El sistema universitario español atraviesa un momento de profunda transformación. A lo largo de los últimos años se han introducido cambios a la vez que la sociedad ha evolucionado y existen nuevas demandas en el mercado laboral . María Fernández Mellizo-Soto, profesora de Sociología de la Educación de la UCM, hace referencia a unos cambios que «pueden reducir el impacto del origen socioeconómico en el acceso y progresión en la universidad». Movimientos como el incremento de universidades y plazas públicas, su distribución más equilibrada en el territorio nacional, el acortamiento de las licenciaturas, el aumento de las segundas oportunidades de acceso a la universidad, la mayor financiación universitaria, así como un mayor número de becas y ayudas al estudio que en principio «aumentan las oportunidades de los colectivos vulnerables desde un punto de vista socioeconómico en la universidad», resalta la docente.Logros de un sistema que también pasan por haber conseguido en el primer cuarto de siglo prácticamente doblar el porcentaje de población adulta con un título de educación superior, pasando del 22,5% en 2000 al 42,4% en 2025. «Se observa un aumento de la movilidad social y la equidad de acceso, gracias al sistema de becas», apunta Montse Álvarez, del gabinete técnico de la Fundación CYD. Otras conquistas de las universidades españolas pasan por ser «piedras angulares del sistema de ciencia e innovación español. España destaca por su capacidad productiva en investigación científica, con un volumen de publicaciones superior a la media mundial», sin olvidar que la participación de las mujeres ha ido creciendo y que las tasas de rendimiento alcanzan niveles positivos con «el nivel de abandono de los estudios en descenso», pone en valor Álvarez.Factores de inquietudA pesar de los muchos logros conseguidos también hay elementos de desafío. La profesora de Sociología de la Educación detecta varios retos de cara al futuro para los que hacen falta propuestas de política universitaria . Entre ellas, reforzar al sector público universitario, «aumentando las plazas ofrecidas sobre todo en el nivel de Máster», señala. Por otro lado, considera que la amplísima oferta de titulaciones requiere de cierta reflexión, «especialmente las dobles (o triples) titulaciones de grado; se debe valorar no sólo la demanda sino la coherencia académica y la inserción laboral de los egresados, entre otros elementos», puntualiza. También apuesta por un aumento de las plazas públicas de determinados grados «para atender la demanda y que la nota para acceder no esté sometida a tanta presión al alza». También cree más adecuado volver a un sistema en el que la nota de Bachillerato no pesara más que la de la prueba estandarizada, ya que «la primera es más susceptible de ser alterada por los centros educativos». Pide aumentar la financiación pública por estudiante universitario, sobre todo en algunas CCAA.Noticia relacionada No No Selectividad El año cero de un modelo menos optativo y más competencial Icíar MinerOtro gran cambio es el aumento de peso de los estudiantes en las universidades privadas respecto al total que estudian en la universidad. «La irrupción del sector privado en el sistema universitario plantea dudas tanto de calidad como de igualdad de oportunidades, dados los elevados precios de sus estudios», reflexiona Mellizo-Soto. Precisamente desde la Fundación CYD indican que el número de universidades privadas, «se ha multiplicado en las últimas décadas, pasando de 4 en 1990 a 42 activas en el curso 2024-2025. Actualmente se han autorizado siete privadas más, lo que eleva el total a 99, 49 de ellas privadas. «Desde 2015-2016 a 2024-2025 las titulaciones han crecido un 9,9% en las universidades públicas y un 61,3% en las privadas (151,6% en las privadas a distancia)», resalta Montse Álvarez.No obstante, Ángel Bartolomé, vicerrector de Estudiantes y Vida Universitaria de la Universidad CEU San Pablo, destaca la aportación de dichas universidades privadas al sistema «ampliando su oferta de grados y másteres y apostando por una mayor especialización». Además de haber invertido en infraestructuras y tecnología, «se ha apostado por un acompañamiento a lo largo de toda la vida universitaria, tanto en el terrero profesional como personal». Por ejemplo, en el CEU San Pablo garantizan un acompañamiento 360º desde el primer curso. «A través de tutorías individualizadas, la mentorización, los servicios de orientación universitaria y pastoral, o la mentoría entre iguales, fomentamos una experiencia universitaria completa», destaca Bartolomé. Un acompañamiento que busca que los estudiantes «puedan identificar su potencial, desarrollar sus habilidades y enfrentarse al futuro con mayor confianza», añade.Presión de la demandaMaría Fernández Mellizo-Soto habla también de desafíos crecientes vinculados a la consolidación del modelo no presencial, y una presión sobre determinadas titulaciones en el sistema público (salud, informática o ciencias, con más crecimiento de la demanda por parte de los estudiantes que de la oferta de plazas), «lo que requiere de una mejor planificación estratégica, garantía de calidad, equidad en el acceso y adecuación a las necesidades socioeconómicas del país», añade.Desde la Fundación CYD sitúan como primer reto la renovación de plantillas y estabilización laboral, ya que más de la mitad (51,8%) del Personal Docente e Investigador (PDI) actual se jubilará en las próximas dos décadas. «Se necesitan políticas estructurales de retención del talento, mejoras salariales para competir internacionalmente y la reducción de la temporalidad en contratos no permanente», subraya Montse Álvarez. Recomienda modernizar el modelo de financiación para hacerlo más estable, equitativo y enfocado a resultados, «así como avanzar hacia un modelo equitativo de precios y becas para no sobrecargar a las familias». Habla igualmente de la necesidad de mejorar la gobernanza universitaria como condición indispensable para impulsar reformas, mejorar la autonomía y fortalecer la rendición de cuentas. «Las universidades operan con una limitada autonomía para la gestión de su personal docente que sumada a las barreras burocráticas, las limitaciones presupuestarias y las resistencias internas al cambio, merman la capacidad de adaptación de las universidades».Relación clavePor su parte, el vicerrector de Estudiantes de la Universidad CEU San Pablo menciona desafíos como la irrupción de la inteligencia artificial, «que está redefiniendo no solo qué se enseña, sino cómo se aprende, o la necesidad de una mayor internacionalización que atraiga talento, genere alianzas estratégicas y forme a estudiantes con una mirada más global». En este contexto, entiende que la universidad debe anticiparse a los cambios y preparar a los estudiantes para entornos profesionales cada vez más dinámicos e inciertos, «dotándoles de herramientas y competencias», resalta.. Esto implica, entre otros, «apostar por modelos de aprendizaje más flexibles y estrechar la colaboración con las empresas.El valor de los docentes«Un buen sistema universitario pasa por tener unos docentes a la altura de los importantes objetivos y retos de una institución tan importante como la universidad», destaca María Fernández. «Hay que tener en cuenta que las universidades públicas tienen muy buenos docentes, que desempeñan su labor formativa y de investigación de forma óptima, incluso teniendo en cuenta las peores condiciones que tienen en comparación con sus colegas de nuestro entorno europeo (en términos de salarios, recursos para investigación, permisos sabáticos, etc.)». Cree necesario mejorar las condiciones de los docentes universitarios, tanto en el sector público como en el privado, y reforzar el personal administrativo cualificado que ayude a los docentes con las, cada vez mayores, tareas burocráticas que enfrentan. «Ello permitiría que dedicaran más tiempo a mejorar la docencia (a través de formación continua o de innovación) y la investigación», matiza.Otro aspecto clave es la empleabilidad. «No se improvisa, se trabaja», afirma Ángel Bartolomé, defensor de dotar a los alumnos «de herramientas, conocimientos y competencias transversales que les ayuden a enfrentarse al mundo laboral real». El vicerrector de Estudiantes de la Universidad CEU San Pablo recuerda que en un mercado profesional en constante cambio, «la colaboración con la empresa es clave». Por ello el tándem Universidad- Empresa «es crucial a lo largo de toda la etapa universitaria para que el alumno pueda conocer de primera mano el entorno profesional a través de prácticas, proyectos, foros de empleo…», puntualiza.Precisamente a la hora de hablar de la adaptación de las universidades del mercado laboral, Sara Álvarez, directora de atracción de talento del Grupo Adecco, señala que se han dado pasos importantes, como el impulso de las prácticas, el acercamiento del alumnado al mundo de la empresa y un mayor alineamiento de los contenidos con el tejido económico. «Sin embargo, es cierto que el ritmo de adaptación no siempre acompaña la velocidad del mercado laboral», reconoce. Señala que la universidad es clave en la formación del futuro talento, «no solo por el conocimiento técnico que aporta, sino también por el desarrollo de competencias como el pensamiento crítico, la adaptación o la gestión del cambio». Pero el entorno profesional actual «exige además competencias transversales, digitales y de empleabilidad que, en ocasiones, no están plenamente integradas en los planes formativos», subraya. Por ello entiende que el reto no es cuestionar la calidad académica, «sino acelerar la conexión con el empleo, incorporando más aprendizaje práctico, mayor orientación profesional y un contacto más temprano con el mundo empresarial». Los estudios universitarios siguen siendo un factor clave para la empleabilidad y el acceso al primer empleo, especialmente en determinados sectores donde estos perfiles están bien posicionados. «Sin embargo, hoy podemos afirmar que la titulación por sí sola ya no define un perfil profesional. Las empresas buscamos cada vez más competencias, actitud y motivación, así como capacidad de aprendizaje continuo, habilidades de comunicación, orientación a resultados y adaptación al cambio», avisa Sara Álvarez. Reconoce también que existe sobrecualificación y desde la perspectiva del talento, «esto indica que es necesario mejorar la orientación tanto académica como profesional». En este sentido, «es clave reforzar la coordinación entre universidad y empresa para alinear expectativas, necesidades y oportunidades reales del mercado laboral». Es cierto que muchos jóvenes aceptan posiciones por debajo de su nivel formativo como vía de entrada al mercado, «pero también es importante equilibrar formación y experiencia, y dar valor a ambas junto con el desarrollo de competencias», aconseja Álvarez.Actualmente existen áreas donde la oferta y la demanda no están equilibradas y donde hay déficit de talento. Ocurre en el área de Salud, con falta de profesionales en distintas especialidades; Tecnología, especialmente en ámbitos como data, ciberseguridad o cloud; Ingeniería y perfiles técnicos, donde también existen carencias en algunas especialidades. «Además, hay sectores que se están abriendo a perfiles más diversos, favoreciendo la polivalencia y la combinación de distintas formaciones», resalta. La directora de atracción de talento del Grupo Adecco indica además que hoy existe más diálogo y una mayor conciencia de la necesidad de colaboración entre empresa y universidad y «cada vez vemos más alianzas, programas conjuntos, prácticas y participación bidireccional». Entiende que el objetivo de todos es anticiparse a las necesidades del mercado y «ofrecer al talento más y mejores oportunidades de desarrollo profesional y personal. En esa línea es donde creemos que debemos seguir avanzando».Otro de los aspectos que más se está impulsando en la universidad es el del emprendimiento, con cada vez más programas educativos que son importantes, tal y como recuerda Isabel Molina, directora de Educación y Divulgación de la Fundación Margarita Salas, «porque conectan una formación muy especializada con retos reales que se plantean habitualmente en contextos laborales». Esta fundación cuenta con el programa CREA+ , de mentoría y emprendimiento científico, creado en colaboración con @teamlabs/Universidad de Mongragón en el que durante tres meses los estudiantes reciben formación específica sobre innovación y mentorías personalizadas con profesionales del sector. Al acabar, en el Demo Day, muestran sus proyectos y soluciones reales. Se trata de adquirir nuevas habilidades mientras ponen a prueba sus ideas en un entorno de innovación: «Trabajan en equipos multidisciplinares, con mentores científicos y enfrentándose a problemas abiertos», añade Molina. Recuerda también que universidades como la UC3M o la UAM ya cuentan con servicios de apoyo al emprendimiento y la innovación, «que actúan además como canales para que los alumnos accedan a programas especializados, como podría ser CREA+».El valor de la innovaciónNo cree que haya falta de innovación en las universidades pero sí ve que «hay margen para integrar mejor en el día a día del aprendizaje tradicional». La formación científico-tecnológica está íntimamente ligada a la innovación, «por lo que este tipo de programas trata de que los alumnos con estos perfiles conozcan más sobre las posibilidades que ofrecen sus estudios, más allá de la investigación académica», recalca. De esta forma los alumnos salen mejor preparados para entrar en el mundo laboral porque en este tipo de experiencias no solo trabajan habilidades como la comunicación, la gestión del tiempo o la toma de decisiones, «sino que deben defender sus soluciones a los retos planteados ante expertos reconocidos en la materia», recuerda Isabel. El emprendimiento científico tiene la dificultad añadida de que necesita una validación especializada de los hallazgos , las investigaciones en las que se basa deben estar fuertemente respaldadas por la comunidad internacional… «Es por ello que estas iniciativas les proporcionan un refuerzo único para, no solo emprender por ellos mismos, sino ser parte en el futuro de proyectos innovadores», puntualiza. El sistema universitario español atraviesa un momento de profunda transformación. A lo largo de los últimos años se han introducido cambios a la vez que la sociedad ha evolucionado y existen nuevas demandas en el mercado laboral . María Fernández Mellizo-Soto, profesora de Sociología de la Educación de la UCM, hace referencia a unos cambios que «pueden reducir el impacto del origen socioeconómico en el acceso y progresión en la universidad». Movimientos como el incremento de universidades y plazas públicas, su distribución más equilibrada en el territorio nacional, el acortamiento de las licenciaturas, el aumento de las segundas oportunidades de acceso a la universidad, la mayor financiación universitaria, así como un mayor número de becas y ayudas al estudio que en principio «aumentan las oportunidades de los colectivos vulnerables desde un punto de vista socioeconómico en la universidad», resalta la docente.Logros de un sistema que también pasan por haber conseguido en el primer cuarto de siglo prácticamente doblar el porcentaje de población adulta con un título de educación superior, pasando del 22,5% en 2000 al 42,4% en 2025. «Se observa un aumento de la movilidad social y la equidad de acceso, gracias al sistema de becas», apunta Montse Álvarez, del gabinete técnico de la Fundación CYD. Otras conquistas de las universidades españolas pasan por ser «piedras angulares del sistema de ciencia e innovación español. España destaca por su capacidad productiva en investigación científica, con un volumen de publicaciones superior a la media mundial», sin olvidar que la participación de las mujeres ha ido creciendo y que las tasas de rendimiento alcanzan niveles positivos con «el nivel de abandono de los estudios en descenso», pone en valor Álvarez.Factores de inquietudA pesar de los muchos logros conseguidos también hay elementos de desafío. La profesora de Sociología de la Educación detecta varios retos de cara al futuro para los que hacen falta propuestas de política universitaria . Entre ellas, reforzar al sector público universitario, «aumentando las plazas ofrecidas sobre todo en el nivel de Máster», señala. Por otro lado, considera que la amplísima oferta de titulaciones requiere de cierta reflexión, «especialmente las dobles (o triples) titulaciones de grado; se debe valorar no sólo la demanda sino la coherencia académica y la inserción laboral de los egresados, entre otros elementos», puntualiza. También apuesta por un aumento de las plazas públicas de determinados grados «para atender la demanda y que la nota para acceder no esté sometida a tanta presión al alza». También cree más adecuado volver a un sistema en el que la nota de Bachillerato no pesara más que la de la prueba estandarizada, ya que «la primera es más susceptible de ser alterada por los centros educativos». Pide aumentar la financiación pública por estudiante universitario, sobre todo en algunas CCAA.Noticia relacionada No No Selectividad El año cero de un modelo menos optativo y más competencial Icíar MinerOtro gran cambio es el aumento de peso de los estudiantes en las universidades privadas respecto al total que estudian en la universidad. «La irrupción del sector privado en el sistema universitario plantea dudas tanto de calidad como de igualdad de oportunidades, dados los elevados precios de sus estudios», reflexiona Mellizo-Soto. Precisamente desde la Fundación CYD indican que el número de universidades privadas, «se ha multiplicado en las últimas décadas, pasando de 4 en 1990 a 42 activas en el curso 2024-2025. Actualmente se han autorizado siete privadas más, lo que eleva el total a 99, 49 de ellas privadas. «Desde 2015-2016 a 2024-2025 las titulaciones han crecido un 9,9% en las universidades públicas y un 61,3% en las privadas (151,6% en las privadas a distancia)», resalta Montse Álvarez.No obstante, Ángel Bartolomé, vicerrector de Estudiantes y Vida Universitaria de la Universidad CEU San Pablo, destaca la aportación de dichas universidades privadas al sistema «ampliando su oferta de grados y másteres y apostando por una mayor especialización». Además de haber invertido en infraestructuras y tecnología, «se ha apostado por un acompañamiento a lo largo de toda la vida universitaria, tanto en el terrero profesional como personal». Por ejemplo, en el CEU San Pablo garantizan un acompañamiento 360º desde el primer curso. «A través de tutorías individualizadas, la mentorización, los servicios de orientación universitaria y pastoral, o la mentoría entre iguales, fomentamos una experiencia universitaria completa», destaca Bartolomé. Un acompañamiento que busca que los estudiantes «puedan identificar su potencial, desarrollar sus habilidades y enfrentarse al futuro con mayor confianza», añade.Presión de la demandaMaría Fernández Mellizo-Soto habla también de desafíos crecientes vinculados a la consolidación del modelo no presencial, y una presión sobre determinadas titulaciones en el sistema público (salud, informática o ciencias, con más crecimiento de la demanda por parte de los estudiantes que de la oferta de plazas), «lo que requiere de una mejor planificación estratégica, garantía de calidad, equidad en el acceso y adecuación a las necesidades socioeconómicas del país», añade.Desde la Fundación CYD sitúan como primer reto la renovación de plantillas y estabilización laboral, ya que más de la mitad (51,8%) del Personal Docente e Investigador (PDI) actual se jubilará en las próximas dos décadas. «Se necesitan políticas estructurales de retención del talento, mejoras salariales para competir internacionalmente y la reducción de la temporalidad en contratos no permanente», subraya Montse Álvarez. Recomienda modernizar el modelo de financiación para hacerlo más estable, equitativo y enfocado a resultados, «así como avanzar hacia un modelo equitativo de precios y becas para no sobrecargar a las familias». Habla igualmente de la necesidad de mejorar la gobernanza universitaria como condición indispensable para impulsar reformas, mejorar la autonomía y fortalecer la rendición de cuentas. «Las universidades operan con una limitada autonomía para la gestión de su personal docente que sumada a las barreras burocráticas, las limitaciones presupuestarias y las resistencias internas al cambio, merman la capacidad de adaptación de las universidades».Relación clavePor su parte, el vicerrector de Estudiantes de la Universidad CEU San Pablo menciona desafíos como la irrupción de la inteligencia artificial, «que está redefiniendo no solo qué se enseña, sino cómo se aprende, o la necesidad de una mayor internacionalización que atraiga talento, genere alianzas estratégicas y forme a estudiantes con una mirada más global». En este contexto, entiende que la universidad debe anticiparse a los cambios y preparar a los estudiantes para entornos profesionales cada vez más dinámicos e inciertos, «dotándoles de herramientas y competencias», resalta.. Esto implica, entre otros, «apostar por modelos de aprendizaje más flexibles y estrechar la colaboración con las empresas.El valor de los docentes«Un buen sistema universitario pasa por tener unos docentes a la altura de los importantes objetivos y retos de una institución tan importante como la universidad», destaca María Fernández. «Hay que tener en cuenta que las universidades públicas tienen muy buenos docentes, que desempeñan su labor formativa y de investigación de forma óptima, incluso teniendo en cuenta las peores condiciones que tienen en comparación con sus colegas de nuestro entorno europeo (en términos de salarios, recursos para investigación, permisos sabáticos, etc.)». Cree necesario mejorar las condiciones de los docentes universitarios, tanto en el sector público como en el privado, y reforzar el personal administrativo cualificado que ayude a los docentes con las, cada vez mayores, tareas burocráticas que enfrentan. «Ello permitiría que dedicaran más tiempo a mejorar la docencia (a través de formación continua o de innovación) y la investigación», matiza.Otro aspecto clave es la empleabilidad. «No se improvisa, se trabaja», afirma Ángel Bartolomé, defensor de dotar a los alumnos «de herramientas, conocimientos y competencias transversales que les ayuden a enfrentarse al mundo laboral real». El vicerrector de Estudiantes de la Universidad CEU San Pablo recuerda que en un mercado profesional en constante cambio, «la colaboración con la empresa es clave». Por ello el tándem Universidad- Empresa «es crucial a lo largo de toda la etapa universitaria para que el alumno pueda conocer de primera mano el entorno profesional a través de prácticas, proyectos, foros de empleo…», puntualiza.Precisamente a la hora de hablar de la adaptación de las universidades del mercado laboral, Sara Álvarez, directora de atracción de talento del Grupo Adecco, señala que se han dado pasos importantes, como el impulso de las prácticas, el acercamiento del alumnado al mundo de la empresa y un mayor alineamiento de los contenidos con el tejido económico. «Sin embargo, es cierto que el ritmo de adaptación no siempre acompaña la velocidad del mercado laboral», reconoce. Señala que la universidad es clave en la formación del futuro talento, «no solo por el conocimiento técnico que aporta, sino también por el desarrollo de competencias como el pensamiento crítico, la adaptación o la gestión del cambio». Pero el entorno profesional actual «exige además competencias transversales, digitales y de empleabilidad que, en ocasiones, no están plenamente integradas en los planes formativos», subraya. Por ello entiende que el reto no es cuestionar la calidad académica, «sino acelerar la conexión con el empleo, incorporando más aprendizaje práctico, mayor orientación profesional y un contacto más temprano con el mundo empresarial». Los estudios universitarios siguen siendo un factor clave para la empleabilidad y el acceso al primer empleo, especialmente en determinados sectores donde estos perfiles están bien posicionados. «Sin embargo, hoy podemos afirmar que la titulación por sí sola ya no define un perfil profesional. Las empresas buscamos cada vez más competencias, actitud y motivación, así como capacidad de aprendizaje continuo, habilidades de comunicación, orientación a resultados y adaptación al cambio», avisa Sara Álvarez. Reconoce también que existe sobrecualificación y desde la perspectiva del talento, «esto indica que es necesario mejorar la orientación tanto académica como profesional». En este sentido, «es clave reforzar la coordinación entre universidad y empresa para alinear expectativas, necesidades y oportunidades reales del mercado laboral». Es cierto que muchos jóvenes aceptan posiciones por debajo de su nivel formativo como vía de entrada al mercado, «pero también es importante equilibrar formación y experiencia, y dar valor a ambas junto con el desarrollo de competencias», aconseja Álvarez.Actualmente existen áreas donde la oferta y la demanda no están equilibradas y donde hay déficit de talento. Ocurre en el área de Salud, con falta de profesionales en distintas especialidades; Tecnología, especialmente en ámbitos como data, ciberseguridad o cloud; Ingeniería y perfiles técnicos, donde también existen carencias en algunas especialidades. «Además, hay sectores que se están abriendo a perfiles más diversos, favoreciendo la polivalencia y la combinación de distintas formaciones», resalta. La directora de atracción de talento del Grupo Adecco indica además que hoy existe más diálogo y una mayor conciencia de la necesidad de colaboración entre empresa y universidad y «cada vez vemos más alianzas, programas conjuntos, prácticas y participación bidireccional». Entiende que el objetivo de todos es anticiparse a las necesidades del mercado y «ofrecer al talento más y mejores oportunidades de desarrollo profesional y personal. En esa línea es donde creemos que debemos seguir avanzando».Otro de los aspectos que más se está impulsando en la universidad es el del emprendimiento, con cada vez más programas educativos que son importantes, tal y como recuerda Isabel Molina, directora de Educación y Divulgación de la Fundación Margarita Salas, «porque conectan una formación muy especializada con retos reales que se plantean habitualmente en contextos laborales». Esta fundación cuenta con el programa CREA+ , de mentoría y emprendimiento científico, creado en colaboración con @teamlabs/Universidad de Mongragón en el que durante tres meses los estudiantes reciben formación específica sobre innovación y mentorías personalizadas con profesionales del sector. Al acabar, en el Demo Day, muestran sus proyectos y soluciones reales. Se trata de adquirir nuevas habilidades mientras ponen a prueba sus ideas en un entorno de innovación: «Trabajan en equipos multidisciplinares, con mentores científicos y enfrentándose a problemas abiertos», añade Molina. Recuerda también que universidades como la UC3M o la UAM ya cuentan con servicios de apoyo al emprendimiento y la innovación, «que actúan además como canales para que los alumnos accedan a programas especializados, como podría ser CREA+».El valor de la innovaciónNo cree que haya falta de innovación en las universidades pero sí ve que «hay margen para integrar mejor en el día a día del aprendizaje tradicional». La formación científico-tecnológica está íntimamente ligada a la innovación, «por lo que este tipo de programas trata de que los alumnos con estos perfiles conozcan más sobre las posibilidades que ofrecen sus estudios, más allá de la investigación académica», recalca. De esta forma los alumnos salen mejor preparados para entrar en el mundo laboral porque en este tipo de experiencias no solo trabajan habilidades como la comunicación, la gestión del tiempo o la toma de decisiones, «sino que deben defender sus soluciones a los retos planteados ante expertos reconocidos en la materia», recuerda Isabel. El emprendimiento científico tiene la dificultad añadida de que necesita una validación especializada de los hallazgos , las investigaciones en las que se basa deben estar fuertemente respaldadas por la comunidad internacional… «Es por ello que estas iniciativas les proporcionan un refuerzo único para, no solo emprender por ellos mismos, sino ser parte en el futuro de proyectos innovadores», puntualiza. El sistema universitario español atraviesa un momento de profunda transformación. A lo largo de los últimos años se han introducido cambios a la vez que la sociedad ha evolucionado y existen nuevas demandas en el mercado laboral . María Fernández Mellizo-Soto, profesora de Sociología de la Educación de la UCM, hace referencia a unos cambios que «pueden reducir el impacto del origen socioeconómico en el acceso y progresión en la universidad». Movimientos como el incremento de universidades y plazas públicas, su distribución más equilibrada en el territorio nacional, el acortamiento de las licenciaturas, el aumento de las segundas oportunidades de acceso a la universidad, la mayor financiación universitaria, así como un mayor número de becas y ayudas al estudio que en principio «aumentan las oportunidades de los colectivos vulnerables desde un punto de vista socioeconómico en la universidad», resalta la docente.Logros de un sistema que también pasan por haber conseguido en el primer cuarto de siglo prácticamente doblar el porcentaje de población adulta con un título de educación superior, pasando del 22,5% en 2000 al 42,4% en 2025. «Se observa un aumento de la movilidad social y la equidad de acceso, gracias al sistema de becas», apunta Montse Álvarez, del gabinete técnico de la Fundación CYD. Otras conquistas de las universidades españolas pasan por ser «piedras angulares del sistema de ciencia e innovación español. España destaca por su capacidad productiva en investigación científica, con un volumen de publicaciones superior a la media mundial», sin olvidar que la participación de las mujeres ha ido creciendo y que las tasas de rendimiento alcanzan niveles positivos con «el nivel de abandono de los estudios en descenso», pone en valor Álvarez.Factores de inquietudA pesar de los muchos logros conseguidos también hay elementos de desafío. La profesora de Sociología de la Educación detecta varios retos de cara al futuro para los que hacen falta propuestas de política universitaria . Entre ellas, reforzar al sector público universitario, «aumentando las plazas ofrecidas sobre todo en el nivel de Máster», señala. Por otro lado, considera que la amplísima oferta de titulaciones requiere de cierta reflexión, «especialmente las dobles (o triples) titulaciones de grado; se debe valorar no sólo la demanda sino la coherencia académica y la inserción laboral de los egresados, entre otros elementos», puntualiza. También apuesta por un aumento de las plazas públicas de determinados grados «para atender la demanda y que la nota para acceder no esté sometida a tanta presión al alza». También cree más adecuado volver a un sistema en el que la nota de Bachillerato no pesara más que la de la prueba estandarizada, ya que «la primera es más susceptible de ser alterada por los centros educativos». Pide aumentar la financiación pública por estudiante universitario, sobre todo en algunas CCAA.Noticia relacionada No No Selectividad El año cero de un modelo menos optativo y más competencial Icíar MinerOtro gran cambio es el aumento de peso de los estudiantes en las universidades privadas respecto al total que estudian en la universidad. «La irrupción del sector privado en el sistema universitario plantea dudas tanto de calidad como de igualdad de oportunidades, dados los elevados precios de sus estudios», reflexiona Mellizo-Soto. Precisamente desde la Fundación CYD indican que el número de universidades privadas, «se ha multiplicado en las últimas décadas, pasando de 4 en 1990 a 42 activas en el curso 2024-2025. Actualmente se han autorizado siete privadas más, lo que eleva el total a 99, 49 de ellas privadas. «Desde 2015-2016 a 2024-2025 las titulaciones han crecido un 9,9% en las universidades públicas y un 61,3% en las privadas (151,6% en las privadas a distancia)», resalta Montse Álvarez.No obstante, Ángel Bartolomé, vicerrector de Estudiantes y Vida Universitaria de la Universidad CEU San Pablo, destaca la aportación de dichas universidades privadas al sistema «ampliando su oferta de grados y másteres y apostando por una mayor especialización». Además de haber invertido en infraestructuras y tecnología, «se ha apostado por un acompañamiento a lo largo de toda la vida universitaria, tanto en el terrero profesional como personal». Por ejemplo, en el CEU San Pablo garantizan un acompañamiento 360º desde el primer curso. «A través de tutorías individualizadas, la mentorización, los servicios de orientación universitaria y pastoral, o la mentoría entre iguales, fomentamos una experiencia universitaria completa», destaca Bartolomé. Un acompañamiento que busca que los estudiantes «puedan identificar su potencial, desarrollar sus habilidades y enfrentarse al futuro con mayor confianza», añade.Presión de la demandaMaría Fernández Mellizo-Soto habla también de desafíos crecientes vinculados a la consolidación del modelo no presencial, y una presión sobre determinadas titulaciones en el sistema público (salud, informática o ciencias, con más crecimiento de la demanda por parte de los estudiantes que de la oferta de plazas), «lo que requiere de una mejor planificación estratégica, garantía de calidad, equidad en el acceso y adecuación a las necesidades socioeconómicas del país», añade.Desde la Fundación CYD sitúan como primer reto la renovación de plantillas y estabilización laboral, ya que más de la mitad (51,8%) del Personal Docente e Investigador (PDI) actual se jubilará en las próximas dos décadas. «Se necesitan políticas estructurales de retención del talento, mejoras salariales para competir internacionalmente y la reducción de la temporalidad en contratos no permanente», subraya Montse Álvarez. Recomienda modernizar el modelo de financiación para hacerlo más estable, equitativo y enfocado a resultados, «así como avanzar hacia un modelo equitativo de precios y becas para no sobrecargar a las familias». Habla igualmente de la necesidad de mejorar la gobernanza universitaria como condición indispensable para impulsar reformas, mejorar la autonomía y fortalecer la rendición de cuentas. «Las universidades operan con una limitada autonomía para la gestión de su personal docente que sumada a las barreras burocráticas, las limitaciones presupuestarias y las resistencias internas al cambio, merman la capacidad de adaptación de las universidades».Relación clavePor su parte, el vicerrector de Estudiantes de la Universidad CEU San Pablo menciona desafíos como la irrupción de la inteligencia artificial, «que está redefiniendo no solo qué se enseña, sino cómo se aprende, o la necesidad de una mayor internacionalización que atraiga talento, genere alianzas estratégicas y forme a estudiantes con una mirada más global». En este contexto, entiende que la universidad debe anticiparse a los cambios y preparar a los estudiantes para entornos profesionales cada vez más dinámicos e inciertos, «dotándoles de herramientas y competencias», resalta.. Esto implica, entre otros, «apostar por modelos de aprendizaje más flexibles y estrechar la colaboración con las empresas.El valor de los docentes«Un buen sistema universitario pasa por tener unos docentes a la altura de los importantes objetivos y retos de una institución tan importante como la universidad», destaca María Fernández. «Hay que tener en cuenta que las universidades públicas tienen muy buenos docentes, que desempeñan su labor formativa y de investigación de forma óptima, incluso teniendo en cuenta las peores condiciones que tienen en comparación con sus colegas de nuestro entorno europeo (en términos de salarios, recursos para investigación, permisos sabáticos, etc.)». Cree necesario mejorar las condiciones de los docentes universitarios, tanto en el sector público como en el privado, y reforzar el personal administrativo cualificado que ayude a los docentes con las, cada vez mayores, tareas burocráticas que enfrentan. «Ello permitiría que dedicaran más tiempo a mejorar la docencia (a través de formación continua o de innovación) y la investigación», matiza.Otro aspecto clave es la empleabilidad. «No se improvisa, se trabaja», afirma Ángel Bartolomé, defensor de dotar a los alumnos «de herramientas, conocimientos y competencias transversales que les ayuden a enfrentarse al mundo laboral real». El vicerrector de Estudiantes de la Universidad CEU San Pablo recuerda que en un mercado profesional en constante cambio, «la colaboración con la empresa es clave». Por ello el tándem Universidad- Empresa «es crucial a lo largo de toda la etapa universitaria para que el alumno pueda conocer de primera mano el entorno profesional a través de prácticas, proyectos, foros de empleo…», puntualiza.Precisamente a la hora de hablar de la adaptación de las universidades del mercado laboral, Sara Álvarez, directora de atracción de talento del Grupo Adecco, señala que se han dado pasos importantes, como el impulso de las prácticas, el acercamiento del alumnado al mundo de la empresa y un mayor alineamiento de los contenidos con el tejido económico. «Sin embargo, es cierto que el ritmo de adaptación no siempre acompaña la velocidad del mercado laboral», reconoce. Señala que la universidad es clave en la formación del futuro talento, «no solo por el conocimiento técnico que aporta, sino también por el desarrollo de competencias como el pensamiento crítico, la adaptación o la gestión del cambio». Pero el entorno profesional actual «exige además competencias transversales, digitales y de empleabilidad que, en ocasiones, no están plenamente integradas en los planes formativos», subraya. Por ello entiende que el reto no es cuestionar la calidad académica, «sino acelerar la conexión con el empleo, incorporando más aprendizaje práctico, mayor orientación profesional y un contacto más temprano con el mundo empresarial». Los estudios universitarios siguen siendo un factor clave para la empleabilidad y el acceso al primer empleo, especialmente en determinados sectores donde estos perfiles están bien posicionados. «Sin embargo, hoy podemos afirmar que la titulación por sí sola ya no define un perfil profesional. Las empresas buscamos cada vez más competencias, actitud y motivación, así como capacidad de aprendizaje continuo, habilidades de comunicación, orientación a resultados y adaptación al cambio», avisa Sara Álvarez. Reconoce también que existe sobrecualificación y desde la perspectiva del talento, «esto indica que es necesario mejorar la orientación tanto académica como profesional». En este sentido, «es clave reforzar la coordinación entre universidad y empresa para alinear expectativas, necesidades y oportunidades reales del mercado laboral». Es cierto que muchos jóvenes aceptan posiciones por debajo de su nivel formativo como vía de entrada al mercado, «pero también es importante equilibrar formación y experiencia, y dar valor a ambas junto con el desarrollo de competencias», aconseja Álvarez.Actualmente existen áreas donde la oferta y la demanda no están equilibradas y donde hay déficit de talento. Ocurre en el área de Salud, con falta de profesionales en distintas especialidades; Tecnología, especialmente en ámbitos como data, ciberseguridad o cloud; Ingeniería y perfiles técnicos, donde también existen carencias en algunas especialidades. «Además, hay sectores que se están abriendo a perfiles más diversos, favoreciendo la polivalencia y la combinación de distintas formaciones», resalta. La directora de atracción de talento del Grupo Adecco indica además que hoy existe más diálogo y una mayor conciencia de la necesidad de colaboración entre empresa y universidad y «cada vez vemos más alianzas, programas conjuntos, prácticas y participación bidireccional». Entiende que el objetivo de todos es anticiparse a las necesidades del mercado y «ofrecer al talento más y mejores oportunidades de desarrollo profesional y personal. En esa línea es donde creemos que debemos seguir avanzando».Otro de los aspectos que más se está impulsando en la universidad es el del emprendimiento, con cada vez más programas educativos que son importantes, tal y como recuerda Isabel Molina, directora de Educación y Divulgación de la Fundación Margarita Salas, «porque conectan una formación muy especializada con retos reales que se plantean habitualmente en contextos laborales». Esta fundación cuenta con el programa CREA+ , de mentoría y emprendimiento científico, creado en colaboración con @teamlabs/Universidad de Mongragón en el que durante tres meses los estudiantes reciben formación específica sobre innovación y mentorías personalizadas con profesionales del sector. Al acabar, en el Demo Day, muestran sus proyectos y soluciones reales. Se trata de adquirir nuevas habilidades mientras ponen a prueba sus ideas en un entorno de innovación: «Trabajan en equipos multidisciplinares, con mentores científicos y enfrentándose a problemas abiertos», añade Molina. Recuerda también que universidades como la UC3M o la UAM ya cuentan con servicios de apoyo al emprendimiento y la innovación, «que actúan además como canales para que los alumnos accedan a programas especializados, como podría ser CREA+».El valor de la innovaciónNo cree que haya falta de innovación en las universidades pero sí ve que «hay margen para integrar mejor en el día a día del aprendizaje tradicional». La formación científico-tecnológica está íntimamente ligada a la innovación, «por lo que este tipo de programas trata de que los alumnos con estos perfiles conozcan más sobre las posibilidades que ofrecen sus estudios, más allá de la investigación académica», recalca. De esta forma los alumnos salen mejor preparados para entrar en el mundo laboral porque en este tipo de experiencias no solo trabajan habilidades como la comunicación, la gestión del tiempo o la toma de decisiones, «sino que deben defender sus soluciones a los retos planteados ante expertos reconocidos en la materia», recuerda Isabel. El emprendimiento científico tiene la dificultad añadida de que necesita una validación especializada de los hallazgos , las investigaciones en las que se basa deben estar fuertemente respaldadas por la comunidad internacional… «Es por ello que estas iniciativas les proporcionan un refuerzo único para, no solo emprender por ellos mismos, sino ser parte en el futuro de proyectos innovadores», puntualiza. RSS de noticias de economia
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