetro hasta el aparcamiento de los autobuses turísticos: «Como consecuencia de ese retraso, pierden tiempo de su visita». Koroniós propone diferenciar entre quienes quieren recorrer la isla por libre y quienes han contratado una excursión organizada. En este último caso, considera que los cruceristas deberían desembarcar directamente en Athinios para acceder al autobús. Pese al malestar del sector, no se han convocado más huelgas durante el verano: «Nuestra prioridad es el bienestar de los visitantes y no queremos causarles más inconvenientes. Seguimos dialogando con las autoridades para encontrar una solución que permita mejorar la experiencia de los turistas sin perjudicar la actividad económica de la isla».Los empresarios hoteleros y de hostelería, sin embargo, tienen una visión diferente a la de Koroniós. Según ellos, durante el cierre de Fira las compañías de cruceros, ferris y autocares comprobaron que operar desde Athinios les permitía controlar los desplazamientos de los visitantes y captar buena parte del gasto que antes generaba el acceso a Fira mediante el teleférico. Cuando el turista deja de elegirEste sector también denuncia la proliferación de excursiones de un día organizadas desde Creta que, según afirman, permiten a algunas compañías de ferris eludir la tasa aplicada a los cruceristas. A su juicio, este modelo convierte a Santorini en un «mero centro de tránsito», incrementa la presión sobre la isla y aporta un menor beneficio económico. Además, según el empresario, «supone un problema porque infla las cifras de visitantes cuando en realidad estos turistas solo permanecen unas horas». Según los isleños, esta nueva actividad genera importantes problemas de movilidad y una fuerte presión sobre algunos núcleos históricos. A mediodía, por ejemplo, una quincena de autocares turísticos llega a la localidad de Pyrgos, uno de los pueblos medievales mejor conservados de Santorini. Durante pocas horas, sus estrechas calles quedan colapsadas por grupos organizados que abandonan la localidad.Las colas que se registran en determinados momentos del día en el teleférico han dado pie a la proliferación de internet ofertas para «saltarse a cola» (skip the line), con servicios de transporte desde el puerto y traslados en lancha y que, según denuncian desde la isla, operan al margen de la normativa. Una playa para los cruceristasOtra de las polémicas recientes es la apertura del Royal Beach Club Santorini, un establecimiento situado en la playa volcánica de Vlychada y gestionado por la empresa de cruceros Royal Caribbean Cruises. La compañía lo presenta en su web como «la forma más sencilla de disfrutar de lo mejor de la isla», e incluye transporte gratuito desde le barco, «los mejores sabores del Mediterráneo» y tumbonas a la sombra «con vistas infinitas al mar Egeo». El acceso al establecimiento está reservado a los pasajeros de sus cruceros y, «según disponibilidad», a residentes griegos.El Ayuntamiento de Santorini ha presentado una denuncia ante las autoridades competentes al considerar que el establecimiento podría estar funcionando de manera irregular. Además, los vecinos y empresarios denuncian que el acceso al público a la playa se está viendo limitado, convirtiendo un espacio público en una playa privada. El reto del turismo lentoSegún Georgia Nomikú, concejal de Turismo de Santorini, este modelo turístico deja en la isla «las cosas malas pero no las buenas», es decir, la comunidad local y la economía de Santorini obtienen muy pocos beneficios, mientras permanecen los efectos negativos asociados al turismo de masas como los residuos, la congestión del tráfico y, en general, la concentración masiva de visitantes en determinados puntos de la isla.El empresario hotelero Antonis Patrikiános, por su parte, defiende que Santorini y el resto de las Cícladas deben consolidarse como destinos «boutique», orientados a un visitante interesado en «adoptar la filosofía del ‘slow tourism’ (turismo lento)» propio de estas islas y en descubrir su cultura, su gastronomía y su hospitalidad. «El pasajero de crucero que entra en un tour en autocar no tiene ningún contacto con el paisaje; se desplaza constantemente por lugares saturados, vive con el estrés continuo de los horarios de embarque y desembarque y no obtiene ninguna experiencia memorable de la isla», sostiene. El empresario lamenta que, en lugar de apostar por «un producto turístico selectivo y de alta calidad», se persiguen cifras que carecen de sentido: «Los datos anuales de llegadas que publica la Organización Nacional de Turismo de Grecia dan la impresión de que medimos volumen y no valor. Reflejan un modelo que sigue insistiendo en la cantidad, cuando lo que realmente buscamos es la calidad».La Concejalía de Turismo trabaja desde hace dos años para reforzar esa imagen de un destino más sostenible, poniendo en valor el patrimonio cultural, el entorno natural y la gastronomía. Gracias a esta estrategia, la isla ha sido incluida por primera vez en la Guía Michelin. Nomikú sabe que cambiar la imagen turística de Santorini, vinculada a estereotipos difíciles de modificar, es un reto complejo y que requerirá tiempo y constancia: «Es mucho más fácil construir la marca de un destino todavía desconocido que reinventar la de uno ya consolidado. Aunque, en realidad, no se trata de cambiar su identidad, sino de potenciar sus mejores atributos. Ahí reside el verdadero reto: poner en valor la esencia que el destino ya posee. Y eso, precisamente, es lo más difícil».Zorzos considera compatibles los distintos perfiles de turistas siempre que exista una planificación adecuada: «Preferimos a los visitantes que pernocten en la isla. Sin embargo, los cruceristas, cuando se mantienen dentro del límite de 8.000 personas al día, no generan problemas en la isla». Santorini es una de las islas volcánicas más extraordinarias del planeta. Sus atardeceres de ensueño, sus edificios encalados suspendidos sobre la caldera, su rica gastronomía y sus yacimientos arqueológicos milenarios la han convertido en uno de los destinos turísticos más codiciados del Mediterráneo. Ese éxito tiene, sin embargo, un coste desmesurado: con apenas 15.500 habitantes, Santorini recibe cada año cerca de tres millones de turistas , lo que la sitúa entre los destinos más saturados de Grecia. Para aliviar esa presión, desde 2025 la isla limita a 8.000 el número diario de cruceristas y aplica una tasa de 20 euros a quienes desembarquen durante la temporada alta. La mayoría de los cruceros fondeaban frente al puerto de Fira y los pasajeros accedían a la capital de la isla en teleférico, a pie o en mula, mientras que en el puerto de Athinios atracaban, principalmente, los ferris. Este sistema favorecía la actividad del comercio local de Fira y generaba ingresos para la entidad que gestiona el teleférico y que se invertían en proyectos para las comunidades de Santorini . La batalla por los cruceristasLa intensa actividad sísmica registrada en 2025 obligó al cierre temporal del puerto de Fira y todos los cruceros comenzaron a atracar en Athinios. Cuando el pasado mes de mayo el puerto volvió a funcionar, la Autoridad Portuaria de la isla aprobó una regulación para repartir las escalas: el 70% de los cruceros desembarcarían en Fira y el 30% en Athinios. La medida ha puesto en pie de guerra a parte del sector turístico, especialmente a las empresas de autocares, que consideran la medida un ataque directo a sus intereses económicos. A principios de verano, el sector convocó una huelga de 24 horas que obligó a cancelar todas las escalas previstas para esa jornada , y unas 8.000 personas no pudieron desembarcar durante el parón en la isla. Según explica a ABC el alcalde de Santorini, Nikos Zorzos, antes de los terremotos la proporción de desembarcos era parecida, aunque no existía ninguna norma. El problema es que esa solución provisional «generó un nuevo hábito entre las compañías en los puertos que decidieron, sin la aprobación del Ayuntamiento ni la Autoridad Portuaria municipal, desembarcar a la mayoría de los pasajeros en Athinios». Zorzos considera que la nueva regulación está funcionando «de forma satisfactoria», y matiza que, en las condiciones actuales, la distribución real de los visitantes se aproxima a un 50%-50% porque muchos de los cruceristas que desembarcan en Fira se desplazan a Athinios.El nuevo modelo convierte a Santorini en un «mero centro de tránsito», incrementa la presión sobre la isla y aporta un menor beneficio económicoManolis Koroniós, presidente de la Asociación de Agencias de Viajes y Empresas de Autobuses de Santorini, explica a este diario que la nueva regulación ha reducido las reservas de excursiones y perjudica también la experiencia de los pasajeros que deben soportar largas colas para acceder al teleférico y caminar más de un kilómetro hasta el aparcamiento de los autobuses turísticos: «Como consecuencia de ese retraso, pierden tiempo de su visita». Koroniós propone diferenciar entre quienes quieren recorrer la isla por libre y quienes han contratado una excursión organizada. En este último caso, considera que los cruceristas deberían desembarcar directamente en Athinios para acceder al autobús. Pese al malestar del sector, no se han convocado más huelgas durante el verano: «Nuestra prioridad es el bienestar de los visitantes y no queremos causarles más inconvenientes. Seguimos dialogando con las autoridades para encontrar una solución que permita mejorar la experiencia de los turistas sin perjudicar la actividad económica de la isla».Los empresarios hoteleros y de hostelería, sin embargo, tienen una visión diferente a la de Koroniós. Según ellos, durante el cierre de Fira las compañías de cruceros, ferris y autocares comprobaron que operar desde Athinios les permitía controlar los desplazamientos de los visitantes y captar buena parte del gasto que antes generaba el acceso a Fira mediante el teleférico. Cuando el turista deja de elegirEste sector también denuncia la proliferación de excursiones de un día organizadas desde Creta que, según afirman, permiten a algunas compañías de ferris eludir la tasa aplicada a los cruceristas. A su juicio, este modelo convierte a Santorini en un «mero centro de tránsito», incrementa la presión sobre la isla y aporta un menor beneficio económico. Además, según el empresario, «supone un problema porque infla las cifras de visitantes cuando en realidad estos turistas solo permanecen unas horas». Según los isleños, esta nueva actividad genera importantes problemas de movilidad y una fuerte presión sobre algunos núcleos históricos. A mediodía, por ejemplo, una quincena de autocares turísticos llega a la localidad de Pyrgos, uno de los pueblos medievales mejor conservados de Santorini. Durante pocas horas, sus estrechas calles quedan colapsadas por grupos organizados que abandonan la localidad.Las colas que se registran en determinados momentos del día en el teleférico han dado pie a la proliferación de internet ofertas para «saltarse a cola» (skip the line), con servicios de transporte desde el puerto y traslados en lancha y que, según denuncian desde la isla, operan al margen de la normativa. Una playa para los cruceristasOtra de las polémicas recientes es la apertura del Royal Beach Club Santorini, un establecimiento situado en la playa volcánica de Vlychada y gestionado por la empresa de cruceros Royal Caribbean Cruises. La compañía lo presenta en su web como «la forma más sencilla de disfrutar de lo mejor de la isla», e incluye transporte gratuito desde le barco, «los mejores sabores del Mediterráneo» y tumbonas a la sombra «con vistas infinitas al mar Egeo». El acceso al establecimiento está reservado a los pasajeros de sus cruceros y, «según disponibilidad», a residentes griegos.El Ayuntamiento de Santorini ha presentado una denuncia ante las autoridades competentes al considerar que el establecimiento podría estar funcionando de manera irregular. Además, los vecinos y empresarios denuncian que el acceso al público a la playa se está viendo limitado, convirtiendo un espacio público en una playa privada. El reto del turismo lentoSegún Georgia Nomikú, concejal de Turismo de Santorini, este modelo turístico deja en la isla «las cosas malas pero no las buenas», es decir, la comunidad local y la economía de Santorini obtienen muy pocos beneficios, mientras permanecen los efectos negativos asociados al turismo de masas como los residuos, la congestión del tráfico y, en general, la concentración masiva de visitantes en determinados puntos de la isla.El empresario hotelero Antonis Patrikiános, por su parte, defiende que Santorini y el resto de las Cícladas deben consolidarse como destinos «boutique», orientados a un visitante interesado en «adoptar la filosofía del ‘slow tourism’ (turismo lento)» propio de estas islas y en descubrir su cultura, su gastronomía y su hospitalidad. «El pasajero de crucero que entra en un tour en autocar no tiene ningún contacto con el paisaje; se desplaza constantemente por lugares saturados, vive con el estrés continuo de los horarios de embarque y desembarque y no obtiene ninguna experiencia memorable de la isla», sostiene. El empresario lamenta que, en lugar de apostar por «un producto turístico selectivo y de alta calidad», se persiguen cifras que carecen de sentido: «Los datos anuales de llegadas que publica la Organización Nacional de Turismo de Grecia dan la impresión de que medimos volumen y no valor. Reflejan un modelo que sigue insistiendo en la cantidad, cuando lo que realmente buscamos es la calidad».La Concejalía de Turismo trabaja desde hace dos años para reforzar esa imagen de un destino más sostenible, poniendo en valor el patrimonio cultural, el entorno natural y la gastronomía. Gracias a esta estrategia, la isla ha sido incluida por primera vez en la Guía Michelin. Nomikú sabe que cambiar la imagen turística de Santorini, vinculada a estereotipos difíciles de modificar, es un reto complejo y que requerirá tiempo y constancia: «Es mucho más fácil construir la marca de un destino todavía desconocido que reinventar la de uno ya consolidado. Aunque, en realidad, no se trata de cambiar su identidad, sino de potenciar sus mejores atributos. Ahí reside el verdadero reto: poner en valor la esencia que el destino ya posee. Y eso, precisamente, es lo más difícil».Zorzos considera compatibles los distintos perfiles de turistas siempre que exista una planificación adecuada: «Preferimos a los visitantes que pernocten en la isla. Sin embargo, los cruceristas, cuando se mantienen dentro del límite de 8.000 personas al día, no generan problemas en la isla». RSS de noticias de sociedad
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